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La palabra promesas
Cómo se escribe

la palabra promesas

La palabra Promesas ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece promesas.

Estadisticas de la palabra promesas

Promesas es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 5643 según la RAE.

Promesas aparece de media 15.84 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la promesas en las obras de referencia de la RAE contandose 2408 apariciones .

Más información sobre la palabra Promesas en internet

Promesas en la RAE.
Promesas en Word Reference.
Promesas en la wikipedia.
Sinonimos de Promesas.


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece promesas

La palabra promesas puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 4120
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Entonces D'Artagnan dejó de golpear y rogó con un acento tan lle no de inquietud y de promesas, de terror y zalamería, que su voz era capaz por naturaleza de tranquilizar al más miedoso. ...

En la línea 7610
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Tal mujer puede encontrarse: el duque es hombre de aventur as galantes y si ha sembrado muchos amores con sus promesas de constancia eterna, ha debido sembrar muchos odios también por sus continuas infidelidades. ...

En la línea 8385
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Estad, por tanto, tranquilos; dentro de dos horas, de cuatro, de seis a más tardar, Plan chet estará aquí: ha prometido estar aquí, y yo tengo grandísima fe ear las promesas de Planchet, que me parece un muchacho muy valiente. ...

En la línea 1036
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y desta manera fue nombrando muchos caballeros del uno y del otro escuadrón, que él se imaginaba, y a todos les dio sus armas, colores, empresas y motes de improviso, llevado de la imaginación de su nunca vista locura; y, sin parar, prosiguió diciendo: -A este escuadrón frontero forman y hacen gentes de diversas naciones: aquí están los que bebían las dulces aguas del famoso Janto; los montuosos que pisan los masílicos campos; los que criban el finísimo y menudo oro en la felice Arabia; los que gozan las famosas y frescas riberas del claro Termodonte; los que sangran por muchas y diversas vías al dorado Pactolo; los númidas, dudosos en sus promesas; los persas, arcos y flechas famosos; los partos, los medos, que pelean huyendo; los árabes, de mudables casas; los citas, tan crueles como blancos; los etiopes, de horadados labios, y otras infinitas naciones, cuyos rostros conozco y veo, aunque de los nombres no me acuerdo. ...

En la línea 1937
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Resta ahora decir cuál quedé yo viendo, en el sí que había oído, burladas mis esperanzas, falsas las palabras y promesas de Luscinda: imposibilitado de cobrar en algún tiempo el bien que en aquel instante había perdido. ...

En la línea 2000
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Los billetes que, sin saber cómo, a mis manos venían, eran infinitos, llenos de enamoradas razones y ofrecimientos, con menos letras que promesas y juramentos. ...

En la línea 2374
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Porque yo tengo para mí, ¡oh amigo!, que no es una mujer más buena de cuanto es o no es solicitada, y que aquella sola es fuerte que no se dobla a las promesas, a las dádivas, a las lágrimas y a las continuas importunidades de los solícitos amantes. ...

En la línea 1175
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... s hace promesas engañosas; nos asalta tremenda tempestad del- noroeste con acompañamiento de lluvia torrencial ...

En la línea 426
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Solía volver a sus novelas de la hora de dormirse la imagen de la Regenta, y entablaba con ella, o con otras damas no menos guapas, diálogos muy sabrosos en que ponía el ingenio femenil en lucha con el serio y varonil ingenio suyo; y entre estos dimes y diretes en que todo era espiritualismo y, a lo sumo, vagas promesas de futuros favores, le iba entrando el sueño al arqueólogo, y la lógica se hacía disparatada, y hasta el sentido moral se pervertía y se desplomaba la fortaleza de aquel miedo que poco antes salvara al doctor en teología. ...

En la línea 6261
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Recordó todo lo que se habían dicho y que había hablado como con nadie en el mundo con aquel hombre que le había halagado el oído y el alma con palabras de esperanza y consuelo, con promesas de luz y de poesía, de vida importante, empleada en algo bueno, grande y digno de lo que ella sentía dentro de sí, como siendo el fondo del alma. ...

En la línea 10037
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ; todo contribuía a deslumbrar al buen ateo, que contemplaba sonriendo y fascinado el conjunto claro, alegre, fresco, vivo, lleno de promesas, de la mesa aún pulcra, correcta, intacta. ...

En la línea 10138
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Salí de allí por un armisticio, con promesas de futura victoria. ...

En la línea 952
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Mientras tanto, Carlos VIII justificaba sus preparativos guerreros con un fin falsamente religioso. Luego que se apoderase del reino de Nápoles, iría a conquistar a Constantinopla y Jerusalén (¡el eterno pretexto de la cruzada!); pero ni él ni sus capitanes pensaban en cumplir tales promesas. ...

En la línea 979
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Alejandro no sabía qué hacer. Su valor sereno y confiado le evitaba las ofuscaciones del pánico. Seguía esperando un auxilio providencial, aunque ignoraba de dónde podía venir. Los reyes españoles, que le habían empujado a la situación presente, sólo enviaban promesas. ...

En la línea 1005
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El 22 de febrero ya había entrado en Nápoles con honores de héroe. Llegaba el momento de cumplir sus promesas de cruzado, marchando sobre Constantinopla, luego de pasar por Grecia, que le esperaba impaciente por librarse de los turcos. ...

