La palabra Seguirla ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece seguirla.
Estadisticas de la palabra seguirla
La palabra seguirla no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE
Errores Ortográficos típicos con la palabra Seguirla
Cómo se escribe seguirla o seguirrla?
Cómo se escribe seguirla o zeguirla?
Cómo se escribe seguirla o sejuirla?
Más información sobre la palabra Seguirla en internet
Seguirla en la RAE.
Seguirla en Word Reference.
Seguirla en la wikipedia.
Sinonimos de Seguirla.

la Ortografía es divertida

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece seguirla
La palabra seguirla puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 3813
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... La reina acababa de ganar su habitación y D'Artagnan se aprestaba a retirarse cundo sintió que le tocaban ligeramente en el hombro; se volvió y vio a una mujer joven que le hacía señas de seguirla. ...
En la línea 10482
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... La señora Bonacieux la vio huir, sin poder seguirla; estaba como esas gentes que sueñan que las persiguen y que tratan en vano de caminar. ...
En la línea 5085
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Quise seguirla, y lo hiciera, si no me aconsejara Montesinos que no me cansase en ello, porque sería en balde, y más porque se llegaba la hora donde me convenía volver a salir de la sima. ...
En la línea 12339
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... y tan lista como dices? ¿Por qué no seguirla a Madrid? Y Álvaro me contestó muy triste, ya sabes qué cara pone cuando habla así, me contestó: Pche. ...
En la línea 5456
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... ¿Y qué menos podía hacer el desgraciado Rubín que descargar contra el orden social y los poderes históricos la horrible angustia que llenaba su alma? Porque estaba perdido, y la cruel negativa de su tía le puso en el caso de escoger entre la deshonra y el suicidio. Antes de ir al café había tenido un vivo altercado con Refugio, por pretender ésta que fuese con ella a Gallo, y el disgusto con su querida, a quien tenía cariño, le revolvió más la bilis. Sus amigos no podían con él; estaba furioso; poco faltaba para que insultase a los que le contradecían, y su numen paradójico se excitaba hasta un grado de inspiración que le hacía parecer un propagandista de la secta de los tembladores. El que mejor replicaba ¡parece increíble!, era Maxi, que se quedó en el café más tiempo del acostumbrado, retenido por el interés de la polémica. Defendía el joven Rubín los principios fundamentales de toda sociedad con un ardor y una serena convicción que eran el asombro de cuantos le oían. No se alteraba como el otro; argumentaba con frialdad, y sus nervios, absolutamente pacíficos, dejaban a la razón desenvolverse con libertad y holgura. La suerte de Rubín mayor fue que Rubín menor se marchó a las diez, pues doña Lupe le tenía prescrito que no entrase en casa tarde, y por nada del mundo desobedecería él esta pragmática. Había vuelto a la docilidad de los tiempos que se podrían llamar antediluvianos o que precedieron a la catástrofe de su casamiento. Dejando que su hermano se arreglara como pudiese con los demás tratadistas de derecho público, abandonó el café con ánimo de irse derechito a su casa. Atravesó la Plaza Mayor, desde la calle de Felipe III a la de la Sal, y en aquel ángulo no pudo menos que pararse un rato, mirando hacia las fachadas del lado occidental del cuadrilátero. Pero esta suspensión de su movimiento fue pronto vencida del prurito de lógica que le dominaba, y se dijo: «No; voy a casa, y han dado ya las diez… Luego, no debo detenerme». Siguió por la calle de Postas y Vicario Viejo, y antes de desembocar en la subida a Santa Cruz, vio pasar a Aurora, que salía de la tienda de Samaniego para ir a su casa. «¡Qué tarde va hoy!» pensó, siguiendo tras ella por la calle arriba, hacia la plazuela de Santa Cruz, no por seguirla, sino porque ella iba delante de él, sin verle. Andaba la viuda de Fenelón a buen paso, sin mirar para ninguna parte, y llevaba en la mano un paquete, alguna obra tal vez para trabajar en su casa el día siguiente, que era domingo, y domingo de Ramos por más señas. ...
En la línea 1902
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... de las fortificaciones, porque tengo el principio de que cuando se tiene una idea hay que seguirla hasta el ...
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