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La palabra perrdices
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Comó se escribe perrdices o perdices?

Cual es errónea Perdices o Perrdices?

La palabra correcta es Perdices. Sin Embargo Perrdices se trata de un error ortográfico.

La falta ortográfica detectada en la palabra perrdices es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra perdices

Más información sobre la palabra Perdices en internet

Perdices en la RAE.
Perdices en Word Reference.
Perdices en la wikipedia.
Sinonimos de Perdices.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Perdices

Cómo se escribe perdices o perrdices?
Cómo se escribe perdices o perdicez?

Algunas Frases de libros en las que aparece perdices

La palabra perdices puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 4447
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... De suerte que ahora, gracias a Dios, no nos faltan,como el señor puede asegurarse, perdices y conejos, carpas y anguilas, ali mentos todos ligeros y sanos, adecuados para los enfermos. ...

En la línea 1498
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —¿Por qué no guisamos esas perdices?—pregunté—. ...

En la línea 1559
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La ventera era una mujer activa y servicial, que se ocupó en aderezarme la cena, consistente en las perdices compradas en Jaraicejo, que el gitano, al despedirse de mí, me aconsejó que me llevara. ...

En la línea 5419
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Llevaba en la mano una rebanada de pan, y, después de un breve reconocimiento, la sepultó en una cacerola donde se guisaban unas perdices. ...

En la línea 6232
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Desa manera, aquel plato de perdices que están allí asadas, y, a mi parecer, bien sazonadas, no me harán algún daño. ...

En la línea 6234
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y el médico respondió: -Porque nuestro maestro Hipócrates, norte y luz de la medicina, en un aforismo suyo, dice: Omnis saturatio mala, perdices autem pessima. ...

En la línea 6235
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Quiere decir: 'Toda hartazga es mala; pero la de las perdices, malísima'. ...

En la línea 6365
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Entregóse en todo con más gusto que si le hubieran dado francolines de Milán, faisanes de Roma, ternera de Sorrento, perdices de Morón, o gansos de Lavajos; y, entre la cena, volviéndose al doctor, le dijo: -Mirad, señor doctor: de aquí adelante no os curéis de darme a comer cosas regaladas ni manjares esquisitos, porque será sacar a mi estómago de sus quicios, el cual está acostumbrado a cabra, a vaca, a tocino, a cecina, a nabos y a cebollas; y, si acaso le dan otros manjares de palacio, los recibe con melindre, y algunas veces con asco. ...

En la línea 149
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Dos días después llegué al punto más lejano que deseaba visitar. El país conserva el mismo carácter, tanto que el hermoso césped se hace más fatigoso que el camino más polvoriento. Vi en todas partes gran número de perdices (Nothura major). Estas aves no van en bandadas, y no se ocultan como las perdices en Inglaterra. Un hombre a caballo no tiene más que describir en derredor de estas perdices un círculo, o más bien una espiral, que le acerque a ellas cada vez más, para matar a palos todas cuantas quiera. El método más común consiste en cazarlas con un nudo corredizo o un lazo pequeño hecho con el cañón de una pluma de avestruz, atado a la punta de un palo largo. Un niño, jinete en un caballo viejo y pacífico, puede coger así 30 ó 40 en un solo día. En el extremo más septentrional de la América del Norte1 los indios cazan el conejo americano describiendo una espiral en torno de él, mientras está fuera de su yacija; la hora del medio día, cuando el sol está alto y el cuerpo del cazador no proyecta una sombra muy larga, parece ser el mejor momento para esta especie de caza. ...

En la línea 149
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Dos días después llegué al punto más lejano que deseaba visitar. El país conserva el mismo carácter, tanto que el hermoso césped se hace más fatigoso que el camino más polvoriento. Vi en todas partes gran número de perdices (Nothura major). Estas aves no van en bandadas, y no se ocultan como las perdices en Inglaterra. Un hombre a caballo no tiene más que describir en derredor de estas perdices un círculo, o más bien una espiral, que le acerque a ellas cada vez más, para matar a palos todas cuantas quiera. El método más común consiste en cazarlas con un nudo corredizo o un lazo pequeño hecho con el cañón de una pluma de avestruz, atado a la punta de un palo largo. Un niño, jinete en un caballo viejo y pacífico, puede coger así 30 ó 40 en un solo día. En el extremo más septentrional de la América del Norte1 los indios cazan el conejo americano describiendo una espiral en torno de él, mientras está fuera de su yacija; la hora del medio día, cuando el sol está alto y el cuerpo del cazador no proyecta una sombra muy larga, parece ser el mejor momento para esta especie de caza. ...

