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La palabra fuimos
Cómo se escribe

la palabra fuimos

La palabra Fuimos ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece fuimos.

Estadisticas de la palabra fuimos

Fuimos es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 4063 según la RAE.

Fuimos tienen una frecuencia media de 22.78 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la fuimos en 150 obras del castellano contandose 3463 apariciones en total.

Más información sobre la palabra Fuimos en internet

Fuimos en la RAE.
Fuimos en Word Reference.
Fuimos en la wikipedia.
Sinonimos de Fuimos.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece fuimos

La palabra fuimos puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 686
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El cochero paró instantáneamente y dijo: «Señor, usted es el amo; no tiene usted más que mandar y yo obedeceré.» Nos apeamos y fuimos andando hasta la carretera, donde volvimos a montar. ...

En la línea 1908
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Al día siguiente fuí a buscar a Galiano al Ministerio de Marina o Almirantazgo (¿cómo se debe decir?), y desde allí fuimos al Ministerio de lo interior, instalado en un edificio magnífico, antigua _casa_ de la Inquisición. ...

En la línea 2229
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Entramos en la _venta_, atamos los caballos al pesebre, y después de mandar que los echaran un pienso fuimos a sentarnos a la lumbre. ...

En la línea 2799
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Paramos en la _Posada de las Diligencias_, edificio magnífico; pero a los dos días de llegar nos fuimos de ella muy gustosos, porque el alojamiento era malísimo, y la gente de la casa por demás grosera. ...

En la línea 3126
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... »Bien habríamos navegado treinta millas, cuando nos amaneció, como tres tiros de arcabuz desviados de tierra, toda la cual vimos desierta y sin nadie que nos descubriese; pero, con todo eso, nos fuimos a fuerza de brazos entrando un poco en la mar, que ya estaba algo más sosegada; y, habiendo entrado casi dos leguas, diose orden que se bogase a cuarteles en tanto que comíamos algo, que iba bien proveída la barca, puesto que los que bogaban dijeron que no era aquél tiempo de tomar reposo alguno, que les diesen de comer los que no bogaban, que ellos no querían soltar los remos de las manos en manera alguna. ...

En la línea 3170
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Dimos voces, y él, alzando la cabeza, se puso ligeramente en pie, y, a lo que después supimos, los primeros que a la vista se le ofrecieron fueron el renegado y Zoraida, y, como él los vio en hábito de moros, pensó que todos los de la Berbería estaban sobre él; y, metiéndose con estraña ligereza por el bosque adelante, comenzó a dar los mayores gritos del mundo diciendo: ''¡Moros, moros hay en la tierra! ¡Moros, moros! ¡Arma, arma!'' »Con estas voces quedamos todos confusos, y no sabíamos qué hacernos; pero, considerando que las voces del pastor habían de alborotar la tierra, y que la caballería de la costa había de venir luego a ver lo que era, acordamos que el renegado se desnudase las ropas del turco y se vistiese un gilecuelco o casaca de cautivo que uno de nosotros le dio luego, aunque se quedó en camisa; y así, encomendándonos a Dios, fuimos por el mismo camino que vimos que el pastor llevaba, esperando siempre cuándo había de dar sobre nosotros la caballería de la costa. ...

En la línea 3917
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... En tanto, don Quijote se encerró con Sancho en su aposento; y, estando solos, le dijo: -Mucho me pesa, Sancho, que hayas dicho y digas que yo fui el que te saqué de tus casillas, sabiendo que yo no me quedé en mis casas: juntos salimos, juntos fuimos y juntos peregrinamos; una misma fortuna y una misma suerte ha corrido por los dos: si a ti te mantearon una vez, a mí me han molido ciento, y esto es lo que te llevo de ventaja. ...

En la línea 6691
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Finalmente, con justa razón fuimos castigados con la pena del destierro, blanda y suave al parecer de algunos, pero al nuestro, la más terrible que se nos podía dar. ...

En la línea 711
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... der Wisench, Berlín, febrero 1845) que está compuesta de infusorios, o sea, catorce polygastrica y cuatro phytolitharia, añadiendo que todos estos infusorios habitan en agua dulce. He aquí un magnífico ejemplo de los resultados que pueden obtenerse por medio de las investigaciones microscópicas del profesor Ehrenberg; porque Jemmy Button me ha asegurado que se recogen siempre estos polvos blancos en el lecho de los torrentes de las montañas. También es este un hecho demostrativo respecto de la distribu162 después de la violenta batalla. Enseguida nos fuimos, acompañados por doce canoas, que cada una llevaba cuatro o cinco indígenas, para continuar nuestra navegación por el estrecho de Ponsonby hasta el punto en que el pobre Jemmy esperaba encontrar a su madre y a sus parientes. Ya había sabido la muerte de su padre; pero como había tenido «un sueño en su cabeza» a este propósito, no le produjo, al parecer, la noticia grande impresión, y se consoló haciendo en alta voz esta reflexión muy natural: «Yo poder nada en esto». Y no llegó a saber ningún detalle respecto de aquella muerte, porque sus parientes evitaron hablarle de ello. ...

En la línea 977
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... xon, un americano que me hace muy agradables los cuatro días que vivo en su casa. primera mañana fuimos a visitar las minas, situadas a algunas leguas, cerca de la cumbre de una colina bastante alta. el camino vimos el lago de Tagua-Tagua, célebre por sus islas flotantes, que ha descrito Mr ...

