Cómo se escribe.org.es

La palabra quinta
Cómo se escribe

la palabra quinta

La palabra Quinta ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Amnesia de Amado Nervo
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece quinta.

Estadisticas de la palabra quinta

Quinta es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 3506 según la RAE.

Quinta tienen una frecuencia media de 26.45 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la quinta en 150 obras del castellano contandose 4021 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Quinta

Cómo se escribe quinta o kinta?


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece quinta

La palabra quinta puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 361
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Ante el portal de la quinta hay unos fragmentos de estelas que tienen profundamente grabados versos en sánscrito, sacados de los vedas, tan oscuros como si estuviesen en caracteres rúnicos; son piedras traídas por Castro desde Goa, brillantísimo escenario de su gloria, antes de que Portugal cayera en su profunda decadencia. ...

En la línea 5303
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Los varones prudentes, las repúblicas bien concertadas, por cuatro cosas han de tomar las armas y desenvainar las espadas, y poner a riesgo sus personas, vidas y haciendas: la primera, por defender la fe católica; la segunda, por defender su vida, que es de ley natural y divina; la tercera, en defensa de su honra, de su familia y hacienda; la cuarta, en servicio de su rey, en la guerra justa; y si le quisiéremos añadir la quinta, que se puede contar por segunda, es en defensa de su patria. ...

En la línea 6686
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Cuatro veces dieron lugar las botas para ser empinadas; pero la quinta no fue posible, porque ya estaban más enjutas y secas que un esparto, cosa que puso mustia la alegría que hasta allí habían mostrado. ...

En la línea 1670
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 8 de abril.- Dejamos el valle de Aconcagua, por el cual hemos bajado, y por la tarde llegamos a una quinta cerca de la villa de Santa Rosa. Qué admirable fertilidad en esta llanura! Avanza el otoño y todos los árboles frutales se desprenden de sus hojas; los campesinos se ocupan en secar los duraznos y los higos en los techos de sus quintas; otros hacen la vendimia, todo lo cual forma muy alegres cuadros; pero falta esa tranquilidad que en Inglaterra hace realmente del otoño la tarde del año. ...

En la línea 852
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¡Malhaya el dignísimo Obispo, salvo el respeto debido, malhaya el dignísimo Obispo don García Madrejón que consintió este confuso acervo de adornos y follajes, quinta esencia de lo barroco, de la profusión manirrota y de la falsedad. ...

En la línea 1351
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Ozores dio órdenes para que se vendiese como se pudiera en la provincia de Vetusta la poca hacienda que no había malbaratado antes, y la mitad del producto de tan loca enajenación la dedicó a la compra de aquella quinta de su amigo Iriarte. ...

En la línea 1450
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Doña Camila y Ana se trasladaron a Madrid y allí vivían parte del año los tres juntos, pero el verano y el otoño los pasaban en la quinta de Loreto. ...

En la línea 1524
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Prefirió retirarse a su quinta de Loreto, accediendo a las súplicas de Anita que se lo pedía con las manos en cruz. ...

En la línea 2039
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... La copa aquella estaba en la sala de doña Lupe; mas no se encendía nunca. Maximiliano sabía su procedencia, así como la de un bargueño y un armario soberbio que en la alcoba estaban. La mesa en que el estudiante escribía entró en la casa de la misma manera, y la vajilla buena que se usaba en ciertos días fue adquirida por la quinta parte de su valor, en pago de un pico que adeudaba una amiga íntima. Doña Silvia había hecho el negocio, que doña Lupe no se atreviera a tanto. Un centro de plata, dos bandejas del mismo metal y una tetera que la señora mostraba con orgullo, habían ido a la casa empeñadas también por una amiga íntima y allí se quedaron por insolvencia. Maximiliano se había enterado de muchos pormenores concernientes a los manejos de su tía. Las alhajas, vestidos de señora, encajes y mantones de Manila que pasaban a ser suyos, tras largo cautiverio, vendíalos por conducto de una corredora llamada Mauricia la Dura. Esta iba a la casa con frecuencia en otros tiempos; pero ya apenas corría, y doña Lupe la echaba muy de menos, porque aunque era muy alborotada y disoluta, cumplía siempre bien. Asimismo había podido observar Maximiliano en su propia casa lo implacable que era su tía con los deudores, y de este conocimiento vino el inspirado juicio que formuló de esta manera: «Si me caso con Fortunata y si la suerte nos trae escaseces, antes pediremos limosna por las calles que pedir a mi tía un préstamo de dos pesetas… Mientras más amigos, más claros». ...

