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La palabra rreducida
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Comó se escribe rreducida o reducida?

Cual es errónea Reducida o Rreducida?

La palabra correcta es Reducida. Sin Embargo Rreducida se trata de un error ortográfico.

La falta ortográfica detectada en la palabra rreducida es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra reducida

Más información sobre la palabra Reducida en internet

Reducida en la RAE.
Reducida en Word Reference.
Reducida en la wikipedia.
Sinonimos de Reducida.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Reducida

Cómo se escribe reducida o rreducida?
Cómo se escribe reducida o reduzida?


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Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r

Reglas relacionadas con los errores de r

Las Reglas Ortográficas de la R y la RR

Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.

En castellano no es posible usar más de dos r

Algunas Frases de libros en las que aparece reducida

La palabra reducida puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 59
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Los señores fiscales, ademas de las tequiosas tareas de su vasto ministerio, que son muy grandes y complicadas (como que es proberbio comun que ningun fiscal resiste ese despacho cinco años cumpliendo como es debido), tienen sobre sí la llamada proteccion de indios y de chinos, reducida nada menos que á tomar por sí (por privilejios que aquellos tienen) la defensa de sus personas, y aun negocios, cuando atropelladas por alguna persona creen que no se les ha de hacer justicia, que se acojen (y lo hacen facilmente) á la proteccion fiscal, y los ocupan, y no poco á veces, por nada; pero que distraen de sus importantes trabajos á los señores fiscales cuando se les antoja sin motivo, y con razon cuando le hay. ...

En la línea 164
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... En efecto, la marcha de la recaudacion del tributo de los indios está reducida al cargo mas ó menos estricto que forman los ministros de la hacienda pública á los alcaldes mayores y correjidores encargados de tal cobranza, y esto se hace por cómputos que los mismos alcaldes pasan á dicha oficina. ...

En la línea 315
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Los prebendados tienen su dotacion fija, la intencion libre, y ademas una parte de productos de las cantidades que rinden las obras pias que administra el cabildo y la mitra, y cuyos réditos distribuye entre sus individuos, con arreglo á las fundaciones: la intencion libre para aplicar misas por quien se las pague (que nunca falta ni faltará en un pais tan católico como Filipinas), es otro recurso y no de poca importancia, porque la limosna de las misas tampoco es escasa; y por último, la parte que perciben de réditos ó productos de las obras pias, es el tercer recurso ó ausilio que viene á completarles una pingüe renta, que muy bien podria sufrir alguna reforma en beneficio del erario, y reducirles su dotacion á lo que antes era, nivelando con justicia á las clases todas que contaban con la parte de boleta en la Nao; pérdida que todos sufrieron, y que solo se ha indemnizado á la clase que menos lo necesitaba: asi, pues, es de rigurosa justicia que se haga la rebaja correspondiente en la asignacion de esas prebendas, y quede reducida á lo que era antes de la pérdida de la Nao, ó al primitivo señalamiento de renta. ...

En la línea 365
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Establecida y ordenada esta línea de comunicacion, despues de cuantos obstáculos á ello se opusieron, se formó otra para el Norte, que pasa por las provincias de Bulacan, Pampanga, Pangasinan, Ilocos Sur, Ilocos Norte y Cagayan; con lo cual quedó establecida la comunicacion semanal con toda la isla de Luzon: mas á las cartas de este correo ningun gravámen se impuso, porque muy bien sabia el gobierno de Manila que de este correo interior ningun lucro se podia sacar, como que toda la correspondencia que conduce está reducida á una docena de cartas del comercio, y los partes de los alcaldes y otros empleados á sus jefes, y nada mas. ...

En la línea 4329
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... No me propongo describirlos; baste decir que el fondeadero oval, rodeado de un muelle de granito, tiene capacidad bastante para cien navíos de primer orden; pero en lugar de tal fuerza sólo había allí una fragata de sesenta cañones y dos bergantines; a tan insignificante número de barcos se halla reducida actualmente la marina de España. ...

En la línea 6793
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Formábamos parte de una reducida flotilla de barcas genovesas, cuyas tripulaciones, en sus momentos de ocio, parecían no tener mejor modo de diversión que cambiar palabras injuriosas; un furioso tiroteo de ese género empezó a la sazón, en el cual se distinguió especialmente el piloto de nuestro barco; era un genovés sesentón, canoso. ...

