La palabra Carruaje ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece carruaje.
Estadisticas de la palabra carruaje
La palabra carruaje no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE
Errores Ortográficos típicos con la palabra Carruaje
Cómo se escribe carruaje o caruaje?
Cómo se escribe carruaje o carrrruaje?
Cómo se escribe carruaje o sarruaje?
Cómo se escribe carruaje o carruage?
Más información sobre la palabra Carruaje en internet
Carruaje en la RAE.
Carruaje en Word Reference.
Carruaje en la wikipedia.
Sinonimos de Carruaje.

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece carruaje
La palabra carruaje puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 338
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Lo mismo la veían en las principales calles elegantemente vestida o en el Campo de la Feria en un lujoso carruaje, como se presentaba despeinada y envuelta en un mantón copiando el andar de las mozas bravas y contestando a los requiebros de los hombres con palabras que ruborizaban a muchos. Gustaba de sonreír con gestos de misteriosa complicidad a los pacíficos señores que pasaban junto a ella con sus familias. Después reía como una loca pensando en las querellas conyugales que estallaban al volver a casa aquellos matrimonios honrados y solemnes que ella había tratado cuando vivía con su esposo. En una acera de la calle Larga, ante las mesas de los principales casinos, había besado a un amigo con exagerados transportes de pasión, entre el griterío de la gente que salía a las puertas. ...
En la línea 719
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Luego que se convenció de que el acompañante había descendido sin ningún contratiempo, atendió a su madre y a su esposa, que bajaron del carruaje vestidas de negro, con la mantilla sobre los ojos. ...
En la línea 922
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Pasó el carruaje como un rayo entre nubes de polvo, pero Fermín pudo reconocer al que guiaba los caballos. Era Luis Dupont que, erguido en el pescante, arreaba con la voz y el látigo a las cuatro bestias que corrían desbocadas. Una mujer que iba junto a él, también gritaba azuzando al ganado con una fiebre de velocidad loca. Era la _Marquesita_. Montenegro creyó que le había reconocido, pues al alejarse, agitó una mano entre la nube de polvo, gritándole algo que no pudo oír. ...
En la línea 930
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Apenas habían llegado los dos paseantes a las primeras casas de Jerez, cuando el carruaje de Dupont, rodando vertiginosamente a impulsos de las briosas bestias, que corrían como locas, estaba ya en Matanzuela. ...
En la línea 681
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Apenas tenía anchura bastante para dar paso al carruaje, y era, además, muy escarpado y quebrado; avanzamos subiendo y bajando, con mucho crujir de ruedas y unas sacudidas tan violentas, que corríamos peligro de vernos lanzados como por una honda. ...
En la línea 688
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La capa se le escurrió de los hombros, y al querer ponérsela de nuevo, soltó el ramal con que guiaba a la mula más alta; la cuerda se le enredó en las patas al pobre animal, que cayó pesadamente de cabeza al suelo; después de patalear un poco, la mula quedó tendida cuan larga era, atravesada en el camino, con las varas del carruaje sobre las costillas. ...
En la línea 690
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El suceso me enfureció, y comencé a gritar: «¡Borracho! ¡Renegado! Que hasta te avergüenzas de hablar la lengua de tu país; ahora que has destruído el sostén de tu vida, ya puedes morirte de hambre.» «_Paciencia_», me contestó, y empezó a dar patadas a la mula en la cabeza, para hacerla levantar; de un empellón le aparté de allí, y tomando la navaja que se le había caído del bolsillo, corté los tiros del carruaje, pero la vida había volado, y el velo de la muerte empañaba ya los ojos de la mula. ...
En la línea 692
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¿Qué le voy a hacer? _Paciencia._» Al mismo tiempo envié a Antonio a la ciudad para que alquilase otras mulas, y después de descargar mis maletas del carruaje, esperé al borde del camino su regreso. ...
En la línea 2537
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... mo acababa de llegar de América donde en todas las poblaciones se conoce en seguida a las gentes ricas, lo que más me sorprendió era no saber en el acto a quién pertenecía, por ejemplo, el carruaje que acababa de pasar. ...
En la línea 6677
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Se detuvo el carruaje; el Magistral se levantó y saludó a las damas. ...
En la línea 6691
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Los ojos del Magistral siguieron mientras pudieron el carruaje. ...
En la línea 6728
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... La tarde en que el carruaje de los Vegallana dejó al Magistral a la entrada del Espolón, paseaban allí muchos clérigos y no pocos legos de edad y respetabilidad, pero pocas señoras. ...
En la línea 6742
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Y mire usted que venir en carruaje descubierto. ...
