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La palabra heterno
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Comó se escribe heterno o eterno?

Cual es errónea Eterno o Heterno?

La palabra correcta es Eterno. Sin Embargo Heterno se trata de un error ortográfico.

La falta ortográfica detectada en la palabra heterno es que se ha eliminado o se ha añadido la letra h a la palabra eterno

Más información sobre la palabra Eterno en internet

Eterno en la RAE.
Eterno en Word Reference.
Eterno en la wikipedia.
Sinonimos de Eterno.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Eterno

Cómo se escribe eterno o heterno?
Cómo se escribe eterno o eterrno?


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece eterno

La palabra eterno puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 152
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Montenegro, a pesar de su vida sedentaria de oficinista, sentía removerse en él atávicos entusiasmos a la vista de un corcel de precio; sentía la admiración del nómada africano ante el animal, eterno compañero de su vida. De la riqueza de su jefe don Pablo, sólo envidiaba la docena de caballos, los más caros y famosos de las ganaderías de Jerez, que tenía en sus cuadras. También aquel hombre obeso, que parecía no sentir otros entusiasmos que los que le inspiraban su religión y su bodega, olvidaba momentáneamente a Dios y al cognac al ver un caballo hermoso que no fuese suyo, y sonreía agradecido cuando le elogiaban como el primer jinete de la campiña jerezana. ...

En la línea 416
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El cielo era más azul y sereno que en aquellos países de eterno verdor e incesantes cosechas que él recordaba; lucía el sol con más fuerza, pero bajo su lluvia de oro, la tierra andaluza se mostraba triste, con la soledad del cementerio, silenciosa como si pesase sobre ella la muerte, con un revoloteo de negros pajarracos en lo alto, y abajo, en los campos sin límites, centenares de hombres alineados como esclavos, moviendo sus brazos con regularidad automática, vigilados por un capataz. ¡Ni un campanario; ni una aglomeración de casas blancas como en los países donde existían verdaderos labradores! ¡Aquí sólo se veían siervos trabajando una tierra odiada que jamás podía ser suya; preparando unas cosechas de las que no tocarían un solo grano! --Y la tierra, Rafaé, es jembra, y a las jembras, pa que sean agradecías y se porten bien, hay que quererlas. Y el hombre no puede queré a una tierra que no es suya. Sólo deja el sudor y la sangre sobre los terrones de que puede sacar el pan. ¿Digo mal, muchacho?... ...

En la línea 625
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El cristianismo era una mentira más, desfigurada y explotada por los de arriba para justificar y santificar sus usurpaciones. ¡Justicia, y no Caridad! ¡Bienestar en la tierra para los infelices y que los ricos se reservasen, si la deseaban, la posesión del cielo, abriendo la mano para soltar sus rapiñas terrenales! Los miserables no podían esperar nada de lo alto. Sobre sus cabezas sólo existía un infinito insensible a la desesperación humana: otros mundos que ignoraban la vida de millones de míseros gusanos sobre esta esfera deshonrada por el egoísmo y la violencia. Los hambrientos, los que tenían sed de justicia, sólo debían confiar en ellos mismos. ¡Arriba, aunque fuese para morir! Otros vendrían detrás, que esparcirían la simiente germinadora en los surcos fecundados por su sangre. ¡De pie y en marcha la horda de la miseria, sin más Dios que la rebelión, iluminando su camino la estrella roja, el eterno diablo de las religiones, guía insustituible de todos los grandes movimientos de la humanidad!... ...

En la línea 2098
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Oh! Sí, sí, eso es cierto, y cualquier otro amor distinto al mío habría sucumbido a esa prueba; pero mi amor, en mi caso, ha salido de ella ardiente y más eterno. ...

En la línea 8744
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Mi hermana os agradece vuestro re-cuerdo fiel y eterno. ...

En la línea 8943
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Aún dejótranscurrir media hora, y como en aquel momento todo estaba en silencio en el viejo castillo, como no se oía más que el eterno murmullo del oleaje, esa respiración inmensa del océano, con su voz pura, armoniosa y vibrante comenzó la primera estrofa de est e salmo que gozaba entonces de gran favor entre los puritanos:Señor, si nos abandonas es para uer si somos fuertes, mas luego eres tú quien das con tu celeste mano la palma a nuestros esfuerzos. ...

En la línea 9365
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Aquella idea no era de cristiana, lo sé; sin duda ese eterno enemigo de nuestra alma, ese león que ruge sin cesar en torno de nosotros la soplaba a mi espíritu. ...

