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La palabra clero
Cómo se escribe

la palabra clero

La palabra Clero ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece clero.

Estadisticas de la palabra clero

Clero es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 11286 según la RAE.

Clero aparece de media 6.64 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la clero en las obras de referencia de la RAE contandose 1009 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Clero

Cómo se escribe clero o clerro?
Cómo se escribe clero o slero?

Más información sobre la palabra Clero en internet

Clero en la RAE.
Clero en Word Reference.
Clero en la wikipedia.
Sinonimos de Clero.


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece clero

La palabra clero puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1699
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¿Tiene usted algún motivo para suponer que entre el clero católico hay muchos de los vuestros? ABARBANEL.—No lo supongo, lo sé. ...

En la línea 1700
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Hay muchos como yo en el clero, y no de rango inferior tan sólo. ...

En la línea 1758
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... y ahora viene usted y casi me convence, para indisponerme aun más con el clero, como si todavía no me odiase bastante. ...

En la línea 1814
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Nadie pensaba allí en Dios ni en Cristo; todos los pensamientos se concentraban en el cura, que en tal momento parecía el más importante de todos los seres vivos, con poder suficiente para abrir y cerrar las puertas del cielo o del infierno, según lo tuviese a bien; pasmoso ejemplo del sistema papista imperante, cuyo principal designio fué siempre mantener el ánimo del pueblo todo lo apartado de Dios que podía, y en concentrar en el clero sus esperanzas y temores. ...

En la línea 719
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Esta especie de herencia, o mejor, sucesión inter vivos, era muy codiciada en el cabildo y por todos los dependientes del clero catedral. ...

En la línea 2584
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —¡Hombre, hombre! ¿qué sabes tú por qué? —interrumpió el enemigo del clero —. ...

En la línea 2806
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Y la sana influencia del clero, sobre todo del clero catedral, hace mucho. ...

En la línea 2806
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Y la sana influencia del clero, sobre todo del clero catedral, hace mucho. ...

En la línea 320
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Esta fue la postrera satisfacción del último cruzado. Hasta su muerte se mantuvo en una firme actividad a prueba de desilusiones; pero no conoció ya nuevas victorias. Sus Inesperados triunfos por mar y tierra no pudo explotarlos, falto de cooperación. Luchaba en medio de la indiferencia de los suyos, hostilizado sordamente por los príncipes cristianos y gran parte de su clero. Su dolor al verse solo le hacía decir: «La mies es grande y los obreros muy pocos.» ...

En la línea 1647
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En tal situación, presentose inopinadamente en Madrid Nicolás Rubín, el curita peludo, que también tenía sus pretensiones de ingresar no sé si en el clero castrense o en el catedral, y ambos hermanos celebraron unos coloquios muy reservados, paseando solos por las afueras. De resultas de esto, Juan Pablo apareció un día en el café con cierta animación, mucho desenfado en sus juicios políticos, dándolas de profeta y expresando más altaneramente que nunca su desprecio de la situación dominante. A los que de esta manera se conducen, se les mira en los cafés con un poquillo de respeto y aun con cierta envidia, suponiéndoles conocedores de secretos de Estado o de alguna intriga muy gorda. «El amigo Rubín—dijo, en ausencia de él D. Basilio Andrés de la Caña, que era uno de los puntos fijos en la mesa—, me parece a mí que no juega limpio con nosotros. Si le van a colocar que lo diga de una vez. ¿Qué tenemos, viene la federal o qué? ¡Misterios! ¡Meditemos!… ¿O es que le lleva cuentos a don Práxedes? Bueno, señores, que se los lleve. No me importa el espionaje». ...

En la línea 2124
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En aquel instante le vinieron al pensamiento ideas distintas de las que había llevado a la visita, y más conformes con su empinada soberbia clerical. Había ido con el propósito de romper aquellos lazos, si la novia de su hermano no se prestaba medianamente a ello; pero cuando la vio tan humilde, tan resignada a su triste suerte, entrole apetito de componendas y de mostrar sus habilidades de zurcidor moral. «He aquí una ocasión de lucirme—pensó—. Si consigo este triunfo, será el más grande y cristiano de que puede vanagloriarse un sacerdote. Porque figúrense ustedes que consigo hacer de esta samaritana una señora ejemplar y tan católica como la primera… figúrenselo ustedes… ». Al pensar esto, Nicolás creía estar hablando con sus colegas. Tomaba en serio su oficio de pescador de gente, y la verdad, nunca se le había presentado un pez como aquel. Si lo sacaba de las aguas de la corrupción, «¡qué victoria, señores, pero qué pesca!». En otros casos semejantes, aunque no de tanta importancia, en los cuales había él mangoneado con todos sus ardides apostólicos, alcanzó éxitos de relumbrón que le hicieron objeto de envidia entre el clero toledano. Sí; el curita Rubín había reconciliado dos matrimonios que andaban a la greña, había salvado de la prostitución a una niña bonita, había obligado a casarse a tres seductores con las respectivas seducidas; todo por la fuerza persuasiva de su dialéctica… «Soy de encargo para estas cosas» fue lo último que pensó, hinchado de vanidad y alegría como caudillo valeroso que ve delante de sí una gran batalla. Después se frotó mucho las manos, murmurando: ...

En la línea 2179
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El capellán no hizo aspavientos. Al contrario, le gustaba que sus catecúmenos estuvieran rasos y limpios de toda ciencia, para poder él enseñárselo todo. Después meditó un rato, las manos cruzadas y dando vuelta a los pulgares uno sobre otro. Fortunata le miraba en silencio. No podía dudar de que era hombre muy sabedor de cosas del mundo y de las flaquezas humanas, y pensó que le convenía ponerse bajo su dirección. En aquel momento hallábase bajo la influencia de ideas supersticiosas adquiridas en su infancia respecto a la religión y al clero. Su catecismo era harto elemental y se reducía a dos o tres nociones incompletas, el Cielo y el Infierno, padecer aquí para gozar allá, o lo contrario. Su moral era puramente personal, intuitiva y no tenía nada que ver con lo poco que recordaba de la doctrina cristiana. Formó del hermano de Maxi buen concepto, porque se lavaba poco y sabía mucho y no reñía a las pecadoras, sino que las trataba con dulzura, ofreciéndoles el matrimonio, la salvación, y hablándoles del alma y otras cosas muy bonitas. ...


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