La palabra Veinticinco ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
La llamada de la selva de Jack London
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece veinticinco.
Estadisticas de la palabra veinticinco
Veinticinco es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 5484 según la RAE.
Veinticinco aparece de media 16.43 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la veinticinco en las obras de referencia de la RAE contandose 2497 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Veinticinco
Cómo se escribe veinticinco o veintizinco?
Cómo se escribe veinticinco o beinticinco?
Más información sobre la palabra Veinticinco en internet
Veinticinco en la RAE.
Veinticinco en Word Reference.
Veinticinco en la wikipedia.
Sinonimos de Veinticinco.

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece veinticinco
La palabra veinticinco puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1645
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Era una encantadora mujer de veinticinco a veintiséis años, more na con ojos az ules, con una nariz ligeramente respingona, dientes ad mirables, un tinte marmóreo de rosa y de ópalo. ...
En la línea 1744
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Las nueve y veinticinco minutos! -exclamó el señor de Tréville mirando su péndola-. ...
En la línea 1839
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¿Y qué asunto hay importante para una mujer de veinticinco años? El amor. ...
En la línea 2048
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Además, Germain era adicto a losintereses de la reina, y si algo pasaba, la señora Bonacieux sería acusada de haberintroducido a su amante en el Louvre, eso es todo; cargaba con el crimen: su reputación estaba perdida, cierto, pe ro ¿qué valor tiene en el mundo la reputación de una simple mercera?Un vez entrados en el interior del patio, el duque y la joven siguie ron el pie de los muros durante un espacio de unos veinticinco pasos; recorrido ese espacio la señora Bonacieux empujó una pequeña puerta de servicio, abierta durante el día,pero cerrada generalmente por la noche; la puerta cedió; los dos entraron y se encontraron en la oscuri dad, pero la señora Bonacieux conocía todas las vueltas y revueltas de aquella parte del Louvre, destinada a las personas de la servidum bre. ...
En la línea 2232
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Miré con atención a los venteros: eran jóvenes; el marido representaba veinticinco años; era un patán de corta estatura, muy recio, sin duda alguna de prodigiosa fuerza; tenía correctas facciones, pero de expresión sombría, y en sus ojos brillaba un fuego maligno. ...
En la línea 4722
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Era un joven bien parecido, de unos veinticinco años, vestido con elegancia y tocado con una gorra de _montero_. ...
En la línea 5992
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Todo su repuesto consistía en sesenta y un Testamentos, y en el solo pueblo de Arganza vendió, sin la menor dificultad y sin interrupción, veinticinco; los pobres labriegos le cubrían de bendiciones por proveerles de libros tan buenos a tan bajo precio. ...
En la línea 6114
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La persona que fué a requerirle a usted no es un _duende_, sino uno de los empleados más antiguos y respetables de esta casa, y, lejos de enviarle a media noche, faltaban por mi reloj veinticinco minutos para esa hora, y como usted vive cerca de aquí, debió de llegar a su casa lo menos diez minutos antes de media noche; de modo que no es exacto lo que usted dice, ni guarda usted miramientos con la verdad. ...
En la línea 2058
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... s otras veinticinco especies de pájaros consisten: 1.0 en un halcón que, por su figura, es un curioso intermedio entre el halcón voraz y el grupo americano de los Polyboros, que se alimentan de carne podrida, y se aproxima mucho a estos últimos pájaros por todas sus costumbres y hasta por la voz; 2.0 dos búhos que representan a los de orejas cortas y a los blancos de las granjas de Europa; 3.0 un reyezuelo, tres papa-moscas (dos de éstos últimos son especies de Pyrocephalus, y uno o dos no deberían considerarse sino como variedades, en concepto de algunos ornitólogos), y una paloma; aunque todos se parecen a las especies americanas, son muy diferentes; 4.0 una golondrina que, aun cuando no se diferencia de la Progue purpurea de ambas Américas sino en que es más oscuro su plumaje, y es más pequeña y más fina, la consideró Mister Gould como específicamente distinta, y 5.0 tres especies de pájaros burlones1, forma que caracteriza en particular a América. ...
