La palabra Salvarse ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece salvarse.
Estadisticas de la palabra salvarse
Salvarse es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 17990 según la RAE.
Salvarse aparece de media 3.53 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la salvarse en las obras de referencia de la RAE contandose 537 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Salvarse
Cómo se escribe salvarse o salvarrse?
Cómo se escribe salvarse o zalvarze?
Cómo se escribe salvarse o salbarse?
Más información sobre la palabra Salvarse en internet
Salvarse en la RAE.
Salvarse en Word Reference.
Salvarse en la wikipedia.
Sinonimos de Salvarse.

la Ortografía es divertida

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece salvarse
La palabra salvarse puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1891
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... otros dos hombres de la caravana se les helaron los pies y las manos; de doscientas mulas y treinta vacas no pudieron salvarse más que catorce mulas ...
En la línea 6267
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Por lo mismo que estaba segura de salvarse de la tentación francamente criminal de don Álvaro, entregándose a don Fermín, quería desafiar el peligro y se dejaba mirar a las pupilas por aquellos ojos grises, sin color definido, transparentes, fríos casi siempre, que de pronto se encendían como el fanal de un faro, diciendo con sus llamaradas desvergüenzas de que no había derecho a quejarse. ...
En la línea 10756
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... La cuestión de salvarse o no salvarse. ...
En la línea 10756
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... La cuestión de salvarse o no salvarse. ...
En la línea 10766
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Algo le tranquilizaba la idea de que le tostasen con símbolos en el caso desesperado de no salvarse, como deseaba seriamente. ...
En la línea 1172
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El cardenal César Borgia, completamente solo y disfrazado de caballero de Rodas, salía de Roma para examinar de cerca las operaciones militares. Quería estudiar sobre el terreno la estrategia y las maniobras de un capitán famoso como lo era Guidobaldo, amaestrándose secretamente para sus empresas futuras. Con tanta audacia avanzaba en dichas excursiones, que una vez, a orillas del lago Braciano, sólo pudo salvarse de los enemigos gracias a la ligereza de su corcel. ...
En la línea 1495
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Nunca mostró tanta audacia ni tan firme seguridad en su buena estrella. Avanzó a sabiendas entre las mallas de la traición, sin guardar ninguna salida para salvarse. ...
En la línea 3034
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Ya… la historia de siempre. Si me la sé de memoria… Que quieren sólo a aquel y no pueden desterrarlo del pensamiento, y que patatín y que patatán… En fin, todo ello no es más que falta de conciencia, podredumbre del corazón, subterfugios del pecado. ¡Ay, qué mujeres! Saben que es preciso vencer y desarraigar las pasiones; pues no señor, siempre aferradas a la ilusioncita… Tijeretas han de ser… En resumidas cuentas, que usted no quiere salvarse. La pusimos en el camino de la regeneración, y le ha faltado tiempo para echarse por los senderos de la cabra. ¡Al monte, hija, al monte! Bueno; allá se entenderá usted con Dios. Ya me estoy riendo del chasco que se va usted a llevar. Porque ahora, como si lo viera, se lanzará otra vez a la vida libre. Divertirse… ¡ea!… Por de pronto habrá un arreglito, y ese tunante le dará alguna protección; tendrá usted casa en que vivir… Y ahora que me acuerdo, ¿ese hombre es casado? ...
En la línea 4004
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En esto, ya habían entrado Fortunata y su tía, ambas de negro, muy decentes, y mientras la de Jáuregui metía su cucharada en el corro de Guillermina, la otra pasó a ver a Mauricia. Encontrola como aturdida, sin saber lo que le pasaba. A las preguntas que le hizo, respondía con la mayor concisión, porque el temor de decir alguna palabra fea enfrenaba sus labios. Estaba reducida a usar tan sólo la tercera parte de los vocablos que emplear solía, y aún no se le quitaban los escrúpulos, sospechando que tuviese en algún eco infernal las voces más comunes. Lo que Fortunata le oyó claramente fue esto: «¡Ay, qué gusto salvarse!»… ...
