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La palabra franceza
Cómo se escribe

Comó se escribe franceza o francesa?

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Más información sobre la palabra Francesa en internet

Francesa en la RAE.
Francesa en Word Reference.
Francesa en la wikipedia.
Sinonimos de Francesa.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Francesa

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Reglas relacionadas con los errores de s;z

Las Reglas Ortográficas de la S

Se escribe s al final de las palabras llanas.
Ejemplos: telas, andamos, penas
Excepciones: alférez, cáliz, lápiz

Se escriben con s los vocablos compuestos y derivados de otros que también se escriben con esta letra.
Ejemplos: pesar / pesado, sensible / insensibilidad

Se escribe con s las terminaciones -esa, -isa que signifiquen dignidades u oficios de mujeres.
Ejemplos: princesa, poetisa

Se escriben con s los adjetivos que terminan en -aso, -eso, -oso, -uso.
Ejemplos: escaso, travieso, perezoso, difuso

Se escribe con s las terminaciones -ísimo, -ísima.
Ejemplos: altísimo, grandísima

Se escribe con s la terminación -sión cuando corresponde a una palabra que lleva esa letra, o cuando otra palabra derivada lleva -sor, -sivo, -sible,-eso.
Ejemplos: compresor, compresión, expreso, expresivo, expresión.

Se escribe s en la terminación de algunos adjetivos gentilicios singulares.
Ejemplos: inglés, portugués, francés, danés, irlandés.

Se escriben s con las sílabas iniciales des-, dis-.
Ejemplos: desinterés, discriminación.

Se escribe s en las terminaciones -esto, -esta.
Ejemplos: detesto, orquesta.

Las Reglas Ortográficas de la Z

Se escribe z y no c delante de a, o y u.

Se escriben con z las terminaciones -azo, -aza.

Ejemplos: pedazo, terraza

Se escriben con z los sustantivos derivados que terminan en las voces: -anza, -eza, -ez.

Ejemplos: esperanza, grandeza, honradez

La X y la S


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece francesa

La palabra francesa puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2955
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¿Vos servís al cardenal?-Sí, señora, y como su servidor no permitiré que os dediquéis a conspiraciones contra el Estado, y que vos misma sirváis a las intrigas de una mujer que no es francesa y que tiene el corazón español. ...

En la línea 3743
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... A las tres llegaron dos compañías de guardias, una francesa, otra suiza. ...

En la línea 5736
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Esta grandeza de modales en un hombre completamente privado de todo, sorprendió al mismo Porthos, y esta generosidad francesa, contada por lord de Winter y su amigo, tuvo gran éxito en todas partes salvo entre los señores Grimaud, Mosquetón Planchet y Bazin. ...

En la línea 6347
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¿Lo habéis cambiado por vuestro dia mante?-No -dijo D'Artagnan -: es un regalo de mi hermosa inglesa, o mejor, de mi hermosa francesa, porque, aunque n o se lo he preguntado, estoy convencido de que ha nacido en Francia. ...

En la línea 3813
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Vestía con primorosa elegancia según la moda francesa. ...

En la línea 5148
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Con este propósito me instalé para lo restante del día en una famosa fonda francesa de la calle del Caballero de Gracia que, por ser uno de los lugares más concurridos y más elegantes de Madrid, pensé, naturalmente, que sería el último adonde al corregidor se le ocurriría buscarme. ...

En la línea 5176
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Iban todos bien vestidos, a la moda francesa en su mayoría; y, sin embargo, harto se notaba lo que en realidad eran: _alguaciles_, espías y soplones. ...

En la línea 5339
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¿Es usted de la Vizcaya francesa? —Soy de Bordeaux, _monsieur_; pero he vivido mucho tiempo en las Landas y en Vizcaya, _travaillant à mon metier_. ...

En la línea 2384
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... La Ilustración francesa se había dejado en un arranque de patriotismo; por culpa de un grabado en que aparecían no se sabe qué reyes de España matando toros. ...

En la línea 6015
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¿Por qué le habían de convidar? Además allá comían a la francesa, aunque doña Rufina solía cambiar las horas y comer a la que se le antojaba. ...

En la línea 16533
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Aquellas condiciones las había copiado el coronel de una novela francesa que le había prestado Bedoya. ...

