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La palabra tropezando
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la palabra tropezando

La palabra Tropezando ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece tropezando.

Estadisticas de la palabra tropezando

La palabra tropezando no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE

Errores Ortográficos típicos con la palabra Tropezando

Cómo se escribe tropezando o trropezando?
Cómo se escribe tropezando o tropesando?

Más información sobre la palabra Tropezando en internet

Tropezando en la RAE.
Tropezando en Word Reference.
Tropezando en la wikipedia.
Sinonimos de Tropezando.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece tropezando

La palabra tropezando puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 4607
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Quise resucitar la ya muerta andante caballería, y ha muchos días que, tropezando aquí, cayendo allí, despeñándome acá y levantándome acullá, he cumplido gran parte de mi deseo, socorriendo viudas, amparando doncellas y favoreciendo casadas, huérfanos y pupilos, propio y natural oficio de caballeros andantes; y así, por mis valerosas, muchas y cristianas hazañas he merecido andar ya en estampa en casi todas o las más naciones del mundo. ...

En la línea 6922
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Quedó molido Sancho, espantado don Quijote, aporreado el rucio y no muy católico Rocinante; pero, en fin, se levantaron todos, y don Quijote, a gran priesa, tropezando aquí y cayendo allí, comenzó a correr tras la vacada, diciendo a voces: -¡Deteneos y esperad, canalla malandrina, que un solo caballero os espera, el cual no tiene condición ni es de parecer de los que dicen que al enemigo que huye, hacerle la puente de plata! Pero no por eso se detuvieron los apresurados corredores, ni hicieron más caso de sus amenazas que de las nubes de antaño. ...

En la línea 7794
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y con esto cumplirás con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que, por las de mi verdadero don Quijote, van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna. ...

En la línea 10348
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Salió el buen mozo tropezando con el pavo real disecado y después con la puerta. ...

En la línea 10783
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Pero en cuanto le vio salir tropezando, ciego de amor y pena, creía ella, una lástima infinita le inundó el alma, y tembló de miedo; su seno se hinchó con un suspiro. ...

En la línea 14582
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Entonces, en cuanto se vio solo, De Pas subió corriendo cuanto podía, tropezando con troncos y zarzas, ramas caídas y ramas pendientes. ...

En la línea 14591
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Y vuelta a correr cuanto podía, tropezando sin cesar, arrastrando con dificultad el balandrán empapado que pesaba arrobas, la sotana desgarrada a trechos y cubierta de lodo y telarañas mojadas. ...

En la línea 1707
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Al mismo tiempo la apatía y la pereza quedaban vencidas… Andábanle por dentro comezones y pruritos nuevos, un deseo de hacer algo, y de probar su voluntad en actos grandes y difíciles… Iba por la calle sin ver a nadie, tropezando con los transeúntes, y a poco se estrella contra un árbol del paseo de Luchana. Al entrar en la calle de Raimundo Lulio vio a su tía en el balcón tomando el sol. Verla y sentir un miedo muy grande, pero muy grande, fue todo uno. «¡Si mi tía lo sabe… !». Pero del miedo salió al instante la reacción de valor, y apretó los puños debajo de la capa, los apretó tanto que le dolieron los dedos. «Si mi tía se opone, que se oponga y que se vaya a los demonios». Nunca, ni aun con el pensamiento, había hablado Maximiliano de doña Lupe con tan poco respeto. Pero los antiguos moldes estaban rotos. Todo el mundo y toda la existencia anteriores a aquel estado novísimo se hundían o se disipaban como las tinieblas al salir el sol. Ya no había tía, ni hermanos, ni familia, ni nada, y quien quiera que se le atravesase en su camino era declarado enemigo. Maximiliano tuvo tal acceso de coraje, que hasta se ofreció a su mente con caracteres odiosos la imagen de doña Lupe, de su segunda madre. Al subir las escaleras de la casa se serenó, pensando que su tía no sabía nada, y si lo sabía, que lo supiera, ¡ea!… «¡Qué carácter estoy echando!» se dijo al meterse en su cuarto. ...

En la línea 5310
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Al decir esto, se insubordinaba; no quería ir por la acera, sino por el empedrado, dando manotadas y tropezando con algunos transeúntes. ...

En la línea 289
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Corríamos de verdad, subiendo, bajando, atravesando las puertas, cayendo en las zanjas y tropezando con los juncos. Nadie se fijaba en el terreno que pisaba. Cuando nos acercamos a los gritos, se hizo evidente que eran proferidos por más de una voz. A veces parecían cesar por completo, y entonces los soldados interrumpían la marcha. Cuando se oían de nuevo, aquéllos echaban a correr con mayor prisa y nosotros los seguíamos. Poco después estábamos tan cerca que oímos como una voz gritaba: «¡Asesino!, y otra voz: «¡Penados! ¡Fugitivos! ¡Guardias! ¡Aquí están los fugitivos! Luego las dos voces parecían quedar ahogadas por una lucha, y al cabo de un momento volvían a oírse. Entonces los soldados corrían como gamos, y Joe los seguía. ...


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