En la línea 4042
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Callose un instante, y después de los dos o tres suspiros que Fortunata echó de su seno, volvió a hablar la enferma de este modo: «¿Has visto a Jacinta?… porque ella fue quien trajo a mi niña. Es un serafín esa mujer… Ahora cuando me pensé que estaba en el Cielo, la vi encima de una nube con un velo blanco… Estaba allí, entremedio de aquellos grandes corros de ángeles. ¿Será que se va a morir? Lo sentiré por mi niña. Pero Dios sabe más que nosotras, ¿verdad?, y lo que él hace, bien sabido se lo tiene… Pero dime, ¿te habló ella? ¿Le soltaste alguna patochada? Harías mal. Porque ella no tiene la culpa. Perdónala, chica, perdónala; que lo primerito para salvarse es perdonar a una parte y otra. Mírame a mí, que no hago más que lo que me manda el Padre Nones, y he perdonado a la Pepa, a la Matilde, que me quiso envenenar, y a doña Malvina la protestanta y a todo el género mundano… ¡re… ! Párate boca que ya ibas a soltarlo… Pues sí, perdonar; créetelo porque yo te lo digo. ¿Ves qué tranquila estoy? Pues a cuenta que lo mismo estarás tú, y Dios te dará lo tuyo; eso no tiene duda… porque es de ley. Y por la santidad que tengo entre mí, te digo que si el marido de la señorita se quiere volver contigo y le recibes, no pecas, no pecas… ». ...
En la línea 1893
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Escúcheme —dijo el portugués, llevándola hacia un sendero más apartado—. Muchos creen que Sandokán es un vulgar pirata salido de las selvas de Borneo, ávido de sangre y de víctimas. Pero se equivocan: es de estirpe real y no un pirata sino un vengador. Tenía veinte años cuando subió al trono de Muluder. Fuerte como un león, audaz como un tigre, valiente hasta la locura, al cabo de poco tiempo venció a todos los pueblos vecinos y extendió las fronteras de su reino hasta el de Varauni. Aquellas campañas le fueron fatales, pues ingleses y holandeses, celosos de una nueva potencia que iba a sojuzgar la isla entera, se aliaron con el sultán de Borneo para atacarlo. Concluyeron por hacer pedazos el nuevo reino. Sicarios pagados asesinaron a la madre y a los hermanos y hermanas de Sandokán; bandas poderosas invadieron el reino, saqueando, asesinando, cometiendo atrocidades inauditas. En vano Sandokán luchó con el furor de la desesperación. Todos sus parientes cayeron bajo el hierro de los asesinos, pagados por los blancos, y él mismo apenas pudo salvarse, seguido de una pequeña tropa de leales. Anduvo errante varios años por las costas de Borneo, sin víveres, sufriendo horribles miserias, en espera de reconquistar el trono perdido y de vengar a su familia asesinada. Hasta que una noche, perdida toda esperanza, se embarcó en un parao y juró guerra a muerte a la raza blanca y al sultán de Varauni. Arribó a Mompracem, contrató hombres y empezó a piratear en el mar. Devastó las costas del sultanato, asaltó barcos holandeses e ingleses y terminó siendo el terror de los mares, convertido en el terrible Tigre de la Malasia. Usted ya sabe lo demás. ...
En la línea 4884
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... En las ciudades, las trompetas resonaban durante todo el día. Todos los hombres eran llamados a las armas, pero ¿por quién y para qué? Nadie podía decirlo y el pánico se extendía por todas partes. Se abandonaban los oficios más sencillos, pues cada trabajador proponía sus ideas, sus reformas, y no era posible entenderse. Nadie trabajaba la tierra. Aquí y allá, los hombres formaban grupos y se comprometían a no disolverse, pero poco después olvidaban su compromiso y empezaban a acusarse entre sí, a contender, a matarse. Los incendios y el hambre se extendían por toda la tierra. Los hombres y las cosas desaparecían. La epidemia seguía extendiéndose, devastando. En todo el mundo sólo tenían que salvarse algunos elegidos, unos cuantos hombres puros, destinados a formar una nueva raza humana, a renovar y purificar la vida humana. Pero nadie había visto a estos hombres, nadie había oído sus palabras, ni siquiera el sonido de su voz. ...
Busca otras palabras en esta web
Palabras parecidas a salvarse
La palabra volaban
La palabra caravana
La palabra cero
La palabra presenciamos
La palabra salado
La palabra arista
La palabra desecado
Webs Amigas:
Ciclos Fp de informática en Palencia . Ciclos Fp de informática en Córdoba . Ciclos Fp de Administración y Finanzas en Mallorca . - Torrox Hotel Santa Rosa Santa Rosa