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La palabra molestias
Cómo se escribe

la palabra molestias

La palabra Molestias ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Niebla de Miguel De Unamuno
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece molestias.

Estadisticas de la palabra molestias

Molestias es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 7442 según la RAE.

Molestias aparece de media 11.33 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la molestias en las obras de referencia de la RAE contandose 1722 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Molestias

Cómo se escribe molestias o moleztiaz?

Más información sobre la palabra Molestias en internet

Molestias en la RAE.
Molestias en Word Reference.
Molestias en la wikipedia.
Sinonimos de Molestias.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece molestias

La palabra molestias puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2505
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Habiéndole dirigido un misionero algunas amonestaciones con ese motivo, le respondió muy sorprendido que creía haber seguido en absoluto el método inglés. viejo Shongi, que se hallaba en Inglaterra durante el proceso de la reina, no dejaba nunca de decir, cuando se le hablaba de ello, lo muy mal que le parecía aquel proceder. Cinco mujeres tengo, decía, y preferiría más cortarles la cabeza a todas que someterme a tales molestias por causa de una sola». ...

En la línea 3095
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... ras privaciones, que al principio no se sienten, producen pronto un gran vacío alrededor nuestro: la falta de una habitación independiente, donde poder descansar y recogerse; la sensación de prisa permanente; la privación de ciertas comodidades, la ausencia de la familia, la absoluta falta de música y de otros placeres que distraen la imaginación. hay para qué decir, al hablar de cosas tan insignificantes, que se está habituado ya a las molestias reales de la vida de marino y que no se teme ya nada a excepción de los accidentes propios de la navegación. estos sesenta últimos años se han hecho, en realidad, mucho más fáciles los viajes lejanos. tiempo de Cook, el que dejaba su casa para emprender tales expediciones se exponía a las más duras privaciones ...

En la línea 10645
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ofrece sus molestias. ...

En la línea 616
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Eneas Silvio hacía frecuentes viajes, sin miedo a sus molestias. El amigo de los bosques se mostraba cada vez más sensible a las plácidas impresiones de la Naturaleza, e ir en busca de ella era el único placer qué podía gozar. Viviendo en las arboledas de la Umbría, daba audiencia o firmaba sus documentos bajo el ramaje de una encina de varios siglos. ...

En la línea 771
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Al oír estas palabras, Flimnap perdió su alegre gesto. No se acordaba en aquel momento del mencionado personaje, y la pregunta del gigante resucitó en su memoria las molestias y los temores del día anterior. ...

En la línea 772
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - Si, gentleman; tiene una hija, como usted dice, o como nosotros decimos, un hijo, que pertenece a la Universidad y podría ser una de sus mejores glorias. Pero el doctor Popito, además de proporcionar al Padre de los Maestros abundantes molestias en el presente, le recuerda un pasado de sucesos muy tristes. ...

En la línea 1152
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Aquel día, que era el 22, empeoró el Delfín a causa de su impaciencia y por aquel afán de querer anticiparse a la naturaleza, quitándole a esta los medios de su propia reparación. A poco de levantarse tuvo que volverse a la cama, quejándose de molestias y dolores puramente ilusorios. Su familia, que ya conocía bien sus mañas, no se alarmaba, y Barbarita recetábale sin cesar sábanas y resignación. Pasó la noche intranquilo; pero se estuvo durmiendo toda la mañana del 23, por lo que pudo Jacinta dar otro salto, acompañada de Rafaela, a la calle de Mira el Río. Esta visita fue de tan poca sustancia, que la dama volvió muy triste a su casa. No vio al Pituso ni al Sr. Izquierdo. Díjole Severiana que Guillermina había estado antes y echado un largo parlamento con el endivido, quien tenía al chico montado en el hombro, ensayándose sin duda para hacer el San Cristóbal. Lo único que sacó Jacinta en limpio de la excursión de aquel día fue un nuevo testimonio de la popularidad que empezaba a alcanzar en aquellas casas. Hombres y mujeres la rodeaban y poco faltó para que la llevaran en volandas. Oyose una voz que gritaba: «¡viva la simpatía!» y le echaron coplas de gusto dudoso, pero de muy buena intención. Los de Ido llevaban la voz cantante en este concierto de alabanzas, y daba gozo ver a D. José tan elegante, con las prendas en buen uso que Jacinta le había dado, y su hongo casi nuevo de color café. El primogénito de los claques fue objeto de una serie de transacciones y reventas chalanescas, hasta que lo adquirió por dos cuartos un cierto vecino de la casa, que tenía la especialidad de hacer el higuí en los Carnavales. ...

En la línea 1789
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Desde que la conoció y sintió que el Cielo se le metía en su alma, todo en él fue idealismo, nobleza y buenas acciones. ¡Qué diferencia entre él y los perdularios en cuyas manos estuvo aquella pobrecita! Por mucho que se buscara en la vida de Rubín, no se encontrarían más que dolores de cabeza y otras molestias físicas; pero a ver, que le sacaran algún acto ignominioso, ni siquiera una falta. ...