En la línea 2067
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... El carácter propio, mucho más marcado que el observado en los pájaros terrestres, es decir, que de veintiséis especies, veinticinco son nuevas o al menos razas nuevas, en comparación con las zancudas y las palmípedas, concuerda bien con la mayor extensión de la habitación de estos últimos órdenes en todo el mundo. tardaremos en ver que la ley en virtud de la cual las formas acuáticas sean de agua dulce o salada, difieren menos, en un punto cualquiera de la superficie del globo, que las formas terrestres correspondientes a las mismas clases, se encuentra a la perfección confirmada por las conchas, y en menor grado por los insectos de este archipiélago. ...
En la línea 2172
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... mo ya he indicado, son muy pequeños todos los insectos y de colores sumamente oscuros, si se considera que se hallan en un país tropical. recogido veinticinco especies de escarabajos, sin contar un Dermeste y un Corinetes, importados dondequiera que toca un barco; de esas veinticinco especies pertenecen dos a los harpálidos, dos a los hydrophílidos, nueve a tres familias de heterómeros y las otras doce a otras tantas familias diferentes. hecho de que los insectos, y puedo añadir también que los vegetales, cuando son pocos en número, pertenecen a muchas familias diferentes, creo que es muy general ...
En la línea 2172
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... mo ya he indicado, son muy pequeños todos los insectos y de colores sumamente oscuros, si se considera que se hallan en un país tropical. recogido veinticinco especies de escarabajos, sin contar un Dermeste y un Corinetes, importados dondequiera que toca un barco; de esas veinticinco especies pertenecen dos a los harpálidos, dos a los hydrophílidos, nueve a tres familias de heterómeros y las otras doce a otras tantas familias diferentes. hecho de que los insectos, y puedo añadir también que los vegetales, cuando son pocos en número, pertenecen a muchas familias diferentes, creo que es muy general ...
En la línea 2966
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Cuarenta años y alguno más contaba el presidente del Casino, de veinticinco a veintiséis el futuro Marqués y a pesar de esta diferencia en la edad congeniaban, tenían los mismos gustos, las mismas ideas, porque Vegallana procuraba imitar en ideas y gustos a su ídolo. ...
En la línea 3802
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¿Qué era de aquella frialdad habitual, de aquella tranquilidad que parecía recelo y desconfianza disimulados? Tenía la doncella algo más de veinticinco años; era rubia de color de azafrán, muy blanca, de facciones correctas; su hermosura podía excitar deseos, pero difícilmente producir simpatías. ...
En la línea 16529
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Las últimas condiciones del duelo eran estas: veinticinco pasos, pudiendo avanzar cinco cada cual. ...
En la línea 319
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... La escuadra del Papa había dejado pasar semanas y meses sin hacer nada positivo contra sus adversarios. El cardenal-almirante Scarampo se veía mal recibido en las islas griegas. Sus habitantes, convencidos de la victoria final» dé los turcos, no querían comprometerse prestando ayuda a las naves papales. Al fin, Scarampo encontraba una flota turca cerca de Mitilene, batiéndola completamente y apoderándose por abordaje de veinticinco de sus buques. ...
En la línea 568
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Entre los veinticinco siglos de vida de esta urbe, buscaba con predilección un período de cien anos marcado por los historiadores con el titulo de Renacimiento. ...
En la línea 648
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... En realidad, Sixto IV mostraba mayor afecto por otro sobrino suyo, Pedro Riario, al cual hizo cardenal teniendo veinticinco años. Juliano no pasaba de los veintiocho cuando recibió la púrpura al mismo tiempo que su primo. Muchos contemporáneos tenían la certeza de que el cardenal Riario era hijo, y no sobrino, de Sixto IV, explicándose así que el Pontífice lo prefiriese a Juliano de la Royere, de más talento y carácter. ...