En la línea 6995
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —Venid acá, papistas—dije—y tomad esta lección: aquí hay una casa de Dios, en lo exterior al menos, tal como una casa de Dios debe ser: cuatro muros, una fuente, y encima el eterno firmamento, donde se espeja su gloria. ...

En la línea 7216
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... No hay pueblo en el mundo que tenga nociones más sublimes acerca del Dios eterno e increado que el pueblo moro; ni que haya mostrado mayor celo por Su honor y gloria; su mismo celo por la gloria de Dios ha sido y es el principal obstáculo para su conversión al cristianismo. ...

En la línea 114
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más estraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo; y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama. ...

En la línea 135
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... ¡Oh tú, sabio encantador, quienquiera que seas, a quien ha de tocar el ser coronista desta peregrina historia, ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante, compañero eterno mío en todos mis caminos y carreras! Luego volvía diciendo, como si verdaderamente fuera enamorado: -¡Oh princesa Dulcinea, señora deste cautivo corazón!, mucho agravio me habedes fecho en despedirme y reprocharme con el riguroso afincamiento de mandarme no parecer ante la vuestra fermosura. ...

En la línea 736
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y aquí, en memoria de tantas desdichas, quiso él que le depositasen en las entrañas del eterno olvido. ...

En la línea 1655
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -En efecto -dijo Sancho-, ¿qué es lo que vuestra merced quiere hacer en este tan remoto lugar? -¿Ya no te he dicho -respondió don Quijote- que quiero imitar a Amadís, haciendo aquí del desesperado, del sandio y del furioso, por imitar juntamente al valiente don Roldán, cuando halló en una fuente las señales de que Angélica la Bella había cometido vileza con Medoro, de cuya pesadumbre se volvió loco y arrancó los árboles, enturbió las aguas de las claras fuentes, mató pastores, destruyó ganados, abrasó chozas, derribó casas, arrastró yeguas y hizo otras cien mil insolencias, dignas de eterno nombre y escritura? Y, puesto que yo no pienso imitar a Roldán, o Orlando, o Rotolando (que todos estos tres nombres tenía), parte por parte en todas las locuras que hizo, dijo y pensó, haré el bosquejo, como mejor pudiere, en las que me pareciere ser más esenciales. ...

En la línea 565
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Comenzamos por buscar ciertos manantiales de agua dulce indicados en una antigua carta española. Encontramos un puertezuelo en cuyo vértice corría un arroyito de agua salobre. El estado de la marea nos obligó a permanecer allí algunas horas, y yo aproveché este tiempo para dar un paseo por el interior de las tierras. El llano se componía, como de ordinario, de cantos rodados mezclados con una tierra que presentaba todo el aspecto de la creta, pero de naturaleza muy diferente. La poca dureza de estos materiales determina la formación de numerosos barrancos. En todo el paisaje no hay más que soledad y desolación; no se ve un solo árbol, y salvo algún guanaco que parece hacer la guardia, centinela vigilante, sobre el vértice de alguna colina, apenas si se ve ningún animal ni un pájaro; y sin embargo, se siente como un placer intenso, aunque no bien definido, al atravesar estas llanuras donde ni un solo objeto atrae nuestras miradas, y nos preguntamos: ¿desde cuándo existirá así esta llanura? ¿cuánto tiempo durará aún esta desolación? «¿Quién puede responder? Todo lo que hoy nos rodea parece eterno. Y no obstante, el desierto hace oír voces misteriosas que evocan dudas terribles». ...

En la línea 1350
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... s doy con frecuencia cigarros, que reciben con mucho gusto, pero apenas consienten en darme gracias. indio de Chiloé, por el contrario, se habría quitado el sombrero y hubiese repetido su eterno: «¡Dios le pague!» Se hace muy penoso el viaje a causa del mal estado del camino, y por los muchos troncos que lo entorpecen, obligándonos a saltar o rodearlos ...

En la línea 1854
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... s acompañantes no aciertan a darme explicación ninguna respecto de esos montones de piedras y se contentan con responder imperturbables a todas mis preguntas con su eterno íQuién sabe! En varias partes de la cordillera he visto ruinas indias; las más perfectas que he podido visitar son las Ruinas de Tambillos, en el paso de Uspallata ...

En la línea 619
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Encontrábase en la calle, por ejemplo, con Trifón Cármenes, el poeta de más alientos de Vetusta, el eterno vencedor en las justas incruentas, de la gaya ciencia; le llamaba con un dedo, acercaba su corva nariz a la ancha oreja del vate y decíale: —He visto aquello. ...

