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La palabra casadas
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la palabra casadas

La palabra Casadas ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece casadas.

Estadisticas de la palabra casadas

Casadas es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 18626 según la RAE.

Casadas aparece de media 3.36 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la casadas en las obras de referencia de la RAE contandose 511 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Casadas

Cómo se escribe casadas o cazadaz?
Cómo se escribe casadas o sasadas?

Más información sobre la palabra Casadas en internet

Casadas en la RAE.
Casadas en Word Reference.
Casadas en la wikipedia.
Sinonimos de Casadas.


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece casadas

La palabra casadas puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 4607
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Quise resucitar la ya muerta andante caballería, y ha muchos días que, tropezando aquí, cayendo allí, despeñándome acá y levantándome acullá, he cumplido gran parte de mi deseo, socorriendo viudas, amparando doncellas y favoreciendo casadas, huérfanos y pupilos, propio y natural oficio de caballeros andantes; y así, por mis valerosas, muchas y cristianas hazañas he merecido andar ya en estampa en casi todas o las más naciones del mundo. ...

En la línea 4611
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... ¿Cómo y es posible que hay hoy caballeros andantes en el mundo, y que hay historias impresas de verdaderas caballerías? No me puedo persuadir que haya hoy en la tierra quien favorezca viudas, ampare doncellas, ni honre casadas, ni socorra huérfanos, y no lo creyera si en vuesa merced no lo hubiera visto con mis ojos. ...

En la línea 6204
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Las doncellas recogidas que aspiran a ser casadas, la honestidad es la dote y voz de sus alabanzas. ...

En la línea 409
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... La primera vez que pensó esto tuvo remordimientos para una semana; pero volvió la idea a presentarse tentadora, y como en las novelas que saboreaba sucedía casi siempre que eran casadas las heroínas, pecadoras sí, pero al fin redimidas por el amor y la mucha fe, vino en averiguar y dar por evidente que se podía querer a una casada y hasta decírselo, si el amor se contenía en los límites del más acendrado idealismo. ...

En la línea 2799
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Aunque sin aludir ya a la Regenta, se volvió a hablar de mujeres casadas. ...

En la línea 3032
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En París, y hasta en Madrid, se ama a las señoras casadas sin inconveniente. ...

En la línea 3290
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Además, nunca faltaban casadas todavía ganosas de cuidar la honra de sus retoños o de divertirse por cuenta propia. ...

En la línea 1022
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Esta guerra de una batalla única resultaba terriblemente mortífera por los combates de la fornicación más que por los de las armas. Una demencia lujuriosa parecía haberse apoderado de los treinta mil hombres desde que atravesaron los Alpes. Cierto cronista napolitano que dio alojamiento a dos señores franceses relataba cómo cada uno de ellos tenía ordinariamente siete hermosas jóvenes o mujeres casadas a su servicio, las cuales se renovaban, disputándose sus caricias. ...

En la línea 1102
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Esta agresión produjo un silencio temeroso en los oyentes, apreciándola todos como un ataque a Enciso de las Casas. Doña Nati no se dio cuenta de su torpeza y siguió dejándose arrastrar por su moralidad peleadora. Como su sobrina era la única señorita que había asistido al banquete y estaba con su padre al lado del cardenal, siendo todas las que le escuchaban casadas o viudas, empezó a expresarse crudamente. ...

En la línea 480
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Había días de compras grandes y otros de menudencias; pero días sin comprar no los hubo nunca. A falta de cosa mayor, la viciosa no entraba nunca en su casa sin el par de guantes, el imperdible, los polvos para limpiar metales, el paquete de horquillas o cualquier chuchería de los bazares de todo a real. A su hijo le llevaba regalitos sin fin, corbatas que no usaba, botonaduras que no se ponía nunca. Jacinta recibía con gozo lo que su suegra llevaba para ella, y lo iba trasmitiendo a sus hermanas solteras y casadas, menos ciertas cosas cuyo traspaso no le permitían. Por la ropa blanca y por la mantelería tenía la señora de Santa Cruz verdadera pasión. De la tienda de su hermano traía piezas enteras de holanda finísima, de batistas y madapolanes. D. Baldomero II y D. Juan I tenían ropa para un siglo. ...

En la línea 2218
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Doña Lupe se quedó desconcertada. A los peligros ya conocidos debían unirse los que ofrece por sí misma toda belleza superior dentro de la máquina del matrimonio. «Las mujeres casadas no deben ser muy hermosas» dijo la señora promulgando la frase con acento de convicción profunda. ...

En la línea 3432
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Pero la contenía un cierto respeto que no acertaba a explicarse. Se alejó, y desde la acera de enfrente miró hacia la casa, diciendo para sí: «Habrá luz en el gabinete de Jacinta, donde estarán de tertulia». Pero no vio nada. Todo cerrado; todo a oscuras… «¡Si habrán salido… ! No, estarán ahí burlándose de mí, riéndose de la trastada que me han hecho… Buenos son todos: ¡tales hijos, tales padres!». Volvió a sentir el insensato anhelo de entrar en la casa, y dio tres o cuatro pasos hacia ella; pero retrocedió por segunda vez. «¿A ver quién sale?». Era un viejo que se detenía en el portal y echaba un párrafo con Deogracias. La joven reconoció a Estupiñá, que había sido vecino suyo cuando ella vivía en la Cava, donde tuvieron principio sus interminables desgracias. Plácido se embozó en su capa tomando hacia la calle del Vicario Viejo. Siguiole Fortunata con la vista hasta verle desaparecer, y poco después volvió a su acecho. ¿Quién salía? Un caballero con botines blancos que parecía extranjero. El tal pasó junto a ella, la miró, casi casi se detuvo un instante para verla mejor; después siguió su camino. Otras personas salían o entraban. Aunque en el pensamiento de Fortunata iba condensándose la imposibilidad de entrar, continuaba allí clavada sin saber por qué. No se podía marchar, aunque iba comprendiendo que la idea que a tal sitio la llevó era una locura, como las que se hacen en sueños. Uno de los muchos desvaríos que se sucedieron en su mente fue imaginar que tal o cual hombre de los que vio salir era amante de Jacinta. «Porque a mí no me digan que es virtuosa… Vaya unos embustes que corre la gente. No se puede creer nada. ¿Virtuosa?, tie gracia… Ninguna de estas casadas ricas lo es ni lo puede ser. Nosotras las del pueblo somos las únicas que tenemos virtud, cuando no nos engañan. Yo, por ejemplo… verbigracia, yo». Entrole una risa convulsiva. «¿Y de qué te ríes, pánfila?—se dijo a sí misma—. Más honrada eres tú que el sol, porque no has querido ni quieres más que a uno. ¿Pero estas… estas?… Ja ja ja. Cada trimestre hombre nuevo, y virtuosa me soy. ¿Por qué? Pues porque no dan escándalos, y todo se lo tapan unas con otras. ¡Ah!, señora doña Jacinta, guárdese el mérito para quien lo crea; usted caerá… tiene usted que caer, si no ha caído ya». ...

En la línea 3577
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... De europeas no había que hablar. Contó el ex-coronel aventuras con solteras y casadas, que a su amiga le parecían mentira, y no las habría creído si no las oyera de labios de persona tan verídica y formal. —«¿Pero has visto? Si eso se dice, no se cree… Y si lo escriben, pensarán que es fábula mal inventada. ¡Qué cosas hacen las mujeres! Bien dicen que somos el Demonio». ...

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