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La palabra conbatientes
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Comó se escribe conbatientes o combatientes?

Cual es errónea Combatientes o Conbatientes?

La palabra correcta es Combatientes. Sin Embargo Conbatientes se trata de un error ortográfico.

El Error ortográfico detectado en el termino conbatientes es que hay un Intercambio de las letras m;n con respecto la palabra correcta la palabra combatientes

Más información sobre la palabra Combatientes en internet

Combatientes en la RAE.
Combatientes en Word Reference.
Combatientes en la wikipedia.
Sinonimos de Combatientes.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Combatientes

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Reglas relacionadas con los errores de m;n

Las Reglas Ortográficas de la M:

Antes de p y b se escribe m, siempre que tengamos un sonido nasal.
Ejemplos: siempre, también.

Se escribe m antes de n.
Ejemplos: omnipotente, solemnidad, gimnástica.
Excepciones: Las palabras que comienzan con n y tienen prefijos que terminan en n, como: con, en, in. Ejemplos: connotable, ennoblecer, innombrable, sinnúmero, perenne.

Las Reglas Ortográficas de la N:

Se escribe n al inicio de palabras como: trans-, cons-, circuns-, circun-, ins-.
Ejemplos: transcribir, constante, circunstancial, instrumento.

Se escribe n antes de v.
Ejemplos: invento, envidia, invocar.

Nunca debe ir n al final de los verbos reflexivos cuando están conjugados en la forma ustedes del Modo Imperativo.
Ejemplos:
levántensen cámbiese por: levántense.
siéntensen cámbiese por: siéntense.


Te vas a reir con las pifia que hemos hemos encontrado cambiando las letras m;n


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece combatientes

La palabra combatientes puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 824
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Por todos los diablos! ¿Os sorprende?Y los nueve combatientes se precipitaron unos contra otros con una furia que no excluía cierto método. ...

En la línea 856
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... La ronda podía llegar y pren der a todos los combatientes, heridos o no, realistas o cardenalistas. ...

En la línea 4361
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¿Estabais vos all'?-Señor, yo los seguí por curiosidad, de suerte que vi el combate sin que los combatientes me viesen. ...

En la línea 5682
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Añadióse a toda esta tempestad otra que las aumentó todas, que fue que parecía verdaderamente que a las cuatro partes del bosque se estaban dando a un mismo tiempo cuatro rencuentros o batallas, porque allí sonaba el duro estruendo de espantosa artillería, acullá se disparaban infinitas escopetas, cerca casi sonaban las voces de los combatientes, lejos se reiteraban los lililíes agarenos. ...

En la línea 6782
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Fue condición de los combatientes que si don Quijote vencía, su contrario se había de casar con la hija de doña Rodríguez; y si él fuese vencido, quedaba libre su contendor de la palabra que se le pedía, sin dar otra satisfación alguna. ...

En la línea 6803
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... En resolución, todos estos cuentos y sucesos pararon en que Tosilos se recogiese, hasta ver en qué paraba su transformación; aclamaron todos la vitoria por don Quijote, y los más quedaron tristes y melancólicos de ver que no se habían hecho pedazos los tan esperados combatientes, bien así como los mochachos quedan tristes cuando no sale el ahorcado que esperan, porque le ha perdonado, o la parte, o la justicia. ...

En la línea 1553
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Estas anclas eran recuerdos venerables de la época posterior a Eulame, cuando las naciones, en implacable rivalidad marítima, se dedicaron a construir buques inmensos, fortalezas flotantes de numerosos cañones, guarnecidas por miles de combatientes. Para Gillespie resultaban de un tamaño considerable, más allá de las proporciones guardadas por las demás cosas de los pigmeos, pues eran tan largas casi como sus piernas. Por esto tuvo que esforzarse mucho para arrancarlas del barro del fondo, subiéndolas hasta el bote. ...

En la línea 5455
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Como el gran principio de la propiedad individual no tenía en aquella desigual contienda más defensor que D. Basilio, quedó maltrecho. La mesa de mármol, en torno de la cual formaban animado círculo las caras de los combatientes, estaba a última hora llena de cadáveres, revueltos con las cucharillas, con los vasos que aún tenían heces de café y leche, con la ceniza de cigarro, los periódicos y los platillos de metal blanco, en los cuales la mano afanadora de D. Basilio no había dejado más que polvo de azúcar. Dichos cadáveres, horriblemente destrozados, eran la propiedad, todas las clases de propiedad posibles, el Estado, la Iglesia y cuantas instituciones se derivan de estos dos principios, Matrimonio, Ejército, Crédito público, etc… Con admiración de todos, Juan Pablo se lanzó a la defensa del amor libre, de las relaciones absolutamente espontáneas entre los sexos, y puso la patria potestad sobre la cabeza de la madre. Al Papa le deshizo, y la tiara quedó pateada bajo la mesa, con los pedazos de periódico, los salivazos y el palillo deshilachado de D. Basilio, quien al fin, en el barullo de la derrota, arrojó lejos de sí aquel marcador de sus argumentos. También andaba por el suelo la corona real, triturada por las suelas de las botas, y el cetro de toda autoridad corría la misma suerte. Las conteras de los bastones, golpeando con furia el sucio entarimado, remataban las víctimas que iban cayendo de la mesa, expirantes. Creeríase que Juan Pablo las estrujaba con los codos, después de acribillarlas con su dialéctica, y cuando cogía un lápiz y trazaba números con febril mano sobre el mármol, para probar que no debe haber presupuesto, parecía un Fouquier de Thinville firmando sentencias de muerte y mandando carne a la guillotina. ...

En la línea 328
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Sandokán no había sentido nunca una voz tan dulce en sus oídos acostumbrados al estruendo de los cañones y a los gritos de muerte de los combatientes. ...

En la línea 933
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —No lo sé, Yáñez. ¿Quieres que la relegue para toda la vida en mi isla salvaje, en medio de mis tigres que no saben más que blandir el kriss y el hacha? ¿Quieres que ofrezca a su mirada horribles espectáculos de sangre y muerte, que la ensordezca con los gritos de los combatientes y el rugir de los cañones y la exponga a un constante peligro? ¿Qué harías tú en mi caso, Yáñez? ...

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