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La palabra conduce
Cómo se escribe

la palabra conduce

La palabra Conduce ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece conduce.

Estadisticas de la palabra conduce

Conduce es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 3586 según la RAE.

Conduce tienen una frecuencia media de 25.89 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la conduce en 150 obras del castellano contandose 3936 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Conduce

Cómo se escribe conduce o sonduse?

Más información sobre la palabra Conduce en internet

Conduce en la RAE.
Conduce en Word Reference.
Conduce en la wikipedia.
Sinonimos de Conduce.


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece conduce

La palabra conduce puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 4647
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Y se comete un error, D'Artagnan, porque la muerte es la puer ta que conduce a la perdición o a la salvación. ...

En la línea 10381
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Seguid este corredor, una escalerita os conduce allí. ...

En la línea 6399
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Había una confusa batahola de gritos, chillidos y agudas risas femeninas; oíase también algunas canciones, cuyo asunto es fácil de adivinar, pues estábamos en la soleada Andalucía, ¿y en qué pueden pensar ni de qué hablar o cantar sus ojinegras hijas más que de _amor, amor_, que entonces resonaba en la tierra y en las aguas? Prosiguiendo a lo largo de la playa, vimos también una multitud de hombres bañándose; no pasamos junto a ellos, pues torcimos a la izquierda y remontamos un paseo o avenida que conduce a Sanlúcar, como de un cuarto de milla de longitud. ...

En la línea 6814
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Baste observar que en la caverna no hay nada que permita adoptar tal opinión, ni siquiera una plataforma sobre la que pudiese haber estado el ara, mientras un angosto sendero pasa por delante, que conduce a la cúspide del monte. ...

En la línea 1025
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y has de saber, Sancho, que este que viene por nuestra frente le conduce y guía el grande emperador Alifanfarón, señor de la grande isla Trapobana; este otro que a mis espaldas marcha es el de su enemigo, el rey de los garamantas, Pentapolén del Arremangado Brazo, porque siempre entra en las batallas con el brazo derecho desnudo. ...

En la línea 3541
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Pues, ¿qué hermosura puede haber, o qué proporción de partes con el todo y del todo con las partes, en un libro o fábula donde un mozo de diez y seis años da una cuchillada a un gigante como una torre, y le divide en dos mitades, como si fuera de alfeñique; y que, cuando nos quieren pintar una batalla, después de haber dicho que hay de la parte de los enemigos un millón de competientes, como sea contra ellos el señor del libro, forzosamente, mal que nos pese, habemos de entender que el tal caballero alcanzó la vitoria por solo el valor de su fuerte brazo? Pues, ¿qué diremos de la facilidad con que una reina o emperatriz heredera se conduce en los brazos de un andante y no conocido caballero? ¿Qué ingenio, si no es del todo bárbaro e inculto, podrá contentarse leyendo que una gran torre llena de caballeros va por la mar adelante, como nave con próspero viento, y hoy anochece en Lombardía, y mañana amanezca en tierras del Preste Juan de las Indias, o en otras que ni las descubrió Tolomeo ni las vio Marco Polo? Y, si a esto se me respondiese que los que tales libros componen los escriben como cosas de mentira, y que así, no están obligados a mirar en delicadezas ni verdades, responderles hía yo que tanto la mentira es mejor cuanto más parece verdadera, y tanto más agrada cuanto tiene más de lo dudoso y posible. ...