En la línea 1364
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Emigró Ozores y doña Camila juró odio eterno al ingrato, y consagró, con la paciencia de los reformistas ingleses, un culto de envidia póstuma a la modista italiana que había conseguido casarse con aquel estuco. ...

En la línea 2769
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Creíale más valiente que el Cid, más diestro en las armas que el Zuavo, su figura le parecía un figurín intachable, aquella ropa el eterno modelo de la ropa; y en cuanto a la fama que don Álvaro gozaba de audaz e irresistible conquistador, reputábala auténtica y el más envidiable patrimonio que pudiera codiciar un hombre amigo de divertirse en este pícaro mundo. ...

En la línea 3331
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Aquella Arcadia la veía don Álvaro con ojos acariciadores; en aquella casa tenía el teatro de sus mejores triunfos; cada mueble le contaba una historia en íntimo secreto; en la seriedad de las sillas panzudas y de los sillones solemnes con sus brazos e ídolos orientales, encontraba una garantía del eterno silencio que les recomendaba. ...

En la línea 507
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Había escogido a Madrid como término de su fuga, creyendo encontrar en esta ciudad un ambiente refractario a sus melancolías; pero los recuerdos de aquella mujer fueron saliéndole al paso. Un día, en el barrio de Salamanca, vio un edificio habitado en otro tiempo por Bustamante. Personas desconocidas lo ocupaban ahora. Doña Nati había creído prudente levantar la casa imaginando que el alto cargo de su cuñado en Roma sería eterno. ...

En la línea 647
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... A la cabeza de los Roveres estaba Juliano, cardenal de carácter ardoroso y enérgico, semejante en costumbres y ambiciones a Rodrigo de Borja, sobrino del Papa como éste, licencioso en su vida, lo mismo que el cardenal de Valencia, amigos ambos unas veces por la comunidad de gustos, y tenaces adversarios en otras ocasiones, hasta los mayores extremos de enemistad. Juliano de la Rovere había de ser el eterno conspirador contra Alejandro VI, ciñéndose la tiara, después de 1a muerte de éste, con el nombre de Julio II. ...

En la línea 763
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El eterno vicecanciller era de mano larga para la protección de los suyos. Sixto IV dispensaba al pequeño César, teniendo éste cinco años del obstáculo canónico para recibir las órdenes, por ser su padre un cardenal-obispo y su madre una mujer casada. A los siete lo hacia protonotario, dándole, además, beneficios eclesiásticos en Játiva y otras ciudades españolas. ...

En la línea 952
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Mientras tanto, Carlos VIII justificaba sus preparativos guerreros con un fin falsamente religioso. Luego que se apoderase del reino de Nápoles, iría a conquistar a Constantinopla y Jerusalén (¡el eterno pretexto de la cruzada!); pero ni él ni sus capitanes pensaban en cumplir tales promesas. ...

En la línea 803
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Edwin aceptó la invitación con entusiasmo. Deseaba conocer algo más que el eterno espectáculo de la capital vista por los tejados, y el río, en el que únicamente le permitían moverse dentro de un reducido espacio. ...

En la línea 1214
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - No he podido hacer más -dijo-; pero en fin, algo es haberle salvado la vida… . Afortunadamente, el gobierno no será eterno, y el día que yo le suceda me acordaré de mejorar la suerte del pobre gigante. ...

En la línea 1621
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Quedose Juan con esta noticia más pensativo y peor humorado, sintiendo arreciar los síntomas del mal que padecía, y que principalmente se alojaba en su imaginación, mal de ánimo con mezcla de un desate nervioso acentuado por la contrariedad. ¿Por qué la despreció cuando la tuvo como era, y la solicitaba cuando se volvió muy distinta de lo que había sido?… El pícaro ideal, ¡ay!, el eterno ¿cómo será? Y la pobre Jacinta, a todas estas, descrismándose por averiguar qué demonches de antojo o manía embargaba el ánimo de su inteligente esposo. Este se mostraba siempre considerado y afectuoso con ella; no quería darle motivo de queja; mas para conseguirlo, necesitaba apelar a su misma imaginación dañada, revestir a su mujer de formas que no tenía, y suponérsela más ancha de hombros, más alta, más mujer, más pálida… y con las turquesas aquellas en las orejas… Si Jacinta llega a descubrir este arcano escondidísimo del alma de Juanito Santa Cruz, de fijo pide el divorcio. Pero estas cosas estaban muy adentro, en cavernas más hondas que el fondo de la mar, y no llegara a ella la sonda de Jacinta ni con todo el plomo del mundo. ...

