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La palabra chaqueta
Cómo se escribe

la palabra chaqueta

La palabra Chaqueta ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece chaqueta.

Estadisticas de la palabra chaqueta

Chaqueta es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 6677 según la RAE.

Chaqueta aparece de media 12.93 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la chaqueta en las obras de referencia de la RAE contandose 1966 apariciones .

Más información sobre la palabra Chaqueta en internet

Chaqueta en la RAE.
Chaqueta en Word Reference.
Chaqueta en la wikipedia.
Sinonimos de Chaqueta.

Algunas Frases de libros en las que aparece chaqueta

La palabra chaqueta puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 274
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Y Rafael no murió de hambre. ¡Qué había de morir!... Su padrino le admiraba cuando le veía llegar a Marchamalo, montado en un alazán fuerte y de libras, vestido como un hacendado de la sierra, con fachenda de galán campesino, asomándole ricos pañuelos de seda por los bolsillos de la chaqueta y el escopetón siempre pendiente de la montura. Al viejo contrabandista le temblaban las carnes de placer oyéndole relatar sus proezas. El muchacho vengaba a su compadre y a él de los sustos sufridos en la montaña, de los golpes que les habían dado los que él apellidaba «los esbirros». ¡De seguro que a éste no se le ponían delante para quitarle la carga!... ...

En la línea 440
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Rafael miraba al acompañante del buhonero creyendo reconocerle, pero sin determinar en su memoria quién era. Caminaba con las manos en los bolsillos, el cuello de la chaqueta levantado y el sombrero sobre las cejas, chorreando agua por todos los extremos de su traje, encogiéndose estremecido de frío, sin una manta como su camarada. Pero, a pesar de esto, marchaba sin precipitación como si no le molestasen la lluvia y el viento que combatían su débil persona. ...

En la línea 458
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Rafael quiso que comiera algo; y habló a la vieja de freír huevos, de descolgar cierto jamón que había dejado el amo en una de sus visitas; pero Salvatierra le atajó. Era inútil: él llevaba en un bolsillo las provisiones para la noche. Y extrajo de su chaqueta un papel mojado, que contenía un mendrugo y un pedazo de queso. ...

En la línea 465
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Antes de que pudiera negarse, Rafael y la vieja le despojaron de la chaqueta y el chaleco, envolviéndole en el capote, mientras _Zarandilla_ colocaba ante el fuego las ropas mojadas, que despedían un humo tenue. ...

En la línea 1948
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Iba modestamente vestido, con chaqueta y pantalón de paño vasto, de tinte rojizo. ...

En la línea 3349
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Un individuo de miserable aspecto, de chaqueta y sombrero de copa alta, les servía de criado. ...

En la línea 3390
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El hijo y las once hijas iban muy bien vestidos: el muchacho, con pantalón y chaqueta de corte inglés; las muchachas, de blanco inmaculado. ...

En la línea 4462
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¿Qué se le ofrece a usted?—pregunté a un individuo bajo, grueso, de alegre rostro, vestido con una chaqueta de pana y pantalones de lienzo ordinario, que se presentó en mi habitación al obscurecer. ...

En la línea 9787
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El café de la Paz era grande, frío; el gas amarillento y escaso parecía llenar de humo la atmósfera cargada con el de los cigarros y las cocinas; a la hora en que los dos amigos conferenciaban estaba desierto el salón; los mozos, de chaqueta negra y mandil blanco, dormitaban por los rincones. ...

En la línea 11919
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Acercó la Regenta el rostro a la raya de luz y vio a don Víctor sentado en su lecho; de medio cuerpo abajo le cubría la ropa de la cama, y la parte del torso que quedaba fuera abrigábala una chaqueta de franela roja; no usaba gorro de dormir don Víctor por una superstición respetable; él incapaz de sospechar de su Ana la falta más leve, huía de los gorros de noche por una preocupación literaria. ...

