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La palabra resplandeciente
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la palabra resplandeciente

La palabra Resplandeciente ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece resplandeciente.

Estadisticas de la palabra resplandeciente

Resplandeciente es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 24585 según la RAE.

Resplandeciente aparece de media 2.26 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la resplandeciente en las obras de referencia de la RAE contandose 344 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Resplandeciente

Cómo se escribe resplandeciente o rresplandeciente?
Cómo se escribe resplandeciente o rezplandeciente?
Cómo se escribe resplandeciente o resplandeziente?

Más información sobre la palabra Resplandeciente en internet

Resplandeciente en la RAE.
Resplandeciente en Word Reference.
Resplandeciente en la wikipedia.
Sinonimos de Resplandeciente.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece resplandeciente

La palabra resplandeciente puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 3590
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Mirad -le dijo sacando del cofre un grueso nudo de cinta azul todo resplandeciente de diamantes-. ...

En la línea 8679
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Habláis en mi opinión de forma rara -dijo Athos alzándose so bre un codo y fascinando a Grimaud con su mirada resplandeciente. ...

En la línea 9325
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El mismo ruido de una puerta que se abre y se cierra se reprodujo un instante después, el globo resplandeciente descendió de nuevo y volví a encontrarme sola. ...

En la línea 4085
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El sol brillaba resplandeciente, y sus rayos iluminaban todas las cosas. ...

En la línea 5535
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Vestía con sencillez: sotana negra y birrete de seda; pero en un dedo llevaba una amatista soberbia, resplandeciente, de brillo deslumbrador. ...

En la línea 4178
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Llegó Sansón, socarrón famoso, y, abrazándole como la vez primera y con voz levantada, le dijo: -¡Oh flor de la andante caballería; oh luz resplandeciente de las armas; oh honor y espejo de la nación española! Plega a Dios todopoderoso, donde más largamente se contiene, que la persona o personas que pusieren impedimento y estorbaren tu tercera salida, que no la hallen en el laberinto de sus deseos, ni jamás se les cumpla lo que mal desearen. ...

En la línea 5215
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Obedeciéronle don Quijote y Sancho, y vinieron donde ya estaba el retablo puesto y descubierto, lleno por todas partes de candelillas de cera encendidas, que le hacían vistoso y resplandeciente. ...

En la línea 7332
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y una mañana, saliendo don Quijote a pasearse por la playa armado de todas sus armas, porque, como muchas veces decía, ellas eran sus arreos, y su descanso el pelear, y no se hallaba sin ellas un punto, vio venir hacía él un caballero, armado asimismo de punta en blanco, que en el escudo traía pintada una luna resplandeciente; el cual, llegándose a trecho que podía ser oído, en altas voces, encaminando sus razones a don Quijote, dijo: -Insigne caballero y jamás como se debe alabado don Quijote de la Mancha, yo soy el Caballero de la Blanca Luna, cuyas inauditas hazañas quizá te le habrán traído a la memoria. ...

En la línea 3575
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Al mes, ya Feijoo no podía vivir sin aumentar indefinidamente las horas que al lado de ella pasaba. Muchos días comían o almorzaban juntos, y como ambos amantes habían convenido en enaltecer y restaurar prácticamente la hispana cocina, hacía la individua unos guisotes y fritangas, cuyo olor llegaba más allá de San Francisco el Grande. De sobremesa, si no jugaban al tute, el buen señor le contaba a su querida aventuras y pasos estupendos de su dramática vida militar. Había estado en Cuba en tiempo de la expedición de Narciso López, y trabajó mucho en la persecución y captura del famoso insurgente. Fortunata le oía embelesada, puestos los codos sobre la mesa, la cara sostenida en las manos, los ojos clavados en el narrador, quien bajo la influencia de la atención ingenua de su amada, se sentía más elocuente, con la memoria más fresca y las ideas más claras. «Tú no puedes hacerte cargo de aquellas noches de luna en Cuba, de aquella bóveda de plata resplandeciente, de aquellos manglares que son jardines en medio de los espejos de la mar… Pues aquella noche de que te hablo, estábamos acechando junto a un río, porque sabíamos que por allí habían de pasar los insurgentes. Oímos un chapoteo en el agua; creímos que era un caimán que se escurría entre las cañas bravas. De repente, pim… un tiro. ¡Ellos!… Al instante toda nuestra gente se echa los fusiles a la cara. Ta-ra-ra-trap… Un negrazo salta sobre mí, y zas, le meto el machete por el ombligo y se lo saco por el lomo… No me he visto en otra, hija». ...

En la línea 25
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... A cada lado de la dorada verja se levantaba una estatua viviente, es decir, un centinela erguido, imponente e inmóvil, cubierto de pies a cabeza con bruñida armadura de acero. A respetuosa distancia estaban muchos hombres del campo y de la ciudad, esperando cualquier destello de realeza que pudiera ofrecerse. Magníficos carruajes, con principalísimas personas dentro, y no menos espléndidos lacayos fuera, llegaban y partían por otras soberbias puertas que daban paso al real recinto. El pobre pequeño Tom, cubierto de andrajos, se acercó con el corazón palpitante y mayores esperanzas empezaba a escurrirse lenta y cautamente por delante de los centinelas, cuando de pronto divisó, – a través de las doradas verjas, un espectáculo que casi lo hizo gritar de alegría. Dentro se hallaba un apuesto muchacho, curtido y moreno por los ejercicios y juegos al aire libre, cuya ropa era toda de seda y raso, resplandeciente de joyas. Al cinto traía espada y daga ornadas de piedras preciosas, en los pies finos zapatos de tacones rojos y en la cabeza una airosa gorra carmesí con plumas sujetas por un cintillo grande y reluciente. Cerca estaban varios caballeros de elegantes trajes, seguramente sus criados. ¡Oh!, era un príncipe –un príncipe, ¡un príncipe de verdad, un príncipe viviente–, sin sombra de duda! ¡Al fin había respondido el cielo a las preces del corazón del niño mendigo! ...

En la línea 2733
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Mis ojos no abandonaban el manómetro. Continuábamos remontándonos, siguiendo, a lo largo de la diagonal, la superficie resplandeciente del hielo que fulguraba bajo los rayos eléctricos. El banco de hielo se adelgazaba de milla en milla por arriba y por abajo en rampas alargadas. ...


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