En la línea 2613
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... rca de los edificios destinados a habitación se han roturado algunas tierras para cultivar en ellas trigo; en el momento de mi visita se hacía la recolección, reducida a lo necesario para abastecer a los obreros de la finca. ordinario hay aquí unos cuarenta penados trabajando; ahora hay algunos más ...

En la línea 1696
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Hízolo como lo pensó, y aquel día pudo vencer un poco su timidez. Feliciana le ayudaba, estimulándole con maña, y así logró Rubín decir a la otra algunas cosas que por disimulo de sus sentimientos quiso que fueran maliciosas. «Tardecillo vino usted anoche. A las once no había vuelto usted todavía». Y por este estilo otras frases vulgares que Fortunata oía con indiferencia y que contestaba de un modo desdeñoso. Maximiliano reservaba las purezas de su alma para ocasión más oportuna, y con feliz instinto había determinado iniciarse como uno de tantos, como un cualquiera que no quería más que divertirse un rato. Dejoles solos la tunanta de Feliciana, y Rubín se acobardó al principio; pero de repente se rehízo. No era ya el mismo hombre. La fe que llenaba su alma, aquella pasión nacida en la inocencia y que se desarrolló en una noche como árbol milagroso que surge de la tierra cargado de fruto, le removía y le transfiguraba. Hasta la maldita timidez quedaba reducida a un fenómeno puramente externo. Miró sin pestañear a Fortunata, y cogiéndole una mano, le dijo con voz temblorosa: «Si usted me quiere querer, yo… la querré más que a mi vida». ...

En la línea 1804
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Fortunata no tenía criada. Decía que ella se bastaba y se sobraba para todos los quehaceres de casa tan reducida. Muchas tardes, mientras estaba en la cocina, Maximiliano estudiaba sus lecciones, tendido en el sofá de la sala. Si no fuera porque el espectro de la hucha se le solía aparecer de vez en cuando anunciándole el acabamiento del dinero extraído de ella, ¡cuán feliz habría sido el pobre chico! A pesar de esto, la dicha le embargaba. Entrábale una embriaguez de amor que le hacía ver todas las cosas teñidas de optimismo. No había dificultades, no había peligros ni tropiezos. El dinero ya vendría de alguna parte. Fortunata era buena, y bien claros estaban ya sus propósitos de decencia. Todo iba a pedir de boca, y lo que faltaba era concluir la carrera y… Al llegar aquí, un pensamiento que desde el principio de aquellos amores tenía muy guardadito, porque no quería manifestarlo sino en sazón oportuna, se le vino a los labios. No pudo retener más tiempo aquel secreto que se le salía con empuje, y si no lo decía reventaba, sí, reventaba; porque aquel pensamiento era todo su amor, todo su espíritu, la expresión de todo lo nuevo y sublime que en él había, y no se puede encerrar cosa tan grande en la estrechez de la discreción. Entró la pecadora en la sala, que hacía también las veces de comedor, a poner la mesa, operación en extremo sencilla y que quedaba hecha en cinco minutos. Maximiliano se abalanzó a su querida con aquella especie de vértigo de respeto que le entraba en ocasiones, y besándole castamente un brazo que medio desnudo traía, cogiéndole después la mano basta y estrechándola contra su corazón, le dijo: ...

En la línea 4004
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En esto, ya habían entrado Fortunata y su tía, ambas de negro, muy decentes, y mientras la de Jáuregui metía su cucharada en el corro de Guillermina, la otra pasó a ver a Mauricia. Encontrola como aturdida, sin saber lo que le pasaba. A las preguntas que le hizo, respondía con la mayor concisión, porque el temor de decir alguna palabra fea enfrenaba sus labios. Estaba reducida a usar tan sólo la tercera parte de los vocablos que emplear solía, y aún no se le quitaban los escrúpulos, sospechando que tuviese en algún eco infernal las voces más comunes. Lo que Fortunata le oyó claramente fue esto: «¡Ay, qué gusto salvarse!»… ...

En la línea 1328
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Al examinar al curioso pájaro vi que Conseil no se equivocaba. El ave del paraíso, embriagada por el jugo espirituoso, estaba reducida a la impotencia, incapaz de volar y apenas de andar. Pero eso no me preocupaba y le dejé dormir «la mona». ...

