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La palabra trueno
Cómo se escribe

la palabra trueno

La palabra Trueno ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece trueno.

Estadisticas de la palabra trueno

Trueno es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 15578 según la RAE.

Trueno aparece de media 4.31 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la trueno en las obras de referencia de la RAE contandose 655 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Trueno

Cómo se escribe trueno o trrueno?

Más información sobre la palabra Trueno en internet

Trueno en la RAE.
Trueno en Word Reference.
Trueno en la wikipedia.
Sinonimos de Trueno.


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece trueno

La palabra trueno puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 196
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El viejo les imitaba, y acogiendo con sonrisa enigmática los elogios de los señores a su voz de trueno y a la entonación de caudillo con que mandaba a la gente, liaba el cigarro, fumándolo con calma para que los pobres de abajo tuviesen algunos segundos más de reposo a costa del buen humor del amo. ...

En la línea 432
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Una claridad lívida inflamó el espacio, y el trueno estalló sobre el cortijo con un estrépito seco que conmovió los cimientos, despertando en los establos un eco de mugidos, relinchos y patadas. Cayó la lluvia de golpe, en grandes masas, como si se desfondase el cielo, y los dos hombres tuvieron que refugiarse bajo el arco de entrada, no viendo más que un pedazo de campo al través de la herradura del portalón. ...

En la línea 808
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... A las pocas frases de la letanía, los jornaleros, aburridos de la ceremonia, con el cirio hacia abajo, contestaban automáticamente, imitando unas veces el ruido del trueno y otras un chillido de vieja, que hacía a muchos de ellos llevarse el sombrero a la cara. ...

En la línea 1684
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... La impaciencia y el descontento hicieron surgir un jefe. Se oyó la voz de trueno de Juanón sobre los gritos de la gente. Sus brazos de atleta se elevaron por encima de las cabezas. ...

En la línea 10661
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Además, la tormenta crecía, los relámpagos se sucedían rápidamente, el trueno comenzaba a gruñir, y el viento, precursor del huracán, silbaba en la llanura, agitando las plumas de los caballeros. ...

En la línea 2104
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El viento soplaba con fuerza hacia la costa, si puede llamarse así a los abruptos y escarpados precipicios en que rompía la marejada con fragor de trueno, alzando nubes de espuma y de agua pulverizada a la altura de una catedral. ...

En la línea 2108
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... A eso de las ocho de la noche, el viento se convirtió en huracán, el trueno retumbó pavorosamente, y la única luz que alumbraba nuestro camino era la de las rojas culebrinas expelidas a intervalos de su seno por las nubes gruesas y negras que rodaban a poca altura sobre nuestras cabezas. ...

En la línea 3165
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Al relámpago siguió el estampido de un trueno, no menos terrible, pero lejano, sordo y profundo; las montañas recogieron su sonido y lo repitieron llevándolo de cumbre en cumbre, hasta que se perdió en el espacio sin límites. ...

En la línea 3556
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Hubo tiempos en que, con la sola excepción de Roma, fué Santiago el lugar de peregrinación más famoso del mundo, porque dicen que su catedral guarda los huesos de Santiago el Mayor, el hijo del trueno, que, según la leyenda de la iglesia romana, fué el primero en predicar el Evangelio en España. ...

En la línea 5591
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El Obispo hablaba con una voz de trueno lejano, sumido en la sombra del púlpito; sólo se veía de él, de vez en cuando, un reflejo morado y una mano que se extendía sobre el auditorio. ...

En la línea 7148
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —¿Por qué? —preguntó don Fermín que acababa de oír el primer trueno. ...

En la línea 7152
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —¿Y a qué ha ido? —contestó De Pas al segundo trueno. ...

En la línea 14468
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Y tras el relámpago, que le había deslumbrado, retumbó un trueno que hizo temblar las paredes. ...

En la línea 588
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Los numerosos pigmeos se miraron inquietos al oír este trueno que hacía temblar el techo, profiriendo palabras incomprensibles. Al fin, por uno de los cuatro escotillones que daban salida a los caminos en rampa arrollados en torno a las patas de la mesa, vio aparecer al mismo hombrecillo que le había hablado horas antes. Llegaba con el rostro oculto por sus tocas, y sin esperar a que Gillespie le preguntase, explicó a gritos la larga ausencia de Flimnap. Este había tenido que salir en las primeras horas de la mañana para la antigua capital de Blefuscu, pero volvería al día siguiente. Con las máquinas voladoras era fácil dicho viaje, que en otras épocas exigía mucho tiempo. El gobierno municipal de la citada ciudad le había llamado urgentemente para que diese una conferencia sobre el Hombre-Montaña, explicando sus costumbres y sus ideas. ...

