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La palabra marrcharrse
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Comó se escribe marrcharrse o marcharse?

Cual es errónea Marcharse o Marrcharrse?

La palabra correcta es Marcharse. Sin Embargo Marrcharrse se trata de un error ortográfico.

La falta ortográfica detectada en la palabra marrcharrse es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra marcharse

Más información sobre la palabra Marcharse en internet

Marcharse en la RAE.
Marcharse en Word Reference.
Marcharse en la wikipedia.
Sinonimos de Marcharse.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Marcharse

Cómo se escribe marcharse o marrcharrse?
Cómo se escribe marcharse o marcharze?
Cómo se escribe marcharse o marcarse?


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Reglas relacionadas con los errores de r

Las Reglas Ortográficas de la R y la RR

Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.

En castellano no es posible usar más de dos r


Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r

Algunas Frases de libros en las que aparece marcharse

La palabra marcharse puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1147
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El _Caloró_ forastero va a marcharse a _Madrilati_; el camino es largo, y pudiera caer en malas manos, quizás en las de gente de su propia sangre, porque he de decirte, hermano, que los _Calés_ abandonan ya las ciudades y aldeas y se echan al campo en cuadrillas para saquear a los _Busné_; no hay ley ninguna en estas tierras, y ahora o nunca es la ocasión de que los _Caloré_ vuelvan a ser lo que fueron en tiempos pasados. ...

En la línea 1529
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... En cuanto nos vió, se paró en seco, dió media vuelta, e intentó marcharse por donde había venido; pero al sentirse dominado, se puso de manos, y hubiera concluído por tirar al suelo a la mujer, si ella misma no se apea con ligereza. ...

En la línea 1663
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Al marcharse me fuí con él, con permiso de mi padre, y le acompañé por ambas Castillas como camarada y criado a la vez. ...

En la línea 1886
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Dicen que esos canallas se negarán a marcharse; pero Quesada estará a la puerta para arrojarlos a la calle si oponen alguna resistencia. ...

En la línea 6099
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... No lo sabía, y no quería marcharse sin averiguarlo. ...

En la línea 8466
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En vista de que los asuntos vulgares de conversación llevaban trazas de sucederse hasta lo infinito, el Magistral, que no quería marcharse sin hacer algo, puso término a las palabras insignificantes con una pausa larga y una mirada profunda y triste a la bóveda estrellada. ...

En la línea 11818
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Había protestado, había querido marcharse, pero no le dejaron, y él tampoco se atrevía a buscar solo su casa; y en la calle hacía frío. ...

En la línea 16436
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Yo creo —añadía Joaquinito, y Paco cree lo mismo, que esto es inverosímil y que Frígilis quiere dar largas al asunto a ver si convence a Mesía y lo hace marcharse de Vetusta. ...

En la línea 397
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Al marcharse don Baltasar, sintió el joven un enorme vacío, según sus palabras. Poco menos de una semana había bastado para que se acostumbrase al trato con el canónigo, haciéndole falta sus conversaciones y su presencia. ...

En la línea 400
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Apreciaba el exacto valor psíquico, del canónigo en sus relaciones con él. Lo había querido siempre con un cariño casi filial, sonriendo al mismo tiempo de la inocencia de su carácter y sus entusiasmos históricos. Mas ahora, por obra del ambiente, este santo varón era el símbolo de su propio pasado. Resucitaba con su presencia las olvidadas aspiraciones de su primera juventud, dejándolo en tenaz nostalgia al marcharse. ...

En la línea 502
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Se había dirigido a Madrid al marcharse de la Costa Azul. Fue modo de una tuga, sin otra despedida que una breve carta. ...

En la línea 927
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Claudio Borja, que ya se había puesto en pie para marcharse, volvió a ocupar un sillón, tomando el grueso cigarro ofrecido por el diplomático. ...

