La palabra Desagradable ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece desagradable.
Estadisticas de la palabra desagradable
Desagradable es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 7870 según la RAE.
Desagradable aparece de media 0.11 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la desagradable en las obras de referencia de la RAE contandose 16 apariciones .
Más información sobre la palabra Desagradable en internet
Desagradable en la RAE.
Desagradable en Word Reference.
Desagradable en la wikipedia.
Sinonimos de Desagradable.
Algunas Frases de libros en las que aparece desagradable
La palabra desagradable puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1165
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Sólo que no impedía que se hablase de ellas delante de él, aunque fuera fácil ver que tal género de conversación, al que no se mezclaba más que con palabras amargas y observaciones misantrópicas, le era completamente desagradable. ...
En la línea 1235
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Pero era el peor mosquete ro y el invitado más desagradable que se pudiese ver. ...
En la línea 2214
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Bonacieux no pegó ojo, y no porque su calabozo fuera demasiado desagradable, sino porque sus inquietudes eran demasiado grandes. ...
En la línea 3857
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¿No es justo lo que he adivinado y que se trata de algún asunto desagradable?-Te equivocas, Planchet -respondió D'Artagnan -, y la prueba es que ahí tienes un escudo para quebebas a mi salud. ...
En la línea 735
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Su rostro era bastante desagradable; tenía la nariz larga y ganchuda; los ojos, pequeños, penetrantes y vivos, y lo que menos me gustó en él fué su perpetua sonrisa burlona, signo seguro, a mi entender, de un corazón perverso y desleal. ...
En la línea 2093
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Me embarqué en el Támesis, a bordo del vapor _M..._ La travesía hasta Falmouth fué muy desagradable. ...
En la línea 3130
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Estos, según me contó un campesino que pasó guiando un carro de bueyes, bajan con frecuencia a la pradera, donde los cazan a tiros para aprovechar la piel, porque la carne, muy dura y desagradable, nadie la quiere. ...
En la línea 3142
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El agua era cenagosa y desagradable; pero calmó la sed febril que me devoraba. ...
En la línea 246
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... A la mañana siguiente se envía muy temprano a buscar caballos y salimos a galope. Pasamos la Cabeza del Buey, antiguo nombre dado a la extremidad de un gran pantano que se extiende hasta Bahía Blanca. Cambiamos de caballos por última vez y seguimos nuestra caminata a través del barro durante varias leguas, por marismas y charcas saladas. Mi caballo da una caída y yo me doy un remojón en fango negro y líquido, accidente muy desagradable cuando se carece de ropa de repuesto. A pocas millas del fuerte encontramos a un hombre, el cual nos dice que acaba de dispararse un cañonazo, en señal de que los indios están en las cercanías. Por eso abandonamos inmediatamente el camino y seguimos la orilla de un pantano, dispuestos a meternos en él si vemos aparecer a los salvajes; en efecto, ese es el mejor medio para escapar de su persecución. Tenemos la fortuna de llegar al recinto amurallado de la ciudad y nos dicen entonces que aquella alarma era falsa: cierto que se habían presentado indios, pero eran aliados deseosos de ir a unirse al general Rosas. ...
En la línea 377
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... La especie de chorlito real de patas largas, que parece andar con zancos (Himantopus nigricollis), se encuentra aquí en bandadas considerables. Hase acusado sin razón a este ave de tener poca elegancia cuando va por el agua poco profunda, su residencia favorita, dista mucho de carecer de gracia. Reunidas en bandadas, estas aves dejan oír un grito que se asemeja muchísimo a los ladridos de una jauría de perros pequeños en plena caza; despierto de pronto en mitad de la noche; durante algunos momentos me parece oír ladridos. El teru-tero (Vanellus Cayanus) es otra ave que a menudo turba también el silencio de la noche. Por su aspecto y sus costumbres se parece, desde muchos puntos de vista, a nuestros vencejos; sin embargo, tiene armadas las alas con unos espolones agudos como los que el gallo común lleva en las patas. Cuando se atraviesan las llanuras cubiertas de césped, esas aves se persiguen incesantemente; parecen profesar odio al hombre, el cual se lo devuelve con creces, pues no hay nada tan desagradable como su agudo grito, siempre el mismo y que no deja de hacerse oír ni un solo instante. El cazador las aborrece porque anuncian su aproximación a las demás aves y a todos los cuadrúpedos. Quizá prestan algunos servicios a los viajeros, pues, como dice Molina, le anuncian la vecindad de los ladrones en los caminos. Durante la estación de los amores fingen estar heridas y poder huir apenas, con el propósito de llevar lejos de sus nidos a los perros y a todos sus demás enemigos. Dícese que los huevos de estas aves son un manjar muy delicado. ...
