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La palabra religiosa
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la palabra religiosa

La palabra Religiosa ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece religiosa.

Estadisticas de la palabra religiosa

Religiosa es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 3095 según la RAE.

Religiosa tienen una frecuencia media de 30.55 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la religiosa en 150 obras del castellano contandose 4644 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Religiosa

Cómo se escribe religiosa o rreligiosa?
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Cómo se escribe religiosa o relijiosa?

Más información sobre la palabra Religiosa en internet

Religiosa en la RAE.
Religiosa en Word Reference.
Religiosa en la wikipedia.
Sinonimos de Religiosa.


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece religiosa

La palabra religiosa puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 107
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... ¡Jesús y su Santa Madre, por encima de todas las combinaciones comerciales! Ellos velaban por los intereses de la casa y él, que no era más que un simple pecador, limitábase a recibir sus inspiraciones. A ellos se debía la buena suerte de los primeros Dupont, y don Pablo se desvivía por remediar con su fervor la tibieza religiosa de sus ascendientes. Los celestiales protectores eran los que le habían sugerido la idea de establecer la destilería del cognac, dando nuevos alientos a la casa; ellos también los que hacían que la marca Dupont, con la ayuda de los anuncios, se esparciese por toda España sin miedo a rivalidades, favor inmenso que todos los años agradecía dedicando una parte de las ganancias al auxilio de las nuevas órdenes religiosas establecidas en Jerez o ayudando a su madre, la noble doña Elvira, que siempre tenía capillas por restaurar o un manto costoso en confección para alguna Virgen. ...

En la línea 133
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Y con ademanes descompuestos, golpeándose el pecho, hablaba de sus convicciones. Él no tenía simpatía alguna por los gobiernos actuales; al fin, todos eran unos ladrones, y en punto a fe religiosa unos hipócritas que fingían sostener el catolicismo porque lo consideraban una fuerza. ...

En la línea 237
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El señor Fermín era de estos admiradores. ¡Un personaje de tantos pergaminos, que podía, sin desdoro, hacer el amor a una princesa, encaprichándose de muchachas del pueblo o de gitanas; escogiendo sus amigos entre caballistas, toreros y ganaderos y bebiéndose una copa de vino con el primer pobre que se aproximaba a pedirle algo! ¡Esto era democracia pura!... Y al entusiasmo por los gustos plebeyos del prócer que parecía querer resarcir a la gente de la altivez y el orgullo de sus empingorotados abuelos, uníase la admiración casi religiosa que la fuerza, el vigor físico, inspira siempre a la gente del campo. ...

En la línea 295
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Las vulgares coplas, oídas por Rafael tantas veces en sus juergas con las gitanas, parecían nuevas en los labios de María de la Luz. Adquirían un sentimentalismo conmovedor, una unción religiosa en el silencio del campo, como si aquella poesía ingenua y gallarda, cansada de rodar sobre las mesas, manchadas de vino y de sangre, se rejuveneciera al tenderse soñolienta en los surcos de la tierra bajo los pabellones de pámpanos. ...

En la línea 8920
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Aunque no confesarais esa indiferencia religiosa, milord, vues tros excesos y vuestros crímenes darían fe de ella. ...

En la línea 10016
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Esto confirmó a Milady en su opinión de que la religiosa era más realista que cardenalista. ...

En la línea 10768
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Era religiosa enel convento de las Benedictinas de Temple mar. ...

En la línea 10829
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Entraré en un claustro, me haré religiosa -dijo Milady. ...

En la línea 6139
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —Antes de que se vaya usted—continuó—deseo decirle que, en mi opinión particular, es sumamente recomendable en todos los países la tolerancia religiosa plena, y dejar que cada sistema religioso perezca o se sostenga según sus propios méritos. ...

En la línea 6142
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Por aquel tiempo llegué casi a creer que se iniciaba una reforma religiosa en España; y, realmente, llegaron a mi noticia ciertos hechos, que, si me los hubieran pronosticado un año antes, con dificultad los hubiese creído. ...

En la línea 6148
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Una edición copiosa del Nuevo Testamento se había casi agotado en el centro mismo de España, a despecho de la oposición y del clamor furibundo de un clero bárbaro y de las órdenes de un Gobierno falaz; y germinaba el espíritu de examen en materia religiosa, que tarde o temprano llevaría, así lo esperaba yo fervientemente, abundantísimos frutos de bendición. ...

En la línea 6325
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Viendo que no podían conmigo en la controversia religiosa, denigraron a mi país con rabia: «España es mejor país que Grecia»—dijo uno. ...

