La palabra Equivocarse ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece equivocarse.
Estadisticas de la palabra equivocarse
Equivocarse es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 19353 según la RAE.
Equivocarse aparece de media 3.19 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la equivocarse en las obras de referencia de la RAE contandose 485 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Equivocarse
Cómo se escribe equivocarse o hequivocarse?
Cómo se escribe equivocarse o ekivocarse?
Cómo se escribe equivocarse o equivocarrse?
Cómo se escribe equivocarse o equivocarze?
Cómo se escribe equivocarse o equibocarse?
Más información sobre la palabra Equivocarse en internet
Equivocarse en la RAE.
Equivocarse en Word Reference.
Equivocarse en la wikipedia.
Sinonimos de Equivocarse.

la Ortografía es divertida

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece equivocarse
La palabra equivocarse puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 5605
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... No podía equivocarse, Milady estaba de ntro. ...
En la línea 5805
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... En el corre dor volvió a encontrar a la linda Ketty, tal era el nombre de la doncella, Esta lo miró con una expresión de misteriosabenevolencia en la q ue no podía equivocarse. ...
En la línea 7208
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Al cabo de un instante le pareció a D'Artagna n que el señor Des Essarts le hacía señas de acercarse: esperó un nuevo gesto de su superior, temiendo equivocarse, pero repetido el gesto, dejó las filas y se adelantó para oír la orden. ...
En la línea 9147
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Milady no era mujer capaz de equivocarse en cuanto al sentido de aquella duda. ...
En la línea 16584
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Somoza solía equivocarse, anticipando la muerte a sus enfermos. ...
En la línea 1768
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... ¿Se equivocaría en esto? A veces lo sospechaba; pero su buena fe triunfaba al instante de esta sospecha. Lo que sí podía sostener sin miedo a equivocarse era que Fortunata tenía vivos deseos de mejorar su personalidad, es decir, de adecentarse y pulirse. Su ignorancia era, como puede suponerse, completa. Leía muy mal y a trompicones, y no sabía escribir. ...
En la línea 4587
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El aire que me va usted a tomar ahora es ponerle las etiquetas a estos frascos de jarabes… Y cuidado con equivocarse. Las etiquetas rojas son las del jarabe de corteza de naranja amarga con yoduro potásico; las verdes el mismo con hierro dializado. Como usted me trueque las papeletas, le trituro». ...
En la línea 4615
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Olimpia era la menor de las hijas de Samaniego, y hubiera causado gran admiración en la época en que era de moda ser tísico, o al menos parecerlo. Delgada, espiritual, ojerosa, con un corte de cara fino y de expresión romántica, la niña aquella habría sido perfecta beldad cincuenta años ha, en tiempo de los tirabuzones y de los talles de sílfide. Quería doña Casta que sus niñas tuvieran un medio de ganarse la vida para el día en que por cualquier contingencia empobreciesen, y Olimpia fue llevada al Conservatorio desde edad temprana. Siete años estuvo tecleando, y después tecleaba en casa bajo la dirección de un reputado maestro que iba dos veces por semana. Tratábase de que ganara premio en los exámenes, y para esto la niña estuvo por espacio de tres años estudiando una dichosa pieza, que no acababa de dominar nunca. Pieza por la mañana, pieza por tarde y noche. Ballester se la sabía ya de memoria sin perder nota. No había logrado Olimpia decir toda, toda la pieza, desde el adagio patético hasta el presto con fuoco, sin equivocarse alguna vez, y siempre que tocaba delante de gente, se embarullaba y hacía un pisto de notas que ni Cristo lo entendía. Por eso doña Casta la mandaba tocar cuando había personas extrañas, para que fuese perdiendo el miedo al público. ...
En la línea 5436
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Algo más cotorrearon, pero no hace al caso. Doña Lupe se llevó a su sobrino al Monte de Piedad, y como aquel día las ventas fueron de muy poco interés, tornaron pronto a casa, después de comprar fresa y espárragos en un puesto de la calle de Atocha. Por la tarde, la señora encargó a su sobrino que le hiciera unas cuentas algo complicadas, y él las despachó con presteza y exactitud, sin equivocarse ni en un céntimo; y como su tía se maravillase de aquel tino aritmético, el joven se echó a reír, diciéndole: «¿Pero usted qué se ha figurado? Si tengo yo la cabeza como no la he tenido nunca. Si estoy tan cuerdo, que me sobra cordura para darla a muchos que por cuerdos pasan». ...
En la línea 3096
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -No, pulpos de grandes dimensiones. Pero el amigo Land ha debido equivocarse, pues yo no veo nada -añadí. ...
En la línea 3796
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Más adelante, cuando recordaba este momento, todo le parecía extraño, irreal. ¿De dónde le había venido aquella certeza repentina de no equivocarse? Porque en modo alguno podía decir que había presentido aquella confesión. Sin embargo, apenas le hizo él la confesión, a ella le pareció haberla adivinado. ...
En la línea 4853
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Raskolnikof ignoró durante largo tiempo la muerte de su madre. Sin embargo, desde su llegada a Siberia recibía regularmente noticias de su familia por mediación de Sonia, que escribía todos los meses a los esposos Rasumikhine y nunca dejaba de recibir respuesta. Las cartas de Sonia parecieron al principio demasiado secas a Dunia y su marido. No les gustaban. Pero después comprendieron que Sonia no podía escribir de otro modo y que, al fin y al cabo, aquellas cartas les daban una idea clara y precisa de la vida del desgraciado Raskolnikof, pues abundaban en detalles sobre este punto. Sonia describía tan simple como minuciosamente la existencia de Raskolnikof en el presidio. No hablaba de sus propias esperanzas, de sus planes para el futuro ni de sus sentimientos personales. En vez de explicar el estado espiritual, la vida interior del condenado, de interpretar sus reacciones, se limitaba a citar hechos, a repetir las palabras pronunciadas por Rodia, a dar noticias de su salud, a transmitir los deseos que había expresado, los encargos que había hecho… Gracias a estas noticias en extremo detalladas, pronto creyeron tener junto a ellos a su desventurado hermano, y no podían equivocarse al imaginárselo, pues se fundaban en datos exactos y precisos. ...
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