En la línea 1042
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Extinguida esta protesta interior contra la viuda de Gamboa, volvió Borja a considerar las proposiciones de don Arístides con el mismo respeto que cuando vivía sometido a su tutela. ¿Por qué no casarse?… Alguna, vez tendría que imitar el ejemplo de los demás, y mejor era Estela que cualquiera otra de las mujeres que podían salirle al camino. Aquellas embozadas promesas de honores alcanzados por el hecho de ser yerno de Bustamante no le emocionaban. Sólo tenía en cuenta el dulce carácter de ella, o, mejor dicho, su ausencia de verdadero carácter, lo que le haría plegarse en todo a las costumbres y las ideas de su esposo. ...

En la línea 1476
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Luego hizo preguntas a la joven para conocer las últimas noticias de la revolución, y, sobre todo, si eran muchas las fuerzas militares que habían quedado en la capital. Popito, satisfecha de las promesas del gigante, hablo con más tranquilidad. ...

En la línea 3146
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Iba también a aquel corrillo Aparisi el concejal, a quien tenían ya medio trastornado los apóstoles, Pepe Samaniego, que no se dejaba embaucar, y Dámaso Trujillo, el dueño de la zapatería titulada Al ramo de azucenas, que todo se lo creía como un bendito, y a solas en su casa hacía experimentos con una banqueta de zapatero. En la mesa próxima había empleados de Hacienda, Gobernación y Ultramar, y una tanda de cesantes. Entre ellos vio Rubín al individuo a quien sólo faltaban dos meses de empleo para poder pedir su jubilación. Tenía pintada en su cara la ansiedad más terrible; su piel era como la cáscara de un limón podrido, sus ojos de espectro, y cuando se acercaba a la mesa de los espiritistas, parecía uno de aquellos seres muertos hace miles de años, que vienen ahora por estos barrios, llamados por el toque de la pata de un velador. El clima de Cuba y Filipinas le había dejado en los huesos, y como era todo él una pura mojama, relumbraban en su cara las miradas de tal modo que parecía que se iba a comer a la gente. A un guasón se le ocurrió llamarle Ramsés II, y cayó tan en gracia el mote, que Ramsés II se quedó. Pasando con desdén por junto a los espiritistas, se sentaba en el círculo de los empleados, oyendo más bien que hablando, y permitiéndose hacer tal cual observación con voz de ultratumba, que salía de su garganta como un eco de las frías cavernas de una pirámide egipcia. «Dos meses, nada más que dos meses me faltan, y todo se vuelve promesas, que hoy, que mañana, que veremos, que no hay vacante… ». ...

En la línea 4266
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El herrero se excusaba con voz balbuciente, y por fin hizo juramento de dar los gatillos para el jueves, sí, para el jueves, con toda seguridad… Había tenido un encargo con muchas prisas… pero en seguida se pondría con los gatillos de la señora, y los tendría, los tendría por encima de la cabeza de Cristo para el día señalado. Volvió la fundadora a sermonearle, pues no se contentaba con promesas, y se despidió diciendo que si no estaban el jueves, se podía quedar con ellos. Salió el Sr. Pepe, haciendo cortesías, hasta media calle, y las dos señoras subieron despacio hacia la del Ave-María. ...

En la línea 4872
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —No; ese es el caso. Fenelón había ido a París a hacer compras. En París estaba Moreno, le vio… y chitito callando se fue a Royan, sabiendo que me cogía sola y descuidada. Descuido fue, que aquella vez, hija, no pude zafarme como cuando la del coche… ¡Ay!, estas cosas te las cuento a ti, porque sé que eres callada y no me has de hacer traición. ¡Si mamá lo supiera… ! En fin, que el muy tunante se divirtió todo lo que quiso, y después la del humo. Llegó el 70, y al pobrecito Fenelón le mataron esos infames prusianos. Fue un dolor… ¡ah! por ser valiente, ¡por empeñarse en salir en una descubierta! Era un hombre tan patriota, que por salvar a su querida Francia, habría dado él cien vidas que tuviera… Pero vamos al otro, a ese solterón estragado… Cuando enviudé, dije: «Pues ahora, si de veras le gusto… ». ¡Quia! Me le encontré en Madrid al año siguiente, y como si tal cosa. ¿Creerás que me dijo algo de amor? ¿Creerás que se acordaba de cumplir las promesas que me había hecho? Buen cumplimiento nos dé Dios. Hija, frialdad igual no he visto. Te aseguro, que me dan ganas, por ejemplo, de clavarle un puñal… Cierto que me ofreció lo que yo quisiera para establecerme… pero no quise tomar nada de aquellas manos. ¡Monstruo! Cuando le dio al primo Pepe el dinero para la gran tienda, puso por condición que me había de colocar al frente de las labores… Pero no se lo agradezco, palabra de honor, no se lo agradezco… ...

En la línea 5916
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Me hace usted temblar (alarmándose). Vamos; el pecado ese es de lo más atroz que puede haber. Él, si los mata, peca menos que usted, por haberle mandado que lo hiciera, acalorándole con promesas. ...

En la línea 4569
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... «¡No, hay que terminar! ‑se dijo, volviendo en sí‑. Pensemos en otra cosa. Es verdaderamente extraño y curioso que yo no haya odiado jamás seriamente a nadie, que no haya tenido el deseo de vengarme de nadie. Esto es mala señal… ¡Cuántas promesas le he hecho! Esa mujer podría haberme gobernado a su antojo.» ...

En la línea 4707
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Se había despedido apresuradamente, al advertir una extraña expresión en los ojos de Dunia mientras le hacía sus últimas promesas. ...

Errores Ortográficos típicos con la palabra Promesas

Cómo se escribe promesas o prromesas?
Cómo se escribe promesas o promezaz?

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