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La palabra mirarme
Cómo se escribe

la palabra mirarme

La palabra Mirarme ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece mirarme.

Estadisticas de la palabra mirarme

Mirarme es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 13694 según la RAE.

Mirarme aparece de media 5.13 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la mirarme en las obras de referencia de la RAE contandose 780 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Mirarme

Cómo se escribe mirarme o mirrarrme?

Más información sobre la palabra Mirarme en internet

Mirarme en la RAE.
Mirarme en Word Reference.
Mirarme en la wikipedia.
Sinonimos de Mirarme.


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece mirarme

La palabra mirarme puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1589
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Yo estaba el primero, y la loba me pasó tan cerca, que me rozó con el pelo las piernas; no me hizo caso, sin embargo, y siguió adelante, sin mirar a derecha ni izquierda, y todos los demás lobos pasaron trotando junto a mí, sin hacerme el menor daño y sin mirarme siquiera. ...

En la línea 2784
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Me detuve un momento y la hablé; pero sin mirarme ni contestar, siguió contemplando el agua como si hubiera perdido la conciencia de cuanto le rodeaba. ...

En la línea 3896
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Repetí mi pregunta con voz más fuerte, cuando después de una larga pausa alzó un poco los ojos, aunque sin mirarme a la cara, y dijo que creía que yo estaba en la idea de que me iba a acompañar hasta Finisterre, y que, si era así, lo sentía mucho, por ser cosa imposible de cumplir, pues ignoraba completamente el camino, y además era incapaz de hacer un viaje tan largo por tan mal terreno, no siendo ya el hombre que antaño había sido, y que él estaba comprometido a llevar aquel mismo día a Pontevedra a un caballero que le aguardaba. ...

En la línea 5965
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... A punto de cruzarme con ella, dirigiéndole la habitual salutación de _¡Vaya usted con Dios!_, la mujer se detuvo, y, tras de mirarme un momento, dijo: —¡Tío!, ¿qué lleva usted en el _borrico_? ¿Es jabón? —¡Sí!—repliqué—. ...

En la línea 27
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Después de contemplarla un rato y de mirarme varias veces, se acercó a la losa en que yo estaba sentado, me cogió con ambos brazos y me echó hacia atrás tanto como pudo, sin soltarme: de manera que sus ojos miraban con la mayor tenacidad y energía en los míos, que a su vez le contemplaban con el mayor susto. ...

En la línea 74
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Advertí que era horroroso el esfuerzo de resolución necesario para realizar mi cometido. Era como si me hubiese propuesto saltar desde lo alto de una casa elevada o hundirme en una gran masa de agua. Y Joe, que, naturalmente, no sabía una palabra de mis propósitos, contribuyó a dificultarlos más todavía. En nuestra franca masonería ya mencionada, de compañeros de penas y fatigas, y en su bondadosa amistad hacia mí, había la costumbre, seguida todas las noches, de comparar nuestro modo respectivo de comernos el pan con manteca, exhibiéndolos de vez en cuando y en silencio a la admiración mutua, lo cual nos estimulaba para realizar nuevos esfuerzos. Aquella noche, Joe me invitó varias veces, mostrándome repetidamente su pedazo de pan, que disminuía con la mayor rapidez, a que tomase parte en nuestra acostumbrada y amistosa competencia; pero cada vez me encontró con mi amarilla taza de té sobre la rodilla y el pan con manteca, entero, en la otra. Por fin, ya desesperado, comprendí que debía realizar lo que me proponía y que tenía que hacerlo del modo más difícil, atendidas las circunstancias. Me aproveché del momento en que Joe acababa de mirarme y deslicé el pedazo de pan con manteca por la pernera de mi pantalón. ...

En la línea 307
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — ¿No lo ven ustedes? - añadió mi penado . ¿No ven ustedes cuán villano es? ¿No se han fijado en su mirada rastrera y fugitiva? Así miraba también cuando nos juzgaron a los dos. Jamás tuvo valor para mirarme a la cara. ...

En la línea 321
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Mi penado no volvió a mirarme después de haberlo hecho en el marjal. Mientras permanecimos en la cabaña se quedó ante el fuego, sumido en sus reflexiones, levantando alternativamente los pies para calentárselos y mirándolos pensativo, como si se compadeciera de sus recientes aventuras. De pronto se volvió al sargento y observó: ...

En la línea 1184
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »‑Me los encontré en la acera ‑respondió con un tonillo sarcástico y sin mirarme. ...