En la línea 715
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... «Una falsedad escandalosa—pensó Claudio—. El Papa murió el veinticinco de julio de mil cuatrocientos noventa í dos, o sea cuando Colón vivía aún en Palos, sin saber cómo iniciar su viaje por falta de marineros, y Martín Alonso Pinzón lo salvaba reclutando tripulaciones.» ...
En la línea 63
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Criáronle con regalo y exquisitos cuidados, pero sin mimo. D. Baldomero no tenía carácter para poner un freno a su estrepitoso cariño paternal, ni para meterse en severidades de educación y formar al chico como le formaron a él. Si su mujer lo permitiera, habría llevado Santa Cruz su indulgencia hasta consentir que el niño hiciera en todo su real gana. ¿En qué consistía que habiendo sido él educado tan rígidamente por D. Baldomero I, era todo blanduras con su hijo? ¡Efectos de la evolución educativa, paralela de la evolución política! Santa Cruz tenía muy presentes las ferocidades disciplinarias de su padre, los castigos que le imponía, y las privaciones que le había hecho sufrir. Todas las noches del año le obligaba a rezar el rosario con los dependientes de la casa; hasta que cumplió los veinticinco nunca fue a paseo solo, sino en corporación con los susodichos dependientes; el teatro no lo cataba sino el día de Pascua, y le hacían un trajecito nuevo cada año, el cual no se ponía más que los domingos. Teníanle trabajando en el escritorio o en el almacén desde las nueve de la mañana a las ocho de la noche, y había de servir para todo, lo mismo para mover un fardo que para escribir cartas. Al anochecer, solía su padre echarle los tiempos por encender el velón de cuatro mecheros antes de que las tinieblas fueran completamente dueñas del local. En lo tocante a juegos, no conoció nunca más que el mus, y sus bolsillos no supieron lo que era un cuarto hasta mucho después del tiempo en que empezó a afeitarse. Todo fue rigor, trabajo, sordidez. Pero lo más particular era que creyendo D. Baldomero que tal sistema había sido eficacísimo para formarle a él, lo tenía por deplorable tratándose de su hijo. Esto no era una falta de lógica, sino la consagración práctica de la idea madre de aquellos tiempos, el progreso. ¿Qué sería del mundo sin progreso?, pensaba Santa Cruz, y al pensarlo sentía ganas de dejar al chico entregado a sus propios instintos. Había oído muchas veces a los economistas que iban de tertulia a casa de Cantero, la célebre frase laissez aller, laissez passer… El gordo Arnaiz y su amigo Pastor, el economista, sostenían que todos los grandes problemas se resuelven por sí mismos, y D. Pedro Mata opinaba del propio modo, aplicando a la sociedad y a la política el sistema de la medicina expectante. La naturaleza se cura sola; no hay más que dejarla. Las fuerzas reparatrices lo hacen todo, ayudadas del aire. El hombre se educa sólo en virtud de las suscepciones constantes que determina en su espíritu la conciencia, ayudada del ambiente social. D. Baldomero no lo decía así; pero sus vagas ideas sobre el asunto se condensaban en una expresión de moda y muy socorrida: «el mundo marcha». ...
En la línea 139
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Pasados algunos días, cuando ya Estupiñá andaba por ahí restablecido aunque algo cojo, Barbarita empezó a notar en su hijo inclinaciones nuevas y algunas mañas que le desagradaron. Observó que el Delfín, cuya edad se aproximaba a los veinticinco años, tenía horas de infantil alegría y días de tristeza y recogimiento sombríos. Y no pararon aquí las novedades. La perspicacia de la madre creyó descubrir un notable cambio en las costumbres y en las compañías del joven fuera de casa, y lo descubrió con datos observados en ciertas inflexiones muy particulares de su voz y lenguaje. Daba a la elle el tono arrastrado que la gente baja da a la y consonante; y se le habían pegado modismos pintorescos y expresiones groseras que a la mamá no le hacían maldita gracia. Habría dado cualquier cosa por poder seguirle de noche y ver con qué casta de gente se juntaba. Que esta no era fina, a la legua se conocía. ...
