La palabra Renta ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
Memoria De Las Islas Filipinas. de Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece renta.
Estadisticas de la palabra renta
Renta es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 3533 según la RAE.
Renta tienen una frecuencia media de 26.22 veces en cada libro en castellano
Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la renta en 150 obras del castellano contandose 3985 apariciones en total.
Más información sobre la palabra Renta en internet
Renta en la RAE.
Renta en Word Reference.
Renta en la wikipedia.
Sinonimos de Renta.

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece renta
La palabra renta puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 5720
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -A su familia no le preocupa esa miseria: tiene más de quince mil luises de renta; guardaos esa bolsa para vuestros lacayos. ...
En la línea 6054
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Un necio, que tiene la vida de lord de Winter entre sus manos y que no lo mata y así me hace perder tres cientas mil libras de renta. ...
En la línea 199
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... La renta que mantiene las Islas, la que no puede subrogarse con otra, y la que bien establecida y administrada produciria ventajas y rendimientos incalculables, es la renta del tabaco. ...
En la línea 199
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... La renta que mantiene las Islas, la que no puede subrogarse con otra, y la que bien establecida y administrada produciria ventajas y rendimientos incalculables, es la renta del tabaco. ...
En la línea 205
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... El establecimiento de esta renta en unas provincias de las Islas y no en otras, especialmente en las ultramarinas, respecto de la isla de Luzon, ocasiona tres clases de graves perjuicios. ...
En la línea 208
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... o El aumento de gastos en mucha parte infructuosos que en el resguardo de mar hace la renta. ...
En la línea 2092
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Pero una cosa quiero suplicar a vuestra merced, entre otras, señor licenciado, y es que, porque a mi amo no le tome gana de ser arzobispo, que es lo que yo temo, que vuestra merced le aconseje que se case luego con esta princesa, y así quedará imposibilitado de recebir órdenes arzobispales y vendrá con facilidad a su imperio y yo al fin de mis deseos; que yo he mirado bien en ello y hallo por mi cuenta que no me está bien que mi amo sea arzobispo, porque yo soy inútil para la Iglesia, pues soy casado, y andarme ahora a traer dispensaciones para poder tener renta por la Iglesia, teniendo, como tengo, mujer y hijos, sería nunca acabar. ...
En la línea 3648
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Casi estas últimas palabras oyó Sancho a su amo, a quien dijo: -Trabaje vuestra merced, señor don Quijote, en darme ese condado, tan prometido de vuestra merced como de mí esperado, que yo le prometo que no me falte a mí habilidad para gobernarle; y, cuando me faltare, yo he oído decir que hay hombres en el mundo que toman en arrendamiento los estados de los señores, y les dan un tanto cada año, y ellos se tienen cuidado del gobierno, y el señor se está a pierna tendida, gozando de la renta que le dan, sin curarse de otra cosa; y así haré yo, y no repararé en tanto más cuanto, sino que luego me desistiré de todo, y me gozaré mi renta como un duque, y allá se lo hayan. ...
En la línea 3648
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Casi estas últimas palabras oyó Sancho a su amo, a quien dijo: -Trabaje vuestra merced, señor don Quijote, en darme ese condado, tan prometido de vuestra merced como de mí esperado, que yo le prometo que no me falte a mí habilidad para gobernarle; y, cuando me faltare, yo he oído decir que hay hombres en el mundo que toman en arrendamiento los estados de los señores, y les dan un tanto cada año, y ellos se tienen cuidado del gobierno, y el señor se está a pierna tendida, gozando de la renta que le dan, sin curarse de otra cosa; y así haré yo, y no repararé en tanto más cuanto, sino que luego me desistiré de todo, y me gozaré mi renta como un duque, y allá se lo hayan. ...
En la línea 3649
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Eso, hermano Sancho -dijo el canónigo-, entiéndese en cuanto al gozar la renta; empero, al administrar justicia, ha de atender el señor del estado, y aquí entra la habilidad y buen juicio, y principalmente la buena intención de acertar; que si ésta falta en los principios, siempre irán errados los medios y los fines; y así suele Dios ayudar al buen deseo del simple como desfavorecer al malo del discreto. ...
En la línea 1103
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... uglas que llega a una renta mediana, uno de los más ricos penas ha podido llegar, a fuerza de privaciones y trabajos, a: Reunir 20 ó 25.000 francos; pero esta suma se oculta con algún temor y cada familia guarda su tesoro en un puchero enterrado. ...
En la línea 1353
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En Vetusta no le quedaba más que su palacio que habitaban, sin pagar renta, las solteronas. ...
En la línea 3466
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Por toda la provincia tenía esparcidos sus dominios el Marqués, en forma de arrendamientos que allí se llaman caseríos, y a más de la renta, que era baja, por consistir el lujo en esta materia en no subirla jamás, pagaban los colonos el tributo de los mejores frutos naturales de su corral, del río vecino, de la caza de los montes. ...
