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La palabra visiblemente
Cómo se escribe

la palabra visiblemente

La palabra Visiblemente ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece visiblemente.

Estadisticas de la palabra visiblemente

Visiblemente es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 14041 según la RAE.

Visiblemente aparece de media 4.96 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la visiblemente en las obras de referencia de la RAE contandose 754 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Visiblemente

Cómo se escribe visiblemente o viciblemente?
Cómo se escribe visiblemente o viziblemente?
Cómo se escribe visiblemente o visivlemente?
Cómo se escribe visiblemente o bisiblemente?

Más información sobre la palabra Visiblemente en internet

Visiblemente en la RAE.
Visiblemente en Word Reference.
Visiblemente en la wikipedia.
Sinonimos de Visiblemente.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece visiblemente

La palabra visiblemente puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 8097
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Mirad cómo los puntos negros y los pun tos rojos crecen visiblemente, y yo soy de la opinión de D'Artagnan: creo que no tenemos tiempo que perder para ganar nuestro campa mento. ...

En la línea 10584
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Athos, sin embargo, buscaba visiblemente a alguien a quien pudiera dirigir una pregunta. ...

En la línea 10587
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Athos se metió en la calle que el indicador había designado con el dedo; pero, llegado a la encrucijada, se detuvo de nuevo visiblemente apurado. ...

En la línea 84
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... ¡Y que no pasaba flojos apuros la pobre para salir airosa en aquel papel inmenso! A Barbarita le hacía ordinariamente sus confidencias. «Mira, hija, algunos meses me veo tan agonizada, que no sé qué hacer. Dios me protege, que si no… Tú no sabes lo que es vestir siete hijas. Los varones, con los desechos de la ropa de su padre que yo les arreglo, van tirando. ¡Pero las niñas!… ¡Y con estas modas de ahora y este suponer!… ¿Viste la pieza de merino azul?, pues no fue bastante y tuve que traer diez varas más. ¡Nada te quiero decir del ramo de zapatos! Gracias que dentro de casa la que se me ponga otro calzado que no sea las alpargatitas de cáñamo, ya me tiene hecha una leona. Para llenarles la barriga, me defiendo con las patatas y las migas. Este año he suprimido los estofados. Sé que los dependientes refunfuñan; pero no me importa. Que vayan a otra parte donde los traten mejor. ¿Creerás que un quintal de carbón se me va como un soplo? Me traigo a casa dos arrobas de aceite, y a los pocos días… pif… parece que se lo han chupado las lechuzas. Encargo a Estupiñá dos o tres quintales de patatas, hija, y como si no trajera nada». En la casa había dos mesas. En la primera comían el principal y su señora, las niñas, el dependiente más antiguo y algún pariente, como Primitivo Cordero cuando venía a Madrid de su finca de Toledo, donde residía. A la segunda se sentaban los dependientes menudos y los dos hijos, uno de los cuales hacía su aprendizaje en la tienda de blondas de Segundo Cordero. Era un total de diez y siete o diez y ocho bocas. El gobierno de tal casa, que habría rendido a cualquiera mujer, no fatigaba visiblemente a Isabel. A medida que las niñas iban creciendo, disminuía para la madre parte del trabajo material; pero este descanso se compensaba con el exceso de vigilancia para guardar el rebaño, cada vez más perseguido de lobos y expuesto a infinitas asechanzas. Las chicas no eran malas, pero eran jovenzuelas, y ni Cristo Padre podía evitar los atisbos por el único balcón de la casa o por la ventanucha que daba al callejón de San Cristóbal. Empezaban a entrar en la casa cartitas, y a desarrollarse esas intrigüelas inocentes que son juegos de amor, ya que no el amor mismo. Doña Isabel estaba siempre con cada ojo como un farol, y no las perdía de vista un momento. A esta fatiga ruda del espionaje materno uníase el trabajo de exhibir y airear el muestrario, por ver si caía algún parroquiano o por otro nombre, marido. Era forzoso hacer el artículo, y aquella gran mujer, negociante en hijas, no tenía más remedio que vestirse y concurrir con su género a tal o cual tertulia de amigas, porque si no lo hacía, ponían las nenas unos morros que no se las podía aguantar. Era también de rúbrica el paseíto los domingos, en corporación, las niñas muy bien arregladitas con cuatro pingos que parecían lo que no eran, la mamá muy estirada de guantes, que le imposibilitaban el uso de los dedos, con manguito que le daba un calor excesivo a las manos, y su buena cachemira. Sin ser vieja lo parecía. ...