En la línea 426
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Todos los primeros de mes recibía Barbarita de su esposo mil duretes. D. Baldomero disfrutaba una renta de veinticinco mil pesos, parte de alquileres de sus casas, parte de acciones del Banco de España y lo demás de la participación que conservaba en su antiguo almacén. Daba además a su hijo dos mil duros cada semestre para sus gastos particulares, y en diferentes ocasiones le ofreció un pequeño capital para que emprendiera negocios por sí; pero al chico le iba bien con su dorada indolencia y no quería quebraderos de cabeza. El resto de su renta lo capitalizaba D. Baldomero, bien adquiriendo más acciones cada año, bien amasando para hacerse con una casa más. De aquellos mil duros que la señora cogía cada mes, daba al Delfín dos o tres mil reales, que con esto y lo que del papá recibía estaba como en la gloria; y los diez y siete mil reales restantes eran para el gasto diario de la casa y para los de ambas damas, que allá se las arreglaban muy bien en la distribución, sin que jamás hubiese entre ellas el más ligero pique por un duro de más o de menos. Del gobierno doméstico cuidaban las dos, pero más particularmente la suegra, que mostraba ciertas tendencias al despotismo ilustrado. La nuera tenía el delicado talento de respetar esto, y cuando veía que alguna disposición suya era derogada por la autócrata, mostrábase conforme. Barbarita era administradora general de puertas adentro, y su marido mismo, después que religiosamente le entregaba el dinero, no tenía que pensar en nada de la casa, como no fuese en los viajes de verano. La señora lo pagaba todo, desde el alquiler del coche a la peseta de El Imparcial, sin que necesitara llevar cuentas para tan complicada distribución, ni apuntar cifra alguna. Era tan admirable su tino aritmético, que ni una sola vez pasó más allá de la indecisa raya que tan fácilmente traspasan los ricos; llegaba el fin de mes y siempre había un superávit con el cual ayudaba a ciertas empresas caritativas de que se hablará más adelante. Jacinta gastaba siempre mucho menos de lo que su suegra le daba para menudencias; no era aficionada a estrenar a menudo, ni a enriquecer a las modistas. Los hábitos de economía adquiridos en su niñez estaban tan arraigados que, aunque nunca le faltó dinero, traía a casa una costurera para hacer trabajillos de ropa y arreglos de trajes que otras señoras menos ricas suelen encargar fuera. Y por dicha suya, no tenía que calentarse la cabeza para discurrir el empleo de sus sobrantes, pues allí estaba su hermana Candelaria, que era pobre y se iba cargando de familia. Sus hermanitas solteras también recibían de ella frecuentes dádivas; ya los sombreritos de moda, ya el fichú o la manteleta, y hasta vestidos completos acabados de venir de París. ...
