Cual es errónea Crecer o Sreser?
La palabra correcta es Crecer. Sin Embargo Sreser se trata de un error ortográfico.
El Error ortográfico detectado en el termino sreser es que hay un Intercambio de las letras c;s con respecto la palabra correcta la palabra crecer
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Crecer en la RAE.
Crecer en Word Reference.
Crecer en la wikipedia.
Sinonimos de Crecer.

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece crecer
La palabra crecer puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2377
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... ¡Pimentó, perdónam! Tal era su dolor, que los estremecimientos, subiendo a lo largo de su espalda hasta la cabeza, erizaban sus rapados cabellos, haciéndolos crecer y enroscarse con la contracción de la angustia, hasta convertirse en horrible madeja de serpientes. ...
En la línea 1401
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Pasó adelante don Quijote, y preguntó a otro su delito, el cual respondió con no menos, sino con mucha más gallardía que el pasado: -Yo voy aquí porque me burlé demasiadamente con dos primas hermanas mías, y con otras dos hermanas que no lo eran mías; finalmente, tanto me burlé con todas, que resultó de la burla crecer la parentela, tan intricadamente que no hay diablo que la declare. ...
En la línea 4076
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... ¡No, sino estaos siempre en un ser, sin crecer ni menguar, como figura de paramento! Y en esto no hablemos más, que Sanchica ha de ser condesa, aunque tú más me digas. ...
En la línea 6024
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Prosiguió, pues, don Quijote, y dijo: -En lo que toca a cómo has de gobernar tu persona y casa, Sancho, lo primero que te encargo es que seas limpio, y que te cortes las uñas, sin dejarlas crecer, como algunos hacen, a quien su ignorancia les ha dado a entender que las uñas largas les hermosean las manos, como si aquel escremento y añadidura que se dejan de cortar fuese uña, siendo antes garras de cernícalo lagartijero: puerco y extraordinario abuso. ...
En la línea 6047
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Señor -respondió Sancho-, bien veo que todo cuanto vuestra merced me ha dicho son cosas buenas, santas y provechosas, pero ¿de qué han de servir, si de ninguna me acuerdo? Verdad sea que aquello de no dejarme crecer las uñas y de casarme otra vez, si se ofreciere, no se me pasará del magín, pero esotros badulaques y enredos y revoltillos, no se me acuerda ni acordará más dellos que de las nubes de antaño, y así, será menester que se me den por escrito, que, puesto que no sé leer ni escribir, yo se los daré a mi confesor para que me los encaje y recapacite cuando fuere menester. ...
En la línea 413
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Las estancias distan mucho unas de otras; en efecto, hay muy pocos pastos buenos, estando el suelo cubierto en casi todas partes por una especie de trébol acre o por cardo gigante. Esta última planta, tan bien conocida desde la admirable descripción que de ella hizo Sir F. Head, en esa estación del año no había llegado sino a los dos tercios de su altura; en algunas partes los cardos se elevan hasta la grupa de mi caballo; en otras no han brotado aún de la tierra, y entonces el suelo está tan desnudo y polvoriento como pueda estarlo en nuestras grandes carreteras. Los tallos, de un color verde brillante, dan al paisaje el aspecto de un bosque en miniatura. En cuanto los cardos crecen todo lo que han de crecer, los llanos que recubren se vuelven impenetrables en absoluto, excepto en algunos senderos, verdadero laberinto sólo conocido por los ladrones que se guarecen allí en esa estación y salen para robar y asesinar a los viajeros. Un día preguntaba yo en una casa «si había por allá muchos ladrones» y me respondieron, sin comprender yo al pronto el alcance de la contestación: «todavía no han brotado los cardos». Casi nada de interés hay que observar en los parajes invadidos por los cardos, pues pocos mamíferos o aves habitan en ellos, a no ser el viscache y su amigo el búho pequeño. ...