En la línea 1288
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Después de esto, Popito mostró deseos de que su interlocutor la pusiera en el suelo para marcharse, pues acababa de cerrar la noche. Ra-Ra no había podido ir a ver al gentleman por una ocupación inesperada y urgente. Su grande obra le obligaba a continuas ausencias. Solo por el deseo de que Gillespie no viviera más tiempo confiadamente entre la chusma que le rodeaba, había enviado a Popito; pero la próxima vez sería el quien viniese, trayéndole una información más precisa. ...

En la línea 1323
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Se preguntó esto varias veces, convenciéndose al fin de que lo primero que debía hacer era marcharse, pues el miedo le hacia insufrible su permanencia allí. Temía ser sorprendida en su regreso a la capital si dejaba que cerrase la noche. ...

En la línea 1503
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Cuando llegó la noticia al palacio del gobierno, ya pisaba Gillespie la cúspide de la colina. Al entrar en su antigua vivienda notó inmediatamente los efectos del abandono. Todo lo perteneciente a él estaba en la misma situación que lo dejó al salir de allí. Únicamente, en los extremos del edificio, las cocinas y la despensa mostraban un desorden semejante al de una ciudad entregada al saqueo. La servidumbre, antes de marcharse, lo había robado todo. ...

En la línea 1557
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - ¡Lleveme! -continuo-. ¿Qué voy a hacer en mi patria?… Al ver que usted quiere marcharse, todas mis creencias se han derrumbado. Nada me importa que perezca el gobierno de las mujeres, que triunfen los hombres o que la guerra sea interminable. Lo único que me interesa es mi amor. ...

En la línea 779
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Vaya, vaya, este Juanito —decía Estupiñá levantándose para marcharse—, tiene hoy ganas de comedia. ...

En la línea 1352
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Jacinta se había olvidado de todo, hasta de marcharse a su casa, y no supo apreciar el tiempo mientras duró la operación de lavar y vestir al Pituso. Al caer en la cuenta de lo tarde que era, púsose precipitadamente el manto, y se despidió del Pituso, a quien dio muchos besos. «¡Qué fuerte te da, hija!» le dijo su hermana sonriendo. Y razón tenía hasta cierto punto, porque a Jacinta le faltaba poco para echarse a llorar. ...

En la línea 1368
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Barbarita, que ya tenía la mano en el llamador de la puerta para marcharse, volvió junto a su nuera para decirle: «¿Pero se parece?… ¿Estás segura de que se parece?… ». ...

En la línea 1689
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Fortunata se levantó para marcharse. Ocurriole a Maximiliano salir detrás de ella para ver dónde iba. Era la manera especial suya de hacer la corte. En su espíritu soñador existía la vaga creencia de que aquellos seguimientos entrañaban una comunicación misteriosa, quizás magnética. Seguir, mirando de lejos, era un lenguaje o telegrafía sui generis, y la persona seguida, aunque no volviese la vista atrás, debía de conocer en sí los efectos del fluido de atracción. Salió Fortunata despidiéndose muy fríamente, y a los dos minutos se despidió también Maximiliano con ánimo de alcanzarla todavía en el portal. Pero aquel condenado Ulmus sylvestris le entretuvo a la fuerza, cogiéndole una mano y apretándosela con bárbaros alardes de vigor muscular, para reírse con los chillidos de dolor que daba el pobre Rubinius vulgaris. «¡Qué asno eres!—exclamaba este, retirando al fin su mano magullada, con los dedos pegados unos a otros—. ¡Vaya unas gracias!.. ...