En la línea 477
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Al cabo de quince días de verdadera detención en Buenos Aires, consigo por fin embarcarme a bordo de un navío que se dirige a Montevideo. Una ciudad sitiada es una residencia desagradable siempre para un naturalista, pero en el caso actual eran de temer además las violencias de los bandoleros que en ella habitaban. Había que temer sobre todo a los centinelas, pues las funciones oficiales que desempeñaban, las armas que llevaban de continuo, dábanles para robar un grado de autoridad que ningún otro podía limitar. ...
En la línea 478
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Nuestro viaje es largo y desagradable. En el mapa, la desembocadura de la Plata parece bellísima; pero la realidad dista mucho de corresponder a las ilusiones que se han forjado. No hay grandiosidad ni hermosura en esta inmensa extensión de agua fangosa. En ciertos momentos del día, desde el puente del buque donde estaba, apenas me era posible distinguir ambas orillas, que son en extremo bajas. Al llegar a Montevideo recibo noticias de que el Beagle no se dará a la vela sino dentro de algunos días. Por tanto, inmediatamente me dispongo a hacer un viajecillo a la banda oriental. ...
En la línea 3803
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Procuraba disimular el acento desagradable de la provincia y hablaba con afectación insoportable. ...
En la línea 13412
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Cuando la criada de Guimarán le contestaba: Que el señor había pasado mejor la noche, Cármenes, sin darse cuenta de ello, torcía el gesto, y sentía una impresión desagradable parecida a la que experimentaba cuando llegaba a convencerse de que un periódico de Madrid no le publicaría los versos que le había remitido. ...
En la línea 369
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Vencido al cabo de su propia excitación, el cerebro del Delfín caía en estúpido embrutecimiento. Y sus nervios, que habían empezado a calmarse, luchaban con la sedación. De repente se movía, como si saltara algo en él y pronunciaba algunas sílabas. Pero la sedación vencía, y al fin se quedó profundamente dormido. A media noche pudo Jacinta con no poco trabajo llevarle hasta la cama y acostarle. Cayó en el sueño como en un pozo, y su mujer pasó muy mala noche, atormentada por el desagradable recuerdo de lo que había visto y oído. ...
En la línea 555
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Cuenta Villalonga que hace años hablaba Casa-Muñoz disparatadamente, y sostiene y jura haberle oído decir, cuando aún no era marqués, que las puertas estaban herméticamente abiertas; pero esto no ha llegado a comprobarse. Dejando a un lado las bromas, conviene decir que era el marqués persona apreciabilísima, muy corriente, muy afable en su trato, excelente para su familia y amigos. Tenía la misma edad que D. Baldomero; mas no llevaba tan bien los años. Su dentadura era artificial y sus patillas teñidas tenían un viso carminoso, contrastando con la cabeza sin pintar. Aparisi era mucho más joven, hombre que presumía de pie pequeño y de manos bonitas, la cara arrebolada, el bigote castaño cayendo a lo chino, los ojos grandes, y en la cabeza una de esas calvas que son para sus poseedores un diploma de talento. Lo más característico en el concejal perpetuo era la expresión de su rostro, semejante a la de una persona que está oliendo algo muy desagradable, lo que provenía de cierta contracción de los músculos nasales y del labio superior. Por lo demás, buena persona, que no debía nada a nadie. Había tenido almacén de maderas, y se contaba que en cierta época les puso los puntos sobre las íes a los pinares de Balsain. Era hombre sin instrucción, y… lo que pasa… por lo mismo que no la tenía gustaba de aparentarla. Cuenta el tunante de Villalonga que hace años usaba Aparisi el e pur si muove de Galileo; pero el pobrecito no le daba la interpretación verdadera, y creía que aquel célebre dicho significaba por si acaso. ...
En la línea 690
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Dijo esta palabra con un alarido espantoso, levantándose del asiento y extendiendo ambos brazos como suelen hacer los bajos de ópera cuando echan una maldición. Jacinta se llevó las manos a la cabeza. Ya no podía resistir más aquel desagradable espectáculo. Llamó al criado para que acompañara al desventurado corredor de obras literarias. Pero Juan, queriendo divertirse más, procuraba calmarle. ...
