La palabra Escasa ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Memoria De Las Islas Filipinas. de Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece escasa.
Estadisticas de la palabra escasa
Escasa es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 2915 según la RAE.
Escasa tienen una frecuencia media de 32.27 veces en cada libro en castellano
Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la escasa en 150 obras del castellano contandose 4905 apariciones en total.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Escasa
Cómo se escribe escasa o hescasa?
Cómo se escribe escasa o exasa?
Cómo se escribe escasa o ezcaza?

la Ortografía es divertida

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece escasa
La palabra escasa puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 500
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Entró un mozo de escasa estatura, avanzando cautelosamente, de medio lado, como si temiera rozar la pared. En su encogimiento parecía implorar perdón anticipadamente por todo lo que hiciese. Sus ojos brillaban en la sombra lo mismo que su fuerte y nítida dentadura. Al aproximarse a la luz del velón, Salvatierra se fijó en el color cobrizo de su cara, en las córneas de sus ojos, que parecían manchadas de tabaco, en sus manos de dos colores, con la palma sonrosada y el dorso de un negro que aún se hacía más intenso bajo las uñas. A pesar del frío, vestía una blusa de verano, una guayabera con pliegues, húmeda aún de la lluvia, y en la cabeza llevaba dos sombreros, uno dentro del otro, de distinto color, como sus manos. El de abajo mostraba una blancura gris y flamante en la parte inferior de sus alas; el de arriba era viejo, de un negro rojizo, con los bordes deshilachados. ...
En la línea 552
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Eran cuerpos enjutos, apergaminados, recocidos por el sol, con la piel agrietada. La alimentación, pobre y escasa, no llegaba a formar el más leve almohadillado entre el esqueleto y su envoltura. Hombres que aún no tenían cuarenta años, mostraban sus cuellos descarnados, de piel flácida y abullonada, con los tirantes tendones de la ancianidad. Los ojos, en lo más hondo de sus cuencas, circundados de una aureola de arrugas, brillaban como estrellas mortecinas en el fondo de un pozo. Su miseria física era el resultado de una fatiga prolongada años y más años, de una alimentación insípida de pan, sólo de pan. Los cuerpos rudos y angulosos parecían labrados a hachazos: otros eran deformes y grotescos como fabricados por un alfarero: muchos recordaban, por lo retorcidos y nudosos, los troncos de los acebuches de las dehesas. Los brazos negros, con las agudas protuberancias de una gimnasia forzada, parecían de sarmientos trenzados. Y el amontonamiento de estos infelices exhalaba un olor agrio, de sudor de hambriento, de ropa adherida al cuerpo durante meses, de alientos fétidos: toda la respiración apestante de la miseria. ...
En la línea 315
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Los prebendados tienen su dotacion fija, la intencion libre, y ademas una parte de productos de las cantidades que rinden las obras pias que administra el cabildo y la mitra, y cuyos réditos distribuye entre sus individuos, con arreglo á las fundaciones: la intencion libre para aplicar misas por quien se las pague (que nunca falta ni faltará en un pais tan católico como Filipinas), es otro recurso y no de poca importancia, porque la limosna de las misas tampoco es escasa; y por último, la parte que perciben de réditos ó productos de las obras pias, es el tercer recurso ó ausilio que viene á completarles una pingüe renta, que muy bien podria sufrir alguna reforma en beneficio del erario, y reducirles su dotacion á lo que antes era, nivelando con justicia á las clases todas que contaban con la parte de boleta en la Nao; pérdida que todos sufrieron, y que solo se ha indemnizado á la clase que menos lo necesitaba: asi, pues, es de rigurosa justicia que se haga la rebaja correspondiente en la asignacion de esas prebendas, y quede reducida á lo que era antes de la pérdida de la Nao, ó al primitivo señalamiento de renta. ...
En la línea 1627
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Al ponerse el sol arreció el frío; me arropé lo mejor posible con la capa vieja del gitano, que aun traía conmigo; pero resultó escasa defensa contra la inclemente noche. ...
