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La palabra chocar
Cómo se escribe

la palabra chocar

La palabra Chocar ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece chocar.

Estadisticas de la palabra chocar

Chocar es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 14596 según la RAE.

Chocar aparece de media 4.72 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la chocar en las obras de referencia de la RAE contandose 717 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Chocar

Cómo se escribe chocar o chocarr?
Cómo se escribe chocar o shosar?
Cómo se escribe chocar o cocar?


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece chocar

La palabra chocar puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 6859
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Estaba descansando en la camareta, cuando oí chocar un bote contra el costado de nuestro barco, y alguna gente subir a bordo. ...

En la línea 953
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 6 de septiembre.- Continuamos directamente hacia el sur y pasamos la noche en Rancagua. camino atraviesa tina estrecha llanura, limitada por una parte por altas colinas y por la otra por la Cordillera. siguiente día remontamos el valle del río Cachapual, donde se hallan los baños calientes de Cauquenes, célebres desde hace mucho tiempo por sus propiedades medicinales. las regiones menos frecuentadas se quitan los puentes, colgados durante el invierno, porque entonces están muy bajas las aguas. í lo han hecho en este valle y tenemos que atravesar el torrente a caballo. paso es desagradable, corre con tanta; rapidez el agua y hace tanta espuma al chocar con las grandes piedras del lecho, que marea, y es difícil asegurar si avanza el caballo o es el terreno el que se mueve. verano, cuando se funden las nieves es imposible atravesar estos torrentes vadeando; tal y tan grande es la fuerza y violencia de su corriente, de la cual hay evidentes signos en ambas orillas ...

En la línea 2675
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... ando se viene de las colonias españolas, cuyas fortificaciones suelen ser tan magníficas, no puede menos de chocar la insuficiencia de medios de defensa de nuestras colonias. comparación con lo que he visto en Sydney, lo que más me sorprende es el pequeño número de edificios grandes, construidos o en construcción. ...

En la línea 6358
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —¡Bravo! ¡bravo! —gritaron Paco y Edelmira, que también se sentían muy jóvenes; y obligaron a don Víctor a chocar las copas. ...

En la línea 6485
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¡Qué diablos es esto! pensó De Pas; y entonces precisamente fue cuando se encontró con los ojos de don Álvaro; fue una mirada que se convirtió, al chocar, en un desafío; una mirada de esas que dan bofetadas; nadie lo notó más que ellos y la Regenta. ...

En la línea 7551
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Oía vagos rumores lejanos del chocar de los cuartos viejos, de la plata y del oro, de cristalino timbre. ...

En la línea 9695
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Don Pompeyo, más abandonado cada día, se colocaba taciturno, como Jeremías podría pararse en una plaza de Jerusalem, se colocaba, abierto de piernas, delante de la mesa pequeña, la de carambolas, y largo rato contemplaba a aquellos ilusos que pasaban las horas de la brevísima existencia, viendo chocar o no chocar tres bolas de marfil. ...

En la línea 92
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Quiso volver atrás, convencido de la inutilidad de su exploración. Prefería pasar la noche en el bote, por ofrecerle mayores comodidades para su sueno que esta tierra desconocida. Pero al poco tiempo de marchar en varias direcciones se dio cuenta de que estaba completamente desorientado. Aquel mar tranquilo como una laguna, sin rompientes y sin olas, no podía guiarle con el ruido de sus aguas al chocar contra la orilla. ...

En la línea 1077
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Algunas de ellas tenían manchas de sangre en el rostro y en las ropas; otras, sentadas en el suelo, se quejaban de tremendos dolores en sus miembros. Pero estos dolores, así como la sangre, eran una consecuencia de las caídas que habían dado al huir del gigante. Su inmenso garrote, al chocar contra el suelo, esparcía un temblor igual al de un terremoto. ...

En la línea 1755
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Sintió que le renacía el valor. Pero cuando le llamaron a comer, y fue al comedor y se encaró con su tía, pensó que esta le iba a conocer en la cara lo que había hecho. Mirábale ella lo mismo que el día infausto en que le robara los botones arrancándolos de la ropa… Y al sobrinito se le alborotó la conciencia, haciéndole ver peligros donde no los había. «Me parece—cavilaba, tragando la sopa—, que la colcha no ha quedado muy limpia… Caspitina, se me olvidó una cosa; pero una cosa muy importante… ver si habían caído pedacitos de barro en alguna parte. Ahora recuerdo que oí el tin, como si un casquillo saltara en el momento del golpe y fuera a chocar disparado con el frasco de ioduro. En el suelo quizás… ¡y mi tía barre todos los días!… ¡Cómo me mira! Si sospechará algo… Lo que ahora me faltaba era que mi tía hubiese pasado por la tienda al volver de casa de las de Morejón, y le hubiera dicho el tendero: «Aquí estuvo su sobrino a cambiar dos pesetas en calderilla». ...

En la línea 2065
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Los dos hermanos mayores almorzaron juntos, mas no hablaron ni palotada de política, por no chocar con doña Lupe. Precisamente Nicolás fue quien metió a Juan Pablo por el aro carlista, prometiéndole villas y castillos. Habíale dado recomendaciones para elevadas personas del Cuartel Real y para unos clérigos de caballería que residían en Bayona. Pero nada, como digo, se habló en la mesa. No se les ocultaba que su tía sabía hacer guardar los respetos debidos a la entidad de Jáuregui, presente siempre en la casa por ficción mental, de que era símbolo el feo retrato que en el gabinete estaba. Hablaban del tiempo, de lo mal que se vivía en Toledo, de que el viento se había llevado toda la flor del albaricoque, y de otras zarandajas, honrando sin melindres el buen almuerzo. ...

