La palabra Blanquecino ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
La llamada de la selva de Jack London
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece blanquecino.
Estadisticas de la palabra blanquecino
La palabra blanquecino no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE
Errores Ortográficos típicos con la palabra Blanquecino
Cómo se escribe blanquecino o blanquezino?
Cómo se escribe blanquecino o vlanquecino?
Más información sobre la palabra Blanquecino en internet
Blanquecino en la RAE.
Blanquecino en Word Reference.
Blanquecino en la wikipedia.
Sinonimos de Blanquecino.
Algunas Frases de libros en las que aparece blanquecino
La palabra blanquecino puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 348
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Lo uniforme del color hace muy monótono el paisaje; en efecto, ningún matiz más brillante se destaca sobre el fondo gris blanquecino de la roca silícea y -sobre el moreno claro de la marchita hierba del llano. En las cercanías de una montaña elevada, suele esperarse ver un terreno muy desigual y sembrado de inmensos fragmentos de peñasco. ...
En la línea 336
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El manteo que el canónigo movía con un ritmo de pasos y suave contoneo iba tomando en sus anchos pliegues, al flotar casi al ras del pavimento, tornasoles de plumas de faisán, y otras veces parecía cola de pavo real; algunas franjas de luz trepaban hasta el rostro del Magistral y ora lo teñían con un verde pálido blanquecino, como de planta sombría, ora le daban viscosa apariencia de planta submarina, ora la palidez de un cadáver. ...
En la línea 10423
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Ya casi sabía de memoria algunos párrafos de los que le parecían más interesantes y para él más halagüeños; y como la alegría le inundaba el corazón, se sentía hecho un chiquillo aquella mañana sonrosada de un día de fines de Mayo, nublado, fresco, antes de que el sol rasgara el toldo blanquecino con tonos de rosa que cubría la lontananza por Oriente. ...
En la línea 15750
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¡Soy un miserable, soy un miserable! gritaba por dentro Quintanar mientras el tren volaba y Vetusta se quedaba allá lejos; tan lejos, que detrás de las lomas y de los árboles desnudos ya sólo se veía la torre de la catedral, como un gallardete negro destacándose en el fondo blanquecino de Corfín, envuelto por la niebla que el sol tibio iluminaba de soslayo. ...
En la línea 15829
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El sol no había conseguido disipar la niebla; se le vislumbraba detrás de un toldo blanquecino, como si fuera una luna de teatro hecha con un poco de aceite sobre un papel. ...
En la línea 2360
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Cuando me volvía, veía el blanquecino fanal del Nautilus que comenzaba a palidecer en la lejanía. Las aglomeraciones de piedras de que acabo de hablar estaban dispuestas en el fondo oceánico según una cierta regularidad que no podía explicarme. Veía surcos gigantescos que se perdían en la lejana oscuridad y cuya longitud escapaba a toda evaluación. Habría otras particularidades de dificil interpretación. Me parecía que mis pesadas suelas de plomo iban aplastando un lecho de osamentas que producían secos chasquidos. ¿Qué era esa vasta llanura que íbamos recorriendo? Hubiera querido interrogar al capitán, pero su lenguaje de gestos que le permitía comunicarse con sus compañeros durante sus excursiones submarinas, me era todavía incomprensible. ...
En la línea 2362
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Nuestro camino estaba cada vez más iluminado. El blanquecino resplandor irradiaba de la cima de una montaña de unos ochocientos pies de altura. Pero lo que yo veía no era una simple reverberación desarrollada por las aguas cristalinas. El foco de esa inexplicable claridad se hallaba en la vertiente opuesta de la montaña. ...
En la línea 117
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Pero Spitz, frío y calculador hasta en los momentos de mayor exaltación, se separó de la jauría y se desvió a través de una angosta franja de terreno donde el afluente trazaba una extensa curva. Buck no se enteró y, al describir él mismo la curva con aquel blanquecino espectro glacial lanzado por delante, vio que otro espectro, más grande aún, daba un salto desde la elevada orilla e interceptaba el paso del conejo. Era Spitz. El conejo no podía retroceder y, cuando los blancos dientes le partieron el espinazo en mitad de un brinco, soltó un chillido tan agudo como el de un hombre herido. Ante aquel sonido, el grito de la Vida que se precipita desde la cúspide en las garras de la Muerte, de la jauría entera que seguía a Buck se elevó un satánico aullido colectivo de placer. ...

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