En la línea 2147
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Fuí después a una librería, e hice algunas preguntas acerca de la demanda de libros de literatura; dijéronme que era muy escasa. ...
En la línea 3378
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Es cosa singular que Lugo, ciudad de muy escasa importancia en nuestros días, fuese en otros tiempos capital de España; tal ocurría en la época de los romanos, que, por ser un pueblo no muy dado a guiarse por el capricho, tendría, sin duda, razones muy valiosas para preferir esa localidad. ...
En la línea 4854
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Entramos; a derecha e izquierda se alzaban las rocas a pico e interceptaban la escasa luz del crepúsculo, de suerte que en torno nuestro reinaban tinieblas sepulcrales o, más bien, las tinieblas del valle de la sombra de muerte, y no sabíamos por dónde íbamos; pero confiábamos en el instinto de los caballos, que avanzaban con las cabezas pegadas al suelo. ...
En la línea 4762
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Yo me daré a entender -respondió don Lorenzo-; y por ahora esté vuesa merced atento a los versos glosados y a la glosa, que dicen desta manera: ¡Si mi fue tornase a es, sin esperar más será, o viniese el tiempo ya de lo que será después...! Glosa Al fin, como todo pasa, se pasó el bien que me dio Fortuna, un tiempo no escasa, y nunca me le volvió, ni abundante, ni por tasa. ...
En la línea 5022
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... De las admirables cosas que el estremado don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa Las cuatro de la tarde serían cuando el sol, entre nubes cubierto, con luz escasa y templados rayos, dio lugar a don Quijote para que, sin calor y pesadumbre, contase a sus dos clarísimos oyentes lo que en la cueva de Montesinos había visto. ...
En la línea 203
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... El país es miserable junto a la desembocadura del río Negro; por el lado sur del río comienza una larga línea de riberas escarpadas verticales, que presentan un corte de la naturaleza geológica de la comarca. Las diferentes capas se componen de gres superpuestos; hay, entre otras, una capa muy notable porque consta de trozos de piedra pómez cementadas fuertemente y que deben de provenir de los Andes, situados a una distancia de más de cuatrocientas millas (640 kilómetros). La superficie del suelo está en todas partes cubierta por una espesa capa de guijarros que se extiende a lo lejos en la llanura. El agua es tan en extremo escasa, y salitrosa casi siempre. La vegetación es muy pobre; apenas se encuentran algunos matorrales, y todos ellos armados con punzantes espinas que parecen prohibir al extranjero la entrada en estas regiones inhospitalarias. ...
En la línea 566
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Por la tarde avanzamos algunas millas más arriba y dispusimos las tiendas para la noche. En la mañana del día siguiente se detenía la lancha por la escasa profundidad del agua, que era casi dulce; y Mr. Chaffers mandó armar los remos para elevarnos todavía dos o tres millas. Allí volvimos a estancarnos, pero esta vez en agua dulce, cenagosa; y aunque aquello no fuese más que un simple arroyo, era difícil explicar su origen de otro modo que por la fusión de las nieves en la cordillera. En el punto en que establecimos nuestro vivac, estábamos rodeados por elevados cantiles e inmensas rocas de pórfido. No creo haber visto en mi vida lugar más aislado del resto del mundo que esta grieta rocosa en medio de tan dilatada llanura. ...
En la línea 744
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 1 de junio.- Echamos el ancla en la hermosa bahía donde se halla el Puerto Desolación. Comienza el invierno y nunca he visto paisaje más triste y sombrío. El follaje del bosque es tan oscuro, que parece negro, y lo que no está negro blanquea por la nieve que lo cubre, distinguiéndose sólo confusamente a través de una atmósfera brumosa y fría. Por fortuna nuestra hace un tiempo magnífico dos días seguidos. En uno de éstos presenta un soberbio espectáculo el monte Sarmiento, montaña bastante distante y que se eleva a 6.800 pies. Una de las cosas que más me sorprendió en la Tierra del Fuego es la escasa elevación aparente de las montañas realmente muy altas. ...
