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La palabra estrruendo
Cómo se escribe

Comó se escribe estrruendo o estruendo?

Cual es errónea Estruendo o Estrruendo?

La palabra correcta es Estruendo. Sin Embargo Estrruendo se trata de un error ortográfico.

La falta ortográfica detectada en la palabra estrruendo es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra estruendo

Más información sobre la palabra Estruendo en internet

Estruendo en la RAE.
Estruendo en Word Reference.
Estruendo en la wikipedia.
Sinonimos de Estruendo.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece estruendo

La palabra estruendo puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 489
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Hablaba de los misterios reproductores de aquella cuadra, con la naturalidad de la gente campesina, tímida y ruborosa en las relaciones humanas y franca hasta el impudor al hablar de las aproximaciones de las bestias. Y como si las palabras del viejo trajesen a las dilatadas narices de los caballos un lejano perfume de la deseada primavera, comenzaron a relinchar, a dar saltos, a morderse, a estremecer sus vientres con agitaciones de péndulo, a resbalar las patas delanteras sobre las grupas más cercanas, haciendo esfuerzos por libertar sus cabezas amarradas a las anillas. Unos cuantos varazos repartidos a ciegas por _Zarandilla_ hicieron cesar el estruendo de coces y relinchos, y las bestias tornaron a alinearse ante los pesebres, exhalando los últimos restos de su agitación con bufidos y temblores. ...

En la línea 1784
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Al poco rato pareciole que la ciudad despertaba. Sonó a lo lejos un estruendo que hacía temblar el suelo, y poco después pasó al trote un escuadrón de lanceros por la calle Larga. Luego, al extremo de ésta, brillaron las hileras de bayonetas y avanzó la infantería con rítmico paso. Las fachadas de las grandes casas parecían alegrarse abriendo de golpe sus puertas y balcones. ...

En la línea 8009
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Terminemos de un gol pe: ¡a la muralla, a la muralla!Y los cuatro amigos, secundados por Grimaud, se pusieron a em pujar con el cañón de sus fusiles un enorme lienzo de muro que se in clinó como si el viento lo arrastrase, ydesprendiéndose de su base ca yó con horrible estruendo en el foso; luego se oyó un gran grito, una nube de polvo subió hacia el cielo, y eso fue todo. ...

En la línea 4602
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Llegué sin novedad a la capital de las Asturias, aunque en época más bien desfavorable, porque hasta las puertas de la ciudad llegaba el estruendo de la guerra y se oía «la exhortación de los capitanes y la gritería del ejército». ...

En la línea 6281
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Entonces volvía, y, apretándole las rodillas a _Sidi Habismilk_, mi caballo árabe, tomaba el veloz animal, que jamás necesitó látigo ni espuela, el camino de Sevilla con la rapidez de un torbellino, devorando la distancia en una carrera loca; dejada atrás la Dehesa, se precipitaba por el paseo de las Delicias, sombreado de olmos, y a poco el estruendo de sus cascos resonaba bajo la bóveda del arco de la Puerta de Jerez; un momento después, quedábase inmóvil como una piedra ante la puerta de mi casa solitaria, en la silenciosa plazuela de la Pila Seca. ...

