La palabra Haberme ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Niebla de Miguel De Unamuno
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece haberme.
Estadisticas de la palabra haberme
Haberme es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 10080 según la RAE.
Haberme aparece de media 0.77 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la haberme en las obras de referencia de la RAE contandose 117 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Haberme
Cómo se escribe haberme o haberrme?
Cómo se escribe haberme o haverme?
Cómo se escribe haberme o aberme?
Más información sobre la palabra Haberme en internet
Haberme en la RAE.
Haberme en Word Reference.
Haberme en la wikipedia.
Sinonimos de Haberme.

la Ortografía es divertida

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece haberme
La palabra haberme puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 5698
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Nunca deberíais haberme exigido que me diese a conocer. ...
En la línea 6491
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... «Véngame de ese infame de Wardes -murmuró Milady entre dientes-, y sabré desembarazarme de ti luego, ¡doble tonto, hoja de espada v iviente!»«Cae voluntariamente entre mis brazos después de haberme burla do descaradamente,hipócrita y peligrosa mujer -pensaba D'Artagnan por su parte -, y luego me reiré de ti con aquel a quien quieres matar por rni mano. ...
En la línea 6563
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -No, no dudo, Dios me libre;pero, ¿sería justo dejarme ir a un muerte posible sin haberme dado al menos algo más que esperanza?Milady respondió con una ojeada que quería decir:«¿Sólo es eso? Marchaos, pues. ...
En la línea 6963
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Sí -respondió Porthos-; éste es el que tenían que haberme en viado al principio: una jugarreta del marido lo sustituyó por el otro; pe ro el marido ha sido castigado luego y yo he obtenido satisfacciones. ...
En la línea 407
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Pregunté al muchacho si él o sus padres conocían la Escritura y si la leían alguna vez; no pareció haberme entendido. ...
En la línea 1140
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Veinte veces he hecho cosas que, según la ley _busné_ debían haberme llevado al _filimicha_; sin embargo, nunca me ha estrujado el cuello el frío _garrote_. ...
En la línea 4559
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El uno era tan alto como un gigante; tenía unos bigotes rojizos que le tapaban la boca; la cara era coloradota y parecía muy torpe y estúpido; debía de serlo, en efecto, porque cuando le hablé no pareció haberme entendido, y me contestó farfullando un _¡válgame Dios!_ tan extraño, que me le quedé mirando con los ojos y la boca abiertos. ...
En la línea 4750
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... »Le digo a usted, _mon maître_, aunque le cueste trabajo creerlo, que al saber la desgracia de _madame_ y del general, lloré por ellos, y sentí haberme despedido de la casa airadamente, por causa de la maldita codorniz. ...
En la línea 2230
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -En decir que maldecía mi fortuna dijiste mal -dijo don Quijote-, porque antes la bendigo y bendeciré todos los días de mi vida, por haberme hecho digno de merecer amar tan alta señora como Dulcinea del Toboso. ...
En la línea 3183
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... »Seis días estuvimos en Vélez, al cabo de los cuales el renegado, hecha su información de cuanto le convenía, se fue a la ciudad de Granada, a reducirse por medio de la Santa Inquisición al gremio santísimo de la Iglesia; los demás cristianos libertados se fueron cada uno donde mejor le pareció; solos quedamos Zoraida y yo, con solos los escudos que la cortesía del francés le dio a Zoraida, de los cuales compré este animal en que ella viene; y, sirviéndola yo hasta agora de padre y escudero, y no de esposo, vamos con intención de ver si mi padre es vivo, o si alguno de mis hermanos ha tenido más próspera ventura que la mía, puesto que, por haberme hecho el cielo compañero de Zoraida, me parece que ninguna otra suerte me pudiera venir, por buena que fuera, que más la estimara. ...
