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La palabra alces
Cómo se escribe

la palabra alces

La palabra Alces ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La llamada de la selva de Jack London
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece alces.

Estadisticas de la palabra alces

Alces es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 22910 según la RAE.

Alces aparece de media 2.5 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la alces en las obras de referencia de la RAE contandose 380 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Alces

Cómo se escribe alces o halces?
Cómo se escribe alces o alcez?

Más información sobre la palabra Alces en internet

Alces en la RAE.
Alces en Word Reference.
Alces en la wikipedia.
Sinonimos de Alces.


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece alces

La palabra alces puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 325
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Al llegar el otoño se presentaban con mayor abundancia los alces, que se desplazaban lentamente para recibir al invierno en los valles bajos, donde era menos riguroso. Buck ya había derribado a algún ejemplar muy joven extraviado de la manada; pero tenía grandes deseos de enfrentarse a una presa mayor y más temible, y un día tropezó con una en la divisoria de aguas junto a las fuentes del riachuelo. Una manada de veinte alces había atravesado la región de los bosques y las múltiples corrientes de agua, y en ella destacaba un gran macho. Estaba en un estado de furia salvaje, y su metro ochenta de altura lo convertían en un enemigo tan formidable como había querido Buck. El macho sacudía sus enormes astas en forma de pala con catorce ramas puntiagudas que abarcaban dos metros de un extremo al otro. Al ver a Buck, sus ojillos se encendieron con un brillo de malignidad y resentimiento, al tiempo que bramaba de furor. ...

En la línea 331
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... La gran cabeza se le abatía cada vez más bajo la arbórea cornamenta, y su trote desgarbado se debilitaba por momentos. Empezó a quedarse de pie in móvil durante largo rato con el hocico pegado al suelo y las orejas caídas. Buck encontraba entonces más tiempo para procurarse agua y para descansar. Fue en un momento como éste cuando, jadeante, con la lengua fuera y la mirada fija en el gran alce, le pareció que un cambio se estaba operando en el mundo. Percibía una excitación inusitada en la tierra. Así como los alces, otras formas de vida llegaban a la zona. La selva, las corrientes y el aire parecían palpitar con su presencia. No se dio cuenta con el olfato ni con la vista o el oído, sino gradualmente por medio de un sentido más sutil. Sin escuchar nada, sin ver nada, supo que por algún motivo la región había cambiado; que unos seres desconocidos se estaban moviendo por ella; y resolvió investigar cuando hubiera terminado con lo que tenía pendiente. ...

En la línea 341
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Cazando sus presas en los flancos del grupo migratorio de alces, como lo hacían los yeehat, la manada de lobos finalmente había dejado atrás los bosques y las corrientes para invadir el valle de Buck. Llegaron al claro del bosque como una avalancha de sombras plateadas por la luna; y en el centro del claro estaba Buck, inmóvil como una estatua, esperándolos. Sobrecogidos ante su quietud y su corpulencia, se detuvieron, hasta que el más audaz se abalanzó sobre él. Buck reaccionó como un rayo y le quebró el pescuezo. A continuación se quedó, como antes, inmóvil, con el lobo herido agonizando a sus pies. Otros tres lo intentaron y uno tras otro se retiraron, chorreando sangre por la garganta y con el lomo desgarrado. ...

En la línea 346
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Eso no es todo, hay historias peores. Historias de cazadores que no volvieron al campamento y de otros que fueron encontrados por miembros de su tribu con la garganta desgarrada y a su alrededor unas huellas en la nieve más grandes que la de un lobo. Cada otoño, cuando los yeehat siguen el movimiento migratorio de los alces, hay un valle en el que nunca se adentran. Y hay mujeres que se entristecen cuando alrededor del fuego se cuenta cómo fue que el Espíritu del Mal escogió como morada ese valle. ...

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