En la línea 745
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Jacinta, al quedarse otra vez sola con su marido, volvió a sus pensamientos. Le miró por detrás de la butaca en que sentado estaba. «¡Ah, cómo me has engañado!… ». Porque empezaba a creer que el loco, con serlo tan rematado, había dicho verdades. Las inequívocas adivinaciones del corazón humano decíanle que la desagradable historia del Pitusín era cierta. Hay cosas que forzosamente son ciertas, sobre todo siendo cosas malas. ¡Entrole de improviso a la pobrecita esposa una rabia… ! Era como la cólera de las palomas cuando se ponen a pelear. Viendo muy cerca de sí la cabeza de su marido, sintió deseos de tirarle del cabello que por entre las vueltas del pañuelo de seda salía. «¡Qué rabia tengo! —pensó Jacinta apretando sus bonitísimos dientes—, por haberme ocultado una cosa tan grave… ¡Tener un hijo y abandonarlo así!»… Se cegó; vio todo negro. Parecía que le entraban convulsiones. Aquel Pitusín desconocido y misterioso, aquella hechura de su marido, sin que fuese, como debía, hechura suya también, era la verdadera culebra que se enroscaba en su interior… «¿Pero qué culpa tiene el pobre niño… ? —pensó después transformándose por la piedad—. ¡Este, este tunante… !». Miraba la cabeza, ¡y qué ganas tenía de arrancarle una mecha de pelo, de pegarle un coscorrón!… ¿Quién dice uno?… dos, tres, cuatro coscorrones muy fuertes para que aprendiera a no engañar a las personas. ...
En la línea 121
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Más espesa fue la niebla todavía cuando salí de los marjales, hasta el punto de que, en vez de acercarme corriendo a alguna cosa, parecía que ésta echara a correr hacia mí. Ello era muy desagradable para una mente pecadora. Las puertas, las represas y las orillas se arrojaban violentamente contra mí a través de la niebla, como si quisieran exclamar con la mayor claridad: «¡Un muchacho que ha robado un pastel de cerdo! ¡Detenedle!» Las reses se me aparecían repentinamente, mirándome con asombrados ojos, y por el vapor que exhalaban sus narices parecían exclamar: «¡Eh, ladronzuelo!» Un buey negro con una mancha blanca en el cuello, que a mi temerosa conciencia le pareció que tenía cierto aspecto clerical, me miró con tanta obstinación en sus ojos y movió su maciza cabeza de un modo tan acusador cuando yo lo rodeaba, que no pude menos que murmurar: «No he tenido más remedio, señor. No lo he robado para mí.» Entonces él dobló la cabeza, resopló despidiendo una columna de humo por la nariz y se desvaneció dando una coz con las patas traseras y agitando el rabo. ...
En la línea 178
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Por eso nos sirvió nuestras rebanadas de pan como si fuésemos dos mil hombres de tropa en una marcha forzada, en vez de un hombre y un chiquillo en la casa; y tomamos algunos tragos de leche y de agua, aunque con muy mala cara, de un jarrito que había en el aparador. Mientras tanto, la señora Joe puso cortinas limpias y blancas, clavó un volante de flores en la chimenea para reemplazar el viejo y quitó las fundas de todos los objetos de la sala, que jamás estaban descubiertos a excepción de aquel día, pues se pasaban el año ocultos en sus forros, los cuales no se limitaban a las sillas, sino que se extendían a los demás objetos, que solían estar cubiertos de papel de plata, incluso los cuatro perritos de lanas blancos que había sobre la chimenea, todos con la nariz negra y una cesta de flores en la boca, formando parejas. La señora Joe era un ama de casa muy limpia, pero tenía el arte exquisito de hacer su limpieza más desagradable y más incómoda que la misma suciedad. La limpieza es lo que está más cerca de la divinidad, y mucha gente hace lo mismo con respecto a su religión. Como mi hermana tenia mucho trabajo, se hacía representar para ir a la iglesia, es decir, que en su lugar íbamos Joe y yo. En su traje de trabajo, Joe tenía completo aspecto de herrero, pero en el traje del día de fiesta parecía más bien un espantajo en traje de ceremonias. Nada de lo que entonces llevaba le caía bien o parecía pertenecerle, y todo le rozaba y le molestaba en gran manera. En aquel día de fiesta salió de su habitación cuando ya repicaban alegremente las campanas, pero su aspecto era el de un desgraciado penitente en traje dominguero. En cuanto a mí, creo que mi hermana tenía la idea general de que yo era un joven criminal, a quien un policía comadrón cogió el día de mi nacimiento para entregarme a ella, a fin de que me castigasen de acuerdo con la ultrajada majestad de la ley. Siempre me trataron como si yo hubiese porfiado para nacer a pesar de los dictados de la razón, de la religión y de la moralidad y contra los argumentos que me hubieran presentado, para disuadirme, mis mejores amigos. E, incluso, cuando me llevaron al sastre para que me hiciese un traje nuevo, sin duda recibió orden de hacerlo de acuerdo con el modelo de algún reformatorio y, desde luego, de manera que no me permitiese el libre uso de mis miembros. ...
