La palabra Referencia ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Memoria De Las Islas Filipinas. de Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece referencia.
Estadisticas de la palabra referencia
Referencia es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 1130 según la RAE.
Referencia tienen una frecuencia media de 80.3 veces en cada libro en castellano
Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la referencia en 150 obras del castellano contandose 12205 apariciones en total.
Más información sobre la palabra Referencia en internet
Referencia en la RAE.
Referencia en Word Reference.
Referencia en la wikipedia.
Sinonimos de Referencia.

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece referencia
La palabra referencia puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 388
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Otrosí: deben manifestar los que dicen, que no teniendo un conocimiento exacto de las bases sobre que se partió para esa reforma, y datos que pudieron apoyar el establecimiento de esa nueva oficina cual se mandó, por no haber visto el espediente de su referencia, no debe juzgarse de maliciosa interpretacion ni reticencia cualquiera inexactitud que se notare en las observaciones hechas, á que les movió únicamente el deseo de contribuir á la mejor resolucion y acierto en la mas económica administracion de los intereses de una renta de tan poco producto y rendimiento, y procurar al comercio y vecindario de Filipinas el alivio de esa carga ó gravámen que se le imponia, segun que de todo llegaron á enterarse por lo que sobre esta cuestion vieron en los periódicos á su llegada á Madrid, y cuyos artículos, como conducentes á ilustrar estas reflexiones, se copian á continuacion. ...
En la línea 439
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... , conformidad con el dictámen del asesor de gobierno, hoy digno diputado á Córtes y en virtud de Real confirmacion; de cuyos antecedentes no se hace mas referencia, porque no lo permiten ciertas consideraciones de reserva, de prudencia y de política, que no habrán podido estar al alcance del censurador. ...
En la línea 825
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El Nautilus parecía inmóvil. La causa de ello era que faltaban los puntos de referencia. A veces, sin embargo, las líneas de agua, divididas por su espolón, huían ante nosotros con gran rapidez. Maravillados, con los codos apoyados en las vitrinas, permanecíamos silenciosos, en un silencio que expresaba elocuentemente nuestra estupefacción. Conseil rompió el silencio, diciendo: ...
En la línea 2654
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... En tales condiciones, el barómetro se mantuvo generalmente muy bajo y llegó a caer incluso hasta 73 cms. Ninguna garantía ofrecían ya las indicaciones de la brújula. Enloquecidas, sus agujas marcaban direcciones contradictorias al acercarse al Polo Sur magnético, que no se confunde con el geográfico. En efecto, según Hansten, el polo magnético está situado a unos 70º de latitud y 130º de longitud, en tanto que para Duperrey se halla, según sus observaciones, a 135º de longitud y 70º 30'de latitud. Había que proceder a numerosas observaciones en los compases instalados en diferentes puntos del navío y sacar la media. Pero a menudo había que confiarse a la estima para calcular el rumbo seguido, método poco satisfactorio en medio de aquellos pasos sinuosos cuyos puntos de referencia cambiaban a cada momento. ...
En la línea 923
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Entonces, él y mi hermana empezaban a decir una sarta de tonterías con respecto a la señorita Havisham y acerca de lo que ella haría por mí. Al oírles sentía ganas de echarme a llorar y de arrojarme contra Pumblechook y aporrearle con toda mi alma. En tales diálogos, mi hermana me hablaba como si, moralmente, me arrancara un diente a cada referencia que hacía de mí; en tanto que Pumblechook, que se había constituido a sí mismo en mi protector, permanecía sentado y observándome con cierto desdén, cual arquitecto de mi fortuna que se viese comprometido a realizar un trabajo nada remunerador. ...