En la línea 5307
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Dicho y hecho. Todas las mañanas iba Juan Pablo a buscar a su hermano, y unas veces engañado, otras casi a la fuerza, le llevaba a San Felipe Neri, y allí le arreaba una ducha escocesa capaz de resucitar a un muerto. Algunas tardes sacábale a paseo por las afueras, procurando entretener su imaginación con ideas y relatos placenteros, absolutamente contrarios al fárrago de disparates que el infeliz chico había tenido últimamente en su cerebro. A los quince días de este enérgico tratamiento, mejoró visiblemente, y su hermano y médico estaba muy satisfecho. Más de una vez se expresó Maxi durante el paseo como la persona más razonable. De su mujer no hablaba nunca; pero como saltase en la conversación algo que de cerca o de lejos se relacionara con ella, se le veía caer en sombrías meditaciones y en un mutismo tétrico del cual Juan Pablo, con todas su retóricas, no le podía sacar. Una mañana, al salir de la ducha, y cuando el enfermo parecía entonado por la reacción, ágil y con la cabeza muy despejada, se paró en la calle, y cogiendo suavemente las solapas del gabán de su hermano, le dijo: «Pero vamos a una cosa. ¿Por qué ni tú, ni mi tía, ni nadie queréis decirme dónde está mi mujer? ¿Qué ha sido de ella? Tened franqueza, y no hagáis más misterios conmigo… ¿Es que se ha muerto, y no me lo queréis decir? ¿Teméis que la noticia me altere?». ...

En la línea 1814
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El capitán Nemo me condujo hacia la escalera central, cuyos peldaños terminaban en la plataforma. Ned y Conseil estaban ya allí, visiblemente contentos de la «placentera expedición» que se preparaba. ...

En la línea 2326
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Al día siguiente, 19 de febrero, por la mañana, vi entrar al canadiense en mi camarote. Esperaba yo su visita. Estaba visiblemente disgustado. ...

En la línea 2968
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El 26 de marzo reanudé mi trabajo de minero. Contra el quinto metro. Las paredes laterales y la superficie inferior de la banca aumentaban visiblemente de espesor. Era ya evidente que se unirían antes de que el Nautilus lograra liberarse. Por un instante, se adueñó de mí la desesperación y estuve a punto de soltar el pico. ¡Para qué excavar si había de morir asfixiado y aplastado por esa agua que se hacía piedra, un suplicio que no hubiera podido imaginar ni el más feroz de los salvajes! Me parecía estar entre las formidables mandibulas de un monstruo cerrándose irresistiblemente. ...

En la línea 1529
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑No, no ‑exclamó Zamiotof, visiblemente confundido‑. Yo no lo he creído nunca. Ha sido usted, confiéselo, el que me ha atemorizado para inculcarme esta idea. ...

En la línea 1702
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Marmeladof emitió unos sonidos imperceptibles mientras señalaba a la niña, visiblemente inquieto. Era evidente que quería decir algo. ...

En la línea 1963
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Ya se las arreglarán ‑repuso Rasumikhine, visiblemente contrariado. ...

En la línea 2045
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¿Cómo? ¿Ha ido a veros esta noche? ‑exclamó Raskolnikof, visiblemente agitado‑. Entonces, no habréis dormido, no habréis descansado después del viaje… ...

En la línea 640
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Hicimos una entrada triunfal en el casino. El portero y los ujieres testimoniaron visiblemente la misma deferencia que el personal del hotel. Nos contemplaban, sin embargo, con curiosidad. La abuela se hizo pasear primeramente por todas las salas, alabando esto, criticando lo otro, pero enterándose de todo. ...

En la línea 715
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Condujeron el sillón hacia la puerta, al otro extremo de la sala. La abuela estaba radiante. Nuestras gentes hicieron corro en torno suyo para felicitarla. Por excéntrica que hubiese sido la conducta de la abuela, su triunfo compensaba muchas cosas, y el general ya no temía que su parentesco con una mujer tan original le comprometiese. Con risueña y alegre condescendencia familiar, como quien halaga a un niño, felicitó a la anciana. Se le notaba visiblemente emocionado, lo mismo que todos los espectadores. ...

En la línea 878
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... De pronto acudió Des Grieux. Los tres estaban en torno. Observé que la señorita Blanche se mantenía aparte con su madre y charlaba con el pequeño príncipe. El general estaba visiblemente en desgracia, casi desterrado. La señorita Blanche ni se dignaba mirarle, a pesar deque él rondaba a su alrededor. ¡Pobre general! Palidecía y luego se ponía sofocado; temblaba y ni siquiera podía seguir las jugadas de la abuela. ...

En la línea 976
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Mientras tuvo dinero para perder la anciana, se impuso visiblemente a los croupiers y a la dirección del casino. Poco a poco su fama se difundió por toda la ciudad. Los bañistas de todos los países, sin distinción de rango, afluían para contemplar “une vieille comtesserusse, tombée en enfance” que había perdido ya “varios millones”. ...


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