En la línea 3067
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... La conversación del círculo, que empezaba casi siempre con el tema de la guerra, pasaba insensiblemente al de los empleos. Leopoldo Montes, cesante eterno, Relimpio, y otros que tenían entre los dientes alguna piltrafa del presupuesto, se arrojaban con deleite famélico sobre aquel tema picante. «Usted, ¿cuánto tiene?». ...

En la línea 6119
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Porque yo veo ahora todos los conflictos, todos los problemas de mi vida con una claridad que no puede provenir más que de la razón… Y para que conste, yo juro ante Dios y los hombres que perdono con todo mi corazón a esa desventurada a quien quise más que a mi vida, y que me hizo tanto daño; yo la perdono, y aparto de mí toda idea rencorosa, y limpio mi espíritu de toda maleza, y no quiero tener ningún pensamiento que no sea encaminado al bien y a la virtud… El mundo acabó para mí. He sido un mártir y un loco. Que mi locura, de la que con la ayuda de Dios he sanado, se me cuente como martirio, pues mis extravíos, ¿qué han sido más que la expresión exterior de las horribles agonías de mi alma? Y para que no quede a nadie ni el menor escrúpulo respecto a mi estado de perfecta cordura, declaro que quiero a mi mujer lo mismo que el día en que la conocí; adoro en ella lo ideal, lo eterno, y la veo, no como era, sino tal y como yo la soñaba y la veía en mi alma; la veo adornada de los atributos más hermosos de la divinidad, reflejándose en ella como en un espejo; la adoro, porque no tendríamos medio de sentir el amor de Dios, si Dios no nos lo diera a conocer figurando que sus atributos se transmiten a un ser de nuestra raza. Ahora que no vive, la contemplo libre de las transformaciones que el mundo y el contacto del mal le imprimían; ahora no temo la infidelidad, que es un rozamiento con las fuerzas de la Naturaleza que pasan junto a nosotros; ahora no temo las traiciones, que son proyección de sombra por cuerpos opacos que se acercan; ahora todo es libertad, luz; desaparecieron las asquerosidades de la realidad, y vivo con mi ídolo en mi idea, y nos adoramos con pureza y santidad sublimes en el tálamo incorruptible de mi pensamiento. ...

En la línea 954
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Su padre nos hizo daño, nos destruyó y ha descendido al fuego eterno. Sí, al fuego eterno. Se libró de nosotros, pero fue la voluntad de Dios; sí, fue la voluntad de Dios no debemos lamentarnos. Pero no se ha librado del fuego eterno. No se ha librado de ese fuego abrasador, implacable y en donde no caben remordimientos; y el fuego es eterno y perdurable. ...

En la línea 954
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Su padre nos hizo daño, nos destruyó y ha descendido al fuego eterno. Sí, al fuego eterno. Se libró de nosotros, pero fue la voluntad de Dios; sí, fue la voluntad de Dios no debemos lamentarnos. Pero no se ha librado del fuego eterno. No se ha librado de ese fuego abrasador, implacable y en donde no caben remordimientos; y el fuego es eterno y perdurable. ...

En la línea 954
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Su padre nos hizo daño, nos destruyó y ha descendido al fuego eterno. Sí, al fuego eterno. Se libró de nosotros, pero fue la voluntad de Dios; sí, fue la voluntad de Dios no debemos lamentarnos. Pero no se ha librado del fuego eterno. No se ha librado de ese fuego abrasador, implacable y en donde no caben remordimientos; y el fuego es eterno y perdurable. ...

En la línea 1732
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¡Ah, sí! Envía sus respetuosos saludos a tu Mariana, acompañándolos de un juramento de amor eterno. ...

En la línea 1769
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... - Es verdad - contestó Wemmick -, es la mirada característica. Como si una aleta de la nariz hubiera sido cogida por un pañuelo. Sí, tuvo el mismo fin; es el fin natural aquí, se lo aseguro. Falsificaba testamentos y a veces sumía en el sueño eterno a los supuestos testadores. Tenías aspecto de caballero, Cove, y asegurabas saber escribir en griego - exclamó el señor Wemmick apostrofando a la mascarilla -. ...

En la línea 4069
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑«Concédele, Señor, el descanso eterno.» ...

