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La palabra amontonamiento
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la palabra amontonamiento

La palabra Amontonamiento ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece amontonamiento.

Estadisticas de la palabra amontonamiento

La palabra amontonamiento no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE

Más información sobre la palabra Amontonamiento en internet

Amontonamiento en la RAE.
Amontonamiento en Word Reference.
Amontonamiento en la wikipedia.
Sinonimos de Amontonamiento.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece amontonamiento

La palabra amontonamiento puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 406
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Al morir en el cortijo alguna res cuyas carnes no podían aprovecharse, se regalaba a los braceros, y los cólicos de la intoxicación alteraban por la noche el amontonamiento de carne adormilada en la gañanía. Otras veces, los que eran más brutales en su batalla con el hambre, si conseguían matar a pedradas en el campo un cuervo o algún otro pajarraco de rapiña, conducíanlo en triunfo al cortijo y lo guisaban, celebrando con una risa de desesperados este banquete extraordinario. ...

En la línea 548
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El aspecto de la gañanía, el amontonamiento de la gente, evocó en la memoria de Salvatierra el recuerdo del presidio. Las mismas paredes enjalbegadas, pero aquí menos blancas, ahumadas por el vaho nauseabundo del combustible animal, rezumando grasa por el continuo roce de los cuerpos sucios. Iguales escarpias en los muros, y colgando de ellas todo el ajuar de la miseria, alforjas, mantas, jergones destripados, blusas multicolores, sombreros mugrientos, zapatos pesados de innumerables remiendos con clavos agudos. ...

En la línea 552
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Eran cuerpos enjutos, apergaminados, recocidos por el sol, con la piel agrietada. La alimentación, pobre y escasa, no llegaba a formar el más leve almohadillado entre el esqueleto y su envoltura. Hombres que aún no tenían cuarenta años, mostraban sus cuellos descarnados, de piel flácida y abullonada, con los tirantes tendones de la ancianidad. Los ojos, en lo más hondo de sus cuencas, circundados de una aureola de arrugas, brillaban como estrellas mortecinas en el fondo de un pozo. Su miseria física era el resultado de una fatiga prolongada años y más años, de una alimentación insípida de pan, sólo de pan. Los cuerpos rudos y angulosos parecían labrados a hachazos: otros eran deformes y grotescos como fabricados por un alfarero: muchos recordaban, por lo retorcidos y nudosos, los troncos de los acebuches de las dehesas. Los brazos negros, con las agudas protuberancias de una gimnasia forzada, parecían de sarmientos trenzados. Y el amontonamiento de estos infelices exhalaba un olor agrio, de sudor de hambriento, de ropa adherida al cuerpo durante meses, de alientos fétidos: toda la respiración apestante de la miseria. ...

En la línea 785
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El acre perfume de los ramos silvestres, mezclábase con el olor de carne fatigada y sudorosa que exhalaba el amontonamiento de los jornaleros. ...

En la línea 6575
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Gibil Muza es una inmensa masa informe, un amontonamiento de rocas agrestes, con algunos pocos árboles y arbustos aquí y allá asomados a los bordes de los precipicios; sus únicos moradores son los lobos, jabalíes y monos, a los que debe su nombre español de _Montaña de las monas_. ...

En la línea 493
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Todas las piezas de la casa parecían salones de museo. No quedaba un palmo de pared limpio de adornos, y había que avanzar por los recovecos que formaban los muebles, excesivamente abundantes, casi aglomerados al azar de compras favorables. El comedor parecía revestido de escamas metálicas: tantos eran los platos dorados de Valencia y de Sevilla que ornaban sus muros. El gran salón recordaba al visitante los estudios de ciertos pintores románticos que hace medio siglo fabricaron enormes cuadros de Historia. El mismo amontonamiento híbrido de objetos vistosos e incoherentes. Hasta del techo pendían, como solemnes guiñapos, banderas agujereadas y polvorientas. ...

En la línea 2426
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Yo no le llamo «tierra» a esto -replicó el canadiense-. Y además no estamos encima, sino debajo. Entre la base de las paredes de la montaña y las aguas del lago se extendía una orilla arenosa, que en algunos lugares llegaba a medir quinientos pies de anchura. Sobre la arena era fácil dar la vuelta al lago. Pero la base de las altas paredes formaba un suelo atormentado sobre el que yacían en un pintoresco amontonamiento bloques volcánicos y enormes piedras pómez. Todas esas masas disgregadas, recubiertas de un esmalte pulimentado por la acción de los fuegos subterráneos, resplandecían bajo la luz eléctrica del fanal. La polvareda micácea que levantaban nuestros pasos sobre la orilla se dispersaba en un revoloteo chispeante. ...

En la línea 2821
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... A las nueve, pusimos pie en tierra. El cielo se aclaraba. Las nubes huían hacia el Sur y la bruma abandonaba la superficie fría de las aguas. El capitán Nemo se dirigió hacia el pico que sin duda había elegido como observatorio. La ascensión fue penosa, sobre lavas agudas y piedra pómez y en medio de una atmósfera a menudo saturada por las emanaciones sulfurosas de las fumarolas. Para un hombre desacostumbrado a pisar la tierra, el capitán escalaba las rampas más escarpadas con una agilidad y una elasticidad que yo no podía igualar y que hubiese envidiado un cazador de gamos. Necesitamos dos horas para alcanzar la cima del pico de pórfido y de basalto. Desde allí, la vista dominaba un vasto mar que, hacia el Norte, trazaba claramente su línea terminal sobre el fondo del cielo. A nuestros pies, campos deslumbrantes de blancura. Sobre nosotros, un pálido azul, despejado de brumas. Al Norte, el disco del sol como una bola de fuego ya recortada por el filo del horizonte. Del seno de las aguas se elevaban en magníficos haces centenares de líquidos surtidores. A lo lejos, el Nautilus parecía un cetáceo dormido. Detrás de nosotros, hacia el Sur y el Este, una tierra inmensa, un caótico amontonamiento de rocas y de bloques de hielos cuyos confines no se divisaban. Al llegar a la cima del pico, el capitán Nemo fijó cuidadosamente su altura por medio del barómetro, pues debía tenerla en cuenta en su observación. ...


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