En la línea 6641
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¡Tra! ¡Tralará! ¡Ya vienen los ingleses! ¡Oh Inglaterra! ¡Mucho tiempo ha de pasar aún antes de que el sol de tu gloria se abisme en las ondas tenebrosas! ¡Aunque sobre ti se amontonan nubes sombrias, pavorosas, todavía, todavía querrá el Omnipotente dispersarlas, y concederte un porvenir de más duración, y más brillante aún, que tu pasado! ¡Y si tu fin está próximo, que sea un fin noble, digno de la renombrada Reina de los mares! ¡Húndete, si has de hundirte, entre sangre y llamas, con pavoroso estruendo, arrastrando a más de una nación en tu caída! ¡Plegue al Señor preservarte, sobre todo, de una decadencia lenta y oprobiosa, en la que serías, antes de extinguirte, la mofa y escarnio de aquellos mismos enemigos que ahora te envidian y aborrecen, pero te temen; más aún, te admiran y respetan contra su voluntad! ¡Alzate, mientras es tiempo aún, y disponte para un combate a vida o muerte! ¡Arroja de ti la inmunda costra que llevas pegada a tus robustos miembros, que amortigua tu fuerza, y la entorpece y debilita! ¡Arroja de ti a tus falsos filósofos, que con tanto gusto desacreditan lo que, después del amor a Dios, se ha tenido hasta aquí por más sagrado, el amor a la tierra materna! ¡Arroja de ti a los falsos patriotas, que, so pretexto de enderezar los entuertos que sufren los pobres y los débiles, tratan de suscitar discordias internas, de suerte que tu poder sólo sea terrible para ti misma! ¡Expulsa a los falsos profetas, que divinizan la mentira; que han puesto en tus muros argamasa que no fragua, y se caerán; que ven visiones de paz, donde la paz no existe; que han robustecido los brazos de los malvados y entristecido el corazón de los justos! ¡Oh, hazlo, y no temas el resultado, porque o tu fin será grandioso y envidiable, o Dios perpetuará tu reinado sobre los mares, oh tú, su ya antigua Reina! Lo que antecede es parte de una plegaria por mi país natal, que, después de mi acción de gracias habitual, balbucí, ofreciéndosela al Todopoderoso antes de entregarme al descanso, aquel sábado por la noche en Gibraltar. ...

En la línea 7136
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Si ahora le gusta _Dar-sinah_, ¿cómo le hubiera gustado a mi sultán en otros tiempos, cuando esto estaba lleno de oro y plata, de hierro y estaño, del estruendo de los martillos y de maestros y gentes entendidas en sus oficios? Ahora llegamos al _Chali del Bahar_. ...

En la línea 372
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Por acudir a este ruido y estruendo, no se pasó adelante con el escrutinio de los demás libros que quedaban; y así, se cree que fueron al fuego, sin ser vistos ni oídos, La Carolea y León de España, con Los Hechos del Emperador, compuestos por don Luis de Ávila, que, sin duda, debían de estar entre los que quedaban; y quizá, si el cura los viera, no pasaran por tan rigurosa sentencia. ...

En la línea 754
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... El rugir del león, del lobo fiero el temeroso aullido, el silbo horrendo de escamosa serpiente, el espantable baladro de algún monstruo, el agorero graznar de la corneja, y el estruendo del viento contrastado en mar instable; del ya vencido toro el implacable bramido, y de la viuda tortolilla el sentible arrullar; el triste canto del envidiado búho, con el llanto de toda la infernal negra cuadrilla, salgan con la doliente ánima fuera, mezclados en un son, de tal manera que se confundan los sentidos todos, pues la pena cruel que en mí se halla para contalla pide nuevos modos. ...

En la línea 937
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Alojaba acaso aquella noche en la venta un cuadrillero de los que llaman de la Santa Hermandad Vieja de Toledo, el cual, oyendo ansimesmo el estraño estruendo de la pelea, asió de su media vara y de la caja de lata de sus títulos, y entró ascuras en el aposento, diciendo: -¡Ténganse a la justicia! ¡Ténganse a la Santa Hermandad! Y el primero con quien topó fue con el apuñeado de don Quijote, que estaba en su derribado lecho, tendido boca arriba, sin sentido alguno, y, echándole a tiento mano a las barbas, no cesaba de decir: -¡Favor a la justicia! Pero, viendo que el que tenía asido no se bullía ni meneaba, se dio a entender que estaba muerto, y que los que allí dentro estaban eran sus matadores; y con esta sospecha reforzó la voz, diciendo: -¡Ciérrese la puerta de la venta! ¡Miren no se vaya nadie, que han muerto aquí a un hombre! Esta voz sobresaltó a todos, y cada cual dejó la pendencia en el grado que le tomó la voz. ...