En la línea 821
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Clima y producciones de las islas antárticas. Considerando el vigor de la vegetación en la Tierra del Fuego y en la costa que se extiende al norte de esta región, sorprende mucho ver la condición de las islas que se hallan al sur y al sudoeste de América. tierra de Sandwich que se halla en una latitud correspondiente al norte de Escocia, fue descubierta por Cook durante el mes más caluroso del año, y sin embargo «estaba cubierta por una gruesa capa de nieves perpetuas»; parece que no hay en ella ninguna o muy escasa vegetación ...
En la línea 5266
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Aparte la ciencia, que no era su terreno propio, don Robustiano podía apostar con cualquiera a campechano, alegre, simpático, y hasta hombre de excelente sentido y no escasa perspicacia. ...
En la línea 6579
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Una vara escasa —advirtió el Marqués. ...
En la línea 7871
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Álvaro se había hecho ofrecer por el mismo Quintanar el caserón de los Ozores, y ya había aventurado algunas visitas, comprendió que por entonces no debía ser aquel el teatro de sus tentativas, y donde se insinuaba era en el Espolón, con miradas y otros artificios de poco resultado, o en casa de Vegallana y en las excursiones al Vivero con más audacia, aunque no mucha, pero con escasa fortuna. ...
En la línea 8416
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... A él no le importaba que fuese o no al teatro por ahora, tiempo llegaría en que sería otra cosa; pero la gente murmuraría; don Custodio, el Arcediano, todos sus enemigos se burlarían, hablarían de la escasa fuerza que el Magistral ejercía sobre sus penitentes. ...
En la línea 1228
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Los representantes de la autoridad no le dejaban aproximarse al gentleman; pero aunque le permitieran atender a su alimentación, ¿qué podía hacer un catedrático de tan escasa fortuna como era la suya? Los dos bueyes que necesitaba para un solo plato costaban una cantidad igual a la que recibía él por dos meses de cátedra; tres almuerzos del Hombre-Montaña acabarían con todos sus ahorros… . Y convencido de que no podía remediar su hambre, se entregó a la desesperación. ...
En la línea 1651
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Empezó Maximiliano sus estudios el 69, y su hermano y su tía le ponderaban lo bonita que era la Farmacia y lo mucho que con ella se ganaba, por ser muy caros los medicamentos y muy baratas las primeras materias: agua del pozo, ceniza del fogón, tierra de los tiestos, etcétera… El pobre chico, que era muy dócil, con todo se mostraba conforme. Lo que es entusiasmo, hablando en plata, no lo tenía por esta carrera ni por otra alguna; no se había despertado en él ningún afán grande ni esa curiosidad sedienta de que sale la sabiduría. Era tan endeble que la mayor parte del año estaba enfermo, y su entendimiento no veía nunca claro en los senos de la ciencia, ni se apoderaba de una idea sino después de echarle muchas lazadas como si la amarrara. Usaba de su escasa memoria como de un ave de cetrería para cazar las ideas; pero el halcón se le marchaba a lo mejor, dejándole con la boca abierta y mirando al cielo. ...
En la línea 2233
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Juan Pablo prestaba atención muy escasa al asunto de Maximiliano y a todos los demás asuntos de la familia, como no fuera el de la herencia. Su anhelo era cobrar pronto para pagar sus trampas. Entraba de noche muy tarde, y casi siempre comía fuera, lo que agradecía mucho doña Lupe, pues Nicolás con su voracidad puntual le desequilibraba el presupuesto de la casa. La misantropía que le entró a Juan Pablo desde su desairado regreso del Cuartel Real no se alteró en aquellos días que sucedieron a la herencia. Hablaba muy poco, y cuando doña Lupe le nombraba el casorio de Maxi, como cuando se le pega a uno un alfilerazo para que no se duerma, alzaba los hombros, decía palabras de desdén hacia su hermano y nada más. «Con su pan se lo coma… ¿Y a mí qué?». ...
