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La palabra cerebrales
Cómo se escribe

la palabra cerebrales

La palabra Cerebrales ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece cerebrales.

Estadisticas de la palabra cerebrales

Cerebrales es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 10448 según la RAE.

Cerebrales aparece de media 7.34 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la cerebrales en las obras de referencia de la RAE contandose 1116 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Cerebrales

Cómo se escribe cerebrales o cerrebrrales?
Cómo se escribe cerebrales o cerebralez?
Cómo se escribe cerebrales o serebrales?
Cómo se escribe cerebrales o cerevrales?

Más información sobre la palabra Cerebrales en internet

Cerebrales en la RAE.
Cerebrales en Word Reference.
Cerebrales en la wikipedia.
Sinonimos de Cerebrales.


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece cerebrales

La palabra cerebrales puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 4655
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Retiráronse las de Rubín a su domicilio, teniendo ambas señoras la satisfacción de ver a Maxi tan mejorado de los desórdenes cerebrales de aquella mañana, que no parecía el mismo hombre. Síntomas favorables eran la obediencia a cuanto se le mandaba, y lo juicioso y sosegado de sus respuestas. Aquella noche durmió con tranquilidad, y nada ocurrió que saliera del canon ordinario. A la tarde siguiente convinieron marido y mujer en dar un paseo a prima noche. Fue ella a buscarle a la botica a la hora concertada, y no le encontró. «Ha ido a cortarse el pelo—le dijo Ballester, ofreciéndole una silla—. Con las murrias de estos últimos tiempos, el pobre chico no caía en la cuenta de que se iba pareciendo a los poetas melenudos… Le he mandado que se trasquilase esta misma tarde. Tenga usted presente una cosa: hay que imponérsele, combatirle el abandono, las lecturas y no consentir que se ensimisme. Antes que dejarle caer en las melancolías, vale más darle un disgusto. Yo siempre le hablo gordo, y crea usted… me ha cogido miedo. Es lo que hace falta». ...

En la línea 5457
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Como iba más aprisa que él, pronto se aumentó la distancia que les separaba. En vez de seguir por la calle de Atocha para tomar por la de Cañizares, como parecía natural (este era el itinerario que usaba Maxi), la joven se metió por el oscuro callejón del Salvador. En la sombra del Ministerio de Ultramar la esperaba un hombre que la detuvo un instante: diéronse las manos y siguieron juntos. «Hola, hola—se dijo Maxi acechando—, ¿belenes tenemos?». Y viéndoles ir por el callejón adelante, una idea o más bien sospecha encendió en él vivísima curiosidad. Siguiéndoles a cierta distancia, se cercioró al punto de lo que antes fuera presunción, y la certidumbre produjo en su alma violentísima sacudida. «Es él, ese infame… La espera; van juntos… y toman la vía más solitaria… Luego, son amantes… ¡Engañar a una pobre mujer… un hombre casado!… ». Determinose en él con poderosa fuerza el rencor de otros tiempos, aquel rencor concentrado y sutil que era como un virus ponzoñoso, tan pronto manifiesto como latente, y que al derramarse por todo su ser, producía tantos y tan distintos fenómenos cerebrales. Al propio tiempo se desbordaba en el alma del desdichado joven un sentimiento quijotesco de la justicia, no tal como la estiman las leyes y los hombres, sino como se ofrece a nuestro espíritu, directamente emanada de la esencia divina. «Esto lo tolera y aun lo aplaude la sociedad… Luego, es una sociedad que no tiene vergüenza. ¿Y qué defensa hay contra esto? En las leyes ninguna. ¡Ay, Dios mío, si tuviera aquí un revólver, ahora mismo, ahora mismo, sin titubear un instante, le pegaba un tiro por la espalda y le partía el corazón! No merece que se le mate por delante. ¡Traidor, miserable, ladrón de honras! ¡Y esa tonta que se deja engañar!… Pero ella no merece la muerte, sino la galera, sí señor, la galera… ». ...

En la línea 2783
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Hice observar a Conseil el considerable desarrollo de los lóbulos cerebrales en los inteligentes cetáceos. Exceptuado el hombre, ningún mamífero tiene una materia cerebral tan rica. Por ello, las focas son susceptibles de recibir una cierta educación; se las domestica fácilmente, y yo creo, con algunos naturalistas, que convenientemente amaestradas podrían prestar grandes servicios como perros de pesca. ...

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