En la línea 1145
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Alegróles el ruido en gran manera, y, parándose a escuchar hacia qué parte sonaba, oyeron a deshora otro estruendo que les aguó el contento del agua, especialmente a Sancho, que naturalmente era medroso y de poco ánimo. ...

En la línea 1414
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Pasó una gran parte de la noche de pie, mirando hacia la ciudad. Su estatura le permitía abarcar con los ojos la mayoría de sus barrios. El halo rojo de la iluminación duró hasta altas horas de la noche. Llegaba a sus oídos el vocerío de la inmensa muchedumbre, sus aclamaciones entusiastas, las canciones patrióticas entonadas a coro y el estruendo enardecedor de las músicas militares. Al mismo tiempo surcaban el espacio, como si fuesen cometas de distintos colores, los ojos de las máquinas voladoras con sus largas colas de luz. Abajo, en la obscuridad del mar, se deslizaban igualmente otras estrellas con todos los fulgores del iris. Por el aire y por el agua, un movimiento continuo y extraordinario iba llevándose fuera de la capital miles y miles de seres. ...

En la línea 1440
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Escuchaba por primera vez estos ruidos pavorosos, y aunque había leído en las crónicas antiguas muchas descripciones del estruendo de las armas inventadas por los hombres, nunca pudo suponerlo tal como era en la realidad. ...

En la línea 1568
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El estruendo de las explosiones, completamente nuevo para la mayor parte de este gentío, le hizo huir con más rapidez que el miedo al coloso. Gillespie no quiso dejar que sus enemigos continuaran ejercitándose en el manejo de la artillería, y tomo el achicador que estaba en el fondo de su barca. Con esta paleta envió por el aire unas cuantas masas de agua, que vinieron a desplomarse algunos metros más allá, sobre los grandes cañones y todos los que se movían en torno a ellos. ...

En la línea 2905
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... De tal modo se demudó el rostro del joven, que Fortunata, que ya empezaba a decir algunas bromas sobre aquel asunto, se recogió en sí. Maxi no dijo una palabra, y de pronto salió disparado de la casa, cerró con estruendo la puerta y bajó la escalera de cuatro en cuatro peldaños. Asustose Fortunata, y asomándose al balcón, viole recorrer apresuradamente la calle de Sagunto y después tomar por la de Santa Engracia, hacia abajo. Ella salió después, tomando por la misma calle, pero hacía arriba, en dirección de Cuatro Caminos. ...

En la línea 2946
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Por fin, a eso de las nueve y media, cuando el médico se fue, sintió doña Lupe un rebullicio, luego cuchicheos en el pasillo. Fortunata había entrado, y hablaba muy bajito con Patria. La mente de la viuda, en la cual hasta entonces todo era confusión y vaguedades, empezó a dar de sí los juicios más extraños, ideas de atrevido alcance y de un pesimismo aterrador. Salió paso a paso a la sala, deseosa de sorprender aquel secreteo. Fortunata entró, pálida como un cirio y con ojos aterrados; mas doña Lupe no le dijo nada. La vio que avanzaba hacia el gabinete, que daba algunos pasos hacia la alcoba deteniéndose en la puerta, y que desde allí alargaba el cuerpo para mirar a su marido. ¿Por qué no entró? ¿Qué temor la detenía? La alcoba estaba casi a oscuras, pues apenas llegaba a ella la claridad de la lámpara encendida en la sala. Doña Lupe llevó al gabinete la luz. Quería observar lo que hacía su sobrina, y por de pronto le llamó la atención su actitud extraña, no muy conforme con los sentimientos naturales en una esposa en situación tan aflictiva. Una vez que le miró bien de lejos, Fortunata, sin hacer maldito caso de persona tan respetable como su tía política, volvió a la sala, que ya estaba medio a oscuras, y se sentó en una silla. Todavía no se había quitado el manto, y parecía que iba a volver a la calle. Apoyada la mejilla en la mano, permaneció inmóvil como un cuarto de hora. El silencio que en las tres piezas reinaba sólo se interrumpía con tal cual palabra estropajosa pronunciada por Maxi, y con el paso gatuno de la sirviente que atravesaba la sala para ir a recibir órdenes de la única persona que aquella noche mandara en la casa. Si el estado del enfermo permitiera alzar la voz, ¡ay!, doña Lupe haría retemblar la casa con el estruendo de su palabra autoritaria y fiscalizadora; pero no podía ser. ¡Qué cosas había de oír su sobrina! Resolvió, pues, la tía dejar la discusión para el día siguiente; mas tanto la apremiaron la curiosidad y el enojo, que no pudo menos de personarse, pasito a paso, en la sala, y decir a Fortunata, con voz oprimida: «Explícame esto». ...