En la línea 3554
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Pero lo que más me le quitó de las manos, y aun del pensamiento, de acabarle, fue un argumento que hice conmigo mesmo, sacado de las comedias que ahora se representa, diciendo: ''Si estas que ahora se usan, así las imaginadas como las de historia, todas o las más son conocidos disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza, y, con todo eso, el vulgo las oye con gusto, y las tiene y las aprueba por buenas, estando tan lejos de serlo, y los autores que las componen y los actores que las representan dicen que así han de ser, porque así las quiere el vulgo, y no de otra manera; y que las que llevan traza y siguen la fábula como el arte pide, no sirven sino para cuatro discretos que las entienden, y todos los demás se quedan ayunos de entender su artificio, y que a ellos les está mejor ganar de comer con los muchos, que no opinión con los pocos, deste modo vendrá a ser un libro, al cabo de haberme quemado las cejas por guardar los preceptos referidos, y vendré a ser el sastre del cantillo''. ...
En la línea 3805
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Si mis heridas no resplandecen en los ojos de quien las mira, son estimadas, a lo menos, en la estimación de los que saben dónde se cobraron; que el soldado más bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga; y es esto en mí de manera, que si ahora me propusieran y facilitaran un imposible, quisiera antes haberme hallado en aquella facción prodigiosa que sano ahora de mis heridas sin haberme hallado en ella. ...
En la línea 3085
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... davía hoy, cuando oigo un lamento lejano me acuerdo de que el pasar por delante de una casa de Pernambuco oí quejarse; en el acto se me representó en la imaginación, y así era en efecto, que atormentaban a un pobre esclavo; pero al mismo tiempo comprendí que no podía intervenir. Río Janeiro vivía yo en frente de casa de una señora vieja que tenía tornillos para estrujarles los dedos a sus esclavas. vivido también en una casa en la que un joven mulato era sin cesar insultado, perseguido y apaleado con una rabia que no se emplearía contra el animal más ínfimo. día he visto, antes que pudiese interponerme, dar a un niño de seis o siete años tres porrazos en la cabeza con el mango de un látigo, por haberme traído un vaso que no estaba limpio; el padre del chico presenció este verdadero tormento y bajó la cabeza sin atreverse a proferir ni una palabra ...
En la línea 1300
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - Verdaderamente, de toda mi aventura lo más estupendo es haberme vestido con el traje que llevaban antes las mujeres como una librea de esclavitud. ¡Que dirían mis discípulos si me viesen!… ...
En la línea 2002
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «Yo me he llevado chascos en mi vida—dijo meneando la cabeza como los muñecos que tienen un alambre en el pescuezo—; pero un chasco como este no me lo he llevado nunca. Me la has dado completa, a fondo, de maestro… Cierto que no tengo poder sobre ti… Si te pierdes, bien perdido estás. No me vengas a mí después con arrumacos. Te crié, te eduqué, he sido para ti una madre. ¿No te parece que debías haberme dicho: 'pues tía, esto hay'?». ...
En la línea 2317
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Desde que la Superiora las dejó solas, la otra rompió a patinar y a hablar al mismo tiempo. Parándose después ante Fortunata, le dijo: «Porque nosotras nos conocemos, ¿eh? A mí me llaman Mauricia la Dura. ¿No te acuerdas de haberme visto en casa de la Paca?». ...
En la línea 3746
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —La desgracia, un golpe rudo… ahí tiene usted el maestro. Se llega a este estado padeciendo, después de pasar por todas las angustias de la cólera, por los pinchazos que le da a uno el amor propio y por mil amarguras… ¡Ay, señor don Evaristo! Parece mentira que yo esté tan fresco después de haberme creído con derecho a matar a un hombre, después de haberme ilusionado con la idea de cometer el crimen, concluyendo por renunciar a ello. Mi conciencia está hoy tan tranquila no habiendo matado, como firme y decidida estuvo cuando pensé matar… Entonces no veía a Dios en mí; ahora sí que le veo. Créalo usted; hay que anularse para triunfar; decir no soy nada para serlo todo. ...
