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La palabra obligaciones
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la palabra obligaciones

La palabra Obligaciones ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Memoria De Las Islas Filipinas. de Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece obligaciones.

Estadisticas de la palabra obligaciones

Obligaciones es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 3657 según la RAE.

Obligaciones tienen una frecuencia media de 25.42 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la obligaciones en 150 obras del castellano contandose 3864 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Obligaciones

Cómo se escribe obligaciones o hobligaciones?
Cómo se escribe obligaciones o obligacionez?
Cómo se escribe obligaciones o obligaziones?
Cómo se escribe obligaciones o ovligaciones?
Cómo se escribe obligaciones o oblijaciones?


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece obligaciones

La palabra obligaciones puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 326
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Esas obras pias son unos pequeños bancos donde acuden á tomar fondos bajo las garantías que se convienen los que para sus negocios necesitan ausilios pecuniarios, se administran por vecinos que deben ser cofrades de las respectivas corporaciones á cuyo cargo se hallan, bajo ciertas reglas, reglamentos ó estatutos que marcan las respectivas obligaciones, y todos no son mas que unos ejecutores de las últimas voluntades de los testadores que les legaron sus fondos para los usos que tuvieron por conveniente señalar. ...

En la línea 451
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... que á estos empleados se les obligue desde luego á renunciar semejantes acciones en la Nao y las demas comisiones de comercio, y aun los destinos que obtengan y no sean compatibles con el exacto desempeño de las obligaciones de sus empleos de real hacienda, conforme á lo dispuesto en las leyes y Reales órdenes de la materia, y que de lo contrario sean separados inmediatamente, dando V. ...

En la línea 486
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... En la memoria citada, despues de comentarse prácticamente el progresivo y considerable aumento de las rentas en Filipinas, con pago de gruesas cantidades por deudas atrasadas de mas de 40 años, y despues de dejar cubiertas todas las atenciones, cargas y obligaciones del tesoro, habia en él totalmente libres en aquella fecha (1835) muy cerca de un millon de pesos fuertes en existencia metálica, y los almacenes, fábricas &c. ...

En la línea 1779
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Las obligaciones son ligeras y privilegios grandes. ...

En la línea 6540
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Sus palabras produjeron tal efecto, que muy poco tiempo después el marinero tendía la mano al capitán, mostrándose dispuesto a volver con él a bordo y a cumplir sus obligaciones, añadiendo que el capitán, después de todo, era el hombre mejor del mundo. ...

En la línea 3063
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... »Digo, en fin, que entonces llegó en todo estremo aderezada y en todo estremo hermosa, o, a lo menos, a mí me pareció serlo la más que hasta entonces había visto; y con esto, viendo las obligaciones en que me había puesto, me parecía que tenía delante de mí una deidad del cielo, venida a la tierra para mi gusto y para mi remedio. ...

En la línea 4721
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Todos los caballeros tienen sus particulares ejercicios: sirva a las damas el cortesano; autorice la corte de su rey con libreas; sustente los caballeros pobres con el espléndido plato de su mesa; concierte justas, mantenga torneos y muéstrese grande, liberal y magnífico, y buen cristiano, sobre todo, y desta manera cumplirá con sus precisas obligaciones. ...

En la línea 4927
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Llegó, en fin, cansado y sin aliento, y, puesto delante de los desposados, hincando el bastón en el suelo, que tenía el cuento de una punta de acero, mudada la color, puestos los ojos en Quiteria, con voz tremente y ronca, estas razones dijo: -Bien sabes, desconocida Quiteria, que conforme a la santa ley que profesamos, que viviendo yo, tú no puedes tomar esposo; y juntamente no ignoras que, por esperar yo que el tiempo y mi diligencia mejorasen los bienes de mi fortuna, no he querido dejar de guardar el decoro que a tu honra convenía; pero tú, echando a las espaldas todas las obligaciones que debes a mi buen deseo, quieres hacer señor de lo que es mío a otro, cuyas riquezas le sirven no sólo de buena fortuna, sino de bonísima ventura. ...

En la línea 6764
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... En resolución, en este tiempo yo he tanteado las cargas que trae consigo, y las obligaciones, el gobernar, y he hallado por mi cuenta que no las podrán llevar mis hombros, ni son peso de mis costillas, ni flechas de mi aljaba; y así, antes que diese conmigo al través el gobierno, he querido yo dar con el gobierno al través, y ayer de mañana dejé la ínsula como la hallé: con las mismas calles, casas y tejados que tenía cuando entré en ella. ...

En la línea 2378
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Mauricia creía que estaba ya bastante iluminada, porque la excitación encendía sus ideas dándole un cierto entusiasmo; y después de hacer un poco de ejercicio corporal colgándose de la reja, porque sus miembros apetecían estirarse, se puso a rezar con toda la devoción de que era capaz, luchando con las varias distracciones que llevaban su mente de un lado para otro, y por fin se quedó dormida sobre el duro lecho de tablas. Sacáronla del encierro al día siguiente temprano, y al punto se puso a trabajar en la cocina, sumisa, callada y desplegando maravillosas actividades. Después de cumplir una condena, lo que ocurría infaliblemente una vez cada treinta o cuarenta días, la mujer napoleónica estaba cohibida y como avergonzada entre sus compañeras, poniendo toda su atención en las obligaciones, demostrando un celo y obediencia que encantaban a las madres. Durante cuatro o cinco días desempeñaba sin embarazo ni fatiga la tarea de tres mujeres. Pasadas dos semanas, advertían que se iba cansando; ya no había en su trabajo aquella corrección y diligencia admirables; empezaban las omisiones, los olvidos, los descuidillos, y todo esto iba en aumento hasta que la repetición de las faltas anunciaba la proximidad de otro estallido. Con Fortunata volvió a intimar después de la escena violenta que he descrito, y juntas echaron largos párrafos en la cocina, mientras pelaban patatas o fregaban los peroles y cazuelas. Allí gozaban de cierta libertad, y estaban sin tocas y en traje de mecánica como las criadas de cualquier casa. ...