En la línea 5673
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Tomó un coche y apenas entró en él se sintió tan mareada, a causa del movimiento y de su propia debilidad, que hubo de cerrar los ojos e inclinar la cabeza para no ver las casas volteando en torno suyo. «Debí haber tomado un caldito antes de salir… Pero a buena hora me acuerdo. En fin, esto pasará». Pasó ciertamente, y lo primero que hizo al reponerse fue variar la orden que había dado al simón. Habíale dicho Ave María, 18; pero tuvo una idea, y dijo Cabeza, 10, sacando la suya por la ventanilla, alargando el brazo y tocando con la llave que en la mano llevaba, al modo de un arma, el brazo del cochero. En la casa últimamente designada estuvo como una media hora, y cuando bajó a tomar de nuevo el carruaje, su cara pálida tenía transparencias de cera, los labios no tenían color… «¿A dónde vamos, señora?» le preguntó el cochero, viendo que pasaba tiempo sin que diera ninguna orden. «Subida a Santa Cruz, esquina a la calle de Vicario Viejo». Y dicho esto, y al rodar de la berlina, daba vueltas a este pensamiento: «Claro; lo que yo dije. La Visitación a mí no me lo había de ocultar. ¡Y luego dice el tonto de Ballester que mi marido está loco! Más razón tiene y más talento que todos los cuerdos juntos… No se ha equivocado ni en tanto así. Veinte duros le he dado a la Visitación por la cantinela… Claro; a mí no me lo había de negar… ». Y partiendo de esta idea, volvía a la misma cien y cien veces, describiendo el doloroso círculo. ...
En la línea 416
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Joe reavivó el fuego, limpió el hogar y luego nos acercamos a la puerta, con la esperanza de oír la llegada del carruaje. La noche era seca y fría, el viento soplaba de un modo que parecía cortar el rostro y la escarcha era blanca y dura. Pensé que cualquier persona podría morirse aquella noche si permanecía en los marjales. Y cuando luego miré a las estrellas, consideré lo horroroso que sería para un hombre que se hallara en tal situación el volver la mirada a ellas cuando se sintiese morir helado y advirtiese que de aquella brillante multitud no recibía el más pequeño auxilio ni la menor compasión. ...
En la línea 435
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — No, Joe - añadió mi hermana, todavía en tono de reproche, mientras él se pasaba el dorso de la mano por la nariz, con aire de querer excusarse , todavía, aunque creas lo contrario, no conoces el caso. Es posible que te lo figures, pero aún no sabes nada, Joe. Y digo que no lo sabes, porque ignoras que el tío Pumblechook, con mayor amabilidad y mayor bondad de la que puedo expresar, con objeto de que el muchacho haga su fortuna yendo a casa de la señorita Havisham, se ha prestado a llevárselo esta misma noche a la ciudad, en su propio carruaje, para que duerma en su casa y llevarlo mañana por la mañana a casa de la señorita Havisham, dejándolo en sus manos. Pero ¿qué hago? - exclamó mi hermana quitándose el gorro con repentina desesperación -. Aquí estoy hablando sin parar, mientras el tío Pumblechook se espera y la yegua se enfría en la puerta, sin pensar que ese muchacho está lleno de suciedad, de pies a cabeza. ...
En la línea 569
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Lo peor de todo era que el bravucón del tío Pumblechook, presa de devoradora curiosidad, a fin de informarse de cuanto yo había visto y oído, llegó en su carruaje a la hora de tomar el té, para que le diese toda clase de detalles. Y tan sólo el temor del tormento que me auguraba aquel hombre con sus ojos de pescado, con su boca abierta, con su cabello de color de arena y su cerebro lleno de preguntas aritméticas me hizo decidir a mostrarme más reticente que nunca. ...
En la línea 608
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Mi opinión - contestó el señor Pumblechook - es que se trata de un coche sedán. Ya sabe usted que ella es muy caprichosa, mucho… , lo bastante caprichosa para pasarse los días metida en el carruaje. ...
En la línea 707
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... El caballo tenía rotas las dos patas y no se podía levantar. El anciano había caído entre las ruedas, con tan mala suerte que todo el peso del carruaje, que iba muy cargado, se apoyaba sobre su pecho. Habían tratado de sacarlo, pero en vano. No había más medio de sacarlo que levantar el carruaje por debajo. Javert, que había llegado en el momento del accidente, había mandado a buscar una grúa. ...
En la línea 707
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... El caballo tenía rotas las dos patas y no se podía levantar. El anciano había caído entre las ruedas, con tan mala suerte que todo el peso del carruaje, que iba muy cargado, se apoyaba sobre su pecho. Habían tratado de sacarlo, pero en vano. No había más medio de sacarlo que levantar el carruaje por debajo. Javert, que había llegado en el momento del accidente, había mandado a buscar una grúa. ...
En la línea 1013
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Pidió, por tanto, un carruaje. ...
En la línea 1066
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... - Señor, van a ser las cinco de la mañana y aquí está el carruaje. ...
En la línea 710
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... El carruaje atravesó primeramente la ciudad 'negra' de calles estrechas formadas por unos casuchos donde pululaba una población cosmopolita, sucia y andrajosa, y luego pasó por la ciudad europea, embellecida con casas de ladrillos, adornada de palmeras, erizadas de arboladuras, y que, a pesar de la hora, temprana, estaba ya recorrida por elegantes jinetes y magníficos carruajes. ...

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