En la línea 1108
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... r la tarde fuimos a visitar al gobernador, viejo muy amable, que por su exterior y modo de vivir recordaba a los campesinos ingleses. anochecer comenzó a llover con violencia, a pesar de que no dejaban aquellas gentes de rodear nuestras tiendas ...

En la línea 1511
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Mis compañeros y yo fuimos entonces testigos de un curioso espectáculo. Los observatorios del salón estaban descubiertos, y como el fanal del Nautilus estaba apagado reinaba una vaga oscuridad en medio de las aguas. El cielo, tormentoso y cubierto de espesas nubes, daba una insuficiente claridad a las primeras capas del océano. ...

En la línea 2105
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Comprendí la intención del canadiense. En todo caso, pensé que más valía hablar, puesto que así lo deseaba, y nos fuimos los tres a sentarnos cerca del fanal, donde estaríamos menos expuestos a las salpicaduras de las olas. ...

En la línea 2477
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Durante aquella parte del viaje navegamos durante jornadas enteras por la superficie de las olas. El mar parecía abandonado. Apenas unos veleros, con carga para las Indias, se dirigían hacia el cabo de Buena Esperanza. Un día fuimos perseguidos por las embarcaciones de un ballenero, cuyos tripulantes nos tomaron, sin duda, por una enorme ballena de alto precio. Pero el capitán Nemo no quiso hacer perder a aquella gente su tiempo y terminó la caza sumergiéndose bajo el agua. El incidente pareció interesar vivamente a Ned Land. No creo equivocarme al decir que el canadiense debió lamentar que nuestro cetáceo de acero no hubiese sido golpeado mortalmente por el arpón de los pescadores. ...

En la línea 1002
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Los jueces estaban sentados en la sala del tribunal, que se hallaba a poca distancia, y en el acto fuimos todos allí con objeto de formalizar mi contrato de aprendizaje a las órdenes de Joe. Digo que fuimos allí, pero, en realidad, fui empujado por Pumblechook del mismo modo como si acabase de robar una bolsa o incendiado algunas gavillas. La impresión general del tribunal fue la de que acababan de cogerme in fraganti, porque cuando el señor Pumblechook me dejó ante los jueces oí que alguien preguntaba: «¿Qué ha hecho?, y otros replicaban: «Es un muchacho muy joven, pero tiene cara de malo, ¿no es verdad?» Una persona de aspecto suave y benévolo me dio, incluso, un folleto adornado con un grabado al boj que representaba a un joven de mala conducta, rodeado de grilletes, y cuyo título daba a entender que era «PARA LEER EN MI CALABOZO». ...

En la línea 1533
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Entramos por un portillo en aquel asilo y fuimos a parar por un pasillo a un espacio cuadrado y muy triste que me pareció un cementerio. Observé que allí había los más tristes árboles, los gorriones más melancólicos, los más lúgubres gatos y las más afligidas casas (en número de media docena, más o menos) que jamás había visto en la vida. Me pareció que las series de ventanas de las habitaciones en que estaban divididas las casas se hallaban en todos los estados posibles de decadencia de persianas y cortinas, de inservibles macetas, de vidrios rotos, de marchitez llena de polvo y de miserables recursos para tapar sus agujeros. En cada una de las habitaciones desalquiladas, que eran bastantes, se veían letreros que decían: «Por alquilar», y eso me daba casi la impresión de que allí ya no iban más que desgraciados y que la venganza del alma de Barnard se había aplacado lentamente con el suicidio gradual de los actuales huéspedes y su inhumación laica bajo la arena. Unos sucios velos de hollín y de humo adornaban aquella abandonada creación de Barnard, y habían esparcido abundante ceniza sobre su cabeza, que sufría castigo y humillación como si no fuese más que un depósito de polvo. Eso por lo que respecta a mi sentido de la vista, en tanto que la podredumbre húmeda y seca y cuanta se produce en los desvanes y en los sótanos abandonados-podredumbre de ratas y ratones, de chinches y de cuadras, que, por lo demás, estaban muy cerca -, todo eso molestaba grandemente mi olfato y parecía recomendarme con acento quejumbroso: «Pruebe la mixtura de Barnard.» ...

En la línea 1674
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Por la tarde fuimos a dar un paseo por las calles, y entramos en el teatro, a mitad de precio; al día siguiente visitamos la iglesia de la Abadía de Westminster y pasamos la tarde paseando por los parques. Allí me pregunté quién herraría todos los caballos que pasaron ante mí, y deseé que Joe se hubiese podido encargar de aquel trabajo. ...

En la línea 1756
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... bizcocho, y después de pagarme las veinte libras que sacó de una caja de caudales, cuya llave se guardaba en algún sitio de la espalda y que sacaba por el cuello de la camisa como si fuese una coleta de hierro, nos fuimos escalera arriba. La casa era vieja y estaba destartalada, y los grasientos hombros que dejaron sus huellas en el despacho del señor Jaggers parecían haber rozado las paredes de la escalera durante muchos años. En la parte delantera del primer piso, un empleado que tenía, a la vez, aspecto de tabernero y cazador de ratones - hombre pálido a hinchado - estaba conversando con mucha atención con dos o tres personas mal vestidas, a las que trataba sin ceremonia alguna, como todos parecían tratar a los que contribuían a la plenitud de los cofres del señor Jaggers. ...

En la línea 1315
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Intenté hablarle de sus hijos, pero él se zafaba y cambiaba rápidamente de conversación: “Sí, sí, los niños, tiene usted razón, los niños.” Una vez tan sólo, un día que fuimos al teatro, exteriorizó cierta emoción. ...


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