En la línea 5642
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Obra de romanos fue el despertar a Platón; por fin, su hermana le tiró de una pata, mientras Encarnación tiraba de la otra, y el corpachón del modelo, resbalando sobre el sofá, se desplomó con estruendo sobre el piso. Un rato estuvo estirándose, refregándose los ojos con las manazas, y escupiendo más hostias que palabras. «¿Onde está el judío ladrón que ha entrado sin mi premiso?, ¡hostia!, que le parto por la metá». El lenguaje de Segunda no desmerecía del de su hermano por la finura ni por lo escogido de las voces, lo que desagradaba extraordinariamente a Ido. Maxi salió a la salita, y José Izquierdo se le cuadró ladrándole así: «¡Ah!, era usté. Ora mismo a la calle… brrr… ¡Y que tengo yo un genio mu blando… ! Pues si le llego a ver antes ¡hostia!, me caso con la santísima… si le llego a ver antes, por el judío balcón, ¡hostia!, va solutamente a la calle». ...

En la línea 733
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... 'Vienen primero barones, condes y caballeros de la Jarretera, todos ricamente vestidos y con la cabeza descubierta. Sigue después el canciller, entre otros dos personajes, uno de los cuales lleva el cetro real y el otro la espada de Estado en su vaina roja, cubierta de flores de lis y oro y con la punta hacia arriba. Luego viene el mismo rey, a quien al aparecer saludan doce trompetas y muchos tambores, con gran estruendo de las salvas, mientras en las galerías se levantan todos de sus asientos: –¡Dios salve al rey!– Vienen luego los nobles de su corte, y a su derecha e izquierda marcha su guardia de honor, sus cincuenta caballeros pensionarios, con doradas hachas de combate.' ...

En la línea 766
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Se levantó uno de los ciegos, y se preparó quitándose el parche que le tapaba los sanos ojos y el conmovedor cartel que rezaba la causa de su calamidad. Dick se desembarazó de su pata de palo y ocupó su puesto al lado de su compañero, haciendo gala a sus piernas sanas, y fuertes. Luego prorrumpieron ambos en un canto alegre, que al final de cada estancia recibía el refuerzo de toda la cuadrilla en animado coro. Cuando llegaron al fin de la canción, el entusiasmo de los semiborrachos había llegado a tal punto que todos lo compartieron y empezaron a cantar otra vez desde el principio, armando tal estruendo de voces canallescas que hizo temblar las vigas. ...

En la línea 1369
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Cambiemos el tiempo del verbo por comodidad. El tiempo transcurrió –una hora, dos horas, dos horas y media–, luego el intenso estruendo de la artillería anunció que el rey y su gran cortejo al fin habían llegado; par lo que la muchedumbre que esperaba se regocijó. Todos sabían que aún habría de demorar, porque el rey debería ser preparado y ataviado para la solemne ceremonia, pero esta demora se llenaría agradablemente por la reunión de los pares del reino con sus trajes de gala. Éstos fueron conducidos ceremoniosamente a sus asientos, y sus coronas colocadas al alcance de la mano; entretanto el gentío de las galerías avivaba su interés, porque la mayor parte veía por vez primera a duques, condes y barones cuyos nombres eran históricos desde hacía quinientos años. Cuando finalmente se sentaron todos, el espectáculo desde las galerías y, desde cualquier posición ventajosa era completo; magnífico para ser contemplado y recordado. ...