En la línea 3746
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —La desgracia, un golpe rudo… ahí tiene usted el maestro. Se llega a este estado padeciendo, después de pasar por todas las angustias de la cólera, por los pinchazos que le da a uno el amor propio y por mil amarguras… ¡Ay, señor don Evaristo! Parece mentira que yo esté tan fresco después de haberme creído con derecho a matar a un hombre, después de haberme ilusionado con la idea de cometer el crimen, concluyendo por renunciar a ello. Mi conciencia está hoy tan tranquila no habiendo matado, como firme y decidida estuvo cuando pensé matar… Entonces no veía a Dios en mí; ahora sí que le veo. Créalo usted; hay que anularse para triunfar; decir no soy nada para serlo todo. ...
En la línea 1213
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Esto viene, señora doña Ermelinda, a que después de haberme pedido perdón por aquella especie ofensiva de que con mi donativo buscaba comprarla forzando su agradecimiento, no sé bien a qué viene aceptarlo pero haciendo constar que sin compromiso. ¿Qué compromiso, vamos, qué compromiso? ...
En la línea 1221
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Pues se equivoca usted de medio a medio. Porque precisamente después de haberme mi sobrina dicho todo lo que acabo de repetirle a usted, al insinuarle yo y aconsejarle quc pues ha reñido con el gandul de su novio procurase ganar a usted como tal, vamos, usted me entiende… ...
En la línea 1376
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Es que antes de haberme casado con Liduvina y venir a servir a casa del señorito había servido yo en muchas casas de señorones… me han salido los dientes en ellas… ...
En la línea 1997
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... Aquella tempestad del alma de Augusto terminó, como en terrible calma, en decisión de suicidarse. Quería acabar consigo mismo, que era la fuente de sus desdichas propias. Mas antes de llevar a cabo su propósito, como el náufrago que se agarra a una débil tabla, ocurriósele consultarlo conmigo, con el autor de todo este relato. Por entonces había leído Augusto un ensayo mío en que, aunque de pasada, hablaba del suicidio, y tal impresión pareció hacerle, así como otras cosas que de mí había leído, que no quiso dejar este mundo sin haberme conocido y platicado un rato conmigo. Emprendió, pues, un viaje acá, a Salamanca, donde hace más de veinte años vivo, para visitarme. ...
En la línea 1767
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Siento no haberme casado con esa señora -dijo el canadiense a la vez que hacía un gesto de amenaza. ...
En la línea 3220
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Me quedé solo. Decidida así la gestión, resolví llevarla a cabo inmediatamente. Yo prefiero lo hecho a lo por hacer. Volví a mi camarote. Desde allí, oí ruido de pasos en el del capitán Nemo. No debía dejar pasar la ocasión de encontrarle. Llamé a su puerta, sin obtener contestación. Llamé nuevamente y luego giré el picaporte. Abrí la puerta y entré. Allí estaba el capitán. Inclinado sobre su mesa de trabajo, parecía no haberme oído. Resuelto a no salir sin haberle interrogado, me acerqué a él. Entonces levantó bruscamente la cabeza, frunció las cejas y me dijo en un tono bastante rudo: ...
En la línea 465
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Pronunció estas palabras con un tono tan decisivo, que el señor Pumblechook, aunque sentía su dignidad ofendida, no se atrevió a protestar. Pero me miró con la mayor severidad, como si yo le hubiese hecho algo. Y pocos momentos después se alejó, no sin haberme dicho, en tono de reproche: ...
En la línea 467
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Yo no tenía la seguridad de que se marchase sin haberme preguntado: ¿Y dieciséis?» Pero no lo hizo. ...
En la línea 545
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Terminé aquel juego con Estella, que también me lo ganó. Luego arrojó los naipes sobre la mesa, como si se despreciase a sí misma por haberme ganado. ...
