La palabra Inclinada ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece inclinada.
Estadisticas de la palabra inclinada
Inclinada es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 16177 según la RAE.
Inclinada aparece de media 4.09 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la inclinada en las obras de referencia de la RAE contandose 622 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Inclinada
Cómo se escribe inclinada o hinclinada?
Más información sobre la palabra Inclinada en internet
Inclinada en la RAE.
Inclinada en Word Reference.
Inclinada en la wikipedia.
Sinonimos de Inclinada.

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece inclinada
La palabra inclinada puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 4670
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Precisamente aquella tarde yo había traducido un episodio de Judith y acababa de comunicar mis versos a la dama que me hacía toda clase de cumplidos e, inclinada sobre mi hombro, los releía conmigo. ...
En la línea 6253
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Todas las imprecaciones y reproches que un hombre herido en su amor propio puede dejar caer sobre la cabeza de una mujer, Porthos las dejó caer sobre la cabeza inclinada de la procuradora. ...
En la línea 10869
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Una idea supers ticiosa la hirió indudablemente; comprendió que el cielo le negaba su ayuda y permaneció en la actitud en que se encontraba, con la cabeza inclinada y las manos juntas. ...
En la línea 4131
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Desperté con gran sorpresa, y a la luz del sol poniente vi inclinada sobre mí una figura extraña y desconocida: era la de un hombre ya de edad, de gigantesca talla, muy barbudo, con cejas grandes y frondosas, vestido a lo pescador y con un fusil mohoso en la mano. ...
En la línea 5518
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Había, empero, una parte del clero, pequeña a la verdad, bien dispuesta en favor de la circulación del Evangelio, aunque en modo alguno inclinada a hacer el menor sacrificio individual por tal fin; éstos eran los que profesaban el liberalismo, que se supone implica una disposición a adoptar cuantas reformas, así en lo civil como en lo eclesiástico, parezcan conducentes al bien del país. ...
En la línea 1242
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Sí, que Gandalín, escudero de Amadís de Gaula, conde fue de la ínsula Firme; y se lee dél que siempre hablaba a su señor con la gorra en la mano, inclinada la cabeza y doblado el cuerpo more turquesco. ...
En la línea 1868
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... El canto se acabó con un profundo suspiro, y los dos, con atención, volvieron a esperar si más se cantaba; pero, viendo que la música se había vuelto en sollozos y en lastimeros ayes, acordaron de saber quién era el triste, tan estremado en la voz como doloroso en los gemidos; y no anduvieron mucho, cuando, al volver de una punta de una peña, vieron a un hombre del mismo talle y figura que Sancho Panza les había pintado cuando les contó el cuento de Cardenio; el cual hombre, cuando los vio, sin sobresaltarse, estuvo quedo, con la cabeza inclinada sobre el pecho a guisa de hombre pensativo, sin alzar los ojos a mirarlos más de la vez primera, cuando de improviso llegaron. ...
En la línea 2818
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... No respondió nada a esto la embozada, ni hizo otra cosa que levantarse de donde sentado se había, y, puestas entrambas manos cruzadas sobre el pecho, inclinada la cabeza, dobló el cuerpo en señal de que lo agradecía. ...
En la línea 7309
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... A cuyas palabras abrió los ojos Sancho, y alzó la cabeza (que inclinada tenía, pensando en la desgracia de su paseo), y, mirando al peregrino, conoció ser el mismo Ricote que topó el día que salió de su gobierno, y confirmóse que aquélla era su hija, la cual, ya desatada, abrazó a su padre, mezclando sus lágrimas con las suyas; el cual dijo al general y al virrey: -Ésta, señores, es mi hija, más desdichada en sus sucesos que en su nombre. ...
En la línea 1036
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... La segunda especie (Ptoroptochos albicollis) se parece a la primera como forma general. llama tapaculo, y bien merece este desvergonzado pajarillo tal nombre, porque lleva la cola, más que levantada inclinada hacia la cabeza. muy abundante, frecuenta los pies de los vallados y los espinos esparcidos por las estériles colinas, donde ningún otro pájaro encontraría medios de subsistencia ...
