Cual es errónea Servidores o Serrvidorres?
La palabra correcta es Servidores. Sin Embargo Serrvidorres se trata de un error ortográfico.
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Servidores en la RAE.
Servidores en Word Reference.
Servidores en la wikipedia.
Sinonimos de Servidores.
Algunas Frases de libros en las que aparece servidores
La palabra servidores puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 351
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Para Fermín Montenegro no eran un secreto los disgustos de carácter espiritual, las grandes contrariedades que sufría la viuda de Dupont por culpa de los negocios. Su hijo tenía que tratar gentes de todas clases, herejes y hombres sin religión; extranjeros que consumían los vinos de la casa, y al pasar por Jerez habían de ser recibidos con el agasajo que merecen los buenos clientes. ¡Ser buenos servidores del Señor y tener que tratar a sus enemigos como si fuesen iguales! En vano los Padres de la iglesia de San Ignacio disipaban sus escrúpulos recordándola la importancia de los negocios y la influencia que una casa tan poderosa ejercía sobre la religiosidad de Jerez. Doña Elvira sólo se reconciliaba con sus famosas bodegas cuando una vez por año salía con destino a Roma una barrica de vino, dulce y espeso como jarabe, destinado a la misa del Pontífice por recomendación de varios obispos, amigos de la casa. Este honor la servía de lenitivo. Pero aun así, ¡qué angustias no la hacían sufrir aquellos extranjeros rubios y antipáticos que tenían la audacia de leer la Biblia a su modo y en su lengua, sin creer en Su Santidad, ni ir a misa!... ...
En la línea 1550
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Entrad, señores, entrad - gritó D'Artagnan -, aquí estáis en mi casa, y todos nosotros somos fieles servidores del rey y del señor car denal. ...
En la línea 2138
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Partid, partid! Os lo suplico, y volved más tarde; volved como embajador, volved como ministro, volved rodeado de guardias que os defiendan, de servidores que vigilen por vos, y entonces no temeré más por vuestra vida y sentiré dicha en volveros a ver. ...
En la línea 2369
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El official se lanzó fuera de la habitación con esa rapidez que ponían de ordinario todos l os servidores del cardenal en obedecerle. ...
En la línea 2689
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Ana de Austria había visto caer a su alrededor a sus servidores más abnegados, sus confidentes más íntimos, sus favoritos más queridos. ...
En la línea 731
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Llevaba una guardia de veinticuatro servidores, armados con sendos rifles; eran sus pastores, porqueros, vaqueros y cazadores, mandados por el hijo y el sobrino del _fidalgo_, ambos jóvenes, vestido el último de uniforme. ...
En la línea 7112
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Volvió otra vez el caballero que habló a don Quijote, y díjole: -Vuesa merced, señor don Quijote, se venga con nosotros, que todos somos sus servidores y grandes amigos de Roque Guinart. ...
En la línea 7601
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Estando en estas pláticas, entró el músico, cantor y poeta que había cantado las dos ya referidas estancias, el cual, haciendo una gran reverencia a don Quijote, dijo: -Vuestra merced, señor caballero, me cuente y tenga en el número de sus mayores servidores, porque ha muchos días que le soy muy aficionado, así por su fama como por sus hazañas. ...
En la línea 653
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... A una princesa de la dinastía Aragón de Nápoles la obsequiaba con un banquete que duró seis horas, sirviéndose en el transcurso cuarenta y cuatro platos: ciervos enteros asados con su piel, cabras, liebres, terneros, grullas, pavos y faisanes conservar do su plumaje. El plato más enorme, llevado en hombros por una docena de servidores vestidos de seda, tenía la apariencia de un oso de tamaño natural, con un palo en la boca. El pan había sido dorado, y los peces, así como otros manjares, llegaban a la mesa cubiertos de plata. En las obras de confitería intervenían los mejores escultores de Roma. Los doce trabajos de Hércules, todos ellos con personajes de dimensiones ordinarias, estaban esculpidos en materias azucaradas. Otro plato era una montaña con una sierpe gigantesca que se movía lo mismo que un reptil viviente. ...
En la línea 1084
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Maquinalmente fue apurando Borja las copas que tenía delante, y que llenaban acto seguido los servidores empelucados. Parecía buscar con este continuo beber una compensación al solemne aburrimiento de la comida y a la mala calidad ostentosa de los platos. ...
En la línea 1121
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Bebió con lentitud dos tazas de café, manteniéndose erguido junto a una mesa antigua de mármoles incrustados. Hasta los servidores se acercaban a él con titubeos, no obstante su porte falsamente majestuoso como si temieran incurrir en el desagrado de la respetable concurrencia. ...
En la línea 1299
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Le acompañaba una tarde Rodrigo Corella en su paseo por una huerta cercana al Belvedere, cuando vieron venir hacia ellos un enorme león. Lo tenían guardado en una casa inmediata y había huido de su jaula. Todo el acompañamiento papal, prelados, domésticos, cubicularios y otros servidores, huyeron despavoridos, dejando solos al Pontífice y al joven español. ...
En la línea 523
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Y el profesor, al decir esto, se ruborizaba, bajando los ojos. Al fin, una tarde, al salir del plato-ascensor, recomendó a dos servidores que cargasen con un disco de cristal llegado con ella. Era del tamaño de una rueda de carreta, y había sido labrado en el Palacio de Ciencias Físicas de la Universidad Central. Flimnap se excusó de traer con retraso esta lente, que había prometido para el día anterior. ...