En la línea 554
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Ella volvió trayendo cierta cantidad de pan y carne y un jarrito de cerveza. Dejó este último sobre las piedras del patio y me dio el pan y la carne sin mirarme y con la misma insolencia que si fuese un perro que ha perdido el favor de su amo. Estaba tan humillado, ofendido e irritado, y mi amor propio se sentía tan herido, que no puedo encontrar el nombre apropiado para mis sentimientos, que Dios sabe cuáles eran, pero las lágrimas empezaron a humedecer mis ojos. Y en el momento en que asomaron a ellos, la muchacha me miró muy satisfecha de haber sido la causa de mi dolor. Esto fue bastante para darme la fuerza de contenerlas y de mirarla. Ella movió la cabeza desdeñosamente, pero, según me pareció, convencida de haberme humillado, y me dejó solo. ...
En la línea 2689
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¿De qué me habla? De nimiedades. Y, para que vea usted lo que es el hombre, eso es precisamente lo que me molesta. La primera vez se me presentó cuando yo estaba rendido por la ceremonia fúnebre, el réquiem, la comida de funerales… Al fin pude aislarme en mi habitación, encendí un cigarro y me entregué a mis reflexiones. De pronto, Marfa Petrovna entró por la puerta y me dijo: «con tanto trajín, te has olvidado de subir la pesa del reloj del comedor.» Y es que durante siete años me encargué yo de este trabajo, y cuando me olvidaba de él, ella me lo recordaba… Al día siguiente partí para Petersburgo. Al amanecer, llegué a la estación que antes le dije y me dirigí a la cantina. Había dormido mal y tenía el cuerpo dolorido y los ojos hinchados. Pedí café. De pronto, ¿sabe usted lo que vi? A Marfa Petrovna, que se sentó a mi lado con un juego de cartas en la mano. «¿Quieres que te prediga, Arcadio Ivanovitch ‑me preguntó‑, cómo transcurrirá tu viaje?» Debo decirle que era una maestra en el arte de echar las cartas… Nunca me perdonaré haberme negado. Eché a correr, presa de pánico. Bien es verdad que la campana que llama a los viajeros al tren estaba ya sonando… Y hoy, cuando me hallaba en mi habitación, luchando por digerir la detestable comida de figón que acababa de echar a mi cuerpo, con un cigarro en la boca, ha entrado Marfa Petrovna, esta vez elegantemente ataviada con un flamante vestido verde de larga cola. ...
En la línea 3140
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑«… Jesús le dijo entonces: ¿No te he dicho que si tienes fe verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de la cueva donde reposaba el muerto. Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: Padre mío, te doy gracias por haberme escuchado. Yo sabía que Tú me escuchas siempre y sólo he hablado para que los que están a mi alrededor crean que eres Tú quien me ha enviado a la tierra. Habiendo dicho estas palabras, clamó con voz sonora: ¡Lázaro, sal! Y el muerto salió… ‑Sonia leyó estas palabras con voz clara y triunfante, y temblaba como si acabara de ver el milagro con sus propios ojos‑ … vendados los pies y las manos con cintas mortuorias y el rostro envuelto en un sudario. Jesús dijo: Desatadle y dejadle ir. Entonces, muchos de los judíos que habían ido a casa de María y que habían visto el milagro de Jesús creyeron en él. » ...
En la línea 4411
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑No, no le he hablado de esto y no sé si está ahora en su casa. Creo que sí que estará, pues ha enterrado hoy a su madrastra y no debe de tener humor para salir. No he querido hablar a nadie de este asunto, e incluso siento haberme franqueado un poco con usted. En este caso, la menor imprudencia equivale a una denuncia… He aquí la casa donde vivo. Ya hemos llegado. Ese hombre que ve usted a la puerta es nuestro portero. Me conoce perfectamente y, como usted ve, me saluda. Bien ha advertido que voy acompañado de una dama y, sin duda, ha visto su cara. Estos detalles pueden tranquilizarla si usted desconfía de mí. Perdóneme si le hablo tan crudamente. Yo tengo mi habitación junto a la de Sonia Simonovna. Las dos piezas están separadas solamente por un tabique. En el piso hay numerosos inquilinos. ¿A qué vienen, pues, esos temores infantiles? No soy tan temible como todo eso. ...
