Cómo se escribe.org.es

La palabra alzando
Cómo se escribe

la palabra alzando

La palabra Alzando ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
La llamada de la selva de Jack London
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece alzando.

Estadisticas de la palabra alzando

Alzando es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 18975 según la RAE.

Alzando aparece de media 3.28 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la alzando en las obras de referencia de la RAE contandose 498 apariciones .

Más información sobre la palabra Alzando en internet

Alzando en la RAE.
Alzando en Word Reference.
Alzando en la wikipedia.
Sinonimos de Alzando.

Algunas Frases de libros en las que aparece alzando

La palabra alzando puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 822
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Vamos a tener el honor de cargar contra vos -respondió Aramis, alzando con una mano su sombrero y sacando su espada con la otra. ...

En la línea 4930
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -En efecto -dijo D'Artagnan alzando la voz a su vez-, soy yo, amigo mío. ...

En la línea 4992
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... D'Artagnan vino en su ayuda alzando su fusta. ...

En la línea 5472
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Dios mío! ¡Qué pronto olvidan los hombres! -exclamó la pro curadora alzando los ojos al cielo. ...

En la línea 2214
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Dondequiera que me encuentra, sea en la calle o en el desierto, sea en un salón brillante o entre las _haimas_ de los beduínos, sea en Novogorod o en Stambul, exclama, alzando los brazos: «_¡O ciel!_ ¡Otra vez tengo la fortuna de ver a mi querido y respetabilísimo amigo Borrow!» CAPÍTULO XVI Salida para Córdoba.—Carmona.—Las colonias alemanas.—El idioma.—Un caballo haragán.—El recibimiento nocturno.—El posadero carlista.—Buen consejo.—Gómez.—El genovés viejo.—Las dos opiniones. ...

En la línea 5545
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —Yo no le he llamado a usted—dijo el arzobispo, alzando de súbito la cabeza, y con ojos de espanto. ...

En la línea 6040
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Al principio quisieron asustarle alzando mucho la voz, y hablando de la necesidad de matar a todos los extranjeros, y en especial al aborrecido _don Jorge_ y sus dependientes. ...

En la línea 958
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... ¿Úsase en esta tierra hablar desa suerte a los caballeros andantes, majadero? El cuadrillero, que se vio tratar tan mal de un hombre de tan mal parecer, no lo pudo sufrir, y, alzando el candil con todo su aceite, dio a don Quijote con él en la cabeza, de suerte que le dejó muy bien descalabrado; y, como todo quedó ascuras, salióse luego; y Sancho Panza dijo: -Sin duda, señor, que éste es el moro encantado, y debe de guardar el tesoro para otros, y para nosotros sólo guarda las puñadas y los candilazos. ...

En la línea 1355
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y, alzando los ojos, vio lo que se dirá en el siguiente capítulo. ...

En la línea 2182
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Parecióle tan mal a Sancho lo que últimamente su amo dijo acerca de no querer casarse, que, con grande enojo, alzando la voz, dijo: -Voto a mí, y juro a mí, que no tiene vuestra merced, señor don Quijote, cabal juicio. ...

En la línea 2186
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Don Quijote, que tales blasfemias oyó decir contra su señora Dulcinea, no lo pudo sufrir, y, alzando el lanzón, sin hablalle palabra a Sancho y sin decirle esta boca es mía, le dio tales dos palos que dio con él en tierra; y si no fuera porque Dorotea le dio voces que no le diera más, sin duda le quitara allí la vida. ...

En la línea 1656
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... De pronto vio correr hacia él a los cuatro padrinos, a los dos médicos, al encargado del jardín y otras personas que habían estado ocultas presenciando el encuentro. Hasta el plenipotenciario Enciso surgió de entre unos árboles, pálido, alzando las manos, a impulsos de su emoción. Todos habían visto vacilar a Claudio, inclinándose a su derecha, sin que él se diese cuenta de ello. ...

En la línea 1941
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Cállate, cállate y no me saques la cólera, que al oírte decir que quieres a una tiota chubasca, me dan ganas de ahogarte, más por tonto que por malo… y al oírte hablar de conciencia en este tratado, me dan ganas de… Dios me perdone… ¿Sabes lo que te digo?—añadió alzando la voz—, ¿sabes lo que te digo? Que desde este momento vuelvo a tratarte como cuando tenías doce años. Hoy no me sales de casa. Ea, ya estoy yo en funciones con mis disciplinas… Y desde mañana me vuelves a tomar el aceite de hígado de bacalao. Vete a tu cuarto y quítate las botas. Hoy no me pisas la calle. ...