En la línea 2600
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Consideraba que cuando estuviera en su casa, se emanciparía de aquella tutela enojosa, sin chocar, por supuesto, porque además doña Lupe le parecía mujer de gran utilidad, que sabía mucho y aconsejaba algunas cosas muy puestas en razón. ...

En la línea 2482
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¡Venganza! ¡Viva el Tigre de la Malasia! Resonaron tiros de fusil y pistola, seguidos de maldiciones, gemidos, lamentos, un chocar de hierros, carreras y rumores sordos de cuerpos que caían en la cruenta lucha. ...

En la línea 2182
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Yo volví a mi camarote, muy intrigado, como puede suponerse. Traté en vano de dormir. Buscaba una relación entre la aparición del buceador y ese cofre lleno de oro. Luego, por los movimientos de balanceo y de cabeceo que hacía el Nautilus, me di cuenta de que había emergido a la superficie. Oí un ruido de pasos sobre la plataforma y supuse que estaban botando la canoa al mar. Se oyó el ruido del bote al chocar con el flanco del Nautilus, y luego fue el silencio. ...

En la línea 2224
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Nos hallábamos a la sazón entre Sicilia y la costa de Túnez. En ese espacio delimitado por el cabo Bon y el estrecho de Mesina, el fondo del mar sube bruscamente formando una verdadera cresta a diecisiete metros de la superficie, mientras que a ambos lados de la misma la profundidad es de ciento setenta metros. El Nautilus hubo de maniobrar con prudencia para no chocar con la barrera submarina. ...

En la línea 2728
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Durante aquel día, el Nautilus repitió varias veces la tentativa de salir a flote sin otro resultado que el de chocar con la muralla que tenía encima como un techo. En algunos momentos, la encontró a novecientos metros, lo que acusaba mil doscientos metros de espesor doscientos de los cuales se elevaban por encima de la superficie del océano. Era el doble de la altura que habíamos estimado en el momento en el que el Nautilus se había sumergido. ...

En la línea 2838
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Los paneles que recubrían los cristales del salón estaban cerrados por precaución, ya que el casco del Nautilus podía chocar con cualquier bloque sumergido. Pasé, por tanto, aquel día ordenando mis anotaciones. Tenía la mente embargada por los recuerdos del Polo. Habíamos alcanzado ese punto inaccesible sin fatiga, sin peligro, como si nuestro vagón flotante se hubiese deslizado por los ralles del ferrocarril. El retorno comenzaba verdaderamente ahora. ¿Me reservaría aún semejantes sorpresas? Así lo creía yo, tan inagotable es la serie de maravillas submarinas. Desde que cinco meses y medio antes el azar nos había embarcado allí, habíamos recorrido catorce mil leguas, y en ese trayecto, más largo que el del ecuador terrestre, ¡cuántos curiosos o terribles incidentes habían jalonado nuestro viaje! ¡La caza en los bosques de Crespo, el encallamiento en el estrecho de Torres, el cementerio de coral, las pesquerías de Ceilán, el túnel arábigo, los fuegos de Santorin, los millones de la bahía de Vigo, la Atlántida, el Polo Sur! ...

En la línea 897
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Me intranquilizó mucho el caso del joven caballero pálido. Cuanto más recordaba la pelea y mentalmente volvía a ver a mi antagonista en el suelo, en las varias fases de la lucha, mayor era la certidumbre que sentía de que me harían algo. Sentía que la sangre del joven y pálido caballero había caído sobre mi cabeza, y me decía que la ley tomaría venganza de mí. Sin tener idea clara de cuáles eran las penalidades en que había incurrido, para mí era evidente que los muchachos de la aldea no podrían recorrer la comarca para ir a saquear las casas de la gente y acometer a los jóvenes estudiosos de Inglaterra, sin quedar expuestos a severos castigos. Durante varios días procuré no alejarme mucho de mi casa, y antes de salir para cualquier mandado miraba a la puerta de la cocina con la mayor precaución y hasta con cierto temblor, temiendo que los oficiales de la cárcel del condado vinieran a caer sobre mí. La nariz del pálido y joven caballero me había manchado los pantalones, y en el misterio de la noche traté de borrar aquella prueba de mi crimen. Al chocar contra los dientes de mi antagonista me herí los puños, y retorcí mi imaginación en un millar de callejones sin salida, mientras buscaba increíbles explicaciones para justificar aquella circunstancia condenatoria cuando me curasen ante los jueces. ...

En la línea 1544
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Mientras luchaba contra la puerta estaba convirtiendo la fruta en pasta, pues continuaban debajo de sus brazos las bolsas de papel. Por eso le rogué que me lo entregase todo. Lo hizo así con agradable sonrisa y empezó a luchar con la puerta como si ésta fuese una fiera. Por fin se rindió de un modo tan repentino que él vino a chocar contra mí, y yo, retrocediendo, fui a dar contra la puerta opuesta, y ambos nos echamos a reír. Pero aún me parecía que se me iban a saltar los ojos y como si estuviera soñando. ...


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Más información sobre la palabra Chocar en internet

Chocar en la RAE.
Chocar en Word Reference.
Chocar en la wikipedia.
Sinonimos de Chocar.

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