En la línea 3232
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El Delfín había entrado, desde los últimos días del 74, en aquel periodo sedante que seguía infaliblemente a sus desvaríos. En realidad no era aquello virtud, sino cansancio del pecado; no era el sentimiento puro y regular del orden, sino el hastío de la revolución. Verificábase en él lo que D. Baldomero había dicho del país; que padecía fiebres alternativas de libertad y de paz. A los dos meses de una de las más graves distracciones de su vida, su mujer empezaba a gustarle lo mismito que si fuera la mujer de otro. La bondad de ella favorecía este movimiento centrípeto, que se había determinado por quinta o sexta vez desde que estaban casados. Ya en otras ocasiones pudo creer Jacinta que la vuelta a los deberes conyugales sería definitiva; pero se equivocó, porque el Delfín, que tenía en el cuerpo el demonio malo de la variedad, cansábase de ser bueno y fiel, y tornaba a dejarse mover de la fuerza centrífuga. Mas era tanta la alegría de la esposa al verle enmendado, que no pensaba que aquella enmienda fuera como un descanso, para emprenderla después con más brío por esos mundos de Dios. También esto concordaba con un pensamiento de D. Baldomero, que decía: «Cuando el país remite, y fortalece con su opinión la autoridad, no es que ame verdaderamente el orden y la ley, sino que se pone en cura y hace sangre para saciar después con mejor gusto el apetito de las trifulcas». ...

En la línea 5218
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Fortunata sentía leve consuelo en su alma, y se decía: «¡Si Dios quisiera que se pusiera bueno… ! Pero cómo va Dios a hacer nada que yo le pida… ¡Si soy lo más malo que Él ha echado al mundo! Para mí esta casa se tiene que acabar. ¿A dónde me retiraré? ¿Qué será de mí? Pero a donde quiera que vaya, me gustará saber de este pobrecito, el único que me ha querido de verdad, el que me ha perdonado dos veces y me perdonaría la tercera… y la cuarta… Yo creo que me perdonaría también la quinta, si no tuviera esa cabeza como un campanario. Y esto es por culpa mía. ¡Ay, Cristo, qué remordimiento tan grande! Iré con este peso a todas partes, y no podré ni respirar». ...

En la línea 377
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Para Sandokán quedarse en la quinta, cerca de la joven que lo fascinaba, era la vida, era todo. No pedía más por el momento. ...

En la línea 460
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... El almuerzo ofrecido por lord James a los invitados fue uno de los más espléndidos y alegres que se habían dado hasta entonces en la quinta. ...

En la línea 525
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Apenas llegó a la quinta, preguntó por el lord, pero le informaron que no había vuelto. ...

En la línea 875
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —En la quinta de lord Guillonk. ...

En la línea 1680
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Claro que no. Esta blancura que tanto te sorprende es debida a la presencia de miríadas de infusorios, una especie de gusanillos luminosos, incoloros y gelatinosos, del grosor de un cabello y con una longitud que no pasa de la quinta parte de un milímetro. Estos infusorios se adhieren entre sí formando una masa que se extiende sobre varias leguas. ...

En la línea 29
del libro Amnesia
del afamado autor Amado Nervo
... Estaba visto que la mala suerte (así lo creía yo en mi ceguera) me había de seguir a todos los escondrijos. A pesar de nuestras precauciones, el alumbramiento de Luisa fue inesperado. El médico se hallaba en Valladolid, a cientos de kilómetros nuestra quinta; la comadrona estuvo en su cometido a la altura de un zapato, y Luisa, a consecuencia de un descuido tuvo una hemorragia tal, que por poco deja huérfana a la pobre niña que vino al mundo en circunstancias tan tristes. ...

En la línea 50
del libro Amnesia
del afamado autor Amado Nervo
... Las palabras de aquel sabio médico -que por pura casualidad no era materialista- me sedujeron, y algunos días después, con mi esposa, mi hija y mis fieles criados, me instalaba en una hermosa quinta de Santander, desde la cual el panorama era admirable, como todos los panoramas de la Montaña. ...

En la línea 64
del libro Amnesia
del afamado autor Amado Nervo
... Algún tiempo después, la infeliz quedó sorda y muda, no pudiendo oír ni aun los ruidos más fuertes y hablando por señas con toda facilidad. Pronto se reveló en ella una quinta personalidad. Cierto día empezó a hablar de nuevo, diciendo que solamente tenía tres días de edad; afirmaba también que el fuego era negro, y lo que es más notable, todas las palabras que pronunciaba las decía al revés, esto es, empezando por la última letra, sin equivocarse nunca. Pasado algún tiempo, su inteligencia pareció entrar en un periodo de normalidad, pero hubo que enseñarla a leer y escribir. Negaba haber visto jamás al doctor Wilson, y en ocasiones perdía por completo el uso de sus manos. ...

En la línea 313
del libro Amnesia
del afamado autor Amado Nervo
... Volvimos a nuestro rinconcito campestre, a nuestra quinta llena de árboles y flores, y en el momento en que el ama ponía a Carmen (que tendía los brazos a su madre) en el regazo de Blanca, «la otra» se manifestó repentinamente con irrupción patética, trágica… ...

Más información sobre la palabra Quinta en internet

Quinta en la RAE.
Quinta en Word Reference.
Quinta en la wikipedia.
Sinonimos de Quinta.

Busca otras palabras en esta web

Palabras parecidas a quinta

La palabra agreste
La palabra suponerse
La palabra borra
La palabra empero
La palabra recibirla
La palabra intervalos
La palabra admirables

Webs Amigas:

Ciclos Fp de Administración y Finanzas en Lleida . catedral de split . VPO en Orense . - Hotel en Cáceres Don Fernando