En la línea 690
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Cuando las diferentes tribus se hacen la guerra se vuelven caníbales. Si hemos de dar crédito al testimonio independiente de un joven interrogado por Mr. Dow y al de Jemmy Button, es realmente cierto que cuando se ven muy estrechados por el hambre en invierno se comen a las mujeres viejas antes de comerse a sus perros; y al preguntar Mister Dow el por qué de esta preferencia, le respondió: «Los perros pillan las nutrias y las viejas no las pillan». También explicó este muchacho cómo hacen para matarlas: las colocan sufre un fuerte humo hasta que se asfixian; y al describir este suplicio, imitaba riéndose, los gritos de las víctimas e indicaba las partes del cuerpo que se consideraban como mejores. Por horrible que sea semejante muerte, infligida por mano de los parientes y de los amigos, es más horrible aún pensar en los terrores que deben asaltar a las ancianas cuando el hambre comience a dejarse sentir. Se nos ha contado que entonces se escapan para salvarse a las montañas, pero que los hombres las persiguen y se las traen al matadero, ¡su propio hogar! El capitán Fitz Roy no ha podido nunca llegar a saber si los fueguenses creen en otra vida. A veces entierran a sus muertos en cavernas y otras en los bosques de las montañas; pero no hemos podido averiguar qué clase de ceremonias acompañan a la sepultura. Jemmy Button no quería comer pájaros, porque no quería comer hombres muertos; no hablan de los muertos sino con repugnancia. No tenemos motivo para creer que realicen ceremonia religiosa alguna; sin embargo, quizás las palabras murmuradas por el viejo antes de distribuir la ballena podrida a su hambrienta familia constituyesen una plegaria. Cada familia o tribu tiene su mágico, cuyas funciones no hemos podido nunca definir con claridad. Jemmy creía en los sueños; pero como ya hemos dicho, no creía en el diablo. En suma, no creo que los fueguenses sean más supersticiosos que algunos de nuestros marinos, porque un viejo contramaestre creía firmemente que las terribles tempestades que nos asaltaron junto al cabo de Hornos procedían de tener fueguenses a bordo. Lo que yo oí en la Tierra del Fuego que se aproximase más a un sentimiento religioso, fue una palabra que pronunció York Minster en el momento de matar Mr. Bynoe algunos patos pequeñitos que él quería conservar como muestra. York Minster gritó entonces con tono solemne: «¡Oh, Mr. ...

En la línea 720
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Antes de la reacción religiosa que en Vetusta, como en toda España, habían producido los excesos de los libre-pensadores improvisados en tabernas, cafés y congresos, era el Arcipreste el confesor de la nata de la Encimada, porque tenía la manga ancha en ciertas materias; pero ya la moda había cambiado, se hilaba más delgado en asuntos pecaminosos y el Magistral que se iba con pies de plomo era preferido. ...

En la línea 1598
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Un tomo del Parnaso Español estaba consagrado a la poesía religiosa. ...

En la línea 2048
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El señor Ripamilán, canónigo, dijo que los versos eran regulares, acaso buenos, pero de una escuela romántico-religiosa que a él le empalagaba. ...

En la línea 2187
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Pero a solas se decía Anita: —¿No es una temeridad casarse sin amor? ¿No decían que su vocación religiosa era falsa, que ella no servía para esposa de Jesús porque no le amaba bastante? Pues si tampoco amaba a don Víctor, tampoco debía casarse con él. ...

En la línea 1403
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... «Ante sus ojos—siguió pensando Claudio—se abrían nuevos cielos. El también soñaba, como César, en un futuro glorioso. Su vida particular, con todas sus debilidades y pecados, la consideraba independiente de sus funciones de Pontífice. Aspiraba a ser uno de los más grandes papas trabajando con interés por la prosperidad de la Iglesia. Sus carnalidades de hombre no le impedían sentir una profunda fe religiosa. Era igual a los personajes de su época, creyentes en los dioses paganos, en la astrología, en la magia y, al mismo tiempo, en el cristianismo; adoradores sinceros de la Virgen y escandalosamente licenciosos en su vida ordinaria.» ...

En la línea 1915
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Los enemigos del Papado encontraban a su disposición un Pontífice, victima expiatoria preparada por otro Pontífice. Además, era español, del pais que sostuvo con su espada la unidad religiosa del mundo. ¿Qué más podían desear?… ...

En la línea 56
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Y en este desabridísimo noviazgo pasaron algunos meses, al cabo de los cuales Baldomero se soltó y despabiló algo. Su boca se fue desellando poquito a poco hasta que rompió, como un erizo de castaña que madura y se abre, dejando ver el sazonado fruto. Palabra tras palabra, fue soltando las castañas, aquellas ideas elaboradas y guardadas con religiosa maternidad, como esconde Naturaleza sus obras en gestación. Llegó por fin el día señalado para la boda, que fue el 3 de Mayo de 1835, y se casaron en Santa Cruz, sin aparato, instalándose en la casa del esposo, que era una de las mejores del barrio, en la plazuela de la Leña. ...

