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La palabra tambor
Cómo se escribe

la palabra tambor

La palabra Tambor ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece tambor.

Estadisticas de la palabra tambor

Tambor es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 10134 según la RAE.

Tambor aparece de media 7.65 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la tambor en las obras de referencia de la RAE contandose 1163 apariciones .

Más información sobre la palabra Tambor en internet

Tambor en la RAE.
Tambor en Word Reference.
Tambor en la wikipedia.
Sinonimos de Tambor.

Algunas Frases de libros en las que aparece tambor

La palabra tambor puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 8003
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Entonces batió el tambor, y la pequeña tropa avanzó a paso de carga. ...

En la línea 8045
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Los cuatro amigos escucharon, y el ruido del tambor llegó efectiva mente hasta ellos. ...

En la línea 8049
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Palabra de honor que el tambor se acerca -dijo D'Artagnan. ...

En la línea 8088
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¡Vaya con los hipócritas que venían sin tambor ni trompeta. ...

En la línea 3239
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... que soy tambor de marina. ...

En la línea 3240
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... No era tambor, pero quería dar a entender que había sido más fiel a las costumbres de la Regencia que a sus muebles. ...

En la línea 3744
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —¡Vuelve por otra! A mí que soy tambor de marina, como dice la Marquesa. ...

En la línea 6378
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Mesía, por toda respuesta, se acercaba entonces a ella, le pisaba un pie; pero la del Banco le recibía a pataditas, con lo que daba a entender que era tambor de marina y que seguía dominando en ella el criterio que había presidido a la bofetada de la tarde anterior. ...

En la línea 1014
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «¿Y tú no tienes tambor?» preguntó Jacinta al pequeñuelo, que apenas oída la pregunta ya estaba diciendo que no con la cabeza. ...

En la línea 1036
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En cuanto entraron Jacinta y Rafaela vieron a Juanín jugando en el patio. Llamáronle y no quiso venir. Las miraba desde lejos, riendo, con media mano metida dentro de la boca; pero en cuanto le enseñaron el tambor que le traían, como se enseñan al toro, azuzándole, las banderillas que se le han de clavar, vino corriendo como exhalación. Su contento era tal que parecía que le iba a dar una pataleta, y estaba tan inquieto, que a Jacinta le costó trabajo colgarle el tambor. Cogidos los palillos uno en cada mano, empezó a dar porrazos sobre el parche, corriendo por aquellos muladares, envidiado de los demás, y sin ocuparse de otra cosa que de meter toda la bulla posible. ...

En la línea 1036
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En cuanto entraron Jacinta y Rafaela vieron a Juanín jugando en el patio. Llamáronle y no quiso venir. Las miraba desde lejos, riendo, con media mano metida dentro de la boca; pero en cuanto le enseñaron el tambor que le traían, como se enseñan al toro, azuzándole, las banderillas que se le han de clavar, vino corriendo como exhalación. Su contento era tal que parecía que le iba a dar una pataleta, y estaba tan inquieto, que a Jacinta le costó trabajo colgarle el tambor. Cogidos los palillos uno en cada mano, empezó a dar porrazos sobre el parche, corriendo por aquellos muladares, envidiado de los demás, y sin ocuparse de otra cosa que de meter toda la bulla posible. ...

En la línea 2385
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Pero si ya no se veía nada, se oía, pues el tiqui tiqui del taller de canteros parecía formar parte de la atmósfera que rodeaba el convento. Era ya un fenómeno familiar, y los domingos, cuando cesaba, la falta de aquella música era para todas las habitantes de la casa la mejor apreciación de día de fiesta. Los domingos, empezaba a oírse desde las dos el tambor que ameniza el Tío Vivo y balancines que están junto al Depósito de aguas. Este bullicio y el de la muchedumbre que concurre a los merenderos de los Cuatro Caminos y de Tetuán, duraba hasta muy entrada la noche. Mucho molestó en los primeros tiempos a algunas monjas el tal tamboril, no sólo por la pesadez de su toque, sino por la idea de lo mucho que se peca al son de aquel mundano instrumento. Pero se fueron acostumbrando, y por fin lo mismo oían el rumor del Tío Vivo los domingos, que el de los picapedreros los días de labor. Algunas tardes de día de fiesta, cuando las recogidas se paseaban por la huerta o el patio, la tolerancia de las madres llegaba hasta el extremo de permitirles bailar una chispita, con decencia se entiende, al son de aquellas músicas populares. ¡Cuántas memorias evocadas, cuántas sensaciones reverdecidas en aquellos poquitos compases y vueltas de las pobres reclusas! ¡Qué recuerdo tan vivo de las polkas bailadas con horteras en el salón de la Alhambra, de tarde, levantando mucho polvo del piso, las manos muy sudadas y chupando caramelos revenidos! Y lo peor de todo y lo que en definitiva las había perdido era que aquellos benditos horteras iban todos con buen fin. El buen fin precisamente, disculpando los malos medios, era la más negra. Porque después, ni fin ni principio ni nada más que vergüenza y miseria. ...

En la línea 1555
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Un rugido espantoso siguió a sus palabras. El orangután había llegado al colmo de la rabia. Al ver que la pantera no se decidía a abandonar la rama, se adelantó amenazador, golpeándose el pecho que resonaba como un tambor. ...

En la línea 4244
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Un sentimiento angustioso le oprimía el corazón. Se detuvo en medio de la calle y paseó la mirada en torno de él. ¿Qué camino había tomado? Estaba en la avenida ***, a treinta o cuarenta pasos de la plaza del Mercado, que acababa de atravesar. El segundo piso de la casa que había a su izquierda estaba ocupado por una taberna. Tenía abiertas todas las ventanas y, a juzgar por las personas que se veían junto a ellas, el establecimiento debía de estar abarrotado. De él salían cantos, acompañados de una música de clarinete, violín y tambor. Se oían también voces y gritos de mujer. ...


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