En la línea 699
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Aunque el Padre de los Maestros no era muy fuerte en el idioma sagrado de los hombres de ciencia y entendía con dificultad el inglés articulado por aquella voz de trueno, comprendió perfectamente la última afirmación del gigante, que le hizo agitarse de emoción en su asiento. ...

En la línea 701
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Jamás había experimentado un orgullo profesional ni una satisfacción de amor propio comparables a los de este momento. Todos los que admiraban sus versos, incluso el glorioso Golbasto, tenían voces iguales a las de los otros humanos, y sus elogios eran siempre idénticos. Pero oírse alabar ahora por este trueno que venía de lo alto y que en el caso de ponerse el gigante de pie podía resonar hasta por encima de las nubes, representaba para Momaren una glorificación casi divina. ...

En la línea 1348
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Efectivamente, la voz del gigante, sonando como un trueno desde lo alto, hubiese llamado la atención de todos sus guardianes y hasta de las tripulaciones de los buques de guerra que evolucionaban en plena mar vigilándole. ...

En la línea 959
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Y el huracán seguía aumentando en intensidad. Se alzaban montañas de agua que, con rugidos espantosos, abrían profundos abismos que parecían tener por fondo las arenas del interior del océano. El viento bramaba agolpando las nubes, dentro de las cuales retumbaba el trueno incesantemente. ...

En la línea 1424
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Era evidente que los indígenas habían tenido ya relación con los europeos y que conocían sus navíos. Pero ¿qué podían pensar de aquel largo cilindro de acero inmovilizado en la bahía, sin mástiles ni chimenea? Nada bueno, a juzgar por la respetuosa distancia en que se habían mantenido hasta entonces. Sin embargo, su inmovilidad debía haberles inspirado un poco de confianza, y trataban de familiarizarse con él. Y era precisamente eso lo que convenía evitar. Nuestras armas, carentes de detonación, no eran las más adecuadas para espantar a los indígenas, a los que sólo inspiran respeto las que causan estruendo. Sin el estrépito del trueno, el rayo no espantaría a los hombres, pese a que el peligro esté en el relámpago y no en el ruido. ...

En la línea 3252
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Hacia las diez de la noche, el cielo era de fuego. Violentos relámpagos surcaban la atmósfera. Yo no podía resistir sus deslumbrantes fogonazos. El capitán Nemo, en cambio, los miraba de frente; parecía aspirar con todo su ser el alma de la tempestad. Un fragor terrible retumbaba en el aire, un ruido complejo que integraba el estrépito de las olas aplastadas, los mugidos del viento y los estampidos del trueno. El viento saltaba de un punto a otro del horizonte, y el ciclón, procedente del Este, volvía a él tras pasar por el Norte, el Oeste y el Sur, en sentido inverso de las tempestades giratorias del hemisferio austral. ...

En la línea 620
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Artegui no contestó palabra: mas una voz grave y poderosa, retumbando en los cielos, se unió de pronto al extraño dúo. Era el trueno, que estallaba a lo lejos, solemne y terrible. Lucía exhaló un gemido de pavor, cayendo con la faz contra la hierba. Desgarráronse las nubes, y anchas gotas de agua cayeron, sonando como goterones de plomo líquido en la crujiente seda de las frondas de mimbre. Bajose rápidamente Artegui, y tomando con nervioso vigor a Lucía en sus brazos, dio a correr sin mirar por dónde, saltando zanjas, atravesando barbechos, pisando apios y coles, hasta llegar, azotado por la lluvia, perseguido por el trueno que se acercaba, a la carretera. El cochero renegaba del mal tiempo enérgicamente cuando Artegui depositó a Lucía casi exánime en el asiento, subiendo a toda prisa el hule, para guarecerla algo. Las jacas, espantadas, salieron sin aguardar la caricia de la fusta, y, aguzadas las orejas y ensanchando las fosas nasales, arrancaron hacia Bayona. ...

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