En la línea 497
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 22 de noviembre.- Llegamos a una estancia situada a orillas del Berquelo. Esta propiedad pertenece a un inglés muy hospitalario, para quien mi amigo M. Lucas me dio una carta de presentación. Permanezco allí tres días. Mi compatriota me conduce a la sierra de Pedro Flaco, sita a 20 millas más arriba, en las márgenes del río Negro. Una hierba excelente, aunque un poco fuerte y que llega hasta el vientre de los caballos, cubre el país casi entero. Sin embargo, hay espacios de muchas leguas cuadradas donde no se encuentra ni una sola cabeza de ganado la banda oriental podría alimentar un increíble número de animales. En la actualidad se exportan anualmente de Montevideo 300.000 pieles; el consumo interior es muy cuantioso, a causa del despilfarro que reina en todas partes. Un estanciero me dice que a menudo tiene que enviar grandes rebaños a muchísima distancia; los bueyes frecuentemente caen al suelo rendidos de fatiga; entonces es preciso matarlos para quitarles la piel. Pues bien; nunca se ha podido convencer a los gauchos para que tomasen un trozo de esos animales para sus comidas, y todas las noches matan un buey para su cena. Visto desde la sierra, el río Negro presenta el panorama más pintoresco que he observado hasta ahora en esas comarcas. ...

En la línea 640
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Entoces se les pone en libertad y se les impele hacia un pequeño rebaño de toros domesticados que se llevan cerca con este objeto. El trance por el cual han pasado les inspira tal terror, que no se atreven a abandonar el rebaño y se les conduce fácilmente a la casa, con tal que les queden fuerzas para hacer el camino. ...

En la línea 1271
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Tan malo es el camino que conduce a Cucao, que nos decidimos a embarcarnos en una periagua ...

En la línea 1305
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... la mañana siguiente nos conduce una canoa a la población, que se encuentra a 10 millas (16 kilómetros) del puerto ...

En la línea 8680
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Era necesario que Anita frecuentase en adelante las fiestas del culto; que oyese más sermones, más misas, que asistiera a las novenas, que fuese de la sociedad de San Vicente, pero socia activa, que visitara a los enfermos y los vigilara, que entrase en el Catecismo; al principio tales ocupaciones podrían parecerla pesadas, insustanciales, prosaicas, desviadas del camino que conduce a la vida de la piedad acendrada, pero poco a poco iría tomando el gusto a tan humildes menesteres; iría penetrando los misteriosos encantos de la oración, del culto público, que si parece hasta frívolo pasatiempo en las almas tibias, en el vulgo de los fieles, que están en el templo nada más con los sentidos, es edificante espectáculo para quien siente devoción profunda. ...

En la línea 1677
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —En el sendero que conduce a Victoria. Desde allí podremos ver quién va o viene de la quinta e impedir que el lord huya sin que lo sepamos. ...

En la línea 1825
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Sandokán vive y está emboscado cerca del sendero que conduce a Victoria, dispuesto a raptarla. ...

En la línea 2247
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Es verdad. ¡Estoy condenado a muerte! ¿Adónde me conduce? ...

En la línea 706
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -No. El bote está adherido a la parte superior del casco del Nautilus, alojado en una cavidad dispuesta en él para recibirlo. Tiene puente, está absolutamente impermeabilizado y se halla retenido por sólidos pernos. Esta escala conduce a una abertura practicada en el casco del Nautilus, que comunica con otra similar en el costado del bote. Por esa doble abertura es por la que me introduzco en la embarcación. Se cierra la del Nautilus, cierro yo la del bote por medio de tornillos a presión, largo los pernos y entonces el bote sube con una prodigiosa rapidez a la superficie del mar. Luego abro la escotilla del puente, cuidadosamente cerrada hasta entonces, pongo el mástil, izo la vela o cojo los remos, y estoy listo para pasearme. ...

En la línea 2063
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El Nautílus penetró en el estrecho de jubal, que conduce al golfo de Suez. Pude ver con claridad la alta montaña que domina entre los dos golfos el Ras Mohammed. Era el monte Horeb, ese Sinaí en cuya cima Moisés vio a Dios cara a cara, y al que la imaginación corona siempre de incesantes relámpagos. ...

En la línea 748
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... «Debe de ser un ordenanza. Por lo tanto, esa escalera conduce a la comisaría.» ...