En la línea 11927
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Pero como la Regenta no estaba en antecedentes sintió el alma en los pies al considerar que aquel hombre con gorro y chaqueta de franela que repartía mandobles desde la cama a la una de la noche, era su marido, la única persona de este mundo que tenía derecho a las caricias de ella, a su amor, a procurarla aquellas delicias que ella suponía en la maternidad, que tanto echaba de menos ahora, con motivo del portal de Belén y otros recuerdos análogos. ...

En la línea 159
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - Si pudiera usted examinarse en este momento desde los bolsillos de sus pantalones al bolsillo superior de su chaqueta, se daría cuenta de que lo hemos sometido a un registro completo. Apenas se durmió usted bajo la influencia del narcótico, empezó esta operación a la luz de los faros de nuestras máquinas volantes y rodantes. Después, el registro lo hemos continuado a la luz del sol. Una máquina-grúa ha ido extrayendo de sus bolsillos una porción de objetos disparatados, cuyo uso pude yo adivinar gracias a mis estudios minuciosos de los antiguos libros, pero que es completamente ignorado por la masa general de las gentes. La grúa hasta funcionó sobre su corazón para sacar del bolsillo más alto de su chaqueta un gran disco sujeto por una cadenilla a un orificio abierto en la tela; un disco de metal grosero, con una cara de una materia transparente muy inferior a nuestros cristales; máquina ruidosa y primitiva que sirve entre los Hombres-Montañas para marcar el paso del tiempo, y que haría reír por su rudeza a cualquier niño de nuestras escuelas. ...

En la línea 811
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Y puso al catedrático sobre su pecho, aposentándolo en el bolsillo superior de su chaqueta, donde antes guardaba el pañuelo perfumado que había sido el asombro de las damas masculinas en el palacio del gobierno. ...

En la línea 883
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El gigante extendió la mano sobre las torres, y tomando entre dos dedos a Ra-Ra, lo puso delicadamente en la abertura del bolsillo alto de su chaqueta. El joven le guiaría en su excursión, como el cornac que va sentado en la testa del elefante. ...

En la línea 1134
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Rió Gillespie cuando estos atletas lo extendieron bajo su vista. La exigencia de los pigmeos resultaba tan cómica, que ahogó en él todo intento de indignación. Pero volvió a fruncir el ceño cuando el profesor le pidió que se despojase de su chaqueta y sus pantalones, conservando únicamente la ropa interior. ...

En la línea 901
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Hallábase en lo más entretenido de aquella crítica literaria, tan propia de su oficio, cuando vio que hacia él iban tres individuos de calzón ajustado, botas de caña, chaqueta corta, gorra, el pelo echadito palante, caras de poca vergüenza. ...

En la línea 983
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... A una llamada del capitán, acudieron dos hombres de la tripulación para ayudarnos a ponernos aquellos trajes impermeables, hechos de caucho y sin costuras y realizados de modo que sus usuarios pudieran soportar presiones considerables. Se hubiera dicho una armadura elástica a la vez que resistente. Formados aquellos extraños trajes por chaqueta y pantalón, éste se empalmaba con unas gruesas botas guarnecidas con unas pesadas suelas de plomo. El tejido de la chaqueta estaba reforzado por finas láminas de cobre, que acorazaban el pecho protegiéndole de la presión de las aguas y que permitían el libre funcionamiento de los pulmones; sus mangas terminaban en unos finos guantes que dejaban a las manos gran libertad de movimientos. ...

En la línea 277
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Por fin Joe terminó su trabajo y acabó el ruido de sus martillazos. Y mientras se ponía la chaqueta, cobró bastante valor para proponer que acompañáramos a los soldados, a fin de ver cómo resultaba la caza. El señor Pumblechook y el señor Hubble declinaron la invitación con la excusa de querer fumar una pipa y gozar de la compañía de las damas, pero el señor Wopsle dijo que iría si Joe le acompañaba. Éste se manifestó dispuesto y deseoso de llevarme, si la señora Joe lo aprobaba. Pero no habríamos podido salir, estoy seguro de ello, a no ser por la curiosidad que la señora Joe sentía de enterarse de todos los detalles y de cómo terminaba la aventura. De todos modos dijo: ...