En la línea 149
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Dos días después llegué al punto más lejano que deseaba visitar. El país conserva el mismo carácter, tanto que el hermoso césped se hace más fatigoso que el camino más polvoriento. Vi en todas partes gran número de perdices (Nothura major). Estas aves no van en bandadas, y no se ocultan como las perdices en Inglaterra. Un hombre a caballo no tiene más que describir en derredor de estas perdices un círculo, o más bien una espiral, que le acerque a ellas cada vez más, para matar a palos todas cuantas quiera. El método más común consiste en cazarlas con un nudo corredizo o un lazo pequeño hecho con el cañón de una pluma de avestruz, atado a la punta de un palo largo. Un niño, jinete en un caballo viejo y pacífico, puede coger así 30 ó 40 en un solo día. En el extremo más septentrional de la América del Norte1 los indios cazan el conejo americano describiendo una espiral en torno de él, mientras está fuera de su yacija; la hora del medio día, cuando el sol está alto y el cuerpo del cazador no proyecta una sombra muy larga, parece ser el mejor momento para esta especie de caza. ...

En la línea 304
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Aquí se encuentra en crecido número un avecilla muy extraña, el Tinochorus rumicivorus. Por sus costumbres y su aspecto general se parece a la codorniz y a la becada, por diferentes que sean entre sí estas dos aves. Al Tinochorus se le encuentra en toda la extensión al sur de la América meridional, donde hay llanuras estériles o pastos muy secos. Frecuentan por parejas o a bandadas pequeñas los lugares más desolados, donde apenas podría existir cualquier otra criatura. Al aproximarse a ellos se agachan en el suelo, del cual entonces difícilmente se les puede distinguir. Para buscar el alimento andan muy despacio y muy patiabiertos. Se cubren de polvo en los caminos y en los lugares arenosos, y frecuentan sitios determinados donde se les puede encontrar a diario con regularidd. Lo mismo que las perdices, levantan el vuelo a bandadas. Por todos estos conceptos, así como por su musculosa molleja, adaptada a una alimentación animal, por su pico arqueado, por lo carnoso de los orificios de su nariz, por sus cortas patas y la forma de sus pies, el Tinochorus se parece mucho a la codorniz. Pero en cuanto este ave se echa a volar cambia todo su aspecto: sus largas alas puntiagudas, tan diferentes de las de las gallináceas, su vuelo irregular, el grito quejumbroso que deja oír en el momento de echarse a volar, todo recuerda a la becada; tanto y tan bien, que los cazadores tripulantes del Beagle no le llamaban nunca sino «la becada de pico corto». ...

En la línea 1226
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Pudo Anita dormir en adelante la mañana, sin que nadie interrumpiera esta delicia; y pudo Quintanar levantarse con la aurora y recrear el oído con los cercanos conciertos matutinos de codornices, tordos, perdices, tórtolas y canarios. ...

En la línea 3467
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Liebres, conejos, perdices, arceas, salmones, truchas, capones, gallinas, acudían mal de su grado a la cocina del Marqués, como convocados a nueva Arca de Noé, en trance de diluvio universal. ...

En la línea 3472
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... También de noche, cerca del alba, emprendía su viaje al monte el casero que se preciaba de regalar a su señor las primeras arceas, las mejores perdices; y allí estaban las perdices, sobre la mesa de pino, ofreciendo el contraste de sus plumas pardas con el rojo y plata del salmón despedazado. ...

En la línea 3472
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... También de noche, cerca del alba, emprendía su viaje al monte el casero que se preciaba de regalar a su señor las primeras arceas, las mejores perdices; y allí estaban las perdices, sobre la mesa de pino, ofreciendo el contraste de sus plumas pardas con el rojo y plata del salmón despedazado. ...

En la línea 310
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Lo acometían impulsos irresistibles. Estaba tumbado en el campamento, dormitando perezosamente al sol, cuando de pronto erguía la cabeza y levantaba las orejas escuchando con atención, y, tras ponerse de pie de un brinco, se alejaba velozmente y corría durante horas por las veredas del bosque y a través de los espacios abiertos llenos de matorrales. Le encantaba correr por los cauces secos y espiar agazapado la vida de las aves en el bosque. Permanecía un día entero tumbado en el monte bajo observando a las perdices que se pavoneaban de un lado a otro agitando las alas. Pero lo que le gustaba especialmente era correr bajo el suave resplandor de las noches de verano, escuchar los atenuados y somnolientos murmullos del bosque, interpretar los indicios del mismo modo que una persona lee un libro, e indagar el origen de aquel soplo misterioso que, dormido o despierto, lo llamaba a todas horas. ...


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Las Reglas Ortográficas de la R y la RR

Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.

En castellano no es posible usar más de dos r


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