En la línea 489
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Lo referente a esta insigne dama lo sabe mejor que nadie Zalamero, que está casado con una de las chicas de Ruiz-Ochoa. Nos ha prometido escribir la biografía de su excelsa pariente cuando se muera, y entretanto no tiene reparo en dar cuantos datos se le pidan, ni en rectificar a ciencia cierta las versiones que el criterio vulgar ha hecho correr sobre las causas que determinaron en Guillermina, hace veinticinco años, la pasión de la beneficencia. Alguien ha dicho que amores desgraciados la empujaron a la devoción primero, a la caridad propagandista y militante después. Mas Zalamero asegura que esta opinión es tan tonta como falsa. Guillermina, que fue bonita y aun un poquillo presumida, no tuvo nunca amores, y si los tuvo no se sabe absolutamente nada de ellos. Es un secreto guardado con sepulcral reserva en su corazón. Lo que la familia admite es que la muerte de su madre la impresionó tan vivamente, que hubo de proponerse, como el otro, no servir a más señores que se le pudieran morir. No nació aquella sin igual mujer para la vida contemplativa. Era un temperamento soñador, activo y emprendedor; un espíritu con ideas propias y con iniciativas varoniles. No se le hacía cuesta arriba la disciplina en el terreno espiritual; pero en el material sí, por lo cual no pensó nunca en afiliarse a ninguna de las órdenes religiosas más o menos severas que hay en el orbe católico. No se reconocía con bastante paciencia para encerrarse y estar todo el santo día bostezando el gori gori, ni para ser soldado en los valientes escuadrones de Hermanas de la Caridad. La llama vivísima que en su pecho ardía no le inspiraba la sumisión pasiva, sino actividades iniciadoras que debían desarrollarse en la libertad. Tenía un carácter inflexible y un tesoro de dotes de mando y de facultades de organización que ya quisieran para sí algunos de los hombres que dirigen los destinos del mundo. Era mujer que cuando se proponía algo iba a su fin derecha como una bala, con perseverancia grandiosa sin torcerse nunca ni desmayar un momento, inflexible y serena. Si en este camino recto encontraba espinas, las pisaba y adelante, con los pies ensangrentados. ...
En la línea 730
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... »Estos dos casos están fabricados con planchas de acero, cuya densidad con relación al agua es de siete a ocho décimas. El primero no tiene menos de cinco centímetros de espesor y pesa trescientas noventa y cuatro toneladas y noventa y seis centésimas. El segundo, con la quilla que con sus cincuenta centímetros de altura y veinticinco de ancho pesa por sí sola sesenta y dos toneladas, la maquinaria, el lastre, los diversos accesorios e instalaciones, los tabiques y los virotillos interiores, tiene un peso de novecientas sesenta y una toneladas con sesenta y dos centésimas, que, añadidas a las trescientas noventa y cuatro toneladas con noventa y seis centésimas del primero, forman el total exigido de mil trescientas cincuenta y seis toneladas con cuarenta y ocho centésimas. ¿Ha comprendido? ...
En la línea 772
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Señor Aronnax, un buque de hierro cuesta mil ciento veinticinco francos por tonelada. Pues bien, el Nautilus desplaza mil quinientas. Su costo se ha elevado, pues, a un millón seiscientos ochenta y siete mil quinientos francos; a dos millones con su mobiliario y a cuatro o cinco millones con las obras de arte y las colecciones que contiene. ...
En la línea 1023
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... He dicho ciento cincuenta metros, aunque careciésemos de todo instrumento para evaluar la profundidad, por saber que, incluso en los mares más límpidos, los rayos solares no podían penetrar más allá. Y, precisamente, la oscuridad se había hecho muy densa. Nada era ya visible a diez pasos de distancia. Andaba, pues, a tientas, cuando súbitamente vi brillar una luz muy viva. El capitán Nemo acababa de poner en acción su aparato eléctrico. Su compañero le imitó y Conseil y yo seguimos su ejemplo. Girando un tornillo, establecí la comunicación entre la bobina y el serpentín de cristal, y el mar, iluminado por nuestras cuatro linternas, se hizo visible en un radio de unos veinticinco metros. ...
En la línea 1289
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Así, llegamos muy sobrecargados a la canoa. Pero Ned Land no se hallaba todavía satisfecho con las provisiones. Le favoreció la suerte entonces, ya que en el momento en que iba a embarcar vio varios árboles, de unos veinticinco a treinta pies de altura, pertenecientes a la familia de las palmas. Estos árboles, tan preciosos como el artocarpo, son considerados justamente como uno de los más útiles productos de Malasia. Eran sagús, vegetales silvestres que se reproducen, como los morales, por sus retoños y sus semillas. ...