En la línea 496
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... hay campos inmensos de cardos cultivados y silvestres; hasta puede decirse que la región entera no es sino una gran llanura cubierta de estas plantas, las cuales no se mezclan jamás. El cardo cultivable tiene poco más o menos la altura de un caballo, pero el cardo silvestre de las Pampas excede a menudo en altura de la cabeza de un jinete. Abandonar la senda un instante sería locura, pues a menudo el mismo camino está invadido. Por supuesto, allí no hay ningún pasto, y si bueyes o caballos entran en un campo de cardos es imposible volver a encontrarlos. Por eso es muy aventurado hacer viajar bestias en esa estación; pues cuando están lo suficientemente rendidas de fatiga para no querer ya seguir más lejos, se escapan a los campos de cardos y no se las vuelve a ver más. Hay muy pocas estancias en esas regiones; y las pocas que allí se encuentran están situadas cerca de valles húmedos, donde afortunadamente no puede crecer ninguna de esas terribles plantas. La noche nos sorprende antes de llegar al término de nuestro viaje, y pasamos la noche en una chocita miserable habitada por gente pobre; la extrema cortesía de nuestro hospedero y de nuestra hospedera forma encantador contraste con todo lo que nos rodea. ...
En la línea 706
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Contábamos a menudo cómo atraviesan los salvajes Oeus las montañas; «cuando el follaje está rojo», para venir de la costa oriental a la Tierra del Fuego a atacar a los indígenas de esta parte del país. Era muy curioso observarle cuando hablaba así, porque entonces brillaban sus ojos y daba al rostro una expresión salvaje. A medida que avanzamos en el canal del Beagle toma el paisaje un aspecto magnífico y muy original; pero perdemos una gran parte del efecto de conjunto, porque nos hallamos demasiado bajos para ver la sucesión de las cadenas de montañas y no extiende nuestra vista más que por el valle. Las montañas alcanzan aquí una elevación de cerca de 3.000 pies y terminan en vértices agudos o punteados. Crecen en no interrumpida pendiente desde las orillas del mar, y una sombría floresta las cubre por completo hasta los 1.400 ó 1.500 pies de altura. Hasta donde puede extenderse nuestra vista, distinguimos la línea perfectamente horizontal en que dejan de crecer los árboles, lo que resulta espectáculo muy curioso. Esta línea se parece mucho a la que deja la marea alta cuando deposita en la costa las plantas marinas. ...
En la línea 751
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... El bosque empieza en el punto en que se detienen las mareas altas. Después de dos horas de esfuerzos empiezo a desesperar de llegar a la cima. De tal manera espeso es el monte, que tenemos que consultar la brújula a cada paso, pues, aun cuando nos encontramos en un lugar montañoso, apenas podemos percibir ningún objeto. En los barrancos profundos, mortales escenas de desolación inenarrables; fuera de los barrancos soplan vientos tempestuosos; en el fondo, ni un soplo de aire que haga temblar las hojas, por muy altos que sean los árboles. En todas partes el suelo frío, tan sombrío y tan húmedo, que ni musgos, ni helechos, ni hongos pueden crecer. En los valles, apenas podíamos avanzar, ni aun arrastrándonos, por lo que obstruían el paso por todas partes los muchos troncos inmensos de árboles podridos, diseminados en todas direcciones. Al atravesar estos puentes naturales, nos encontramos de improviso detenidos, porque nos hundimos hasta las rodillas en la madera podrida. Otras veces nos apoyábamos en lo que nos parecía un árbol magnífico, y veíamos sorprendidos que no era más, que una masa de putrílago dispuesta a caer al primer contacto. Por fin llegamos a la región de los árboles achaparrados, y pronto ganamos la parte desnuda de la montaña y subimos a la cumbre. Desde este punto se extiende a nuestra vista un paisaje con todos los caracteres de la Tierra del Fuego: cadenas de colinas irregulares, aquí y allí masas de nieve, profundos valles verde-amarillentos y brazos de mar que cortan las tierras en todas las direcciones. El viento es fortísimo y horriblemente frío y la atmósfera brumosa; por lo cual permanecemos poco tiempo en aquella altura. La bajada es menos laboriosa que la subida, porque el peso mismo del cuerpo abre paso, y los resbalones y caídas que damos nos llevan, al menos, en la dirección conveniente. ...