En la línea 174
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Lorenzo Valla, célebre escritor italiano, trataba los hombres y los dogmas del catolicismo con una ironía igual a la de los librepensadores del siglo xvii, precursores de la Revolución francesa. La Iglesia fingía no enterarse de tales atrevimientos, por miedo a aparecer en abierta hostilidad con unos personajes que estaban de moda. Además, el rey de Nápoles guardaba como secretario a Lorenzo Valla, defendiéndolo de todo ataque. ...

En la línea 382
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —Además, fue el primero—añadió el canónigo—en venerar a una amazona del cristianismo, una doncella francesa, Juana de Arco, que años antes había sido quemada en Reims por un tribunal de obispos, cual si fuese una hechicera. Alfonso de Borja rehabilitó su memoria, limpiando su nombre de tales calumnias, y ordenó las primeras gestiones para su santificación, que sólo ha decretado la Iglesia en nuestros días, cuatro siglos después. ...

En la línea 903
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —De un lado, el peligro de la invasión francesa, que aún estaba lejos; de otro, la amenaza más inmediata de ver atacados los Estados romanos por el rey de Nápoles, sostenido ocultamente por el rey de España… Y optó, al fin, por esta última alianza que al mismo tiempo ofrecía brillantes matrimonios para sus hijos. ...

En la línea 936
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El 7 de mayo se celebraba en Nápoles la boda de don Jofre y doña Sancha con gran aparato. Alfonso II, padre de la novia, deseaba levantar su crédito ante los napolitanos y los barones de su reino, dando gran brillo a las ceremonias nupciales para inspirar confianza al país, haciéndole creer que su nuevo parentesco con el Pontífice era una garantía contra la anunciada expedición francesa. ...

En la línea 73
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Adivinaba el fenómeno comercial, sin acertar a darle nombre, y en vez de echar maldiciones contra los ingleses, como hacía su marido, se dio a discurrir el mejor remedio. ¿Qué corrientes seguirían? La más marcada era la de las novedades, la de la influencia de la fabricación francesa y belga, en virtud de aquella ley de los grises del Norte, invadiendo, conquistando y anulando nuestro ser colorista y romancesco. El vestir se anticipaba al pensar y cuando aún los versos no habían sido desterrados por la prosa, ya la lana había hecho trizas a la seda. ...

En la línea 1802
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En los comienzos de aquella vida, Maximiliano abandonó mucho sus estudios; pero cuando fue metodizando su amor, la conciencia de la misión moral que se proponía cumplir le estimuló al estudio, para hacerse pronto hombre de carrera. Y era muy particular lo que le ocurría. Se notaba más despierto, más perspicaz para comprender, más curioso de los secretos de la ciencia, y le interesaba ya lo que antes le aburriera. En sus meditaciones, solía decir que le había entrado talento, como si dijese que le había entrado calentura. Indudablemente no era ya el mismo. En media hora se aprendía una lección que antes le llevaba dos horas y al fin no la sabía. Creció su admiración al observarse en clase contestando con relativa facilidad a las preguntas del profesor y al notar que se le ocurrían apreciaciones muy juiciosas; y el profesor y los alumnos se pasmaban de que Rubinius vulgaris se hubiera despabilado como por ensalmo. Al propio tiempo hallaba vivo placer en ciertas lecturas extrañas a la Farmacia, y que antes le cautivaban poco. Algunos de sus compañeros solían llevar al aula, para leer a escondidas, obras literarias de las más famosas. Rubín no fue nunca aficionado a introducir de contrabando en clase, entre las páginas de la Farmacia químico-orgánica, el Werther de Goëthe o los dramas de Shakespeare. Pero después de aquella sacudida que el amor le dio, entrole tal gusto por las grandes creaciones literarias, que se embebecía leyéndolas. Devoró el Fausto y los poemas de Heine, con la particularidad de que la lengua francesa, que antes le estorbaba, se le hizo pronto fácil. En fin, que mi hombre había pasado una gran crisis. El cataclismo amoroso varió su configuración interna. Considerábase como si hubiera estado durmiendo hasta el momento en que su destino le puso delante la mujer aquella y el problema de la redención. ...