En la línea 996
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Pues, para terminar — dijo Joe, muy satisfecho y tendiendo la bolsa a mi hermana —, digo que aquí hay veinticinco libras. ...
En la línea 997
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Son veinticinco libras — repitió aquel sinvergüenza de Pumblechook, levantándose para estrechar la mano de mi hermana —. Y no es más de lo que tú mereces, según yo mismo dije en cuanto se me preguntó mi opinión, y deseo que disfrutes de este dinero. ...
En la línea 1004
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... En cuanto salimos y me vi libre de los muchachos que se habían entusiasmado con la esperanza de verme torturado públicamente y que parecieron sufrir un gran desencanto al notar que mis amigos salían conmigo, volvimos a casa del señor Pumblechook. Allí, mi hermana se puso tan excitada a causa de las veinticinco guineas, que nada le pareció mejor que celebrar una comida en el Oso Azu1 con aquella ganga, y que el señor Pumblechook, en su carruaje, fuese a buscar a los Hubble y al señor Wopsle. ...
En la línea 1056
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Supongo que tendría entonces veinticinco años, pero él siempre hablaba de sí mismo como si fuese un anciano. ...
En la línea 238
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Dunia y yo lo tenemos ya todo calculado al céntimo. El billete no nos resultará caro. De nuestra casa a la estación de ferrocarril más próxima sólo hay noventa verstas, y ya nos hemos puesto de acuerdo con un mujik que nos llevará en su carro. Después nos instalaremos alegremente en un departamento de tercera. Yo creo que podré mandarte, no veinticinco, sino treinta rublos. ...
En la línea 1098
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Ni una mancha, ni un boquete; aunque usados, están nuevos. El chaleco hace juego con el pantalón, como exige la moda. Bien mirado, debemos felicitarnos de que estas prendas no sean nuevas, pues así son más suaves, más flexibles… Ahora otra cosa, amigo Rodia. A mi juicio, para abrirse paso en el mundo hay que observar las exigencias de las estaciones. Si uno no pide espárragos en invierno, ahorra unos cuantos rublos. Y lo mismo pasa con la ropa. Estamos en pleno verano: por eso he comprado prendas estivales. Cuando llegue el otoño necesitarás ropa de más abrigo. Por lo tanto, habrás de dejar ésta, que, por otra parte, estará hecha jirones… Bueno, adivina lo que han costado estas prendas. ¿Cuánto te parece? ¡Dos rublos y veinticinco kopeks! Además, no lo olvides, en las mismas condiciones que la gorra: el año próximo te lo cambiarán gratuitamente. El trapero Fediaev no vende de otro modo. Dice que el que va a comprarle una vez no ha de volver jamás, pues lo que compra le dura toda la vida… Ahora vamos con las botas. ¿Qué te parecen? Ya se ve que están usadas, pero durarán todavía lo menos dos meses. Están confeccionadas en el extranjero. Un secretario de la Embajada de Inglaterra se deshizo de ellas la semana pasada en el mercado. Sólo las había llevado seis días, pero necesitaba dinero. He dado por ellas un rublo y medio. No son caras, ¿verdad? ...
En la línea 1100
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¿No venirle bien estas botas? Entonces, ¿para qué me he llevado esto? ‑replicó Rasumikhine, sacando del bolsillo una agujereada y sucia bota de Raskolnikof‑. He tomado mis precauciones. Las he medido con esta porquería. He procedido en todo concienzudamente. En cuanto a la ropa interior, me he entendido con la patrona. Ante todo, aquí tienes tres camisas de algodón con el plastrón de moda… Bueno, ahora hagamos cuentas: ochenta kopeks por la gorra, dos rublos veinticinco por los pantalones y el chaleco, uno cincuenta por las botas, cinco por la ropa interior (me ha hecho un precio por todo, sin detallar), dan un total de nueve rublos y cincuenta y cinco kopeks. O sea que tengo que devolverte cuarenta y cinco kopeks. Y ya estás completamente equipado, querido Rodia, pues tu gabán no sólo está en buen uso todavía, sino que conserva un sello de distinción. ¡He aquí la ventaja de vestirse en Charmar! En lo que concierne a los calcetines, tú mismo te los comprarás. Todavía nos quedan veinticinco buenos rublos. De Pachenka y de tu hospedaje no te has de preocupar: tienes un crédito ilimitado. Y ahora, querido, habrás de permitirnos que te mudemos la ropa interior. Esto es indispensable, pues en tu camisa puede cobijarse el microbio de la enfermedad. ...