En la línea 553
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - Son demasiadas preguntas, gentleman, para que las conteste aquí -dijo con una voz extremadamente débil, persistiendo en su miedo de ser oído-. Bástele saber que mi protector es Flimnap, y que el me colocó entre sus servidores después de haberle prometido yo que nadie vería mi rostro. Únicamente al notar la impaciencia del gentleman, y con el deseo de serle útil, me he atrevido a faltar a mi promesa. Le suplico que no cuente nunca al profesor que me ha visto sin velos. ...
En la línea 555
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Eran los barberos y sus servidores, que, una vez terminados los preparativos de la operación, querían empezarla cuanto antes. Algunos tenían tienda abierta en la capital, y deseaban volver pronto a sus establecimientos, donde les aguardaban los clientes. Estos trabajos extraordinarios y patrióticos por orden del gobierno no eran dignos de aprecio, pues se pagaban tarde y mal. ...
En la línea 561
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Empezaron los hombres de fuerza a tirar de otras cuerdas para subir al extremo de ellas grandes cubos llenos de un líquido blanco y espeso. Al mismo tiempo, por las escalas ascendían nuevos servidores llevando unas escobas de crin sostenidas por mangos larguísimos. Estas escobas fueron metidas en los cubos desbordantes de jabón líquido, y los servidores empezaron a embadurnar con ellas las mejillas del gigante, consiguiendo, después de una enérgica rotación, dejarlas cubiertas de colinas de espuma. La muchedumbre rió al ver la cara del coloso adornada con estas vedijas blancas, y tal fue su entusiasmo, que, rompiendo con irresistible empuje la línea de jinetes, llegaron hasta muy cerca de los enormes pies. ...
En la línea 274
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Sus servidores percibieron que estaba despierto, y uno de ellos le preguntó su deseo respecto al lord canciller, que esperaba fuera. ...
En la línea 280
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Le falló la voz; una palidez cenicienta borró el color de sus mejillas, y los servidores le recostaron sobre sus almohadas, y apresuradamente lo asistieron con tonificantes. A poco, dijo lleno de pesar: ...
En la línea 301
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... A las nueve de la noche toda la extensa ribera frente al palacio fulguraba de luces. El río mismo, hasta donde alcanzaba la vista en dirección a la ciudad, estaba tan espesamente cubierto de botes y barcas de recreo, todos orlados con linternas de colores y suavemente agitados por las ondas, que parecía un reluciente e ilimitado jardín de flores animadas a suave movimiento por vientos estivales. La gran escalinata de peldaños de piedra que conducía a la orilla, lo bastante espaciosa para dar cabida al ejército de un príncipe alemán, era un cuadro digno de verse, con sus filas de alabarderos reales en pulidas armaduras y sus tropas de ataviados servidores, revoloteando de arriba abajo, y de acá para allá, con la prisa de los preparativos. ...
En la línea 304
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... La vanguardia de la esperada procesión hizo su aparición en la puerta principal: una tropa de alabarderos. Iban vestidos con calzas de listas negras y leonadas, gorras de terciopelo adornadas a los lados con rasas de plata, y jubones de paño azul y morado, bordados por delante y por detrás con las tres plumas, el blasón del príncipe, tejidas en oro. Las astas de las alabardas estaban cubiertas de terciopelo carmesí, sujeto con clavos dorados y adornadas con borlas de oro. Desfilando a derecha e izquierda, formaban dos largas hileras que se extendían desde la puerta principal del palacio hasta la orilla del agua. Después se desplegó un grueso paño o tapiz rayado, y unos servidores, ataviados con las libreas de oro y carmesí del príncipe, lo tendieron entre los alabarderos. Hecho esto, resonó dentro un floreo de trompetas. Los músicos del río comenzaran un animado preludio y dos ujieres con varas blancas salieron por la puerta con lento y majestuoso paso. Iban seguidos por un oficial que llevaba la maza municipal, tras el cual venía otro con la Espada de la Ciudad; luego varios alguaciles de la guarnición de la ciudad, con uniforme de gala, y con divisas en las mangas. Venía luego el rey de armas de la Jarretera, con su tabardo; lo seguían varios caballeros del Baño, cada uno con una cinta blanca en la manga; luego sus escuderos; después los jueces, con sus togas escarlatas y sus cofias; luego el lord gran canciller de Inglaterra, con su toga escarlata, abierta por delante y, orlada de piel blanca con manchas negras; luego una comisión de regidores con sus capas escarlata, y luego los principales de las diferentes compañías cívicas en traje de ceremonia. Después venían doce caballeros franceses, con espléndidos atavíos, consistentes en jubones de damasco blanco listado de oro, capas cortas de terciopelo carmesí, forradas de tafetán violeta y calzas color carne, y comenzaron a descender por la escalinata. Eran el séquito del embajador francés, e iban seguidos por doce caballeros del séquito del embajador español, vestidos de terciopelo negro sin ningún adorno. En pos de éstos venían varios importantes nobles ingleses con sus servidores. ...
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Las Reglas Ortográficas de la R y la RR
Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.
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