La palabra Balas ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Barraca de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece balas.
Estadisticas de la palabra balas
Balas es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 8606 según la RAE.
Balas aparece de media 9.38 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la balas en las obras de referencia de la RAE contandose 1426 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Balas
Cómo se escribe balas o balaz?
Cómo se escribe balas o valas?
Más información sobre la palabra Balas en internet
Balas en la RAE.
Balas en Word Reference.
Balas en la wikipedia.
Sinonimos de Balas.
Algunas Frases de libros en las que aparece balas
La palabra balas puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2322
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Estaba seguro de que las dos balas de su escopeta las tenía aún en el cuerpo. ...
En la línea 4786
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Eso hace que se me pase lo que quedaba de mi dolor; me montaría en él con treinta balas en el cuerpo. ...
En la línea 7223
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Los tres temerarios deliberaban si seguir adelante cuando, d e pronto, un cinturón de humo ciñó al gigante de piedra y una docena da balas vinieron a silbar en torno a D'Artagnan y sus dos compañeros. ...
En la línea 7273
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Una ligera sacudida el ruido seco de tres balas que agujereaban las carnes, un último grito un estremecimiento de agonía le probaron a D’Artagnan que el que había querido asesinarlo acababa de salvarle la vida. ...
En la línea 7711
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Oíd: sois vos quien cortó los dos herretes de diamantes del hom bro del duque de Buckingham; sois vos quien ha hecho raptar a la señora Bonacieux; sois vos quien, enamorada de De Wardes, y creyendo pasar la noche con él, habéis abierto vuestra puerta al señor D'Ar tagnan; sois vos quien, creyendo que De Wardes os había engañado quisisteis hacerlo matar por su rival; sois vos quien, cuando este rival hubo descubierto vuestro infame secreto, habéis querido hacerlo ma tar por dos asesinos que enviasteis en su persecución; sois vos quien, viendo que las balas habían fallado su tiro, habéis enviado vino enve nenado con una carta falsa para hacer creer a vuestra víctima que aquel vino venía de sus amigos; sois vos, en fin, quien en esta habitación, y sentada en la silla en que estoy, acabáis de aceptar con el cardenal Richelieu el compromiso de hacer asesinar al duque de Buckingham, a cambio de la promesa que él os ha hecho de dejaros asesinar a D'Artagnan. ...
En la línea 1139
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Las balas del _Gabiné_ y del _jara canallis_ me han zumbado en los oídos sin tocarme por llevar conmigo el _bar lachí_. ...
En la línea 2016
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... «Adelante, muchachos; preparad las armas, y metedle cuatro balas en la cabeza a ese individuo.» Sin tardanza pusieron a Muñoz junto al muro, le obligaron a arrodillarse, alzaron los soldados los fusiles, y un momento después hubieran enviado al infeliz a la eternidad, si la reina, olvidándose de todo, menos de los sentimientos de su corazón de mujer, no se hubiera adelantado dando un chillido y gritando: «¡Alto, alto! Firmaré...» Al día siguiente de este suceso entraba yo en la Puerta del Sol a eso del mediodía. ...
En la línea 2037
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... En España, varios de ellos acompañan a las _guerrillas_ de los _cristinos_ o de los carlistas en algunas de sus expediciones más arriesgadas, exponiéndose al peligro de las balas enemigas, a las inclemencias del invierno y a los rigores del sol estival. ...
En la línea 6709
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Subimos una calle en pendiente, y siguiendo en dirección al Este no tardamos en llegar a las proximidades de lo que generalmente se conoce con el nombre de Castillo Moro, vasta torre, tan maltratada por las balas de cañón disparadas contra ella en el famoso asedio, que al presente es poco más que una ruina. ...
En la línea 337
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... También me dieron algunos detalles acerca de un encuentro que hubo en Cholechel unas cuantas semanas antes del que acabo de hablar. Cholechel es un puesto de mucha importancia, por ser sitio de paso para los caballos; por eso se estableció allí durante algún tiempo el cuartel general de una división del ejército. Cuando las tropas llegaron por vez primera a ese lugar, encontraron allí una tribu de indios y mataron a 20 ó 30. Escapose el cacique de un modo que sorprendió a todo el mundo. Los principales indios tienen siempre a mano, para una necesidad apremiante, uno ó dos caballos escogidos. El cacique montó uno de esos caballos de reserva (un viejo caballo blanco), llevándose consigo a su hijo aún de tierna edad. El caballo no tenía silla ni brida. Para evitar las balas, el indio montó como suelen hacerlo sus compatriotas, es decir, con un brazo alrededor del cuello del animal y sólo una pierna encima de él. Suspenso así de un lado, viósele acariciar la cabeza de su caballo y hablarle. Los españoles se encarnizaron en persecución suya; el comandante cambió tres veces de cabalgadura, pero en vano. El viejo indio y su hijo consiguieron escaparse y, por consiguiente, conservar su libertad.. ...
En la línea 382
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... de una carretera de grava, como hubiera podido hacerlo las balas; pasaban a través de los vidrios, produciendo un agujero redondo, pero sin resquebrajarlos. ...