En la línea 2049
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En tanto, doña Lupe hacía mil consideraciones sobre el apático desdén con que Juan Pablo recibiera la noticia de aquello. Había fruncido el ceño; después había opinado que su hermano era loco, y por fin, alzando los hombros, dijo: «¿Yo qué tengo que ver? Es mayor de edad. Allá se las haya». ...

En la línea 2240
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¿Sabes lo que te digo?—gritó Juan Pablo, alzando arrogante la voz—, que a mí no se me manda callar, ¿estamos? He tenido el honor de decirle cuatro frescas al obispo de Persépolis, y quien no teme a las sotanas moradas, ¿qué miedo ha de tener a las negras?… ...

En la línea 2947
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¿Esto?… —murmuró la prójima, alzando la cara, como quien despierta. ...

En la línea 1346
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Las mejillas del fingido rey estaban rojas de excitación, sus ojos centelleaban, sus sentidos hormigueahan en un delirio de placer. En aquel punto, justo cuando alzaba su mano para arrojar otra dádiva generosa, vio una cara pálida, asombrada, que se estiraba hacia adelante en la segunda fila de la muchedumbre, sus intensos ojos clavados en él. Una espantosa consternación lo traspasó. ¡Reconoció a su madre! Y sus manos volaron hacia arriba, con las palmas hacia afuera, a cubrirse los ojos –ese ademán involuntario nacido de un episodio olvidado y perpetuado por la costumbre–. Un instante más y ella se había desprendido de la muchedumbre, pasó por entre los guardias y estaba a su lado. Abrazó la pierna del niño, la cubrió de besos, gritó: ¡Oh, mi niño, vida mía!', alzando hacia él un rostro transfigurado de alegría y de amor. En el mismo instante un oficial de la guardia real la arranco de allí con una maldición, y la envió tambaleándose al lugar de donde vino, con un vigoroso impulso de su fuerte brazo. Las palabras '¡No te conozco, mujer!' caían de los labios de Tom Canty cuando este lastimoso incidente ocurrió, pero le hirió hasta el corazón verla tratada así, y cuando ella se volvió para mirarle por última vez, mientras la muchedumbre la apartaba de su vista, la mujer se veía tan herida, tan descorazonada, que la vergüenza que lo cubrió consumió su orgullo hasta las cenizas y marchitó su usurpada realeza. Sus grandezas se le descubrieron; parecían sin valor desprenderse de él como harapos podridos. ...

En la línea 2332
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¡Un tiburón! —gritó horrorizado, alzando el puñal. ...

En la línea 3010
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¡Claro que la quiero! ‑exclamó Sonia con voz quejumbrosa y alzando de pronto las manos con un gesto de sufrimiento‑. Usted no la… ¡Ah, si usted supiera… ! Es como una niña… Está trastornada por el dolor… Es inteligente y noble… y buena… Usted no sabe nada… nada… ...

En la línea 285
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Un antiguo carcelero de la prisión recuerda aún perfectamente a este desgraciado, cuya cadena se remachó en la extremidad del patio. Estaba sentado en el suelo como todos los demás. Parecía que no comprendía nada de su posición sino que era horrible. Pero es probable que descubriese, a través de las vagas ideas de un hombre completamente ignorante, que había en su pena algo excesivo. Mientras que a grandes martillazos remachaban detrás de él la bala de su cadena, lloraba; las lágrimas lo ahogaban, le impedían hablar, y solamente de rato en rato exclamaba: 'Yo era podador en Faverolles'. Después sollozando y alzando su mano derecha, y bajándola gradualmente siete veces, como si tocase sucesivamente siete cabezas a desigual altura, quería indicar que lo que había hecho fue para alimentar a siete criaturas. ...