En la línea 9614
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Tenía algunas haciendas, pocas, la mayor parte procedentes de bienes nacionales; y de su renta vivía con mujer y cuatro hijas casaderas. ...
En la línea 784
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Ascanio Sforza, convencido de que no reuniría bastantes sufragios para que lo eligiesen Papa empezó a escuchar las tentadoras proposiciones de su amigo Borgia. Este le ofreció, a cambio dé sus votos, el cargo de Vicecanciller, su propio palacio con todos los - muebles y riquezas que tanto admiraba Sforza, y además del castillo de Nepi, el obispado de Erlau, que daba una renta de diez mil ducados, y otros beneficios. ...
En la línea 932
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Presintiendo Alfonso II las justas vacilaciones del Pontífice, por convenirle a éste en realidad ser enemigo de la dinastía napolitana ratificó las proposiciones que había formulado su padre referente a los Borgias, haciéndolas aún más tentadoras. Su hija natural, doña Sancha, se casaría con el pequeño Jofre Borgia, llevándole además del principado de Esquilache cuarenta mil ducados de renta y una compañía pagada de cien hombres de armas para su guardia personal, El dote de Sancha sería de doscientos mil ducados (más de un millón y medio de francos oro). El hijo mayor de Alejandro VI, Juan, duque de Gandía, recibiría del rey de Nápoles el principado de Tricarico, en la Basilicata, y a tal presente irían unidos ricos beneficios eclesiásticos en las diócesis napolitanas para el joven cardenal de Valencia César Borgia, que acababa de recibir las órdenes del subdiaconato, entrando en la vida clerical contra su voluntad. ...
En la línea 1204
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Verdadera romana, había empleado todas sus riquezas en la ciudad, adquiriendo muchas casas, especialmente hospederías, que daban buena renta a causa de ser casi continua la afluencia de peregrinos. Numerosos clérigos poseían también posadas, industria muy fructuosa en las grandes peregrinaciones, y cuando éstas faltaban, volviendo la ciudad a su población ordinaria, dichos edificios daban hospedaje a espadachines y rameras, convirtiéndose sus propietarios eclesiásticos en dueños de mancebía. ...
En la línea 1302
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Concedió Alejandro VI varios beneficios a su joven acompañante asegurándole una renta de dos mil ducados al año, y hubiese hecho de él un cardenal; pero Rodrigo Corella no quiso dedicarse a la Iglesia, esperando heredar algún día a su hermano mayor, y así fue, volviendo finalmente a Valencia para casarse y tomar el título de marqués de Cocentaina. ...
En la línea 426
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Todos los primeros de mes recibía Barbarita de su esposo mil duretes. D. Baldomero disfrutaba una renta de veinticinco mil pesos, parte de alquileres de sus casas, parte de acciones del Banco de España y lo demás de la participación que conservaba en su antiguo almacén. Daba además a su hijo dos mil duros cada semestre para sus gastos particulares, y en diferentes ocasiones le ofreció un pequeño capital para que emprendiera negocios por sí; pero al chico le iba bien con su dorada indolencia y no quería quebraderos de cabeza. El resto de su renta lo capitalizaba D. Baldomero, bien adquiriendo más acciones cada año, bien amasando para hacerse con una casa más. De aquellos mil duros que la señora cogía cada mes, daba al Delfín dos o tres mil reales, que con esto y lo que del papá recibía estaba como en la gloria; y los diez y siete mil reales restantes eran para el gasto diario de la casa y para los de ambas damas, que allá se las arreglaban muy bien en la distribución, sin que jamás hubiese entre ellas el más ligero pique por un duro de más o de menos. Del gobierno doméstico cuidaban las dos, pero más particularmente la suegra, que mostraba ciertas tendencias al despotismo ilustrado. La nuera tenía el delicado talento de respetar esto, y cuando veía que alguna disposición suya era derogada por la autócrata, mostrábase conforme. Barbarita era administradora general de puertas adentro, y su marido mismo, después que religiosamente le entregaba el dinero, no tenía que pensar en nada de la casa, como no fuese en los viajes de verano. La señora lo pagaba todo, desde el alquiler del coche a la peseta de El Imparcial, sin que necesitara llevar cuentas para tan complicada distribución, ni apuntar cifra alguna. Era tan admirable su tino aritmético, que ni una sola vez pasó más allá de la indecisa raya que tan fácilmente traspasan los ricos; llegaba el fin de mes y siempre había un superávit con el cual ayudaba a ciertas empresas caritativas de que se hablará más adelante. Jacinta gastaba siempre mucho menos de lo que su suegra le daba para menudencias; no era aficionada a estrenar a menudo, ni a enriquecer a las modistas. Los hábitos de economía adquiridos en su niñez estaban tan arraigados que, aunque nunca le faltó dinero, traía a casa una costurera para hacer trabajillos de ropa y arreglos de trajes que otras señoras menos ricas suelen encargar fuera. Y por dicha suya, no tenía que calentarse la cabeza para discurrir el empleo de sus sobrantes, pues allí estaba su hermana Candelaria, que era pobre y se iba cargando de familia. Sus hermanitas solteras también recibían de ella frecuentes dádivas; ya los sombreritos de moda, ya el fichú o la manteleta, y hasta vestidos completos acabados de venir de París. ...