En la línea 748
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Durante nuestra estancia en Puerto-Desolación vinieron los fueguenses a molestarnos por dos veces. Habíamos desembarcado gran cantidad de herramientas y ropas, y teníamos algunos hombres en tierra; por lo cual creyó el capitán que convenía mantener a los salvajes a distancia. La primera vez se dispararon algunos tiros al aire, cuando estaban bastante lejos y de modo que no se les alcanzase. Era muy curioso observar con los anteojos la conducta de los indios en tales momentos. A cada bala que caía al suelo recogían piedras para tirarlas contra el barco, que estaría a milla y media de distancia. Mandóse luego una chalupa con orden de aproximarse y hacer algunas descargas de mosquetería cerca de ellos. Se ocultaron entonces detrás de los árboles, y tras de cada descarga disparaban ellos sus flechas, que no podían llegar hasta la chalupa, como por señas, y riéndose, lo hacía observar el oficial que la mandaba Se encolerizaron tanto entonces, que sacudían con rabia los abrigos; pero no tardaron en comprender que las balas alcanzaban a los árboles por encima de sus cabezas y escaparon. Desde ese día nos dejaron en paz y no trataron de aproximarse a nosotros. ...
En la línea 1371
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... s almacenes de Talcahuano han corrido la suerte general y también se ven junto a inmensas balas de algodón, hierba y varias mercancías ...
En la línea 15804
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Y ¡cosa extraña! cuando allá en el parque había estado apuntando a la cabeza de Mesía, no recordaba que el cartucho mortífero tenía carga de perdigón; suponíalo lleno de postas o de balas. ...
En la línea 91
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Se cargaron los dos cañones; llevaron al puente balas y granadas de mano, fusiles, hachas y sables de abordaje. Sandokán parecía participar de la ansiedad e inquietud de sus hombres. Paseaba de popa a proa con paso nervioso, escrutando la inmensa extensión de agua, mientras apretaba con rabia la empuñadura de oro de su magnífica cimitarra. ...
En la línea 117
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Los dos buques corsarios recomenzaron la infernal música de balas, granadas y metralla, destrozando el junco y matando marineros, que se defendían desesperadamente a tiros de fusil. ...
En la línea 199
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... En un momento fueron acumulados en la proa de ambos barcos los mástiles de recambio, cajas llenas de balas, cañones viejos y maderos de toda especie, formando una sólida barricada. Veinte hombres de los más vigorosos volvieron a descender para manejar los remos, y los otros se agolparon en cubierta, temblorosos de furia, empuñando las carabinas y sujetando con los apretados dientes sus puñales. ...
En la línea 859
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Era en efecto el velero que Yáñez enviara a Labuán hacía tres días para saber algo del Tigre, pero, ¡en qué estado volvía! El palo mayor apenas se sostenía, los costados estaban llenos de tapones de madera para cerrar los agujeros abiertos por las balas. ...
En la línea 249
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Permanecimos alertas hasta el alba. Se iniciaron los preparativos de combate. Se dispusieron los aparejos de pesca a lo largo de las bordas. El segundo de a bordo hizo cargar las piezas que lanzan un arpón a una distancia de una milla y las que disparan balas explosivas cuyas heridas son mortales hasta para los más poderosos animales. Ned Land se había limitado a aguzar su arpón, que en sus manos se convertía en un arma terrible. ...
En la línea 964
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Mi depósito Rouquayrol puede proveerme de aire si es necesario. Basta para ello un grifo ad hoc. Además, señor Aronnax, podrá usted comprobar por sí mismo que en estas cacerías submarinas no se hace un consumo excesivo de aire ni de balas. ...
En la línea 968
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Porque no son balas ordinarias las que tira el fusil sino pequeñas cápsulas de vidrio (inventadas por el químico austríaco Leniebrock) de las que tengo un considerable aprovisionamiento. Estas cápsulas de vidrio, recubiertas por una armadura de acero, y hechas más pesadas por un casquillo de plomo, son verdaderas botellitas de Leyde, en las que la electricidad está forzada a muy alta tensión. Se descargan al más ligero choque, y por poderoso que sea el animal que las reciba, cae fulminado. Añadiré que estas cápsulas tienen un grosor del cuatro y que la carga de un fusil ordinario podría contener una decena. ...
En la línea 986
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Uno de los hombres del Nautilus me presentó un fusil muy sencillo cuya culata, hecha de acero y hueca en su interior, era de gran dimensión. La culata servía de depósito al aire comprimido al que una válvula, accionada por un gatillo, dejaba escapar por el cañón de metal. Una caja de proyectiles, alojada en la culata, contenía una veintena de balas eléctricas que por medio de un resorte se colocaban automáticamente en el cañón del fusil. Efectuado un disparo, el proyectil siguiente quedaba listo para partir. ...
En la línea 1574
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Phileas Fog,-, no tuvo tiempo de detener al animoso muchacho, que, abriendo una portezuela, consiguió deslizarse debajo del vagón. Y entonces, mientras la lucha continuaba y las balas se cruzaban por encima de su cabeza, recobrando su agilidad y flexibilidad de clown, arrastrándose colgado por debajo de los coches, y agarrándose, ora a las cadenas, ora a las palancas de freno, rastreándose de uno a otro vagón, con maravillosa destreza, llegó a la parte delantera del tren sin haber podido ser visto. ...

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