En la línea 2283
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... La planicie de Chamberí, desde los Pozos y Santa Bárbara hasta más allá de Cuatro Caminos, es el sitio preferido de las órdenes nuevas. Allí hemos visto levantarse el asilo de Guillermina Pacheco, la mujer constante y extraordinaria, y allí también la casa de las Micaelas. Estos edificios tienen cierto carácter de improvisación, y en todos, combinando la baratura con la prisa, se ha empleado el ladrillo al descubierto, con ciertos aires mudéjares y pegotes de gótico a la francesa. Las iglesias afectan, en las frágiles escayolas que las decoran interiormente, el estilo adamado con pretensiones de elegante de la basílica de Lourdes. Hay, pues, en ellas una impresión de aseo y arreglo que encanta la vista, y una deplorable manera arquitectónica. La importación de los nuevos estilos de piedad, como el del Sagrado Corazón, y esas manadas de curas de babero expulsados de Francia, nos han traído una cosa buena, el aseo de los lugares destinados al culto; y una cosa mala, la perversión del gusto en la decoración religiosa. Verdad que Madrid apenas tenía elementos de defensa contra esta invasión, porque las iglesias de esta villa, además de muy sucias, son verdaderos adefesios como arte. Así es que no podemos alzar mucho el gallo. El barroquismo sin gracia de nuestras parroquias, los canceles llenos de mugre, las capillas cubiertas de horribles escayolas empolvadas y todo lo demás que constituye la vulgaridad indecorosa de los templos madrileños, no tiene que echar nada en cara a las cursilerías de esta novísima monumentalidad, también armada en yesos deleznables y con derroche de oro y pinturas al temple, pero que al menos despide olor de aseo, y tiene el decoro de los sitios en que anda mucho la santidad de la escoba, del agua y el jabón. ...

En la línea 3509
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Pues nada; que tenía que esconderme para comer a mi gusto. ¿Y cuando me sermoneaba porque no tengo ese aire de francesa que tiene la Antoñita, esa que está con Villalonga, y otra que llaman Sofía la Ferrolana? «Hasta en la manera de sentarse se diferencian de ti—me decía—. Fíjate bien en aquel aire de abandono o de viveza según los casos; en aquella gracia, en aquel modo de andar por la calle. Tú cuando vas por ahí con tu velito y ese pasito reposado, sin mirar a nadie, parece que vas de casa en casa pidiendo para una misa». ¿Ve usted lo que me decía? ¿Y cuando se empeñaba en que me pusiera yo esos cuerpos tan ceñidos, tan ceñidos que con ellos parece que enseña una todo lo que Dios le ha dado?… ...

En la línea 1806
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... No pude apenas dormir aquella noche. Los escualos atravesaban mis sueños. Me parecía tan justa como injusta a la vez esa etimología que hace proceder la palabra francesa con que se designa al tiburón, requin, de la palabra requiem. ...

En la línea 3058
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Habíamos cortado el ecuador. A veinte millas al Oeste quedaba la Guayana, tierra francesa en la que hubiésemos hallado fácil refugio. Pero el viento soplaba con fuerza y un simple bote no hubiera podido enfrentarse a la furia de las olas. Así debió comprenderlo Ned Land, pues no me habló de ello. Por mi parte, no hice ninguna alusión a sus proyectos de fuga, pues no quería impulsarle a una tentativa infaliblemente destinada al fracaso. ...

En la línea 3303
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -En otro tiempo ese navío se llamó el Marsellés. Tenía setenta y cuatro cañones y lo botaron en 1762. En 1778, el 13 de agosto, bajo el mando de La Poype Vertrieux, se batió audazmente contra el Preston. El 4 de julio de 1779, participó con la escuadra del almirante D'Estaing en la conquista de la Granada. En 1781, el 5 de septiembre, tomó parte en el combate del conde de Grasse, en la bahía de Chesapeake. En 1794, la República francesa le cambió el nombre. El 16 de abril del mismo año, se unió en Brest a la escuadra de Villaret Joyeuse, encargada de escoltar un convoy de trigo que venía de América, bajo el mando del almirante Van Stabel. El 11 y el 12 pradial, año II, esa escuadra se encontró con los navíos ingleses. Señor, hoy es el 13 pradial, el primero de junio de 1868. Hoy hace setenta y cuatro años, día a día, que en este mismo lugar, a 47' 24' de latitud y 17' 28' de longitud, este barco, tras un combate heroico, perdidos sus tres palos, con el agua en sus bodegas y la tercera parte de su tripulación fuera de combate, prefirió hundirse con sus trescientos cincuenta y seis marinos que rendirse. Y fijando su pabellón a la popa, desapareció bajo el agua al grito de « ¡Viva la República!» ...

