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La palabra apoyaba
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la palabra apoyaba

La palabra Apoyaba ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El Señor de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece apoyaba.

Estadisticas de la palabra apoyaba

Apoyaba es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 14669 según la RAE.

Apoyaba aparece de media 4.68 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la apoyaba en las obras de referencia de la RAE contandose 712 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Apoyaba

Cómo se escribe apoyaba o hapoyaba?
Cómo se escribe apoyaba o apoyava?
Cómo se escribe apoyaba o apollaba?


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece apoyaba

La palabra apoyaba puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 394
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Al oír _Zarandilla_ estas reflexiones de Rafael, las apoyaba con entusiasmo. ...

En la línea 1019
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El aperador, al verse libre de la opresión de los vecinos, había hecho retroceder su silla. Pero el cuerpo de la señorita le buscaba, se apoyaba en él, sin que pudiera librarse de su dulce pesadumbre, por más que echaba el pecho atrás. ...

En la línea 1461
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El mocetón gemía al decir esto, mientras su amigo, que había acabado de comer, apoyaba pensativo su frente en una mano. ...

En la línea 7443
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Los señores de Bassompiere y Schomberg eran mariscales de Fran cia y reclamaban su derecho a mandar el ejército bajo las órdenes del rey; pero el cardenal, que temía que Bassompierre, hugonote en el fondo del corazón, acosase débilmente a ingleses y rochelleses, sus her manos de religión, apoyaba por el contrario al duque de Angulema, a quien el rey, a instigación suya, había nombrado teniente general. ...

En la línea 9444
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Felton se apoyaba sobre un mueble y Milady vela con alegría de demonio que quizá le faltara la fuerza antes del fin del relato. ...

En la línea 10699
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... A la luz de una lámpara vio a una mujer envuelta en un manto de color oscuro sentada en un escabel, junto a un fuego moribundo: sus codos estaban apoyados sobre una mala mesa, y apoyaba su cabeza en sus dos manos blancas como el marfil. ...

En la línea 4170
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Nuestras miradas se posaron en el individuo que guardaba la puerta; había plantado el cañón de la escopeta en el suelo y apoyaba la barba en la culata. ...

En la línea 956
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Un brazo desnudo se apoyaba en la cabeza algo inclinada, y el otro pendía a lo largo del cuerpo, siguiendo la curva graciosa de la robusta cadera. ...

En la línea 982
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El perro se tendía al sol, con la cabeza entre las patas, y ella se acostaba a su lado y apoyaba la mejilla sobre el lomo rizado, ocultando casi todo el rostro en la lana suave y caliente. ...

En la línea 5067
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... es cumplir con la gente, ¡Fermo! ¿Y por qué se le ha antojado al espantajo de don Cayetano encajarte ahora esa herencia? —¿Qué herencia? De Pas daba vueltas en una mano al sombrero de teja, de alas sueltas, y se apoyaba en el marco de la puerta, indicando deseo de salir pronto. ...

En la línea 6228
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... A veces la mano del interlocutor se apoyaba sobre el antepecho de la ventana; Ana veía, sin poder remediarlo, unos dedos largos, finos, de cutis blanco, venas azules y uñas pulidas ovaladas y bien cortadas. ...

En la línea 21
del libro El Señor
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... A veces, fatigado de tanto sentir, de tanto perorar, de tanto imaginar, Juan de Dios apoyaba la cabeza sobre las manos, haciendo almohada del antepecho de su púlpito; y, con lágrimas en los ojos, se quedaba como en éxtasis, vencido por la elocuencia de sus propios pensares, enamorado de aquel mundo de pecadores, de ovejas descarriadas que él se figuraba delante de su cátedra apostólica, y a las que no sabía cómo persuadir para que, cual él, se derritiesen en caridad, en fe, en esperanza, habiendo en el cielo y en la tierra tantas razones para amar infinitamente, ser bueno, creer y esperar. ...

En la línea 243
del libro El Señor
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... — ¡Divino Sacramento! pensó Juan que, a través de su dolor, vio cómo en un cuadro, en su cerebro, la última Cena y al apóstol de su nombre, al dulce San Juan, al bien amado, que desfalleciendo de amor apoyaba la cabeza en el hombro del Maestro que les repartía en un poco de pan su cuerpo. ...

En la línea 1748
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Volvió a Roma el gonfaloniero, enviando jefes de su confianza a todos los dominios de la Santa Sede conquistados por él, para tenerlos más seguros. Los enemigos de los Borgias fingían obediencia a Pío III, traicionando al mismo tiempo a su capitán general. Venecia apoyaba en secreto a los feudatarios desposeídos. Florencia enviaba una vez más a Maquiavelo cerca de este enemigo temible, con el encargo de procurar su muerte si lo creía oportuno. ...

En la línea 922
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... A pesar de que el poeta vivía de sus continuas peticiones a los altos señores del Consejo Ejecutivo y de las munificencias de Momaren, que también era personaje oficial, sentía hoy cierto afecto por el jefe de la oposición y encontraba muy atinados sus ataques contra un gobierno que no sabía velar por las glorias establecidas y apoyaba las audacias de los principiantes. ...

En la línea 1424
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... La traductora saludó quitándose el casquete alado, mientras apoyaba su mano izquierda en la empuñadura de su espada. ...

En la línea 1432
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Y al decir esto se irguió, acariciándose con una mano las melenas mientras apoyaba la otra en la empuñadura de su espada, cuya hoja se extendía horizontalmente más allá de sus exuberancias dorsales. ...