En la línea 2605
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... De vuelta, ya avanzada la tarde, a la calle de Raimundo Lulio, se ocuparon en disponer varias cosas para el día siguiente. Maximiliano había ido a invitar a algunos amigos, y doña Lupe salió también diciendo que volvería antes de anochecido. Quedose sola Fortunata, y se puso a hacer en su vestido de gro negro, que había de lucir en la ceremonia, ciertos arreglos de escasa importancia. No tenía más compañía que la de Papitos, que se escapaba de la cocina para ponerse al lado de la señorita, cuya hermosura admiraba tanto. El peinado era la principal causa de la estupefacción de la chiquilla, y habría dado esta un dedo de la mano por poder imitarlo. Sentose a su lado y no se hartaba de contemplarla, llenándose de regocijo cuando la otra solicitaba su ayuda, aunque sólo fuera para lo más insignificante. En esto llamaron a la puerta; corrió a abrir la mona, y Fortunata no supo lo que le pasaba cuando vio entrar en la sala a Mauricia la Dura. ...
En la línea 2707
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Durante el almuerzo, que fue largo y fastidioso, Fortunata siguió muy encogida, sin atreverse a hablar, o haciéndolo con mucha torpeza cuando no tenía más remedio. Temía no comer con bastante finura y revelar demasiado su escasa educación. El temor de parecer ordinaria era causa de que las palabras se detuvieran en sus labios en el momento de ser pronunciadas. Doña Lupe, que la tenía al lado, estaba al quite para auxiliarla si fuera menester, y en los más de los casos respondía por ella, si algo se le preguntaba, o le soplaba con disimulo lo que debía de decir. ...
En la línea 241
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Si es que está de humor para escucharle, señor Land -dije con un tono de escasa convicción. ...
En la línea 470
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... En efecto, mis pulmones se sentían ya obligados a multiplicar sus inspiraciones para extraer de la celda el escaso oxígeno que contenía. De repente, me sentí refrescado por una corriente de aire puro y perfumado de emanaciones salinas. Era la brisa del mar, vivificante y cargada de yodo. Abrí ampliamente la boca y mis pulmones se saturaron de frescas moléculas. Al mismo tiempo, sentí un movimiento de balanceo, de escasa intensidad, pero perfectamente determinable. El barco, el monstruo de acero, acababa evidentemente de subir a la superficie del océano para respirar, al modo de las ballenas. La forma de ventilación del barco quedaba, pues, perfectamente identificada. ...
En la línea 789
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Hacia la mitad de la plataforma, el bote, semiencajado en el casco del navío, formaba una ligera intumescencia. A proa y a popa se elevaban, a escasa altura, dos cabinas de paredes inclinadas y parcialmente cerradas por espesos vidrios lenticulares: la primera, destinada al timonel que dirigía el Nautilus, y la otra, a alojar el potente fanal eléctrico que iluminaba su rumbo. ...
En la línea 1141
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El 10 de febrero de 1828, Dumont d'Urville se presentó en Tikopia, donde tomó por guía e intérprete a un desertor establecido en esa isla, y de allí se dirigió a Vanikoro, cuyas costas avistó el 12 de febrero. Estuvo bordeando sus arrecifes hasta el 14, y tan sólo el 20 pudo fondear al otro lado de la barrera, en la rada de Vanu. El día 23, varios de sus oficiales dieron la vuelta a la isla y volvieron con algunos restos de escasa importancia. Los indígenas, ateniéndose a una actitud negativa y evasiva, rehusaban conducirles al lugar del naufragio. Esa sospechosa conducta les indujo a creer que los indígenas habían maltratado a los náufragos y que temían que Dumont d'Urville hubiese llegado para vengar a La Pérousse y a sus infortunados compañeros. Sin embargo, unos días más tarde, el 26, estimulados por algunos regalos y comprendiendo que no tenían que temer ninguna represalia, condujeron al lugarteniente de Dumont, Jasquinot, al lugar del naufragio. ...