En la línea 1406
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Después de reflexionar un momento, prosiguió su camino en dirección al bulevar V***. Pronto dejó la plaza y se internó en una calleja que, formando un recodo, conduce a la calle de Sadovaya. Había recorrido muchas veces aquella callejuela. Desde hacía algún tiempo, una fuerza misteriosa le impulsaba a deambular por estos lugares cuando la tristeza le dominaba, con lo que se ponía más triste aún. Esta vez entró en la callejuela inconscientemente. Llegó ante un gran edificio donde todo eran figones y establecimientos de bebidas. De ellos salían continuamente mujeres destocadas y vestidas con negligencia (como quien no ha de alejarse de su casa), y formaban grupos aquí y allá, en la acera, y especialmente al borde de las escaleras que conducían a los tugurios de mala fama del subsuelo. ...

En la línea 1926
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Escucha ‑dijo a Zosimof‑, tú no eres una mala persona, pero tienes una hermosa colección de defectos. Estás corrompido. Eres débil, sensual, comodón, y no sabes privarte de nada. Es un camino lamentable que conduce al cieno. Eres tan blando, tan afeminado, que no comprendo cómo has podido llegar a ser médico y, sobre todo, un médico que cumple con su deber. ¡Un doctor que duerme en lecho de plumas y se levanta por la noche para ir a visitar a un enfermo… ! Dentro de dos o tres años no harás tales sacrificios… Pero, en fin, esto poco importa. Lo que quiero decirte es lo siguiente: tú dormirás esta noche en el departamento de la patrona (he obtenido, no sin trabajo, su consentimiento) y yo en la cocina. Esto es para ti una ocasión de trabar más estrecho conocimiento con ella… No, no pienses mal. No quiero decir eso, ni remotamente… ...

En la línea 4217
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Sí, no me cabe duda. Es usted desconfiado y cree que le estoy adulando burdamente, con una segunda intención. Pero dígame: ¿ha tenido usted tiempo de vivir lo bastante para conocer la vida? Inventa usted una teoría y después se avergüenza al ver que no conduce a nada y que sus resultados están desprovistos de toda originalidad. Su acción es baja, lo reconozco, pero usted no es un criminal irremisiblemente perdido. No, no; ni mucho menos. Me preguntará qué pienso de usted. Se lo diré: le considero como uno de esos hombres que se dejarían arrancar las entrañas sonriendo a sus verdugos si lograsen encontrar una fe, un Dios. Pues bien, encuéntrelo y vivirá. En primer lugar, hace ya mucho tiempo que necesita usted cambiar de aires. Y en segundo, el sufrimiento no es mala cosa. Sufra usted. Mikolka tiene tal vez razón al querer sufrir. Sé que es usted escéptico, pero abandónese sin razonar a la corriente de la vida y no se inquiete por nada: esa corriente le llevará a alguna orilla y usted podrá volver a ponerse en pie. ¿Qué orilla será ésta? Eso no lo puedo saber. Pero estoy convencido de que le quedan a usted muchos años de vida. Bien sé que usted se estará diciendo que no hago sino desempeñar mi papel de juez de instrucción, y que mis palabras le parecerán un largo y enojoso sermón, pero tal vez las recuerde usted algún día: sólo con esta esperanza le digo todo esto. En medio de todo, ha sido una suerte que no haya usted matado más que a esa vieja, pues con otra teoría habria podido usted hacer cosas cientos de millones de veces peores. Dé gracias a Dios por no haberlo permitido, pues Él tal vez, ¿quién sabe?, tiene algún designio sobre usted. Tenga usted coraje, no retroceda por pusilanimidad ante la gran misión que aún tiene que cumplir. Si es cobarde, luego se avergonzará usted. Ha cometido una mala acción: sea fuerte y haga lo que exige la justicia. Sé que usted no me cree, pero le aseguro que volverá a conocer el placer de vivir. En este momento sólo necesita aire, aire, aire… ...

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