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La palabra displicente
Cómo se escribe

la palabra displicente

La palabra Displicente ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece displicente.

Estadisticas de la palabra displicente

La palabra displicente no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE

Errores Ortográficos típicos con la palabra Displicente

Cómo se escribe displicente o dizplicente?

Más información sobre la palabra Displicente en internet

Displicente en la RAE.
Displicente en Word Reference.
Displicente en la wikipedia.
Sinonimos de Displicente.


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece displicente

La palabra displicente puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 3481
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El ajuar de la cocina abundante, rico, ostentoso, despedía rayos desde todas las paredes, sobre el hogar, sobre mesas y arcones; era digno de la despensa; y Pedro, altivo, displicente, ordenaba todo aquello con voz imperiosa; mandaba allí como un tirano. ...

En la línea 3515
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Cuando entraron en la cocina los señoritos, Pedro volvió a su continente habitual, al gesto displicente que usaba con las criadas y con los caseros que traían las provisiones desde la aldea, remota a veces. ...

En la línea 5367
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Doña Lucía se presentó y con un gesto displicente contestó a las palabras de su primo que había oído desde lejos: —Es un loco, hay que dejarle. ...

En la línea 6476
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... La Marquesa, sin malicia, como ella hacía las cosas, llamó a su lado a Anita para decirla: —Ven acá, ven acá, a ver si a ti te hace más caso que a nosotras este señor displicente. ...

En la línea 2706
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... De regreso a la casa, doña Lupe no cabía en su pellejo; de tal modo se crecía y se multiplicaba atendiendo a tantas y tan diferentes cosas. Ya recomendaba en voz baja a Fortunata que no estuviese tan displicente con doña Silvia; ya corría al comedor a disponer la mesa; ya se liaba con Papitos y con Patricia, y parecía que a la vez estaba en la cocina, en la sala, en la despensa y en los pasillos. Creeríase que había en la casa tres o cuatro viudas de Jáuregui funcionando a un tiempo. Su mente se acaloraba ante la temerosa contingencia de que el almuerzo saliera mal. Pero si salía bien, ¡qué triunfo! El corazón le latía con fuerza, comunicando calor y fiebre a toda su persona, y hasta la pelota de algodón parecía recibir también su parte de vida, palpitando y permitiéndose doler. Por fin, todo estuvo a punto. Juan Pablo, que no había ido a la iglesia, pero que se había unido a la comitiva al volver de ella, buscaba un pretexto para retirarse. Entró en el comedor cuando sonaba el pataleo de las sillas en que se iban acomodando los comensales, y contó… «Me voy—dijo—, para no hacer trece». Algunos protestaron de tal superstición, y otros la aplaudieron. A D. Basilio le parecía esto incompatible con las luces del siglo, y lo mismo creía doña Lupe; pero se guardó muy bien de detener a su sobrino por la ojeriza que le tenía, y Juan Pablo se fue, quedando en la mesa los comensales en la tranquilizadora cifra de doce. ...

En la línea 3649
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Después le entró tos. Doña Paca se apareció dando gruñidos y diciendo que la tos provenía de tanto hablar, contra lo que el médico ordenaba. «A usted no le ha de matar la enfermedad, sino la conversación… A ver si toma el jarabe y cierra el pico». Para atenuar el efecto de esa salida un tanto descortés, estando presente una visita, la señora aquella agració a la intrusa con una sonrisilla forzada. ¿Cuál de las dos daría al enfermo la cucharada de jarabe? Quiso hacerlo el ama de llaves; pero Fortunata estuvo más lista. La otra tomó su desquite, arrojando una observación de autoridad displicente a la cara de la entrometida. «Eso es, dele el cloral en vez del jarabe, y la hacemos… ». ...

En la línea 4184
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Fortunata estaba pasmada de aquel exabrupto, y más aún del tono. Por las mañanas, solía estar Maximiliano algo regañón y displicente; pero nunca como aquel día. Volviéndose hacia el espejo para ponerse la corbata, prosiguió diciendo: «Es que parece que hacen las cosas a propósito para molestarme, para que rabie… Y no eres tú sola… mi tía también. Se han propuesto sin duda hacerme perder la salud». ...

En la línea 5324
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El 4 del mes de Enero, Fortunata sintió un campanillazo y salió a abrir, mirando antes por el ventanillo, cubierto de una chapa de hierro con agujeros (estilo primitivo). Era Estupiñá, que miraba a los tales agujeritos del modo más autoritario. Abrió la joven, y el gran Plácido, con gesto displicente, las cejas algo fruncidas, mostrando en una mano el bastón cuyo puño era una cabeza de cotorra (regalo que le trajeron de Sevilla los señoritos de Santa Cruz), alargó con la otra un papel que tenía un sello. «El recibo del mes» dijo en tono de déspota asiático que dicta una orden de pena de muerte. ...


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