En la línea 1516
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Una capa de lava inclinada hacia la base oriental del Portillo podría servir para probar, además, que esta última cadena debe en parte su gran altura a levantamientos de fecha todavía más reciente. se examina su origen parece que el granito ha sido inyectado en una capa preexistente de granito blanco y de micasquisto ...
En la línea 3470
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Debajo de peñón sombrío, que como torre inclinada amenaza caer sobre la corriente, y hace más obscura la obscuridad del río en el remanso, acechaba el paso del salmón, empuñando un haz de paja encendida, cuya llama se refleja en las ondas como estela de fuego. ...
En la línea 6226
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Ana, mientras oía, con la frente inclinada, mirando las piedras del patio, sólo podía vislumbrar de soslayo el gabán claro, pulquérrimo del buen mozo. ...
En la línea 6444
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Don Álvaro daba el brazo a la Marquesa, y delante de ellos, detenida por la conversación de doña Rufina iba Anita, mordiendo hojas del boj de los parterres, con la frente inclinada, los ojos brillantes y las mejillas encendidas. ...
En la línea 7090
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En lo alto de la escalera, en el descanso del primer piso, doña Paula, con una palmatoria en una mano y el cordel de la puerta de la calle en la otra, veía silenciosa, inmóvil, a su hijo subir lentamente con la cabeza inclinada, oculto el rostro por el sombrero de anchas alas. ...
En la línea 2444
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En la sala de escuela había dos o tres grupos de mujeres sentadas en los bancos, con la cabeza y el busto descansando sobre las mesas. Algunas roncaban con estrépito. La monja se había dormido también con la cabeza echada hacia atrás y la boca abierta. En una de las carpetas de estudio, dos recogidas velaban: una era Belén, que leía en su libro de rezos, y la otra Mauricia la Dura, que tenía la cabeza inclinada sobre la carpeta, apoyando la frente en un puño cerrado. Al principio, su vecina Belén creyó que rezaba, porque oyó cierto murmullo y algún silabeo fugaz. Pero luego observó que lo que hacía Mauricia era llorar. ...
En la línea 2705
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Fortunata tenía la boca extraordinariamente amarga, cual si estuviera mascando palitos de quina. Al entrar en la parroquia sintió horrible miedo. Figurábase que su enemigo estaba escondido tras un pilar. Si sentía pasos, creía que eran los de él. La ceremonia verificose en la sacristía, y duró poco tiempo. Impresionaron mucho a la novia los símbolos del Sacramento, y por poco se cae redonda al suelo. Y al propio tiempo sentía en sí una luz nueva, algo como un sacudimiento, el choque de la dignidad que entraba. La idea del señorío enderezó su espíritu, que estaba como columna inclinada y próxima a perder el equilibrio. ¡Casada!, ¡honrada o en disposición de serlo! Se reconocía otra. Estas ideas, que quizás procedían de un fenómeno espasmódico, la confortaron; pero al salir volvió a sentirse acometida del miedo. ¡Si por acaso el enemigo se le aparecía… ! Porque Mauricia le había dicho que rondaba, que rondaba, que rondaba… ¡Aquí de la Virgen! Pero ¡qué cosas! ¡Si María Santísima protegía ahora al enemigo! Esta idea extravagante no la podía echar de sí. ¿Cómo era posible que la Virgen defendiera el pecado? ¡Tremendo disparate!, pero disparate y todo, no había medio de destruirlo. ...
En la línea 5155
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Encendieron luz en el gabinete, y sobre una gran mesa que allí había, por el estilo de las mesas de los sastres, Aurora, sacando sus avíos, se puso a cortar y a preparar. Fortunata la ayudaba a desenvolver los patrones y a hilvanarlos sobre la tela. A cada momento se arrancaba Aurora del pecho una aguja enhebrada o se la clavaba en él, pues el pecho era su acerico, y allí tenía también una batería de alfileres. Extendiendo sus miradas sobre los patrones, con atención de artista, cogiendo ora la aguja, ora las tijeras, ya inclinada sobre la mesa, ya derecha y mirando desde lejos el efecto del corte; moviendo la cabeza para obtener la oblicuidad de la mirada en ciertas ocasiones, empezó a charlar, arrojando las palabras como un sobrante de la potencia espiritual que aplicaba a su obra mecánica. ...