En la línea 1715
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Pero ya sabes, Augusto, que desde que, gracias a tu generosidad, he podido ir dejando mis lecciones no he vuelto a tocar el piano y que lo aborrezco. ¡Me ha costado tantas molestias! ...

En la línea 216
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Todo eso ha significado para usted muchas molestias, señora - dijo la señora Hubble, compadeciéndose de mi hermana. ...

En la línea 286
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Con el corazón palpitante, a pesar de ir montado en Joe, miré alrededor para observar si divisaba alguna señal de la presencia de los penados. Nada pude ver ni oír. El señor Wopsle me había alarmado varias veces con su respiración agitada, pero ahora ya sabía distinguir los sonidos y podía disociarlos del objeto de nuestra persecución. Me sobresalté mucho cuando tuve la ilusión de que seguía oyendo la lima, pero resultó no ser otra cosa que el cencerro de una oveja. Ésta cesó de pastar y nos miró con timidez. Y sus compañeras, volviendo a un lado la cabeza para evitar el viento y la cellisca, nos miraron irritadas, como si fuésemos responsables de esas molestias. Pero a excepción de esas cosas y de la incierta luz del crepúsculo en cada uno de los tallos de la hierba, nada interrumpía la inerte tranquilidad de los marjales. ...

En la línea 1377
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Ayudado por el buen juicio del señor Trabb, elegí la tela para un traje, y entonces volvimos al salón para tomar las medidas. Porque a pesar de que el señor Trabb ya las tenía y de que estuvo satisfecho de ellas, díjome entonces que, en las actuales circunstancias, no las consideraba convenientes. Por eso el señor Trabb me midió y me calculó en la sala como si yo fuese un terreno y él un agrimensor distinguido, y se dió a sí mismo tanto trabajo, que llegué a sentir la duda de que el precio del traje no llegaría a recompensarle sus molestias. Cuando por fin hubo terminado y convino en mandar el traje el jueves siguiente a casa del señor Pumblechook, dijo, mientras tenía la mano en el cierre de la puerta del salón: ...

En la línea 2733
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Con mucho gusto. He decidido emprender un viaje y quisiera arreglar ciertos asuntos antes de partir… Mis hijos se han quedado con su tía; son ricos y no me necesitan para nada. Además, ¿cree usted que yo puedo ser un buen padre? Para cubrir mis necesidades personales, sólo me he quedado con la cantidad que me regaló Marfa Petrovna el año pasado. Con ese dinero tengo suficiente… perdone, vuelvo al asunto. Antes de emprender este viaje que tengo en proyecto y que seguramente realizaré he decidido terminar con el señor Lujine. No es que le odie, pero él fue el culpable de mi último disgusto con Marfa Petrovna. Me enfadé cuando supe que este matrimonio había sido un arreglo de mi mujer. Ahora yo desearía que usted intercediera para que Avdotia Romanovna me concediera una entrevista, en la cual le explicaría, en su presencia si usted lo desea así, que su enlace con el señor Lujine no sólo no le reportaría ningún beneficio, sino que, por el contrario, le acarrearía graves inconvenientes. Acto seguido, me excusaría por todas las molestias que le he causado y le pediría permiso para ofrecerle diez mil rublos, lo que le permitiría romper su compromiso con Lujine, ruptura que de buena gana llevará a cabo (estoy seguro de ello) si se le presenta una ocasión. ...

En la línea 2735
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Ya sabía yo que pondría usted el grito en el cielo, pero quiero hacerle saber, ante todo, que, aunque no soy rico, puedo desprenderme perfectamente de esos diez mil rublos, es decir, que no los necesito. Si Avdotia Romanovna no los acepta, sólo Dios sabe el estúpido uso que haré de ellos. Por otra parte, tengo la conciencia bien tranquila, pues hago este ofrecimiento sin ningún interés. Tal vez no me crea usted, pero en seguida se convencerá, y lo mismo digo de Avdotia Romanovna. Lo único cierto es que he causado muchas molestias a su honorable hermana, y como estoy sinceramente arrepentido, deseo de todo corazón, no rescatar mis faltas, no pagar esas molestias, sino simplemente hacerle un pequeño servicio para que no pueda decirse que compré el privilegio de causarle solamente males. Si mi proposición ocultara la más leve segunda intención, no la habría hecho con esta franqueza, y tampoco me habría limitado a ofrecerle diez mil rublos, cuando le ofrecí bastante más hace cinco semanas. Además, es muy probable que me case muy pronto con cierta joven, lo que demuestra que no pretendo atraerme a Avdotia Romanovna. Y, para terminar, le diré que si se casa con Lujine, su hermana aceptará esta misma suma, sólo que de otra manera. En fin, Rodion Romanovitch, no se enfade usted y reflexione sobre esto con calma y sangre fría. ...