En la línea 1100
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¿No venirle bien estas botas? Entonces, ¿para qué me he llevado esto? ‑replicó Rasumikhine, sacando del bolsillo una agujereada y sucia bota de Raskolnikof‑. He tomado mis precauciones. Las he medido con esta porquería. He procedido en todo concienzudamente. En cuanto a la ropa interior, me he entendido con la patrona. Ante todo, aquí tienes tres camisas de algodón con el plastrón de moda… Bueno, ahora hagamos cuentas: ochenta kopeks por la gorra, dos rublos veinticinco por los pantalones y el chaleco, uno cincuenta por las botas, cinco por la ropa interior (me ha hecho un precio por todo, sin detallar), dan un total de nueve rublos y cincuenta y cinco kopeks. O sea que tengo que devolverte cuarenta y cinco kopeks. Y ya estás completamente equipado, querido Rodia, pues tu gabán no sólo está en buen uso todavía, sino que conserva un sello de distinción. ¡He aquí la ventaja de vestirse en Charmar! En lo que concierne a los calcetines, tú mismo te los comprarás. Todavía nos quedan veinticinco buenos rublos. De Pachenka y de tu hospedaje no te has de preocupar: tienes un crédito ilimitado. Y ahora, querido, habrás de permitirnos que te mudemos la ropa interior. Esto es indispensable, pues en tu camisa puede cobijarse el microbio de la enfermedad. ...
En la línea 353
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —General, este asunto no puede quedar así. Lamento mucho que usted haya sufrido molestias por parte del barón, pero, excúseme, la culpa es toda suya. ¿Cómo ha podido usted encargarse de responder al barón en mi lugar y en mi nombre? ¿Qué significa esa expresión de que yo pertenezco a su casa? Soy, sencillamente, un preceptor en su casa y nada más. No soy su hijo ni estoy bajo su tutela, y usted no puede responder de mis actos. Puedo obrar con plena capacidad legal. Tengo veinticinco años, soy gentilhombre, licenciado y completamente ajeno a usted. Sólo el profundo respeto hacia sus méritos me retiene para preguntarle con qué razón se ha arrogado el derecho de preguntarle en mí nombre ante ese alemán… ...
En la línea 681
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Entregaron a la abuela un pesado cartucho de papel blanco que contenía cincuenta federicos. Le contaron además otros veinticinco federicos. Recogí todo aquello con la raqueta. ...
En la línea 1136
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Paulina, he aquí veinticinco mil florines… esto suma cincuenta mil francos, tal vez más. Tómelos y mañana mismo se los tira usted a la cara. ...
En la línea 1176
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Los veinticinco mil florines, en billetes, contados la víspera, estaban todavía sobre la mesa. Los tomé y se los di. ...
En la línea 278
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Su carácter era pensativo, aunque no triste, propio de las almas afectuosas. Perdió de muy corta edad a su padre y a su madre. Se encontró sin más familia que una hermana mayor que él, viuda y con siete hijos. El marido murió cuando el mayor de los siete hijos tenía ocho años y el menor uno. Jean Valjean acababa de cumplir veinticinco. Reemplazó al padre, y mantuvo a su hermana y los niños. Lo hizo sencillamente, como un deber, y aun con cierta rudeza. ...