En la línea 3848
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Cuando le daban tales pruebas de confianza, delegando en ella la autoridad, la mona se crecía, y aguzado su entendimiento por la vanidad, desempeñaba sus obligaciones de un modo intachable. Doña Lupe, que ya la conocía bien, estaba segura de que sus órdenes serían cumplidas. Papitos hizo con la cabeza signos de inteligencia, y se sonreía la muy tunanta, pensando sin duda, ¡aquí que no peco!… en la cantidad de sal que le iba a echar a la merluza del señorito Nicolás. ...

En la línea 3910
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En la casa se hallaba muy bien. Había tenido seguramente en su vida temporadas de mayor felicidad, pero no de tan blando sosiego. Había visto días, los menos, eso sí, en que brillaba echando chispas el sol del alma, seguidos de otros en que se apagaba casi por completo; pero nunca vio una tan inalterable y mansa corriente de días tibios, iguales, de penumbra dulce y reparadora. Llevábase muy bien con doña Lupe, y con su marido le pasaba lo más extraño que imaginar pudiera. No digamos que le quería, según su concepto y definición del querer; pero le había tomado un cierto cariño como de hermana o hermano. No era ni podía ser el hombre por quien la mujer da su vida, encontrando espiritual goce en este sacrificio; era simplemente un ser cuya conservación y bienestar deseaba. Y así como se supone y casi se entrevé una tierra lejana cuando se va navegando a la aventura, así entreveía ella la contingencia de quererle con amor más firme, y de pasar a su lado toda la vida, llegando a no desear nunca otra mejor. En vez de rehuir las obligaciones de su casa, Fortunata hacía por extenderlas y aumentarlas, conociendo que el trabajo le ayudaba a sostenerse en aquel equilibrio, sin balances de dicha, pero también sin penas, el corazón adormecido y aplanado, como bajó la acción de un bálsamo emoliente. Acordábase de los dos casos que le había presentado el bueno de Feijoo, y pensaba si ocurriría lo que ella tuvo por más inverosímil, esto es, que se realizara el primero. ¿Llegaría a conformarse con tal vida, y a contenerse con aquel fruto desabrido del amor sin apetecer otro más dulzón y menos sano?… ...

En la línea 3912
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Desde la restauración de su legalidad doméstica había abandonalo por completo las lecturas filosóficas, reverdeciendo en su alma el mal curado dolor de su afrenta y los odios vengativos. Aquel ascetismo y aquel ver a Dios en sí fueron nada más que obra fugaz de la tristeza, o quizás de las circunstancias, y existían en su mente como esas lecciones, pegadas con saliva, que los estudiantes aprenden en los apuros del examen. Sus nuevas obligaciones en la botica le llamaban del lado de la química y de la farmacia, y se dedicó a esto con verdadero ardor, deseando aprender. Decíale doña Lupe que inventase algún específico, alguna papa cualquiera o antigualla que con nombre peregrino y nuevo pasase por prodigioso hallazgo; pero él se resistía porque lo consideraba impropio de la ciencia. Tía y sobrino tenían sobre esto altercados muy vivos… «¡Como si fuera un crimen idear cualquier clase de píldoras, cápsulas o grajeas, y allá te va un nombre!… ». «Cápsulas hipoquitropíticas vegetales… o animales, lo mismo da… del Doctor Rubín… infalibles… contra cualquier cosa… contra la tisis… o el moquillo de los perros… Lo que importa es descubrir algo y plantarle unas etiquetas muy chillonas con tu retrato… Eres un mandria. Si no inventas tú un específico, al fin tendré que inventarlo yo… Fortunata, dile que invente, hija, convéncele… Podéis ganar ríos de oro». ...

En la línea 855
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Ha perdido todo lo que había ganado antes, y además doce mil florines. Vamos a cambiar obligaciones al cinco por ciento —murmuré, rápidamente. ...

En la línea 905
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¡Qué fastidio! Alexei Ivanovitch, no me queda ni un céntimo. Aquí hay dos obligaciones, corre allá a cambiarlas inmediatamente. Sino, no tendré con qué pagar el viaje. ...

En la línea 981
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Y cuando la abuela, ya despojada de cuanto tenía, volvió a las ocho de la noche al hotel, tres o cuatro polacos no se decidían a abandonarla. Corrían a derecha e izquierda del sillón, vociferaban, aseguraban, con volubilidad, que ella les había engañado y les debía una compensación. Llegaron hasta la puerta del hotel, de donde los echaron a empujones. Según los cálculos de Potapytch, la abuela perdió en aquel día noventa mil rubios, sin contar el dinero perdido la víspera. Todos sus valores —obligaciones al cinco por ciento, rentas del Estado, acciones— desaparecieron unos tras otros. ...

En la línea 1011
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Esas obligaciones, caso de haberlas, me toca reconocerlas a mí. Yo le hubiese escrito… ...


El Español es una gran familia

Más información sobre la palabra Obligaciones en internet

Obligaciones en la RAE.
Obligaciones en Word Reference.
Obligaciones en la wikipedia.
Sinonimos de Obligaciones.

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