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La palabra cimitarra
Cómo se escribe

la palabra cimitarra

La palabra Cimitarra ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece cimitarra.

Estadisticas de la palabra cimitarra

La palabra cimitarra no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE

Errores Ortográficos típicos con la palabra Cimitarra

Cómo se escribe cimitarra o cimitara?
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Cómo se escribe cimitarra o simitarra?

Más información sobre la palabra Cimitarra en internet

Cimitarra en la RAE.
Cimitarra en Word Reference.
Cimitarra en la wikipedia.
Sinonimos de Cimitarra.


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece cimitarra

La palabra cimitarra puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 10870
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Entonces, desde la otra orilla, se vio al verdugo alzar lentamente sus dos brazos; un rayo de luna se reflejó sobre la hoja de su larga es pada; los dos brazos cayeron y se oyó el silbido de la cimitarra y el grito de la víctima. ...

En la línea 543
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... La divertía contemplar como aquellos jinetes masculinos, barbudos y con cimitarra, mandados por oficiales hembras, repelían a la muchedumbre para que no avanzase hasta las puntas de sus zapatos. A un lado del gran espacio completamente libre vio Gillespie un grupo de hombres que iba descargando de cinco carretas varios cubos llenos de una materia blanca, así como ciertos aparatos misteriosos envueltos en fundas y una gran tela arrollada lo mismo que un toldo. Debía ser el primer grupo de barberos que entraba a prestar sus servicios. ...

En la línea 573
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Armados de un sable corvo que llevaban sostenido entre los dientes, iban trepando por las laderas del cráneo, agarrándose a los haces de cabellos como si fuesen los matorrales de una montaña. Luego, apoyándose solamente en una mano y blandiendo la cimitarra con la otra, daban golpes a diestro y siniestro en la espesa vegetación. Este trabajo divirtió más al público que el anterior, a causa de la destreza de los trepadores y del peligro que arrostraban. Podían matarse si perdían pie a tan enorme altura. ...

En la línea 866
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Así fue. El día señalado, Gillespie, siguiendo a una máquina terrestre montada por su traductora y varios individuos de su Comite, llegó al citado lugar. La muchedumbre había emprendido ya su marcha hacia el templo, y la presencia del gigante produjo enorme desorden. En vano los jinetes de la cimitarra dieron varias cargas para dejar un espacio libre de gente en torno de Gillespie. A estas horas de la mañana la muchedumbre era de los barrios populares, y mostró un regocijo agresivo y rebelde. Bailaba al son de sus instrumentos, obstruyendo el camino, y se negaba a obedecer a la fuerza pública cuando esta pretendía alejarla del Hombre-Montaña. ...

En la línea 1408
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... No todos los hombres eran dignos de abominación. Los jinetes de la policía, aquellos barbudos de la cimitarra, tan odiados por el pueblo, desfilaban igualmente. Todos habían pedido que los enviasen a combatir a los insurrectos. Y detrás de ellos pasaron miles y miles de voluntarios que acababan de alistarse: atletas semidesnudos, máquinas de trabajo que habían vivido hasta entonces en una pasividad estúpida y parecían despertar a una nueva existencia con la aparición de la guerra. Las mujeres los admiraban ahora como si fuesen unos seres completamente diferentes de los siervos que habían conocido horas antes. ...

En la línea 91
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Se cargaron los dos cañones; llevaron al puente balas y granadas de mano, fusiles, hachas y sables de abordaje. Sandokán parecía participar de la ansiedad e inquietud de sus hombres. Paseaba de popa a proa con paso nervioso, escrutando la inmensa extensión de agua, mientras apretaba con rabia la empuñadura de oro de su magnífica cimitarra. ...

En la línea 127
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¡Tigrecitos, a mí! —gritó, tumbando a dos hombres con el revés de la cimitarra. ...

En la línea 246
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Los piratas rompieron las filas de los soldados que les cerraban el paso, repartieron una granizada de tajos de cimitarra a diestra y a siniestra, y se lanzaron hacia la popa. Había allí sesenta hombres, pero no se detuvieron a contarlos y se arrojaron furiosos sobre la punta de las bayonetas. ...

En la línea 248
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Aquel hombre increíble, a pesar de su herida que manaba sangre, dio un salto, llegó a la borda, derribó con el puño de la cimitarra a un gaviero que intentaba detenerlo y se lanzó de cabeza al mar, desapareciendo bajo las negras aguas. ...

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