En la línea 1116
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Como yo estaba enterado de algo más, supuse que pertenecería a mi penado, es decir, que era el mismo que vi limar en los marjales, mas a pesar de ello no le acusaba de haberlo empleado en herir a mi hermana. Y eso porque sospechaba que otras dos personas lo hubiesen encontrado, utilizándolo para cometer el crimen. Sin duda alguna, el asesino era Orlick o bien aquel hombre extraño que me enseñó la lima. Con referencia al primero, se comprobó que había ido a la ciudad, exactamente como nos dijo cuando le encontramos en la barrera. Por la tarde lo vieron varias personas por las calles y estuvo en compañía de 58 otras en algunas tabernas, hasta que regresó conmigo mismo y con el señor Wopsle. De modo que, a excepción de la pelea, no se le podía hacer ningún cargo. Por lo demás, mi hermana se había peleado con él y con todo el mundo más de diez mil veces. En cuanto a aquel hombre extraño, en caso de que hubiese regresado en busca de sus dos billetes de banco, nadie se los habría disputado, porque mi hermana estaba más que dispuesta a devolvérselos. Por otra parte, no hubo altercado, pues era evidente que el criminal llegó silenciosa y repentinamente y la víctima quedó tendida en el suelo antes de poder volver la cabeza. Era horrible pensar que yo había facilitado el arma, aunque, naturalmente, sin imaginar lo que podía resultar; pero apenas podía apartar de mi cerebro aquel asunto. Sufrí angustias indecibles mientras pensaba en si, por fin, debería referir a Joe aquella historia de mi infancia. Todos los días, y durante varios meses siguientes, decidí no decir nada, pero a la mañana siguiente volvía a reflexionar y a contradecirme a mí mismo. Por último tomé una resolución decisiva en el sentido de guardar silencio, porque tuve en cuenta que el secreto ya era muy antiguo, y como me había acompañado durante tanto tiempo, convirtiéndose ya en una parte de mí mismo, no podía decidirme a separarme de él. Además, tenía el inconveniente de que, habiendo sido tan desagradables los resultados de mi conducta, ello me privaría del afecto de Joe, si creía en la verdad de mis palabras, y, en el caso de que no las creyese, irían a sumarse en la mente de mi amigo con mis invenciones de los perros fabulosos y de las costillas de ternera. Pero sea lo que fuere, contemporicé conmigo mismo y resolví revelar mi secreto en caso de que éste pudiera servir para ayudar al descubrimiento del asesino. ...
En la línea 1117
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... La policía mandada de Londres frecuentó los alrededores de la casa por espacio de una o dos semanas e hizo todo cuanto yo había oído y leído con referencia a casos semejantes. Prendieron a varios inocentes, siguieron pistas falsas y persistieron en hacer concordar las circunstancias con las ideas, en vez de tratar de deducir ideas de las circunstancias. También frecuentaron bastante Los Tres Alegres Barqueros, llenando de admiración a los parroquianos, que los miraban con cierta reserva; y tenían un modo misterioso de beber, que casi valía tanto como si hubiesen prendido al culpable. Pero ello no equivalió a tal éxito, porque no consiguieron descubrir al criminal. ...
En la línea 1261
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Ya me lo figuro — dijo el abogado —. Ahora, señor Pip, debe usted tener en cuenta que el nombre de la persona que se convierte en su bienhechor ha de quedar absolutamente secreto, hasta que esta persona crea que ha llegado la ocasión de revelarlo. Tengo autorización de esta persona para comunicarle que ella misma se lo revelará directamente, de palabra. Ignoro cuándo o dónde lo hará, pues nadie puede decirlo. Posiblemente pueden pasar varios años. Además, sepa que se le prohíbe hacer ninguna indagación ni alusión o referencia acerca de esa persona, por velada que sea la insinuación, con objeto de averiguar la personalidad de su bienhechor, en cualquiera de las comunicaciones que usted pueda dirigirme. Si en su pecho abriga usted alguna sospecha o suposición, guárdesela para sí mismo. Nada importa cuáles puedan ser las razones de semejante prohibición. Tal vez sean de extremada gravedad o consistan solamente en un capricho. Usted no ha de tratar de averiguarlo. La condición es rigurosa. Ya le he dado cuenta de esta condición. La aceptación de ella y su observancia y obediencia es lo último que me ha encargado la persona que me ha dado sus instrucciones y hacia la cual no tengo otra responsabilidad. Esta persona es la misma a quien deberá usted su espléndido porvenir, y el secreto está solamente en posesión de ella misma y de mí. Nuevamente repito que no es muy difícil de cumplir la condición que le imponen para alcanzar este mejoramiento de fortuna; pero si tiene algún inconveniente en aceptarla, no tiene más que decirlo. Hable. Una vez más, tartamudeé con dificultad que no tenía nada que objetar. ...

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Errores Ortográficos típicos con la palabra Referencia
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