En la línea 491
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... La asociación benéfica a que pertenecía no se acomodaba al ánimo emprendedor de Guillermina, pues quería ella picar más alto, intentando cosas verdaderamente difíciles y tenidas por imposibles. Sus talentos de fundadora se revelaron entonces, asustando a todo aquel señorío que no sabía salir de ciertas rutinas. Algunas amigas suyas aseguraron que estaba loca, porque demencia era pensar en la fundación de un asilo para huerfanitos, y mayor locura dotarle de recursos permanentes. Pero la infatigable iniciadora no desmayaba, y el asilo fue hecho, sosteniéndose en los tres primeros años de su difícil existencia con parte de la renta que le quedaba a Guillermina y con los donativos de sus parientes ricos. Pero de pronto la institución empezó a crecer; se hinchaba y cundía como las miserias humanas, y sus necesidades subían en proporciones aterradoras. La dama pignoró los restos de su legítima; después tuvo que venderlos. Gracias a sus parientes, no se vio en el trance fatal de tener que mandar a la calle a los asilados a que pidieran limosna para sí y para la fundadora. Y al propio tiempo repartía periódicamente cuantiosas limosnas entre la gente pobre de los distritos de la Inclusa y Hospital; vestía muchos niños, daba ropa a los viejos, medicinas a los enfermos, alimentos y socorros diversos a todos. Para no suspender estos auxilios y seguir sosteniendo el asilo era forzoso buscar nuevos recursos. ¿Dónde y cómo? Ya las amistades y parentescos estaban tan explotados, que si se tiraba un poco más de la cuerda, era fácil que se rompiera. Los más generosos empezaban a poner mala cara, y los cicateros, cuando se les iba a cobrar la cuota, decían que no estaban en casa. ...
En la línea 1816
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Maximiliano solía contar algunos particulares de la familia de Rubín, por lo cual tenía ella noticias de doña Lupe, de Juan Pablo y del cura. Con los detalles que el joven iba dando de sus parientes, ya Fortunata les conocía como si les hubiera tratado. Aquella noche, excitado por el entusiasmo que le produjo la resolución de casamiento, se dejó decir, tocante a su tía, algo que era quizá indiscreto. Doña Lupe prestaba dinero, por mediación de un tal Torquemada, a militares, empleados y a todo el que cayese. Hablando con completa sinceridad, Maximiliano no era partidario de aquella manera de constituirse una renta; pero él ¿qué tenía que ver con los actos de su señora tía? Esta le amaba mucho y probablemente le haría su heredero. Tenía una papelera antigua, negra y muy grande, de hierro, frente a su cama, donde guardaba el dinero y los pagarés de los préstamos. Gastaba lo preciso y de mes en mes su fortuna aumentaba, sabe Dios cuánto. Debía de ser muy rica, pero muy rica, porque él veía que Torquemada le llevaba resmas de billetes. En cuanto a su hermano Juan Pablo, ya se sabía a ciencia cierta que estaba con los carlistas, y si estos triunfaban, ocuparía una posición muy alta. Su hermano Nicolás había de parar en canónigo, y quién sabe, quién sabe si en obispo… En fin, que por todos lados se ofrecía a la joven pareja horizontes sonrosados. En estas y otras conversaciones se pasaron la primera noche, hasta que se retiró Maximiliano a su casa, quedándose Fortunata tan pensativa y preocupada que se durmió muy tarde y pasó la noche intranquila. ...
En la línea 2875
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Con unas cosas y otras, el pobre chico apenas podía estudiar, y con mucho trabajo se preparaba para la licenciatura. El asunto de su colocación se había resuelto ya, porque habiendo fallecido Samaniego a fines de Octubre, su viuda organizó el personal de la botica, dando una plaza a Maximiliano. Se convino entre doña Casta Moreno y doña Lupe que cuando el chico tomara el grado, se le fijaría sueldo, y que pasado un año de práctica, tendría participación en las ganancias. Por el lado económico todo iba a pedir de boca, porque mientras llegaba el día de ganar con su profesión, podía vivir bien con la corta renta de la herencia. Lo malo era que desde que ingresara en la botica, seríale preciso ausentarse de su casa días enteros, y esto le ponía en ascuas. Ocurriósele entonces lo que se le ocurre a cualquier celoso, salir un día, diciendo que iba a la farmacia, y volver en seguida. Hízolo una vez, y no sorprendió nada: Fortunata estaba en la cocina. Repitió la treta, y lo mismo: estaba cosiendo. A la tercera, Fortunata había salido. Dos horas después entró, trayendo un paquete en la mano. «¿Que de dónde vengo? Pues de comprar unas cosillas. ¿No me dijiste que querías una corbata? Mírala». ...

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