En la línea 280
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... La multitud guardaba silencio; sólo se oían las voces de los que en vano ofrecían apuestas de dos a uno. Todo el mundo reconocía que Buck era un animal magnífico, pero a juicio de todos veinte sacos de veinticinco kilos de harina abultaban demasiado para que se animasen a jugarse el dinero. ...
En la línea 306
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Una vez más llegó la primavera y, al cabo de tantas andanzas, descubrieron, no la cabaña perdida, sino un yacimiento a flor de tierra en un ancho valle, donde el oro quedaba a la vista en el fondo del mismo, en un grumoso depósito amarillento. No siguieron buscando. Cada día de labor les significaba miles de dólares en oro, en polvo limpio y en pepitas, así que trabajaban todos los días. Ensacaban el oro en talegos de piel de alce, veinticinco kilos en cada uno, y los apilaban como si fueran leña junto a la choza de ramas de abeto. Trabajaron duro, y los días se sucedían como sueños mientras iban acumulando su tesoro. ...
En la línea 727
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Las noticias dadas por su hermano acerca de Lucía y Miranda lograron aguzar singularmente la hambrienta curiosidad de la anémica, y su olfato fino percibía no sé qué emanaciones novelescas en los sucesos acaecidos al matrimonio. El hermano y la hermana habían conferenciado largamente acerca del asunto, a medias palabras, atreviéndose a veces a lanzar una expresión más viva y cruda, riéndose entrambos. Era uno de los goces mayores de Lucía las conversaciones que a veces pasaba con Perico cuando él se dignaba tratarla, no como a una chiquilla, sino como a mujer hecha, y le comunicaba detalles, anécdotas y sucesos de lo que por lo regular no llegan a oídos de las doncellitas educadas con cierta severidad y recato. Perico y su hermana, no muy tiernos y afectuosos entre sí, se entendían a maravilla en el terreno de las picardigüelas, y a veces la hermana completaba la frase picante, detenida en labios del hermano por unas miajas de la reserva que inspira la mujer aún al hombre menos capaz de tenerla. Experimentaba Pilar malsana fruición en recorrer aspectos del cosmorama de la vida, donde nunca fijaban sus ojos las hijas de los grandes de España por ella tan envidiadas, y que, por entonces, viviendo en la claustral atmósfera de sus palacios, vigiladas siempre por la institutriz rígida, llevan en la frente, a los veinticinco años, el sello de su altiva inocencia. ...
En la línea 211
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -No, señor Fix- respondió el cónsul-. Ha sido visto ayer a la altura de Port Said, y los ciento sesenta, kilómetros del canal, no son nada para un andador como ése. Os repito que el 'Mongolia' ha ganado siempre la prima de veinticinco libras que el gobierno concede por cada adelanto de veinticuatro horas sobre el tiempo reglamentario. ...
En la línea 399
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Pero Picaporte se detuvo, según su costumbre, callejeando en medio de aquella población de somalíes, banianos, parsis, judíos, árabes, europeos, que componen los veinticinco mil habitantes de Adén. Admiró las fortificaciones que hacen de esa ciudad el Gibraltar del mar de las Indias, y unos magníficos aljibes en que trabajaron ya los ingenieros del rey Salomón. ...
En la línea 530
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... La distancia recorrida durante la jornada era de veinticinco millas, y restaba otro tanto camino para llegar a la estación de Hallahabad. ...
En la línea 1397
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Todavia quedaban diez oyentes, y entre ellos el buen Picaporte, que era todo oídos. Así supo 'cómo, después de muchas persecuciones, Smith apareció en lilinois y fundó, en 1839, a orillas del Mississippi, Nauvoo la Bella, cuya población se elevó hasta veinticinco mil almas; cómo Smith fue su alcalde, juez supremo y general en jefe; cómo en 1843 se presentó a candidato a la presidencia de los Estados Unidos, y cómo, por último, atraído a una emboscada en Cartago, fue encarcelado y asesinado por una banda de hombres enmascarados'. ...

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