En la línea 113
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... A las diez de la mañana concluía Estupiñá invariablemente lo que podríamos llamar su jornada religiosa. Pasada aquella hora, desaparecía de su rostro rossiniano la seriedad tétrica que en la iglesia tenía, y volvía a ser el hombre afable, locuaz y ameno de las tertulias de tienda. Almorzaba en casa de Santa Cruz o de Villuendas o de Arnaiz, y si Barbarita no tenía nada que mandarle, emprendía su tarea para defender el garbanzo, pues siempre hacía el papel de que trabajaba como un negro. Su afectada ocupación en tal época era el corretaje de dependientes, y fingía que los colocaba mediante un estipendio. Algo hacía en verdad, mas era en gran parte pura farsa; y cuando le preguntaban si iban bien los negocios, respondía en el tono de comerciante ladino que no quiere dejar clarear sus pingües ganancias: «Hombre, nos vamos defendiendo; no hay queja… Este mes he colocado lo menos treinta chicos… como no hayan sido cuarenta… ». ...

En la línea 132
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Cuando Estupiñá le vio entrar sintió tanta alegría, que a punto estuvo de ponerse bueno instantáneamente por la sola virtud del contento. No estaba el hablador en la cama sino en un sillón, porque el lecho le hastiaba, y la mitad inferior de su cuerpo no se veía porque estaba liado como las momias, y envuelto en mantas y trapos diferentes. Cubría su cabeza, orejas inclusive, el gorro negro de punto que usaba dentro de la iglesia. Más que los dolores reumáticos molestaba al enfermo el no tener con quién hablar, pues la mujer que le servía, una tal doña Brígida, patrona o ama de llaves, era muy displicente y de pocas palabras. No poseía Estupiñá ningún libro, pues no necesitaba de ellos para instruirse. Su biblioteca era la sociedad y sus textos las palabras calentitas de los vivos. Su ciencia era su fe religiosa, y ni para rezar necesitaba breviarios ni florilogios, pues todas las oraciones las sabía de memoria. Lo impreso era para él música, garabatos que no sirven de nada. Uno de los hombres que menos admiraba Plácido era Guttenberg. Pero el aburrimiento de su enfermedad le hizo desear la compañía de alguno de estos habladores mudos que llamamos libros. Busca por aquí, busca por allá, y no se encontraba cosa impresa. Por fin, en polvoriento arcón halló doña Brígida un mamotreto perteneciente a un exclaustrado que moró en la misma casa allá por el año 40. Abriolo Estupiñá con respeto, ¿y qué era? El tomo undécimo del Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Lugo. Apechugó, pues, con aquello, pues no había otra cosa. Y se lo atizó todo, de cabo a rabo, sin omitir letra, articulando correctamente las sílabas en voz baja a estilo de rezo. Ningún tropiezo le detenía en su lectura, pues cuando le salía al encuentro un latín largo y oscuro, le metía el diente sin vacilar. Las pastorales, sinodales, bulas y demás entretenidas cosas que el libro traía, fueron el único remedio de su soledad triste, y lo mejor del caso es que llegó a tomar el gusto a manjar tan desabrido, y algunos párrafos se los echaba al coleto dos veces, masticando las palabras con una sonrisa, que a cualquier observador mal enterado le habría hecho creer que el tomazo era de Paul de Kock. ...

En la línea 2056
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En la cuestión religiosa, las ideas de doña Lupe se adaptaban al criterio de su difunto esposo, que era el más juicioso de los hombres y sabía dar a Dios lo que es de Dios y al César, etc… Este estribillo lo repetía muy orgullosamente la viuda siempre que saltaba una oportunidad, añadiendo que creía cuanto la Santa Madre Iglesia manda creer; pero que mientras menos trato tuviera con curas, mejor. Oía su misa los domingos y confesaba muy de tarde en tarde; mas de este paso regular no la sacaba nadie. ...

En la línea 1185
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... - Pero no le podremos mentir -murmuró la religiosa a media voz. ...

En la línea 1246
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Fantina se enderezó al instante apoyándose en sus flacos brazos y en sus manos, miró a Jean Valjean, miró a Javert, miró a la religiosa; abrió la boca como para hablar, pero sólo salió un ronquido del fondo de su garganta. Extendió los brazos con angustia, buscando algo como el que se ahoga, y después cayó a plomo sobre la almohada. Su cabeza chocó en la cabecera de la cama y cayó sobre el pecho con la boca abierta, lo mismo que los ojos. Estaba muerta. ...

En la línea 1275
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Entró Javert. La religiosa no levantó los ojos. Rezaba. Al verla, Javert se detuvo desconcertado. Se iba a retirar, pero antes dirigió una pregunta a sor Simplicia, que no había mentido en su vida. Javert la admiraba por esto. ...

En la línea 1278
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... - Sí -respondió la religiosa. ...

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