La palabra Adversarios ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece adversarios.
Estadisticas de la palabra adversarios
Adversarios es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 8972 según la RAE.
Adversarios aparece de media 0.89 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la adversarios en las obras de referencia de la RAE contandose 135 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Adversarios
Cómo se escribe adversarios o hadversarios?
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Más información sobre la palabra Adversarios en internet
Adversarios en la RAE.
Adversarios en Word Reference.
Adversarios en la wikipedia.
Sinonimos de Adversarios.
Algunas Frases de libros en las que aparece adversarios
La palabra adversarios puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 825
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Athos cogió a un tal Cahusac, favorito del cardenal; Porthos tu vo a Biscarat y Aramis se vio frente a dos adversarios. ...
En la línea 835
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Aramis había matado ya a uno de sus adversarios; pero el otro le acosaba vivamente. ...
En la línea 864
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... D'Artagnan hizo otro tanto, y luego, ayudado por Biscarat, el único que había quedado en pie, llevó bajo el soportal del convento a Jussac, Cahusac y a aquel de los adversarios de Aramis que sólo había sido herido. ...
En la línea 5686
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Los ingleses eran todas personas de la mayor calidad, los nombres extraños de sus adversarios fueron, pues, para ellos tema no sólo de sospresa sino aun de inquietud. ...
En la línea 647
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... A la cabeza de los Roveres estaba Juliano, cardenal de carácter ardoroso y enérgico, semejante en costumbres y ambiciones a Rodrigo de Borja, sobrino del Papa como éste, licencioso en su vida, lo mismo que el cardenal de Valencia, amigos ambos unas veces por la comunidad de gustos, y tenaces adversarios en otras ocasiones, hasta los mayores extremos de enemistad. Juliano de la Rovere había de ser el eterno conspirador contra Alejandro VI, ciñéndose la tiara, después de 1a muerte de éste, con el nombre de Julio II. ...
En la línea 839
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Pero el deseo de robustecer la autoridad papal, desobedecida y menospreciada más allá de las puertas de Roma, no le dejó vivir en pacifico egoísmo. Además, era español, y Fernando el Católico, el más astuto diplomático de aquella época, pretendía dirigirlo como un autómata, creándole temibles adversarios y dejándolo abandonado algunas veces después de meterlo en difíciles aventuras. Los que juzgan a Rodrigo de Borja como un político sin entrañas, guiado únicamente por su interés personal, olvidan que vivió en un tiempo de reyes ladinos y complicados: el terrible Luis Once de Francia, Fernando Quinto de España y Enrique Séptimo de Inglaterra. Al lado de estos hombres, de un disimulo y una falsía desconcertante. Alejandro Sexto y aun el mismo César Borgia resultaban trancos y de noble conducta. ...
En la línea 895
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Asustado el rey de Nápoles al ver unido al Pontífice con sus adversarios, pedía auxilio a su primo ilegitimo, Fernando el Católico, para que interviniese en la política del Vaticano. Consideraba dicho rey al Papa Borgia como un súbdito, abusando de su españolismo, y le hizo saber, por medio de su embajador en Roma, que, siendo la dinastía de Nápoles obra de su tío, Alfonso el Magnánimo, la consideraba igual a su propia familia. ...
En la línea 945
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Después de haberle abandonado Rovere hizo lo mismo Ascanio Sforza. Los dos cardenales habían vivido siempre como implacables adversarios; pero se unieron en la presente ocasión para combatir juntos al Papa: Juliano, como protegido del rey de Francia; Ascanio, como hermano de Ludovico el Moro, de Milán. ...
En la línea 633
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - Comprendo, amigo Ra-Ra, que le busquen con tanto ahínco las señoras del Consejo secreto. Resulta usted más terrible de lo que parece con su túnica y sus velos de mujer. Ya le veo siendo llevado a morir en un peñón, sin agua y sin comida, cerca de la gran barrera de los dioses, si es que yo no le oculto antes en uno de mis bolsillos. Pero ¿por qué se muestran ustedes tan adversarios del gobierno femenil?… según dice el profesor Flimnap, ya no hay guerras ni puede haberlas; las mujeres administran la fortuna pública con economía; no se nota la miseria ni la mortalidad de otros tiempos; tampoco hay gobernantes ladrones. ¿Qué mas pueden desear los hombres?… ...
En la línea 889
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Ra-Ra creyó estar gozando anticipadamente una parte del triunfo con que sonaba a todas horas. Asomado al bolsillo del gigante, se consideraba tan enorme como este, viendo empequeñecidos a todos sus adversarios. Siempre que el Hombre-Montaña pasaba junto a un edificio público, el escupía desde la altura, como si pretendiese con esto consumar su destrucción. Varias veces rió viendo moverse abajo, como despreciables insectos, a los que estaban encargados de perseguirle. Como su voz sólo podía oírla el gigante, se expresaba con una insolencia revolucionaria. ...
En la línea 1144
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Adivinando otra vez la hostilidad que le rodeaba, Gillespie quiso retroceder hacia su vivienda, pero un leve abejorreo sonó en torno a su cabeza. Al levantar los ojos, pudo ver las sombras fugaces que proyectaba en su evolución circular toda una escuadrilla de máquinas voladoras. Sintió un agudo latigazo en una muñeca y luego otro igual en la muñeca opuesta. A continuación, una especie de lombriz metálica, fría y cortante, se arrolló a su cuello. Los aviones arrojaban sus cables metálicos animados por una vida eléctrica, y estos iban reptando sobre su cuerpo, enroscándose a todas las partes salientes en las que podían hacer presa sus anillos. En un instante se sintió prisionero e inmovilizado por este manojo de serpientes atmosféricas. Sintió que su cólera le daba una fuerza sobrehumana, y quiso retroceder para meterse en la Galería, tirando de sus adversarios aéreos. ...
En la línea 2616
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... La monstruosa manada continuaba acercándose. Había visto ya a las ballenas y se disponía a atacarlas. Podía predecirse de antemano la victoria de los cachalotes, no sólo por estar mejor conformados para el ataque que sus inofensivos adversarios, sino también porque pueden permanecer más tiempo bajo el agua sin subir a respirar a la superficie. ...
En la línea 438
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... El francés, vigoroso y ágil, se levantó con viveza. De un puñetazo y un puntapié derribó a dos adversarios muy entorpecidos por su traje talar y lanzándose fuera de la pagoda con toda la velocidad de sus piernas, dejó muy presto atrás al tercer indio, que había salido en su seguimiento amotinando a la multitud. ...
En la línea 824
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Encantado Picaporte de su descubrimiento, resolvió, sin embargo, no decir nada a su amo, por temor de que éste no se resintiese con razón ante la desconfianza que manifestaban sus adversarios. Pero se propuso bromear a Fix con este motivo, por medio de palabras embozadas y sin comprometerse. ...
En la línea 1544
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... En aquel momento, se abrió la puerta del otro vagón, y el coronel Proctor apareció también en la galería, seguido de su testigo, un yanqui de su temple. Pero, en el momento en que los dos adversarios iban a bajar a la vía, el conductor acudió gritando: ...
En la línea 1556
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Los dos adversarios y sus testigos, precedidos de conductor, se fueron al último vagón del tren, ocupado tan sólo por unos diez viajeros. El conductor les preguntó si querían dejar un momento libre sitio a dos caballeros, que tenían que arreglar un negocio de honor. ...

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