En la línea 1371
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Hubo una pausa de espera; luego, a una señal, estalló un estruendo de música triunfal, y Tom Canty, vestido con largo manto de brocado de oro, apareció en la puerta y subió a la plataforma. Levantóse toda la multitud, y empezó la ceremonia del Reconocimiento. ...

En la línea 194
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Por tercera vez se intentó la partida, pero esta vez, siguiendo el consejo, Hal liberó los patines que habían quedado congelados en la nieve. El sobrecargado y rígido trineo se puso en marcha, con Buck y sus compañeros esforzándose frenéticamente bajo la lluvia de golpes. Un centenar de metros más adelante, la senda describía una curva y descendía en empinada pendiente hacia la calle principal. Para mantener en pie el inestable trineo habría hecho falta un hombre con experiencia, y Hal no lo era. Al tomar la curva con velocidad, el trineo volcó, desparramando la mitad de la carga mal sujeta. Los perros ni siquiera se detuvieron. El trineo aligerado botaba de un lado a otro tras ellos, irritados por el maltrato recibido y por la carga excesiva. Buck estaba furioso. Apretó la carrera, y el equipo lo siguió. Hal gritaba «¡soo! ¡soo!», pero ellos no le hacían caso. El tropezó y cayó. El trineo volcado pasó con estruendo por encima de él, y los perros prosiguieron a toda marcha, contribuyendo al jolgorio general en Skaguay al desparramar el resto de los trastos por la calle principal. ...

En la línea 255
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Buck había saltado al agua al instante; y tras cubrir unos doscientos cincuenta kilómetros, dio alcance a Thornton envuelto en un furioso torbellino. Cuando sintió que el hombre se agarraba de su cola, Buck se dirigió a nado a la orilla, desplegando su formidable energía. Pero el avance hacia la margen era lento, y la corriente, increíblemente rápida. Desde un poco más lejos llegaba el ominoso estruendo del lugar donde la corriente cobraba más ímpetu y saltaba convertida en remolinos y espuma por las rocas que la hendían como los dientes de un inmenso peine. La fuerza de arrastre del agua en el último tramo donde comenzaba a precipitarse era tremenda, y Thornton sabía que arrimarse a la orilla era imposible. Rozó una roca manoteando con furia, se magulló al pasar sobre otra y se dio violentamente contra una tercera. Se aferró con ambas manos a la superficie resbaladiza y, soltando a Buck, le gritó, por encima del estruendo de la agitada corriente: ...

En la línea 255
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Buck había saltado al agua al instante; y tras cubrir unos doscientos cincuenta kilómetros, dio alcance a Thornton envuelto en un furioso torbellino. Cuando sintió que el hombre se agarraba de su cola, Buck se dirigió a nado a la orilla, desplegando su formidable energía. Pero el avance hacia la margen era lento, y la corriente, increíblemente rápida. Desde un poco más lejos llegaba el ominoso estruendo del lugar donde la corriente cobraba más ímpetu y saltaba convertida en remolinos y espuma por las rocas que la hendían como los dientes de un inmenso peine. La fuerza de arrastre del agua en el último tramo donde comenzaba a precipitarse era tremenda, y Thornton sabía que arrimarse a la orilla era imposible. Rozó una roca manoteando con furia, se magulló al pasar sobre otra y se dio violentamente contra una tercera. Se aferró con ambas manos a la superficie resbaladiza y, soltando a Buck, le gritó, por encima del estruendo de la agitada corriente: ...

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Las Reglas Ortográficas de la R y la RR

Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.

En castellano no es posible usar más de dos r


Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r


El Español es una gran familia

Errores Ortográficos típicos con la palabra Estruendo

Cómo se escribe estruendo o hestruendo?
Cómo se escribe estruendo o estrruendo?
Cómo se escribe estruendo o eztruendo?

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