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La palabra petrificados
Cómo se escribe

la palabra petrificados

La palabra Petrificados ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece petrificados.

Estadisticas de la palabra petrificados

La palabra petrificados no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE

Errores Ortográficos típicos con la palabra Petrificados

Cómo se escribe petrificados o petrrificados?
Cómo se escribe petrificados o petrificadoz?

Más información sobre la palabra Petrificados en internet

Petrificados en la RAE.
Petrificados en Word Reference.
Petrificados en la wikipedia.
Sinonimos de Petrificados.


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece petrificados

La palabra petrificados puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1637
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... an árboles petrificados; once se hallaban convertidos en sílice y otros treinta o cuarenta en espato calizo groseramente cristalizado ...

En la línea 1643
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... arte de esto, las fuerzas, siempre activas, que a diario modifican la superficie de la tierra, habían ejercido también su imperio; porque esos inmensos acumulos de capas se hallan ahora cortados por valles profundos, y los árboles petrificados salen hoy transformados en roca, donde antes levantaban su admirable copa verde ...

En la línea 1824
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... y allí grandes cantidades de troncos de árboles caídos, petrificados y empotrados en un conglomerado: uno de esos troncos, que he medido, tiene 15 pies de circunferencia. No es extraño que cada uno de los átomos de material leñoso de esos inmensos cilindros haya desaparecido para dejar en su lugar un átomo de sílex, y esto de tal manera que cada vaso, cada poro, ha quedado admirablemente reproducido? Estos árboles existían casi en la misma época que nuestra creta inferior, y pertenecían todos a la familia de los pinos ...

En la línea 2699
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Acompaño al capitán Fitz-Roy al cabo Bald Head, de que tanto han hablado los navegantes; unos, imaginando ver allí corales, otros, árboles petrificados en la posición en que crecieron. mi concepto han formado las capas el viento, que ha levantado partículas de arena sumamente finas, compuestas de detritus de conchas y corales, y esta arena se ha acumulado en las ramas y en las raíces de los árboles, del mismo modo que sobre muchas conchas terrestres ...

En la línea 1605
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Yo conocía los últimos estudios hechos sobre este curioso zoófito que se mineraliza al arborizarse, según la muy atinada observación de los naturalistas, y nada podía tener mayor interés para mí que visitar uno de esos bosques petrificados que la naturaleza ha plantado en el fondo del mar. ...

En la línea 1610
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Pero pronto los «matorrales» se espesaron y crecieron las formaciones arbóreas, abriéndose ante nosotros verdaderos sotos petrificados y largas galerías de una arquitectura fantástica. El capitán Nemo se adentró por una de ellas a lo largo de una suave pendiente que nos condujo a una profundidad de cien metros. La luz de nuestras linternas arrancaba a veces mágicos efectos de las rugosas asperezas de aquellos arcos naturales y de las pechinas que semejaban lucernas a las que hacía refulgir con vivos centelleos. Entre los arbustos de coral vi otros pólipos no menos curiosos, melitas, iris con ramificaciones articuladas, matojos de coralinas, unas verdes y otras rojas, verdaderas algas enquistadas en sus sales calcáreas, a las que los naturalistas han alojado definitivamente, tras largas discusiones, en el reino vegetal. Un pensador ha dicho que «quizá se halle allí el límite real a partir del cual la vida empieza a salir del sueño de la piedra, sin por ello liberarse totalmente y todavía de su rudo punto de partida». ...

En la línea 1611
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Al cabo de dos horas de marcha habíamos llegado a una profundidad de unos trescientos metros, es decir, al límite extremo de la formación del coral. Allí no existía ya ni el aislado «matorral» ni el «bosquecillo» de monte bajo. Era el dominio del bosque inmenso, de las grandes vegetaciones minerales, de los enormes árboles petrificados, reunidos por guirnaldas de elegantes plumarias, esas lianas marinas, cuya belleza realzaban sus matices de color y sus destellos fosforescentes. Andábamos fácilmente bajo los altos ramajes perdidos en la oscuridad de las aguas, mientras a nuestros pies, las tubíporas, las meandrinas, las astreas, las fungias, las cariófilas, formaban un tapiz de flores sembrado de gemas resplandecientes. ...

En la línea 2369
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... A las dos horas de nuestra partida del Nautilus habíamos atravesado la línea de árboles, y ya, a cien pies por encima de nuestras cabezas, se erguía el pico de la montaña cuya proyección trazaba su sombra sobre la brillante irradiación de la vertiente opuesta. Algunos arbustos petrificados corrían aquí y allá en ondulantes zigzags. Los peces se levantaban en masa bajo nuestros pasos como pájaros sorprendidos en las altas hierbas. La masa rocosa estaba torturada por impenetrables anfractuosidades, profundas grutas, insondables agujeros en cuyos fondos oía yo removerse cosas formidables. La sangre me asaltaba a torrentes el corazón cuando veía una antena enorme cerrarme la ruta o cuando alguna pinza espantosa se cerraba ruidosamente en la sombra de las cavidades. Millares de puntos luminosos acribillaban las tinieblas. Eran los ojos de crustáceos gigantescos, agazapados en sus guaridas, de enormes bogavantes erguidos como alabarderos haciendo resonar sus patas con un estrépito de chatarra, titánicos cangrejos apuntados como cañones sobre sus cureñas, y pulpos espantosos entrelazando sus tentáculos como un matorral vivo de serpientes. ...


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