En la línea 1274
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Las mujeres tenían la cabeza inclinada y con las manos se cubrían el rostro. Las amarillas llamas comenzaron a trepar por entre la crepitante leña, y unos como nimbos de humo azul subieron a disolverse en el viento. En el momento en que el clérigo alzaba las manos y empezaba sus preces, dos niñas llegaron corriendo, y lanzando agudos gritos se abalanzaron sobre las mujeres atadas a los postes. Al instante las arrancaron de allí, y a una de ellas, la sujetaron con fuerza; pero la otra logró desasirse gritando que quería morir con su madre, y antes de que pudieran detenerla volvió a echar los brazos al cuello de una de las mujeres. Al instante la arrancaron otra vez de allí con los vestidos en llamas. Dos o tres hombres la sostuvieron, y la parte de sus ropas que ardía fue rasgada y arrojada a un lado, mientras la niña pugnaba por libertarse, sin cesar de exclamar que quedaría sola en el mundo y de rogar que le dejaran morir con su madre. Ambas niñas gritaban sin cesar y luchaban por libertarse, pero de pronto este tumulto fue ahogado por una serie de desgarradores gritos de mortal agonía. El rey miró a las frenéticas niñas y a los postes, y luego apartó la vista y ocultó el rostro lívido contra la pared, para no ver más. ...
En la línea 1313
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Ahora que tenía ya algo a qué dedicar sus energías, un objeto definido que cumplir, la niebla de humillación y depresión que envolvía su espíritu se elevó, y disipó, y él alzó la cabeza y miró a su alrededor. Se sorprendió al ver cuán lejos había llegado; la aldea había quedado muy atrás. El rey iba trotando tras él, con la cabeza inclinada, porque también iba sumido en sus pensamientos y planes. Un triste recelo nubló la recién nacida alegría de Hendon: ¿querría el niño volver a una ciudad en la que, durante su breve vida, no había conocido más que malos tratos y punzantes necesidades? Pero la pregunta tenía que ser respondida, no era posible de evitar; por lo cual Hendon frenó la cabalgadura y gritó: ...
En la línea 1354
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Señor, mala ocasión es ésta para soñar. El pueblo observa tu inclinada cabeza, tu nublado semblante y lo toma por mal agüero. Sé prudente; devela el sol de la realeza y deja que brille sobre esos agoreros vapores y los dispersé. Levanta la cara y sonríe al pueblo. ...
En la línea 1475
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Miles Hendon estaba completamente aturdido. Allí estaba sentado el joven rey, bajo un majestuoso dosel, a cinco pasos de distancia, con la cabeza inclinada hacia un lado, hablando con una especie de ave del paraíso humana, tal vez un duque; Hendon se dijo que ya era bastante duro verse sentenciado a muerte en plena flor de la vida, sin que se sumara a ello esta singular humillación pública. Deseaba que el rey se apresurase, pues algunas de las vistosas gentes que estaban cerca se tornaban ya bastante ofensivas. En aquel momento, el rey levantó ligeramente la cabeza, y Hendon pudo ver su cara con claridad. La visión casi le quitó el aliento. Quedóse mirando el hermoso y joven rostro como traspasado, y de pronto exclamó: ...
En la línea 392
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Con un movimiento rápido abrió la ventana. Estuvo mucho tiempo absorto, y cuando volvió a la realidad ya no estaba Mariana en el parque. Comenzó a pasearse a lo largo de la habitación, con los brazos cruzados sobre el pecho y la cabeza inclinada, sumido en sombríos pensamientos. ...
En la línea 168
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Indiqué la dirección por donde la niebla había envuelto al otro, y él miró hacia allí por un instante. Pero como un loco se inclinó sobre la hierba húmeda para limar su hierro y sin hacer caso de mí ni tampoco de su propia pierna, en la que había una antigua escoriación que en aquel momento sangraba; sin embargo, él trataba su pierna con tanta rudeza como si no tuviese más sensibilidad que la misma lima. De nuevo volví a sentir miedo de él al ver como trabajaba con aquella apresurada furia, y también temí estar fuera de mi casa por más tiempo. Le dije que tenía que marcharme, pero él pareció no oírme, de manera que creí preferible alejarme silenciosamente. La última vez que le vi tenía la cabeza inclinada sobre la rodilla y trabajaba con el mayor ahínco en romper su hierro, murmurando impacientes imprecaciones dirigidas a éste y a la pierna. Más adelante me detuve a escuchar entre la niebla, y todavía pude oír el roce de la lima que seguía trabajando. ...