En la línea 2398
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... La caída de la noche no interrumpió mis observaciones, que efectué solitariamente por haber regresado Conseil a su camarote. El Nautilus, a marcha reducida, revoloteaba por encima de las confusas masas del suelo, ya rozándolas cas como si hubiera querido posarse en ellas, ya remontándose caprichosamente a la superficie. Cuando esto hacía podía yo ver algunas vivas constelaciones a través del cristal de la aguas, y más precisamente cinco o seis de esas estrellas zo diacales que siguen a la cola de Orión. ...

En la línea 2726
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Al día siguiente, 19 de marzo, a las cinco de la mañana, me aposté de nuevo en el salón. La corredera eléctrica me indicó que la velocidad del Nautilus había sido reducida. Subía a la superficie, pero con prudencia, vaciando lentamente sus depósitos. ...

En la línea 30
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... La reducida habitación donde fue introducido el joven tenía las paredes revestidas de papel amarillo. Cortinas de muselina pendían ante sus ventanas, adornadas con macetas de geranios. En aquel momento, el sol poniente iluminaba la habitación. ...

En la línea 36
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... «Sólo en las viviendas de estas perversas y viejas viudas puede verse una limpieza semejante», se dijo Raskolnikof. Y dirigió, con curiosidad y al soslayo, una mirada a la cortina de indiana que ocultaba la puerta de la segunda habitación, también sumamente reducida, donde estaban la cama y la cómoda de la vieja, y en la que él no había puesto los pies jamás. Ya no había más piezas en el departamento. ...

En la línea 760
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Raskolnikof se dirigió a ella. Esta pieza, la cuarta, era sumamente reducida y estaba llena de gente. Las personas que había en ella iban un poco mejor vestidas que las que el joven acababa de ver. Entre ellas había dos mujeres. Una iba de luto y vestía pobremente. Estaba sentada ante el secretario y escribía lo que él le dictaba. La otra era de formas opulentas y cara colorada. Vestía ricamente y llevaba en el pecho un broche de gran tamaño. Estaba aparte y parecía esperar algo. Raskolnikof presentó el papel al secretario. Éste le dirigió una ojeada y dijo: ...

En la línea 1299
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Como es natural, yo no pude procurarme todos esos informes, pues acababa de llegar a Petersburgo ‑dijo Piotr Petrovitch, un tanto molesto‑; pero, sea como fuere, las dos habitaciones que he alquilado son muy limpias. Además, hay que tener en cuenta que todo esto es provisional… Yo tengo ya contratado nuestro definitivo… , mejor dicho, nuestro futuro hogar ‑añadió volviéndose hacia Raskolnikof‑. Sólo falta arreglarlo, y ya lo estoy haciendo. Yo mismo tengo ahora una habitación amueblada bastante reducida. Está a dos pasos de aquí, en casa de la señora de Lipevechsel. Vivo con un joven que es amigo mío: Andrés Simonovitch Lebeziatnikof. Él es precisamente el que me ha indicado la casa Bakaleev. ...

En la línea 1607
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Algunos instantes después, mister Fogg, después de estrechar la mano de la joven y entregarle su precioso saco de viaje, partía con el sargento y su reducida tropa, diciendo a los soldados: ...

En la línea 1883
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Este gentleman había recibido con su habitual impasibilidad el golpe que lo hería. ¡Arruinado! ¡Y por culpa de ese torpe inspector de policía! ¡Después de haber seguido con planta certera todo el viaje; después de haber destruido mil obstáculos y arrostrado mil peligros; después de haber tenido hasta ocasión de hacer algunos beneficios, venir a fracasar en el puerto mismo ante un hecho brutal, era cosa terrible! De la considerable suma que se había llevado, no le quedaba más que un resto insignificante. Su fortuna estaba reducida a las veinte mil libras depositadas en casa de Baring Hermanos, y las debia a sus colegas del Reform-Club. Después de tanto gasto, aun en el caso de ganar la apuesta, no se hubiera enriquecido, ni es probable que hubiese tratado de hacerlo, siendo hombre de esos que apuestan por pundonor; pero perdiéndola se arruinaba completamente. Además, el gentleman había tomado ya su resolución, y sabía lo que le restaba hacer. ...

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