En la línea 2786
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Bueno, te lo voy a contar todo ‑dijo‑. He pasado por tu casa y he visto que estabas durmiendo. Entonces hemos comido y luego yo he visitado a Porfirio Petrovitch. Zamiotof estaba con él todavía. Intenté empezar en seguida mis explicaciones, pero no lo conseguí. No había medio de entrar en materia como era debido. Ellos parecían no comprender y, por otra parte, no mostraban la menor desazón. Al fin, me llevo a Porfirio junto a la ventana y empiezo a hablarle, sin obtener mejores resultados. Él mira hacia un lado, yo hacia otro. Finalmente le acerco el puño a la cara y le digo que le voy a hacer polvo. Él se limita a mirarme en silencio. Yo escupo y me voy. Así termina la escena. Ha sido una estupidez. Con Zamiotof no he cruzado una sola palabra… Yo temía haberte causado algún perjuicio con mi conducta; pero cuando bajaba la escalera he tenido un relámpago de lucidez. ¿Por qué tenemos que preocuparnos tú ni yo? Si a ti te amenazara algún peligro, tal inquietud se comprendería; pero ¿qué tienes tú que temer? Tú no tienes nada que ver con ese dichoso asunto y, por lo tanto, puedes reírte de ellos. Más adelante podremos reírnos en sus propias narices, y si yo estuviera en tu lugar, me divertiría haciéndoles creer que están en lo cierto. Piensa en su bochorno cuando se den cuenta de su tremendo error. No lo pensemos más. Ya les diremos lo que se merecen cuando llegue el momento. Ahora limitémonos a burlarnos de ellos. ...

En la línea 4360
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »¡Si me hubiera usted visto hablar con los padres! Se habría podido pagar por presenciar ese espectáculo. En esto llega la chiquilla con un vestidito corto y semejante a un capullo que empieza a abrirse. Hace una reverencia y se pone tan encarnada como una peonía. Sin duda le habían enseñado la lección. No conozco sus gustos en materia de caras de mujer, pero, a mi juicio, la mirada infantil, la timidez, las lagrimitas de pudor de las jovencitas de dieciséis años valen más que la belleza. Por añadidura, es bonita como una imagen. Tiene el cabello claro y rizado como un corderito, una boquita de labios carnosos y purpúreos… ¡Un amor! Total, que trabamos conocimiento, yo dije que asuntos de familia me obligaban a apresurar la boda, y al día siguiente, es decir, anteayer, nos prometimos. Desde entonces, apenas llego, la siento en mis rodillas y ya no la dejo marcharse. Su cara enrojece como una aurora y yo no ceso de besarla. Su madre la ha aleccionado, sin duda, diciéndole que soy su futuro esposo y que lo que hago es normal. Conseguida esta comprensión, el papel de novio es más agradable que el de marido. Esto es lo que se llama la nature et la vérité. ¡Ja, ja! He hablado dos veces con ella. La muchachita está muy lejos de ser tonta. Tiene un modo de mirarme al soslayo que me inflama la sangre. Tiene una carita que recuerda a la de la Virgen Sixtina de Rafael. ¿No le impresiona la expresión fantástica y alucinante que el pintor dio a esa Virgen? Pues el semblante de ella es parecido. Al día siguiente de nuestros esponsales le llevé regalos por valor de mil quinientos rublos: un aderezo de brillantes, otro de perlas, un neceser de plata para el tocador; en fin, tantas cosas, que la carita de Virgen resplandecía. Ayer, cuando la senté en mis rodillas, debí de mostrarme demasiado impulsivo, pues ella enrojeció vivamente y en sus ojos aparecieron dos lágrimas que trataba de ocultar. ...

En la línea 260
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¡Valiente pregunta! ¿Ni siquiera puede usted comprender el que pueda usted llegar a mirarme de otro modo que como a un esclavo?¡Pues bien! ¡Ya estoy harto de sus desdenes, de su incomprensión! ...

En la línea 332
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Bueno, pues ahora, ¡arrégleselas usted! —replicó sin mirarme siquiera. Y subió la escalinata. ...

En la línea 1240
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Al entrar en mi habitación estaba yo poseído de vértigo. ¡No era culpa mía si la señorita Paulina me había tirado a la cara un fajo de billetes y había preferido, desde la víspera, a Mr. Astley! Algunos de esos billetes yacían todavía en el suelo. Los recogí. En aquel instante la puerta se abrió. El oberkellner en persona, que antes ni siquiera se dignaba mirarme, venía a ofrecerme el instalarme en el primer piso, en las soberbias habitaciones ocupadas por el conde B. ...


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