En la línea 245
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Fue el sargento quien me había hablado, pero ahora miraba a los comensales como si les ofreciera las esposas con la mano derecha, en tanto que apoyaba la izquierda en mi hombro. ...

En la línea 794
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Aquellos seres que se arrastraban solicitaron mi atención, y mientras los observaba a distancia, la señorita Havisham posó una mano sobre mi hombro. En la otra mano llevaba un bastón de puño semejante al de una muleta, en el que se apoyaba para andar, de manera que la buena señora parecía la bruja de aquel lugar. — Ahí - dijo señalando la larga mesa con el bastón - es donde me pondrán en cuanto haya muerto. Entonces vendrán todos a verme. ...

En la línea 927
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Así pasamos bastante tiempo, y parecía que continuaríamos de la misma manera por espacio de algunos años, cuando, un día, la señorita Havisham interrumpió nuestro paseo mientras se apoyaba en mi hombro. ...

En la línea 1243
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... El caballero no me reconoció, pero yo sí recordé que era el mismo a quien encontrara en la escalera, en mi segunda visita a casa de la señorita Havisham. Le reconocí desde el primer momento en que le vi, y ahora que estaba ante él, mientras me apoyaba la mano en el hombro, volví a contemplar con detenimiento su gran cabeza, su cutis moreno, sus ojos hundidos, sus pobladas cejas, su enorme cadena de reloj, su barba y bigote espesos, aunque afeitados, y hasta el aroma de jabón perfumado en su enorme mano. ...

En la línea 525
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Aplicó de nuevo el oído a la puerta y… ¿Sería que sus sentidos se habían agudizado en aquellos momentos (cosa muy poco probable), o el ruido que oyó fue perfectamente perceptible? De lo que no le cupo duda es de que percibió que una mano se apoyaba en el pestillo, mientras el borde de un vestido rozaba la puerta. Era evidente que alguien hacía al otro lado de la puerta lo mismo que él estaba haciendo por la parte exterior. Para no dar la impresión de que quería esconderse, Raskolnikof movió los pies y refunfuñó unas palabras. Luego tiró del cordón de la campanilla por tercera vez, sin violencia alguna, discretamente, con objeto de no dejar traslucir la menor impaciencia. Este momento dejaría en él un recuerdo imborrable. Y cuando, más tarde, acudía a su imaginación con perfecta nitidez, no comprendía cómo había podido desplegar tanta astucia en aquel momento en que su inteligencia parecía extinguirse y su cuerpo paralizarse… Un instante después oyó que descorrían el cerrojo. ...

En la línea 354
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Sardiola dirigió a uno de sus compañeros de servilleta algunas palabras en eúskaro, erizadas de zetas, kas y tes. Fueron al punto servidos Artegui y Lucía, mientras el mozo se apoyaba en el respaldo de la silla del primero. ...

En la línea 397
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... La llegada a Bayona sorprendió a Artegui y Lucía como el despertar de prolongado sueño. Artegui retiró aprisa su mano de la asilla del vidrio, donde la apoyaba, y la niña miró atónita a su alrededor. Notó que hacía fresco, y abrochó su cuello y anudó su corbata. Hombres con boina, mozas con el pañolito atado tras del moño, una marea de viajeros de diversa catadura y condición social, se empujaba, se codeaba y bullía en la ancha estación. Artegui dio el brazo a su compañera por no perderla en aquel remolino. ...

En la línea 1063
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Parece que los estoy viendo… Ahí, ahí, donde usted está, la señora Doña Armanda; y él, aquí, así, lo mismito que yo, dicho sea con el respeto que… Pues se bajaba, y le alzaba los pies y se los apoyaba en un taburete… así, así, y le ponía detrás de la cabeza hasta una docena de almohadas, almohadones y almohadillas, de distintos tamaños y hechuras, todo para acomodarlas a la respiración de la pobre señora… Y los jaropes, y los potingues… digital por aquí, atropina por allá… ¡quiá! ni por esas… se murió al fin la infeliz… ¿Creerá usted que no hizo Don Ignacio ningún extremo? es un pozo; todo se lo guarda, y así le ahoga eso que va encerrando, encerrando… A mí no me la pegó con su serenidad… porque cuando me dijo: «Sardiola, me acompañarás esta noche a velarla», me acordé, ¡mire usted, señorita, qué tontería! pues me acordé de un corneta de nuestras filas, que tocaba unas dianas famosas con su instrumento, que era tan claro y tan lleno y tan hermoso… y un día tocó mal, y como nos burlásemos de él, cogió la corneta, y sopló y nos dijo: «Chicos, ha tenido una pena y se ha reventado la pobrecilla mía… » Pues mire usted, la misma diferencia de son que noté en la corneta de aquel majadero de Triguillos, noté en la voz del señorito… usted ya sabe que la tiene muy sonora, que daría gozo oírle mandar la maniobra… y aquel día… estaba reventada la voz, vamos. En fin, que él amortajó a Doña Armanda, y entre él y yo la velamos, y al amanecer… ¡zas! tren especial y a Bretaña con el cuerpo en un ataúd de palo santo fileteado de plata: al castillote de qué sé yo qué, a enterrar con sus padres, abuelos y tatarabuelos a la pobre señora. ...

Más información sobre la palabra Apoyaba en internet

Apoyaba en la RAE.
Apoyaba en Word Reference.
Apoyaba en la wikipedia.
Sinonimos de Apoyaba.

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