En la línea 643
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Lo ignoro, Joe - contesté soltando la manga de la camisa y sentándome en las cenizas, a sus pies y con la cabeza inclinada al suelo -. Pero me habría gustado mucho que no me hubieses enseñado a llamar «mozos» a las sotas y también que mis botas fuesen menos ordinarias y mis manos menos bastas. ...
En la línea 1213
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Estaba con la cabeza inclinada a un lado, y pareció arrojar su dedo índice al señor Wopsle, como si quisiera señalarlo, antes de repetir la acción. ...
En la línea 1742
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Este modo vigoroso de hacer negocios ejerció en mí una impresión fuerte, aunque no agradable. El señor Jaggers no se reía nunca; pero llevaba unas grandes y brillantes botas que rechinaban, y, equilibrándose sobre ellas, con la enorme cabeza inclinada hacia abajo y las cejas unidas, mientras esperaba mi respuesta, a veces hacía rechinar sus botas, como si éstas se riesen seca y recelosamente. Y como ocurrió que en aquel momento se marchó y Wemmick estaba alegre y comunicativo, dije a éste que no podía formar juicio acerca de las maneras del señor Jaggers. ...
En la línea 958
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Raskolnikof no contestó. Nastasia, inclinada sobre él, seguía observándole atentamente y no se marchaba. ...
En la línea 1906
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... El estudiante no había mentido al decir, en el curso de su extravagante charla de borracho, que la patrona de Raskolnikof, Praskovia Pavlovna, tendría celos de Dunia y, seguramente, también de Pulqueria Alejandrovna, la cual, pese a sus cuarenta y tres años, no había perdido su extraordinaria belleza. Por otra parte, parecía más joven de lo que era, como suele ocurrir a las mujeres que saben conservar hasta las proximidades de la vejez un alma pura, un espíritu lúcido y un corazón inocente y lleno de ternura. Digamos entre paréntesis que no hay otro medio de conservarse hermosa hasta una edad avanzada. Su cabello empezaba a encanecer y a aclararse; hacía tiempo que sus ojos estaban cercados de arrugas; sus mejillas se habían hundido a causa de los desvelos y los sufrimientos, pero esto no empañaba la belleza extraordinaria de aquella fisonomía. Su rostro era una copia del de Dunia, sólo que con veinte años más y sin el rasgo del labio inferior saliente. Pulqueria Alejandrovna tenía un corazón tierno, pero su sensibilidad no era en modo alguno sensiblería. Tímida por naturaleza, se sentía inclinada a ceder, pero hasta cierto punto: podía admitir muchas cosas opuestas a sus convicciones, mas había un punto de honor y de principios en los que ninguna circunstancia podía impulsarla a transigir. ...
En la línea 2817
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Veo, Avdotia Romanovna, que se siente usted inclinada a justificarle ‑dijo Lujine, torciendo la boca con una sonrisa equívoca‑. De lo que no hay duda es de que es un hombre astuto que tiene una habilidad especial para conquistar el corazón de las mujeres. La pobre Marfa Petrovna, que acaba de morir en circunstancias extrañas, es buena prueba de ello. Mi única intención era ayudarlas a usted y a su madre con mis consejos, en previsión de las tentativas que ese hombre no dejará de renovar. Estoy convencido de que Svidrigailof volverá muy pronto a la cárcel por deudas. Marfa Petrovna no tuvo jamás la intención de legarle una parte importante de su fortuna, pues pensaba ante todo en sus hijos, y si le ha dejado algo, habrá sido una modesta suma, lo estrictamente necesario, una cantidad que a un hombre de sus costumbres no le permitirá vivir más de un año. ...
En la línea 1089
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Protestando contra el cántico de muerte, el hermoso sol de invierno enviaba sus rayos a la cabeza inclinada y canosa del sacerdote, y encendía con tonos calientes la nuca de Lucía, inclinada también. ...
En la línea 1089
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Protestando contra el cántico de muerte, el hermoso sol de invierno enviaba sus rayos a la cabeza inclinada y canosa del sacerdote, y encendía con tonos calientes la nuca de Lucía, inclinada también. ...

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