En la línea 151
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Aquí, entre nosotros, dicen que es una francesa distinguida, a la que acompaña su madre, una dama muy rica. Se sabe también que es una prima lejana de nuestro marqués. Parece ser que antes de mi viaje a París el francés y la señorita Blanche habían tenido relaciones mucho más ceremoniosas, vivían en un plan más reservado. Ahora su amistad y su parentesco se manifiestan de una manera más atrevida, más íntima. Quizá nuestros asuntos les parecen en tan mal estado que juzgan inútil hacer cumplidos y disimular. Noté anteayer que Mr. Astley hablaba con la señorita Blanche y su madre como si las conociera. Me parece también que el francés se había entrevistado con anterioridad con Mr. Astley. ...

En la línea 520
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Sí, sí, charmante… Te conozco, farsante, y no te creo ni así… —y le mostró su dedo meñique—. ¿Quién es? —preguntó luego, señalando a la señorita Blanche. La francesa, vestida de amazona y con la fusta en la mano, le producía una impresión que no podía ocultar—. ¿Vive aquí? ¡Hum! ...

En la línea 658
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Una francesa, probablemente una de esas damas… —contesté. ...

En la línea 916
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Praskovia —empezó diciendo la abuela. ¿Es cierto lo que me dijeron recientemente de que tu imbécil suegro quiere casarse con esa loca francesa, una actriz sin duda, o algo peor? ...

En la línea 422
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Señora… esto no es ningún desierto, ni corre usted el riesgo menor, tiene usted dinero, es lo único que hace falta en tierra francesa; estará usted muy bien servida y atendida, yo se lo fío… ...

En la línea 516
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Parfait -contestó la francesa. ...

En la línea 746
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... No era aburrimiento lo que tenía Miranda: era su mal del hígado, furiosamente exacerbado con el despecho de la ridícula aventura que cortó el viaje de novios. Sus sienes verdeaban, sus ojeras se teñían de matices amoratados, la bilis se infiltraba bajo la piel, y así como una casa nueva hace parecer más vetustas las que están a su lado, así la lozana juventud de Lucía acentuaba el deterioro del marido. Verificábase en Lucía la encantadora transición de niña a mujer; sus movimientos, más lentos y reposados, tenían mayor gracia; al paso que en él, la madurez se trocaba en vejez, más bien que por los años, por la ruina de la organización. Mostrábase Lucía con él tanto más afectuosa, cuanto más le veía roído por los achaques, y cuanto más notaba en su rostro las huellas del padecimiento cruel. No la arredraban ciertos despegos, ciertas durezas inexplicables de Miranda; servíale piadosa y filialmente, hablábale con dulzura, hacíale ella misma los remedios y le vendaba el pie lastimado, con la devoción con que vestiría a una santa imagen. Era feliz y hasta se conmovía, cuando él hallaba bien colocado el apósito. Al fin Miranda pudo andar sin riesgo. Las lujaciones duran poco, aunque en la edad de Miranda sean más tenaces. Diéronle de alta, y todos se dispusieron a tomar la ruta de Vichy. La estación adelantaba: estaban casi a mediados de Septiembre, y esperar más era exponerse a las persistentes lluvias de aquel clima. Por encargo de Miranda el ama del hotel escribió a la villa termal, encargando hospedaje. Con verbosidad enteramente francesa convenció a Miranda y a Perico de que debían alojarse en un chalet, por evitar a las damas la enojosa promiscuidad de la mesa redonda de hotel, y para que se encontrasen como en su propia casa. Repartido entre las dos familias, no sería exorbitante el coste y las ventajas muchas. Conviniéronse en ello, y Miranda hubo de pedir la cuenta del gasto hecho en el hotel, que le trajeron escrita en casi indescifrables garrapatos. Cuando logró entenderlos llamó al ama. ...

En la línea 1033
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Llegaron a la gran capital de la república francesa en una mañana nebulosa y turbia, y los asaltaron en la estación innumerables comisionados de las fondas, señalando cada cual al respectivo ómnibus, y pugnando por llevarse consigo a la gente. Encarose uno de estos tales con Miranda y mostrando el rostro atezado, que cruzaba un mediano chirlo, dijo en buen castellano: ...

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