La palabra Cicatrices ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La llamada de la selva de Jack London
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece cicatrices.
Estadisticas de la palabra cicatrices
Cicatrices es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 15314 según la RAE.
Cicatrices aparece de media 4.4 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la cicatrices en las obras de referencia de la RAE contandose 669 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Cicatrices
Cómo se escribe cicatrices o cicatrrices?
Cómo se escribe cicatrices o cicatricez?
Cómo se escribe cicatrices o zicatrices?
Cómo se escribe cicatrices o sisatrises?
Más información sobre la palabra Cicatrices en internet
Cicatrices en la RAE.
Cicatrices en Word Reference.
Cicatrices en la wikipedia.
Sinonimos de Cicatrices.
Algunas Frases de libros en las que aparece cicatrices
La palabra cicatrices puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 313
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Ese es el _Chivo_--decía con el orgullo de un príncipe que habla de sus grandes generales.--Un hombre a quien le arrastran las borlas por el suelo. Entre tiros y cuchilladas tiene más de cincuenta cicatrices en el pellejo. ...
En la línea 314
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Miraba a todos con insolente superioridad, como si las cicatrices del amigote fuesen una declaración de su propio valor, y vivía feliz creyendo que en todo Jerez no había quien le disputase su guapeza con los hombres y su buena fortuna con las mujeres. ...
En la línea 595
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Juanón, impulsado por la cólera, poníase de pie. _¡La Mano Negra!_ ¿Qué era aquello? Él había sufrido persecuciones por creerle afiliado a ella, y aún no sabía ciertamente en qué consistía. Meses enteros había estado en la cárcel con otros desgraciados. Le sacaban por la noche del encierro, para golpearle, en la oscura soledad del campo. Las preguntas de los hombres con uniforme iban acompañadas de culatazos que hacían crujir sus huesos, de palizas locas que se exacerbaban ante sus negativas. Aún guardaba en el cuerpo las cicatrices de estos obsequios de los ricos de Jerez. Podían haberle muerto sin que él contestase a gusto de sus atormentadores. Sabía de sociedades para defender la vida de los jornaleros y resistirse a los abusos de los amos; él formaba parte de ellas; pero de _La Mano Negra_, de la terrorífica asociación con sus puñales y sus venganzas, no sabía una palabra. ...
En la línea 729
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Dupont era veleidoso y tornadizo como un amante en sus apasionamientos por las gentes de la Iglesia. Una temporada adoraba a los Padres de la Compañía y no encontraba misa buena ni sermón aceptable, si no era en su iglesia: pero de pronto se cansaba de la sotana, le seducía el hábito con capucha, según sus colores, y abría su caja y las puertas de su hotel a los Carmelitas, a los Franciscanos o a los Dominicos establecidos en Jerez. Siempre que iba a la viña se presentaba con un sacerdote de distinta clase, adivinando por esto el capataz cuáles eran sus favoritos del momento. Unas veces eran frailes con vestimenta blanca y negra, otras pardos o de color de castaña: hasta los había llevado de luengas barbas, que venían de lejanos países y apenas si chapurreaban el español. Y el señor, con sus entusiasmos de enamorado, ganoso de propalar los méritos de su pasión, le decía al capataz en amistosa confidencia: --Es un héroe de la fe: viene de convertir infieles y hasta creo que ha obrado milagros. Si no fuera por herir su modestia, le diría que se arremangase el hábito, para que te pasmases viendo las cicatrices de sus martirios... ...
En la línea 559
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Los guanacos se lanzan a nado con gran facilidad: en Puerto-Valdés hemos visto repetidas veces a algunos pasar de una a otra isla. Byron dice, en su viaje, que los ha visto beber agua salada. Algunos de los oficiales del Beagle han observado también que un rebaño de guanacos se aproximaba a unas salinas cerca de Cabo Blanco para beber el agua salobre; también creo yo que en algunos puntos del país se pasarían sin beber si no bebieran agua salada. Durante el día se les ve muchas veces revolcarse en el suelo, en unos hoyos que afectan la forma de una bandeja. Los machos se entregan a combates terribles; un día pasaron dos muy cerca de mí sin advertir mi presencia, ocupados como iban en morderse y lanzando gritos ensordecedores; la mayor parte de los que hemos cazado presentaban numerosas cicatrices. Algunas veces parece que un rebaño hace un viaje de exploración. En Bahía Blanca, donde, en un radio de 30 millas, a partir de la costa, son muy raros estos animales, he encontrado un día rastros de treinta o cuarenta que habían venido en línea recta hasta un charquillo donde había agua salada cenagosa. ...
En la línea 344
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Entonces se acercó un lobo viejo, descarnado y cubierto de cicatrices de mil batallas. Buck contrajo los labios anticipando un gruñido, pero se olisquearon el hocico el uno al otro. Después, el lobo viejo se sentó y, mirando a la luna, soltó el prolongado aullido. Los demás se sentaron y aullaron a su vez. Y entonces la llamada le llegó a Buck con acentos inconfundibles. También él se sentó y aulló. Pasado lo cual, abandonó su posición y la manada se aglomeró a su alrededor olisqueando de un modo entre amistoso y salvaje. Los jefes emitieron el ladrido de marcha de la manada y partieron velozmente hacia el bosque. Los demás partieron detrás, ladrando a coro. Y Buck se puso a correr con ellos, al lado del hermano salvaje, ladrando él también. ...

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