En la línea 199
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Y me miraron de un modo muy desagradable. ...
En la línea 283
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... No se nos reunió nadie del pueblo, porque el tiempo era frío y amenazador, el camino desagradable y solitario, el terreno muy malo, la oscuridad inminente y todos estaban sentados junto al fuego dentro de las casas celebrando la festividad. Algunos rostros se asomaron a las iluminadas ventanas para mirarnos, pero nadie salió. Pasamos más allá del poste indicador y nos dirigimos hacia el cementerio, en donde nos detuvimos unos minutos, obedeciendo a la señal que con la mano nos hizo el sargento, en tanto que dos o tres de sus hombres se dispersaban entre las tumbas y examinaban el pórtico. Volvieron sin haber encontrado nada y entonces empezamos a andar por los marjales, atravesando la puerta lateral del cementerio. La cellisca, que parecía morder el rostro, se arrojó contra nosotros llevada por el viento del Este, y Joe me subió sobre sus hombros. ...
En la línea 326
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Se levantó del banco y echó a andar con paso rápido. Casi corría, con la intención de volver a su casa. Pero al pensar en su habitación experimentó una impresión desagradable. Era en su habitación, en aquel miserable tabuco, donde había madurado la «cosa», hacía ya más de un mes. Raskolnikof dio media vuelta y continuó su marcha a la ventura. ...
En la línea 814
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Raskolnikof experimentó de súbito el deseo de decir a todos algo desagradable. ...
En la línea 918
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Pero Raskolnikof estaba ya en la calle. Iba por el puente de Nicolás, cuando una aventura desagradable le hizo volver en sí momentáneamente. Un cochero cuyos caballos estuvieron a punto de arrollarlo le dio un fuerte latigazo en la espalda después de haberle dicho a gritos tres o cuatro veces que se apartase. Este latigazo despertó en él una ira ciega. Saltó hacia el pretil (sólo Dios sabe por qué hasta entonces había ido por medio de la calzada) rechinando los dientes. Todos los que estaban cerca se echaron a reír. ...
En la línea 1070
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Cogió la botella, que contenía aún un buen vaso de cerveza, y se la bebió de un trago. Experimentó una sensación deliciosa, pues el pecho le ardía. Pero un minuto después ya se le había subido la bebida a la cabeza. Un ligero y no desagradable estremecimiento le recorrió la espalda. Se echó en el diván y se cubrió con la colcha. Sus pensamientos, ya confusos e incoherentes, se enmarañaban cada vez más. Pronto se apoderó de él una dulce somnolencia. Apoyó voluptuosamente la cabeza en la almohada, se envolvió con la colcha que había sustituido a la vieja y destrozada manta, lanzó un débil suspiro y se sumió en un profundo y saludable sueño. ...
En la línea 117
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Al principio, todo aquel mecanismo me pareció un verdadero enigma. Adiviné confusamente que se hacían posturas en los números, en los pares e impares y en los colores. Decidí no arriesgar más que cien florines del dinero de Paulina Alexandrovna. La idea de que empezaba a jugar por cuenta ajena me desconcertaba. Era aquélla una sensación muy desagradable de la que tenía prisa de liberarme. ...
En la línea 449
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Yo creo que la señorita Blanche tiene, ahora, un interés particular en evitar cualquier encuentro desagradable y, lo que es peor… escandaloso. ...
En la línea 1134
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Ella continuaba sentada, inmóvil, pero observándome con atención. Tenía una expresión extraña, una expresión que me era desagradable. No me equivoco si digo que en su mirada se reflejaba el odio. ...
En la línea 1263
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Todo esto me resultaba sumamente desagradable. ...

El Español es una gran familia

la Ortografía es divertida
Errores Ortográficos típicos con la palabra Desagradable
Cómo se escribe desagradable o desagrradable?
Cómo se escribe desagradable o dezagradable?
Cómo se escribe desagradable o desagradavle?
Cómo se escribe desagradable o desajradable?
Busca otras palabras en esta web
Palabras parecidas a desagradable
La palabra ingresar
La palabra sacada
La palabra manifestado
La palabra picardo
La palabra contratado
La palabra preguntarle
La palabra habiendo
Webs Amigas:
Ciclos Fp de informática en Burgos . Ciclos formativos en Palencia . Ciclos Fp de Automoción en Guipúzcoa . - Cala D'or Apartamentos Gavimar Corporativa