En la línea 252
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Fue en Circle City, antes de que acabara el año, donde los hechos dieron razón a los temores de Pete el Negro Burton, un individuo malhumora do y pendenciero, había iniciado una riña con un forastero en un bar, cuando Thornton se interpuso entre ambos. Buck, según su costumbre, estaba echado en un rincón, con la cabeza sobre las patas, atento a cada movimiento de su amo. Burton, sin avisar, le soltó un puñetazo directo. Thornton salió despedido girando sobre sí mismo y sólo se salvó de la caída porque se agarró a la barra del bar. Los que miraban la escena oyeron algo que no fue ladrido ni un gruñido, sino más bien un rugido, y vieron que, desde el suelo, el cuerpo de Buck saltaba por los aires hacia la garganta de Burton. El hombre salvó la vida alzando instintivamente el brazo, pero cayó de espaldas con Buck encima. El perro aflojó la dentellada del brazo para buscar nuevamente la garganta. Esta vez el hombre sólo consiguió bloquear parcialmente el ataque y sufrió un desgarro en el cuello. Entonces la concurrencia se abalanzó sobre Buck, apartándolo; pero mientras un médico controlaba la hemorragia, él permaneció al acecho, gruñendo con furia, intentando atacar y forzado a retroceder ante el despliegue de garrotes. Enseguida se reunió una «asamblea de mineros», que decidió que el perro había sido provocado y lo exculpó. Pero su reputación estaba servida, y desde aquel día su nombre corrió de boca en boca por todos los campamentos de Alaska. ...

En la línea 257
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... A Buck le fue imposible detenerse, barrido río abajo por la corriente, y luchó con todas sus fuerzas sin conseguir volver. Al oír la reiterada orden de Thornton se irguió parcialmente fuera del agua, alzando cuanto pudo la cabeza como para lanzar una última mirada, tras lo cual giró obedientemente hacia la orilla. Nadó con potencia y fue arrastrado fuera por Hans y Pete precisamente en el punto donde ya no se podía nadar y el final era ineluctable. ...

En la línea 384
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Lucía se abanicaba con un periódico dispuesto por Artegui en forma de concha, y leves gotitas transparentes de sudor salpicaban su rosada nuca, sus sienes y su barbilla: de cuando en cuando las embebía con el pañuelo: los mechones del cabello, lacios, se pegaban a su frente. Desabrochose el cuello almidonado, se quitó la corbata, que la estrangulaba, y se recostó, dando indicios de gran desmadejamiento, en la esquina. A fin de refrescar un poco el interior, corrió Artegui las cortinillas todas ante los bajos vidrios, y una luz vaga y misteriosa, azulada, un sereno ambiente, formaban allí, algo de gruta submarina, añadiendo a la ilusión el ruido del tren, no muy distinto del mugir del Océano. Insensible al cálido día, Artegui levantaba la cortina un poco, se asomaba, miraba el país, los robledales, la sierra, los valles profundos. Una vez acertó a ver pintoresca romería. Fue rápido y fugaz el cuadro, pero no tanto que no distinguiese a la gente siguiendo el sendero angosto, escapulario al cuello, a pie o en carretas de bueyes, cubiertos con boina roja o azul los hombres, las mujeres tocadas con pañolitos blancos. Parecía el desfile la bajada de los pastores en un Nacimiento; el sol claro, alumbrando plenamente las figuras, les daba la crudeza de tonos de muñecos de barro pintado. Artegui llamó a Lucía, que alzando la cortina a su vez, echó el cuerpo fuera, hasta que una revuelta del camino y la rapidez del tren borraron el cuadro. ...

En la línea 501
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -¿Cómo lo sabe usted? -murmuró ella impresionada por aquel hondo acento-. Pues a mí se me figura que en las estrellas, que son tan bonitas y lucen tanto, no ha de haber penas, ni riñas, ni muertes, como acá… ¡Si allí debe de ser la gloria! -afirmó alzando la mano, para señalar al refulgente globo de Júpiter. ...

En la línea 573
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Artegui torció hacia el teatro, ante cuyo pórtico aguardaban dos o tres cochecillos de los llamados cestos. Hizo breve seña al más próximo, y el auriga vasco, alzando su fusta, halagó con ella el anca de las tarbesas jaquitas, que, la cerviz enhiesta, se prepararon a arrancar. Saltó Lucía, recostándose en el ligero vehículo, y Artegui se acomodó a su lado, ordenando: ...

En la línea 653
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -¡Ay, Don Ignacio! ¿me llevará usted mañana? -gritó Lucía, dilatados los ojos con el afán y alzando sus manos suplicantes. ...


El Español es una gran familia


la Ortografía es divertida

Errores Ortográficos típicos con la palabra Alzando

Cómo se escribe alzando o halzando?
Cómo se escribe alzando o alsando?

Busca otras palabras en esta web

Palabras parecidas a alzando

La palabra hagamos
La palabra designio
La palabra adivinado
La palabra alabanza
La palabra juro
La palabra respondo
La palabra edictos

Webs Amigas:

VPO en Huesca . Ciclos Fp de informática en Asturias . Ciclos Fp de Automoción en Girona . - Apartamentos Euromar