En la línea 4501
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En la obscuridad del Parque no vio más que las sombras de los eucaliptus, acacias y castaños de Indias; y allá a lo lejos, como una pirámide negra el perfil de la Washingtonia, el único amor de Frígilis, que la plantó y vio crecer sus hojas, su tronco, sus ramas. ...
En la línea 5315
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¿No ve usted, señor mío, que yo las he visto nacer a todas ellas, que las he visto crecer, que he seguido paso a paso todas las vicisitudes de su existencia? Verá usted el sistema. ...
En la línea 14333
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —¿Quieres crecer? Pues bastante buena moza eres. ...
En la línea 928
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... De los grupos masculinos vestidos con ropas de mujer surgía un continuo zumbido de murmuraciones y pláticas frívolas. Los varones, divididos en grupos, según las Facultades a que pertenecían sus maridos hembras, hablaban mal de los del grupo de enfrente. La esposa de un profesor de leyes provocaba cierto escándalo. Según sus piadosos compañeros de sexo, debía andar mas allá de los sesenta anos, y sin embargo tenía el atrevimiento de rasurarse la cara lo mismo que un muchacho casadero, en vez de dejarse crecer la barba como toda señora decente que ha dicho adiós a las vanidades mundanas y solo piensa en el gobierno de su casa. ...
En la línea 1932
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Idea tan desfavorable de su personalidad exasperaba al joven. Sentía crecer dentro la bravura; pero le faltaban palabras. ¿Dónde demonios estaban aquellas condenadas palabras que no se le ocurrían en trance semejante? El maldito hábito de la timidez era la causa de aquel silencio estúpido. Porque la mirada de doña Lupe ejercía sobre él fascinación singularísima, y teniendo mucho que decir, no lograba decirlo. «¿Pero qué diría yo?… ¿Cómo empezaría yo?» pensaba fijando la vista en el retrato de Torquemada y su esposa, de bracete. ...
En la línea 4906
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Haces la vida del caprichoso, que es peor. Te conviene una tranquilidad absoluta, renunciar a los deseos vehementes, a las cavilaciones que la no satisfacción de ellos te produce; viajar menos, ahogar todo apetito loco de los sentidos, renunciar a todos los excitantes malsanos; no me refiero solamente al café y al té, sino más principalmente a los excitantes imaginativos e ideales; huir de las emociones, y cortarte la coleta de banderillero, con intención de no dejártela crecer más; trazar una raya en tu vida y decir: «ni Cristo pasó de la Cruz, ni yo paso de aquí». Si tuvieras treinta o treinta y cinco años, te aconsejaría que te casaras; pero más vale que te hagas la cuenta de que por reciente providencia judicial… o divina, han desaparecido todas las mujeres que hay en el mundo, casadas, solteras y viudas… ...
En la línea 1289
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... El rey no pudo abrirse paso entre la chusma que bullía detrás, y así fue obligado a seguir a la zaga, lejos de su buen amigo y servidor. Por poco se veía el rey condenado él mismo al cepo por estar en tan mala compañía, pero había salido libre con un sermón y una advertencia, debido a su corta edad. Cuando al fin la multitud hizo alto, voló febrilmente de un lado a otro alrededor de sus orillas, cazando un lugar para atraversarla, y al fin, después de muchas dificultades y tardanza, lo logró. Allí estaba su pobre criado, en el degradante cepo, hazmerreír y diversión de una sucia muchedumbre, él, ¡el servidor personal del rey de Inglaterra! Eduardo había oído dictar la sentencia, pero no se había dado cuenta ni por asomo de lo que significaba. Su ira comenzó a crecer a medida que el sentido de esta nueva indignidad que le infligían lo hirió en lo vivo; llegó a su paroxismo un momento después, cuando vio un huevo cruzar el aire y estrellarse en la mejilla de Hendon, y que la multitud rugía de júbilo por el episodio. Cruzó de un salto el círculo abierto, e hizo frente al alguacil de guardia gritando: ...