En la línea 881
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Entonces empezó a quitarse ropa, no solamente la chaqueta y el chaleco, sino también la camisa, de un modo animoso, práctico y como si estuviese sediento de sangre. ...

En la línea 947
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Estella apenas se fijó en nosotros, pero nos guió por el camino que yo conocía tan bien; yo la seguía inmediatamente, y Joe cerraba la marcha. Cuando miré a éste mientras íbamos por el corredor, vi que todavía pesaba su sombrero con el mayor cuidado y nos seguía a largos pasos, aunque andando de puntillas. Estella me dijo que debíamos entrar los dos, de modo que yo tomé a Joe por la manga de su chaqueta y lo llevé a presencia de la señorita Havisham. La dama estaba sentada a la mesa del tocador, e inmediatamente volvió los ojos hacia nosotros. ...

En la línea 1048
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Mi querido Joe — exclamé desesperado y agarrándome a su chaqueta —. No sigas. Te repito que jamás tuve la intención de hacer un regalo a la señorita Havisham. ...

En la línea 110
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... El hombre sacó una bolsa de cuero del bolsillo de su chaqueta y contestó: ...

En la línea 250
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... - ¡Mucho! ¡La chaqueta roja, la cadena al pie, una tarima para dormir, el calor, el frío, el trabajo, los apaleos, la doble cadena por nada, el calabozo por una palabra, y, aun enfermo en la cama, la cadena! ¡Los perros, los perros son más felices! ¡Diecinueve años! Ahora tengo cuarenta y seis, y un pasaporte amarillo. ...

En la línea 286
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Por fin partió para Tolón, donde llegó después de un viaje de veintisiete días, en una carreta y con la cadena al cuello. En Tolón fue vestido con la chaqueta roja; y entonces se borró todo lo que había sido en su vida, hasta su nombre, porque desde entonces ya no fue Jean Valjean, sino el número 24.601. ¿Qué fue de su hermana? ¿Qué fue de los siete niños? Pero, ¿a quién le importa? ...

En la línea 447
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Parecía que Jean Valjean no oía nada. El niño le cogió la solapa de la chaqueta, y la sacudió, haciendo esfuerzos al mismo tiempo para separar el tosco zapato claveteado que cubría su tesoro. ...

En la línea 785
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... A la vuelta solían las amigas hallar el puente más animado que a la ida. Era el momento en que tornaba de sus expediciones campestres la gente de Vichy y los bañistas, y abundaban los jinetes, llevando sus monturas al paso, luciendo los pantalones de punto y las abrochadas polainas, sobre las cuales relucía la nota brillante del estribo y del espolín. Algún sociable, semejante a ligera canoa, corría arrastrado por su gallardo tronco de jacas bien iguales, bien lustrosas de pelo y lucias de cascos, y ufano de su elegante tripulación; entreveíanse un instante anchas pamelas de paja muy florecidas de filas y amapolas, trajes claros, encajes y cintas, sombrillas de percal de gayos colorines, rostros alegres, con la alegría del buen tono, que está siempre a diapasón más bajo que la de la gente llana. Esta gozaban los expedicionarios de a pie, en su mayor parte familias felices, que ostentaban satisfechas la librea de la áurea mediocridad, y aun de la sencilla pobreza: el padre, obeso, cano, rubicundo, redingote gris o marrón, al hombro larguísima caña de pescar; la hija, vestido de lana obscura, sombrerillo de negra paja con una sola flor, en la izquierda el cestito de los anzuelos y demás enseres piscatorios, y llevando de la diestra al hermanito, a quien pantalones y chaqueta quedaron ya muy cortos, y que luce la caña de las botinas, y levanta orgulloso el cubo donde flotan los simples peces víctimas del mortífero pasatiempo de su padre. ...


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