En la línea 2735
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Ya sabía yo que pondría usted el grito en el cielo, pero quiero hacerle saber, ante todo, que, aunque no soy rico, puedo desprenderme perfectamente de esos diez mil rublos, es decir, que no los necesito. Si Avdotia Romanovna no los acepta, sólo Dios sabe el estúpido uso que haré de ellos. Por otra parte, tengo la conciencia bien tranquila, pues hago este ofrecimiento sin ningún interés. Tal vez no me crea usted, pero en seguida se convencerá, y lo mismo digo de Avdotia Romanovna. Lo único cierto es que he causado muchas molestias a su honorable hermana, y como estoy sinceramente arrepentido, deseo de todo corazón, no rescatar mis faltas, no pagar esas molestias, sino simplemente hacerle un pequeño servicio para que no pueda decirse que compré el privilegio de causarle solamente males. Si mi proposición ocultara la más leve segunda intención, no la habría hecho con esta franqueza, y tampoco me habría limitado a ofrecerle diez mil rublos, cuando le ofrecí bastante más hace cinco semanas. Además, es muy probable que me case muy pronto con cierta joven, lo que demuestra que no pretendo atraerme a Avdotia Romanovna. Y, para terminar, le diré que si se casa con Lujine, su hermana aceptará esta misma suma, sólo que de otra manera. En fin, Rodion Romanovitch, no se enfade usted y reflexione sobre esto con calma y sangre fría. ...

En la línea 353
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —General, este asunto no puede quedar así. Lamento mucho que usted haya sufrido molestias por parte del barón, pero, excúseme, la culpa es toda suya. ¿Cómo ha podido usted encargarse de responder al barón en mi lugar y en mi nombre? ¿Qué significa esa expresión de que yo pertenezco a su casa? Soy, sencillamente, un preceptor en su casa y nada más. No soy su hijo ni estoy bajo su tutela, y usted no puede responder de mis actos. Puedo obrar con plena capacidad legal. Tengo veinticinco años, soy gentilhombre, licenciado y completamente ajeno a usted. Sólo el profundo respeto hacia sus méritos me retiene para preguntarle con qué razón se ha arrogado el derecho de preguntarle en mí nombre ante ese alemán… ...

En la línea 377
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Estoy unido al general en parte por negocios, en parte por “ciertas circunstancias particulares” —dijo secamente—. El general me ha enviado a rogar a usted que renuncie a sus intenciones de ayer. Todo lo que usted ha imaginado es, ciertamente, muy espiritual, pero me ha encargado le advierta que no conseguirá usted nada. Por lo pronto, el barón no le recibirá. No olvide que tiene medios de evitar nuevas molestias de usted. Convénzase usted mismo. ¿Para qué insistir? El general se compromete formalmente a tomarle a su servicio, cuando las circunstancias lo permitan, y le garantiza hasta esa época “sus honorarios”. Lo cual es bastante ventajoso para usted. ¿No le parece? ...

En la línea 644
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... La policía del casino está, por otra parte, bastante bien organizada. Naturalmente, no es posible evitar las apreturas. La afluencia beneficia a la banca, que gana en proporción al número de jugadores. Los ocho croupieres que están sentados en torno de la mesa no pierden de vista las posturas. Como son ellos lo que pagan las ganancias, hacen de árbitros, con conocimiento de causa, en las disputas eventuales. En último término se llama a la policía y se arregla la cuestión. Los agentes, que van vestidos de paisano, se mezclan con los espectadores, y así nadie puede conocerlos. Vigilan especialmente a los ladrones y rateros profesionales que pululan en la ruleta, donde pueden ejercer con facilidad su industria; en efecto, en cualquier otra parte es preciso explorar los bolsillos y forzar cerraduras, lo que, en caso de fracaso, proporciona graves molestias. Aquí, por el contrario, basta con acercarse al tapete verde, ponerse a jugar y, de pronto, ostensiblemente, dejar caer la mano sobre la ganancia ajena y metérsela en el bolsillo. En caso de reclamación, el ladrón jura por lo más sagrado que aquella postura… le pertenece. ...

En la línea 1029
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... «Padre querido: ¡bendita sea su boca! no parece sino que tiene usted don de profecía, según acertó al pronosticarme consuelo. Estoy loca de alegría, y no sé lo que escribo casi. Sepa usted que me hallo en cinta, según dice el señor Duhamel, que es un sabio, y no puede equivocarse en esto. Lo que yo tomé por enfermedades, eran las molestias del estado… Sí; ahora lo comprendo muy bien; ¡pero qué tonta soy! ¿Cómo no lo conocí antes? Parece que una cosa tan grande, debía adivinarla sin que nadie me lo advirtiese. ¡Un hijo! ¡Pero qué gusto, Padre Urtazu! Desde mañana empezaré con la canastilla, no vaya el angelito a nacer como Jesús, sin paños en qué envolverse… Estoy poniendo tonterías, y lloriqueo, pero no como el otro día… hoy es de placer. ...


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