En la línea 4569
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... «¡No, hay que terminar! ‑se dijo, volviendo en sí‑. Pensemos en otra cosa. Es verdaderamente extraño y curioso que yo no haya odiado jamás seriamente a nadie, que no haya tenido el deseo de vengarme de nadie. Esto es mala señal… ¡Cuántas promesas le he hecho! Esa mujer podría haberme gobernado a su antojo.» ...
En la línea 761
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Todas estas consideraciones vinieron a mi mente cuando entré en mi pequeña habitación en el último piso, después de haberme despedido de la abuela. Todo esto me preocupaba mucho, y aunque pudiese adivinar desde aquel momento los principales hilos que tramaban ante mis ojos los actores, no conocía yo, sin embargo, todos los secretos del juego. Paulina no me había testimoniado jamás una confianza completa. Algunas veces, como contra su voluntad, me había abierto su corazón; sin embargo, notaba que, a menudo, y casi siempre después de las confidencias, procuraba ridiculizar todo lo que había dicho o deliberadamente le daba un falso aspecto. ¡Disimulaba tantas cosas! En todo caso, presentía que se aproximaba el final de todo este lío. Otro empujón… y todo quedaría aclarado y resuelto. ...
En la línea 797
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Alexei Ivanovitch, perdóneme por haberme expresado así hace un momento, quería decir otra cosa… Le ruego, le suplico, me inclino hasta la cintura ante usted, a la rusa. ¡Sólo usted puede salvarnos! ...
En la línea 1005
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... “No me lo prohíbe —pensaba. Ella misma, por el contrario, me ha incitado algunas veces a hablar… seguramente para burlarse. Estoy seguro, lo he comprobado muchas veces. Le gustaba, después de haberme escuchado y llevado al terreno de las confidencias, contestarme con una manifestación de su soberano desprecio y de su indiferencia. Sin embargo, no ignoraba que yo no podía vivir sin ella. Han pasado tres días desde el incidente con el barón y ya no puedo soportar por más tiempo nuestra ‘separación’. Cuando la he encontrado, hace un momento, mi corazón latía con tal violencia que me he puesto pálido. ¡Ella tampoco puede vivir sin mí! Le soy necesario, ¿solamente a título de bufón?” ...
En la línea 1038
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Después de haberme detenido en el umbral del gabinete renuncié a entrar y me retiré sin ser visto. Al entrar en mi cuarto distinguí en la penumbra una persona sentada sobre una silla, en un rincón, cerca de la ventana. Avancé rápidamente, miré… y me faltó la respiración. ¡Era Paulina! ...
En la línea 1145
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Pero… -exclamó con tono diferente- yo aquí… sí, ya sé por qué vine, y a qué vine, y cuándo… y ya recuerdo también… ¡Ah, Don Ignacio, Don Ignacio! se asombrará usted y con razón de haberme hallado cuando menos lo pensaba… ¡En qué instante entré! Gracias, Virgen y madre mía; ya tengo mis cinco sentidos y mi juicio cabal, y puedo echarme a los pies de usted, Don Ignacio, y decirle: por Dios señor, por la memoria de su señora madre, que está en el cielo, por… ¡no sé por qué! Por todo, no vuelva usted… ¡Prométame que no volverá a idear quitarse la vida, que puede emplearla tan bien!… Si yo supiese de discursos, y fuese sabia como el Padre Urtazu, lo diría mejor, pero usted me entiende… ¿verdad que sí? Prométame usted… no volver… no volver… ...
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