En la línea 1061
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Pues el pobre padece una afección cardiaca de la que no puede recobrarse. Sus días están contados. Acaba de salir de un achuchón gravísimo, que le ha puesto a las puertas de la muerte y le ha llevado al matrimonio, pero a otro… revienta. Es el caso que el pobre hombre andaba de casa en casa de huéspedes y de todas partes tenía que salir, porque por cuatro pesetas no pueden pedirse gollerías ni canguingos en mojo de gato y él era muy exigente. Y no del todo limpio. Y así rodando de casa en casa fue a dar a la de una venerable patrona, y entrada en años, mayor que él que, como sabes, más cerca anda de los sesenta que de los cincuenta, y viuda dos veces; la primera, de un carpintero que se suicidó tirándose de un andamio a la calle, y a quien recuerda a menudo como su Rogelio, y la segunda, de un sargento de carabineros que le dejó al morir un capitalito que le da una peseta al día. Y hete aquí que hallándose en casa de esta señora viuda da mi don Eloíno en ponerse malo, muy malo, tan malo que la cosa parecía sin remedio y que se moría. Llamaron primero a que le viera don José, y luego a don Valentín. Y el hombre, ¡a morir! Y su enfermedad pedía tantos y tales cuidados, y a las veces no del todo aseados, que monopolizaba a la patrona, y los otros huéspedes empezaban ya a amenazar con marcharse. Y don Eloíno, que no podía pagar mucho más, y la doble viuda diciéndole que no podía tenerle más en su casa, pues le estaba perjudicando el negocio. «Pero ¡por Dios, señora, por caridad! –parece que le decía él– ¿Adónde voy yo en este estado, en qué otra casa van a recibirme? Si usted me echa tendré que ir a morirme al hospital… ¡Por Dios, por caridad!, ¡para los días que he de vivir… !» Porque él estaba convencido de que se moría y muy pronto. Pero ella, por su parte, lo que es natural, que su casa no era hospital, que vivía de su negocio y que se estaba ya perjudicando. Cuando en esto a uno de los compañeros de oficina de don Eloíno se le ocurre una idea salvadora, y fue que le dijo: «Usted no tiene, don Eloíno, sino un medio de que esta buena señora se avenga a tenerle en su casa mientras viva.» ...

En la línea 1678
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¿Y si no se decide a marcharse? ...

En la línea 838
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Mateo vendrá y me verá por fin - dijo suavemente la señorita Havisham - cuando esté tendida en esta mesa. Ése será su sitio - añadió golpeando la mesa con su bastón -, junto a mi cabeza. El de usted será éste, y ése el de su esposo. Sara Pocket estará ahí. Ahora ya saben todos ustedes dónde han de colocarse cuando vengan a festejar mi muerte. Ya pueden marcharse. ...

En la línea 842
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Supongo que no se puede hacer otra cosa - observó Camila - más que obedecer y marcharnos. Ya es bastante haber podido contemplar, aunque por tan poco tiempo, a la persona que es objeto del amor y del deber de una. Cuando me despierte, por las noches, podré pensar con melancólica satisfacción en esta visita. Me gustaría que Mateo pudiese tener tal consuelo, pero se burla de eso. Estoy decidida a no hacer gala de mis sentimientos, pero es muy duro oírse decir que una desea festejar la muerte de un pariente… , como si una fuese un gigante… , y luego que le ordenen marcharse. ¡Vaya una idea! ...

En la línea 1436
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Me alejé a buen paso, observando que era más fácil marcharse de lo que había imaginado y reflexionando que no habría sido conveniente que me tiraran un zapato viejo cuando ya estuviera en el coche y a la vista de toda la calle Alta. Silbé, como dando poca importancia a mi marcha; pero el pueblo estaba muy tranquilo y apacible y la ligera niebla se levantaba solemnemente, como si quisiera mostrarme el mundo. Pensé en que allí había sido muy inocente y pequeño y que más allá todo era muy grande y desconocido; repentinamente sentí una nostalgia, y empecé a derramar lágrimas. Estaba entonces junto al poste indicador del extremo del pueblo, y puse mi mano en él diciendo: ...

En la línea 1466
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... - Perfectamente; pueden marcharse. No quiero saber nada más - añadió el señor Jaggers moviendo la mano para indicarles que se situaran tras él -. Si me dicen una sola palabra más, abandono el asunto. - Pensábamos, señor Jaggers… - empezó a decir uno de ellos, descubriéndose. ...

En la línea 140
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Hacía un rato que Raskolnikof había pensado marcharse, otorgando a Marmeladof su compañía y su sostén. Marmeladof tenía las piernas menos firmes que la voz y se apoyaba pesadamente en el joven. Tenían que recorrer de doscientos a trescientos pasos. La turbación y el temor del alcohólico iban en aumento a medida que se acercaban a la casa. ...