En la línea 1388
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Era extraño, era maravilloso, sí, era inexplicable, así dijeron todos cuantos lo oyeron. La corriente comenzaba a variar y las esperanzas de Tom Canty a crecer, cuando el Lord Protector meneó la cabeza y dijo: ...
En la línea 1502
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Mostró su favor al juez que se apiadó de él cuando lo acusaron de haber robado un cerdo, y tuvo la alegría de verlo crecer en la estimación pública y convertirse en un hombre insigne y honorable. ...
En la línea 692
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Este personaje adusto y amenazante era de esos que por rápidamente que se les mire, llaman la atención del observador. Se dice que en toda manada de lobos hay un perro, al que la loba mata, porque si lo deja vivir al crecer devoraría a los demás cachorros. Dad un rostro humano a este perro hijo de loba y tendréis el retrato de aquel hombre. ...
En la línea 695
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Javert había nacido en una prisión, hijo de una mujer que leía el futuro en las cartas, cuyo marido estaba también encarcelado. Al crecer pensó que se hallaba fuera de la sociedad y sin esperanzas de entrar en ella nunca. Advirtió que la sociedad mantiene irremisiblemente fuera de sí dos clases de hombres: los que la atacan y los que la guardan; no tenía elección sino entre una de estas dos clases; al mismo tiempo sentía dentro de sí un cierto fondo de rigidez, de respeto a las reglas y de probidad, complicado con un inexplicable odio hacia esa raza de gitanos de que descendía. Entró, pues, en la policía y prosperó. A los cuarenta años era inspector. ...
En la línea 1116
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Con la noche, la tempestad se acentuó más, y, viendo llegar la oscuridad y con la oscuridad crecer la ton nenta, John Bunsby tuvo serios temores. Preguntó si sería tiempo de escalar la costa, y consultó a la tripulación, después de lo cual se acercó a Fogg y le dijo: ...
Te vas a reir con las pifia que hemos hemos encontrado cambiando las letras c;s
Reglas relacionadas con los errores de c;s
Las Reglas Ortográficas de la S
Se escribe s al final de las palabras llanas.
Ejemplos: telas, andamos, penas
Excepciones: alférez, cáliz, lápiz
Se escriben con s los vocablos compuestos y derivados de otros que también se escriben con esta letra.
Ejemplos: pesar / pesado, sensible / insensibilidad
Se escribe con s las terminaciones -esa, -isa que signifiquen dignidades u oficios de mujeres.
Ejemplos: princesa, poetisa
Se escriben con s los adjetivos que terminan en -aso, -eso, -oso, -uso.
Ejemplos: escaso, travieso, perezoso, difuso
Se escribe con s las terminaciones -ísimo, -ísima.
Ejemplos: altísimo, grandísima
Se escribe con s la terminación -sión cuando corresponde a una palabra que lleva esa letra, o cuando otra palabra derivada lleva -sor, -sivo, -sible,-eso.
Ejemplos: compresor, compresión, expreso, expresivo, expresión.
Se escribe s en la terminación de algunos adjetivos gentilicios singulares.
Ejemplos: inglés, portugués, francés, danés, irlandés.
Se escriben s con las sílabas iniciales des-, dis-.
Ejemplos: desinterés, discriminación.
Se escribe s en las terminaciones -esto, -esta.
Ejemplos: detesto, orquesta.

El Español es una gran familia
Errores Ortográficos típicos con la palabra Crecer
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