En la línea 573
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Después de colgar el hacha del nudo corredizo, debajo de su gabán, inspeccionó sus pantalones, su americana, sus botas, tan minuciosamente como le permitió la escasa luz que había en la cocina. ...
En la línea 2561
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... El portero, de pie en el umbral de la portería, señalaba a Raskolnikof y se dirigía a un individuo de escasa estatura, con aspecto de hombre del pueblo. Vestía una especie de hopalanda sobre un chaleco y, visto de lejos, se le habría tomado por una campesina. Su cabeza, cubierta con un gorro grasiento, se inclinaba sobre su pecho. Era tan cargado de espaldas, que parecía jorobado. Su rostro, fofo y arrugado, era el de un hombre de más de cincuenta años. Sus ojillos, cercados de grasa, lanzaban miradas sombrías. ...
En la línea 848
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Ínterin llegaba el esperado día de asistir a la fiesta nocturna, Pilar se acostumbró a pasar un par de horas en el salón de Damas del Casino, de una a tres de la tarde generalmente. Es el salón de Damas un atractivo más del hermoso edificio donde se reconcentra la animación termal; allí las señoras abonadas al Casino pueden refugiarse, sin temor a invasiones masculinas; allí están en su casa, y son reinas absolutas, tocan el piano, bordan, charlan, y a veces se deslizan hasta el lujo de un sorbete o de alguna confitura o bombón que roen con igual deleite que si fuesen ratoncillos sueltos en un armario de golosinas. Es un harén de moras civilizadas, un gineceo no oculto en la pudorosa sombra del hogar, sino descaradamente implantado en el sitio más público que darse puede. Allí concurrían y se congregaban todos los astros hembras del firmamento de Vichy, y allí encontraba Pilar reunida a la escasa, pero brillante colonia hispano americana; las de Amézaga, Luisa Natal, la condesa de Monteros: y se formaba una especie de núcleo español, si no el más numeroso, tampoco el menos animado y alegre. Mientras alguna rubia inglesa ejecutaba en el piano trozos de música clásica, y las francesas asían de los cabellos la ocasión de lucir primorosas labores de cañamazo, dando en ellas tres puntos por hora, las españolas, más francas, aceptaban la holgazanería completa, dedicándose a hablar y a manejar el abanico. Una magnífica esfera geográfica, colocada al extremo del salón, parecía preguntarse cuál era su objeto y destino en semejante lugar; y en cambio, los retratos de las dos hermanas de Luis XVI, Victoria y Adelaida, damas tradicionales de Vichy, sonreían, empolvada la cabellera, rosadas y benévolas, presidiendo el certamen de frivolidad continua celebrado a honra suya. Eran murmullos como de voleteos de pájaros en pajarera, ruido de risitas semejante a sartas de perlas que caen desgranándose en una copa de cristal, sedoso crujir de países de abanico, estallido seco de varillajes, ruedecillas de sillón que un punto corrían sobre el encerado piso, ruge-ruge de faldas, que parecía estridor de alitas de insecto. Embalsamaban la atmósfera leves auras de gardenia, de vinagre de tocador, de sal inglesa, de perfumería Rimmel. No se veían sino dijes y prendas graciosas abandonadas sobre sillas y mesas; sombrillas largas, de seda, muy recamadas de cordoncillo de oro; cabás y estuches de labor, ya de cuero de Rusia, ya de paja con moños y borlas de estambre; aquí un chal de encaje, allí un pañuelo de batista; acá un ramo de flores que agoniza exhalando su esencia más deliciosa; acullá un velito de moteado tul, y encima las horquillas que sirven para prenderle… El grupo de españolas, capitaneado por Lola Amézaga, que era muy resuelta, tenía cierta independencia e intimidad, bien distinta de la reserva secatona de las inglesas: y aún entre ambos bandos se advertía disimulada hostilidad y recíproco desdén. ...
Más información sobre la palabra Escasa en internet
Escasa en la RAE.
Escasa en Word Reference.
Escasa en la wikipedia.
Sinonimos de Escasa.
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