En la línea 159
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... El joven, sin decir nada, se apresuró a marcharse. La puerta interior acababa de abrirse e iban asomando caras cínicas y burlonas, bajo el gorro encasquetado y con el cigarrillo o la pipa en la boca. Unos vestían batas caseras; otros, ropas de verano ligeras hasta la indecencia. Algunos llevaban las cartas en la mano. Se echaron a reír de buena gana al oír decir a Marmeladof que los tirones de pelo eran para él una delicia. Algunos entraron en la habitación. Al fin se oyó una voz silbante, de mal agüero. Era Amalia Ivanovna Lipevechsel en persona, que se abrió paso entre los curiosos, para restablecer el orden a su manera y apremiar por centésima vez a la desdichada mujer, brutalmente y con palabras injuriosas, a dejar la habitación al mismo día siguiente. ...

En la línea 213
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Y esto fue poco comparado con lo que al fin supimos. Figúrate que Svidrigailof, el muy insensato, sentía desde hacía tiempo por Dunia una pasión que ocultaba bajo su actitud grosera y despectiva. Tal vez estaba avergonzado y atemorizado ante la idea de alimentar, él, un hombre ya maduro, un padre de familia, aquellas esperanzas licenciosas e involuntarias hacia Dunia; tal vez sus groserías y sus sarcasmos no tenían más objeto que ocultar su pasión a los ojos de su familia. Al fin no pudo contenerse y, con toda claridad, le hizo proposiciones deshonestas. Le prometió cuanto puedas imaginarte, incluso abandonar a los suyos y marcharse con ella a una ciudad lejana, o al extranjero si lo prefería. Ya puedes suponer lo que esto significó para tu hermana. Dunia no podía dejar su puesto, no sólo porque no había pagado su deuda, sino por temor a que Marfa Petrovna sospechara la verdad, lo que habría introducido la discordia en la familia. Además, incluso ella habría sufrido las consecuencias del escándalo, pues demostrar la verdad no habría sido cosa fácil. ...

En la línea 265
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Raskolnikof no se sentó, pero tampoco quería marcharse. Permanecía de pie ante ella, indeciso. ...

En la línea 424
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Lo sé, es decir, tuve ocasión de enterarme casualmente. ¿Pero adónde irá usted al marcharse de aquí? Le tengo afecto, y por eso iba a buscarle. ...

En la línea 908
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Es verdad que al marcharse salvaba su fortuna. Pero ¿qué iba a ser del general? ¿Quién pagaría a Des Grieux? La señorita Blanche, naturalmente, no esperaría la muerte de la abuela y se marcharía seguramente con el pequeño príncipe o con cualquier pretendiente. Todos se esforzaban en consolar a la inquieta señora. Paulina estaba de nuevo ausente. ...

En la línea 922
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Permítame antes que le pregunte si está verdaderamente decidida a marcharse en seguida. ...

En la línea 971
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Potapytch permaneció todo aquel tiempo a su lado, en el casino. Los polacos que asesoraban el juego de la abuela fueron relevados varias veces. Comenzó la abuela por despedir a aquel a quien la víspera había tirado de los pelos y tomó otro que demostró ser casi peor. Arrojó al segundo polaco para volver a tomar al primero, que no se había marchado a pesar de su mala suerte y no había cesado de rondar tras el sillón de lapavi. Entonces la abuela cayó en una verdadera desesperación. El segundo polaco despedido no quería marcharse a ningún precio. Uno se instaló a la derecha y otro a la izquierda. ...

En la línea 1889
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Enterado Picaporte del programa de aquel día, no tenía otra cosa que hacer sino conformarse. Contemplaba a su amo siempre impasible, y no podía decidirse a marcharse de allí. Su corazón estaba apesadumbrado, y su conciencia llena de remordimientos, porque se acusaba más que nunca de ese irreparable desastre. Si hubiera avisado a mister Fogg, si le hubiera descubierto los proyectos del agente Fix, aquél no hubiera, probablemente, llevado a éste a Liverpool, y entonces… ...


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