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La palabra botines
Cómo se escribe

la palabra botines

La palabra Botines ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece botines.

Estadisticas de la palabra botines

La palabra botines no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE

Errores Ortográficos típicos con la palabra Botines

Cómo se escribe botines o botinez?
Cómo se escribe botines o votines?

Más información sobre la palabra Botines en internet

Botines en la RAE.
Botines en Word Reference.
Botines en la wikipedia.
Sinonimos de Botines.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece botines

La palabra botines puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 3432
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Pero la contenía un cierto respeto que no acertaba a explicarse. Se alejó, y desde la acera de enfrente miró hacia la casa, diciendo para sí: «Habrá luz en el gabinete de Jacinta, donde estarán de tertulia». Pero no vio nada. Todo cerrado; todo a oscuras… «¡Si habrán salido… ! No, estarán ahí burlándose de mí, riéndose de la trastada que me han hecho… Buenos son todos: ¡tales hijos, tales padres!». Volvió a sentir el insensato anhelo de entrar en la casa, y dio tres o cuatro pasos hacia ella; pero retrocedió por segunda vez. «¿A ver quién sale?». Era un viejo que se detenía en el portal y echaba un párrafo con Deogracias. La joven reconoció a Estupiñá, que había sido vecino suyo cuando ella vivía en la Cava, donde tuvieron principio sus interminables desgracias. Plácido se embozó en su capa tomando hacia la calle del Vicario Viejo. Siguiole Fortunata con la vista hasta verle desaparecer, y poco después volvió a su acecho. ¿Quién salía? Un caballero con botines blancos que parecía extranjero. El tal pasó junto a ella, la miró, casi casi se detuvo un instante para verla mejor; después siguió su camino. Otras personas salían o entraban. Aunque en el pensamiento de Fortunata iba condensándose la imposibilidad de entrar, continuaba allí clavada sin saber por qué. No se podía marchar, aunque iba comprendiendo que la idea que a tal sitio la llevó era una locura, como las que se hacen en sueños. Uno de los muchos desvaríos que se sucedieron en su mente fue imaginar que tal o cual hombre de los que vio salir era amante de Jacinta. «Porque a mí no me digan que es virtuosa… Vaya unos embustes que corre la gente. No se puede creer nada. ¿Virtuosa?, tie gracia… Ninguna de estas casadas ricas lo es ni lo puede ser. Nosotras las del pueblo somos las únicas que tenemos virtud, cuando no nos engañan. Yo, por ejemplo… verbigracia, yo». Entrole una risa convulsiva. «¿Y de qué te ríes, pánfila?—se dijo a sí misma—. Más honrada eres tú que el sol, porque no has querido ni quieres más que a uno. ¿Pero estas… estas?… Ja ja ja. Cada trimestre hombre nuevo, y virtuosa me soy. ¿Por qué? Pues porque no dan escándalos, y todo se lo tapan unas con otras. ¡Ah!, señora doña Jacinta, guárdese el mérito para quien lo crea; usted caerá… tiene usted que caer, si no ha caído ya». ...

En la línea 4883
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Moreno entró en su habitación, seguido del criado. Este era inglés y le acompañaba en todos su viajes. Decía el anti-patriota que los sirvientes españoles son tan torpes que no saben ni cerrar una puerta. El suyo era de esos que hacen de la servidumbre una profesión inteligente, y se adelantan a los más insignificantes deseos de sus amos para satisfacerlos. En inglés le dijo Moreno que echase agua en uno de los búcaros que en la estancia había, para poner los nardos; y sin soltar estos de la mano se dejó caer en el sofá. Vestía el caballero americana oscura y pantalón de cuadros, sombrero de copa, y los indispensables botines blancos cubriendo las botas holgadísimas, con suelas de un dedo de grueso. «¿Ha venido mi primo?» preguntó a Tom dándole las flores. ...


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