En la línea 4343
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »No crea demasiado al pie de la letra mis palabras. Estoy embriagado. Acabo de beberme un vaso entero. Sin embargo, digo la verdad. El centelleo de aquella mirada me perseguía hasta en sueños. Llegué al extremo de no poder soportar el susurro de sus vestidos. Temí que me diera un ataque de apoplejía. Nunca hubiese creído que pudiera apoderarse de mí una locura semejante. Yo deseaba hacer las paces con ella, pero la reconciliación era imposible. Y ¿sabe usted lo que hice entonces? ¡A qué grado de estupidez puede conducir a un hombre el despecho! No tome usted ninguna determinación cuando está furioso, Rodion Romanovitch. Teniendo en cuenta que Avdotia Romanovna era pobre (¡Oh perdón!, no quería decir eso… , pero ¿qué importan las palabras si expresan nuestro pensamiento?), teniendo en cuenta que vivía de su trabajo y que tenía a su cargo a su madre y a usted (¿otra vez arruga usted las cejas?), decidí ofrecerle todo el dinero que poseía (en aquel momento podía reunir unos treinta mil rublos) y proponerle que huyera conmigo, a esta capital, por ejemplo. Una vez aquí, le habría jurado amor eterno y sólo habría pensado en su felicidad. Entonces estaba tan prendado de ella, que si me hubiera dicho: 'Envenena, asesina a Marfa Petrovna', yo lo habría hecho, puede usted creerme. Pero todo esto terminó con el desastre que usted conoce, y ya puede usted figurarse a qué extremo llegaría mi cólera cuando me enteré de que Marfa Petrovna había hecho amistad con ese farsante de Lujine y amañado un matrimonio con su hermana, que no aventajaba en nada a lo que yo le ofrecía. ¿No lo cree usted así… ? Dígame, responda… Veo que usted me ha escuchado con gran atención, interesante joven… ...

En la línea 112
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Con tan alto patrocinio se presentó Miranda en la pacífica morada del feudatario colmenarista, siendo en efecto recibido cual lo exigía el venir de tal persona recomendado. Naturalmente se propuso no aparecer al pronto como candidato a la mano de Lucía. Sobre ser indelicadeza, fuera carencia de tacto; y además pretendía Miranda ante todo estudiar el terreno que pisaba. Halló ser verdad cuanto le había anunciado el prohombre y aun algo más en lo tocante a bienes de fortuna: vio una casa chapada a la antigua, tosca y popular en sus usos, pero honrada en todo, y un caudal sólido y seguro, diariamente acrecido por la celosa administración del señor Joaquín y su sencillez y parsimonia. Es cierto que el bueno del Leonés pareció a Miranda hombre de tediosa compañía, en todo vulgar e infeliz, corto de alcances, con sus ribetes de mentecato, pero hubo de sufrirlo, y aun de acomodarse a las ideas del viejo, tanto que éste llegó a no poder tomar café ni leer El Progreso Nacional, órgano de Colmenar, sin la salsa de los sabrosos comentarios que Miranda hacía a cada fondo, a cada suelto y gacetilla. Sabía Miranda de memoria el reverso, la cara interna de la política, y explicaba desenfadadamente las solapadas alusiones, las reticencias hábiles, las sátiras finas que en todo periódico importante abundan y son eterno logogrifo para el cándido suscritor provinciano. De suerte que desde su intimidad con Miranda, gozaba el señor Joaquín el hondo placer de la iniciación y miraba por cima del hombro a sus correligionarios leoneses, no admitidos en el santuario de la política reservada. Además de estos gustos que a la relación con Miranda debía, esponjábase el buen viejo -que ya sabemos cuán poco tenía de filósofo- cuando le encontraban las gentes mano a mano con tan bien portado caballero, íntimo del gobernador y familiar comensal de las gentes más encopetadas de la ciudad. ...

En la línea 709
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Era, en efecto, el asendereado novio, cojeando de la pierna derecha, pudiendo apenas sentar el pie, porque los agudos dolores de la luxación, consecuencia ingrata del salto a la vía, se renovaban al apoyar la planta en el suelo. Perdida así la gallardía del andar, los cuarenta y pico se asomaban implacables a todas las líneas del rostro: la triste raya de tinta de los bigotes resaltaba sobre la marchita tez; el párpado caído, hundidas las sienes y desaliñado el cabello, parecía el ex buen mozo una de esas desmanteladas torres, bellas a la luz crepuscular, pero que a mediodía todas se vuelven grietas, ortigas, zarzales y lagartos. Y como Lucía se quedase dudosa, indecisa, sin acertar ni a darle los buenos días, ni a arrojarse en sus brazos, Gonzalvo, censor eterno y sempiterno del matrimonio, desenlazó la extraña situación disparando la risa, y adelantándose a dar un abrazo jocoserio a aquella lamentable caricatura del esposo que llega. ...

En la línea 1149
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -No llores -dijo apeándole otra vez el tratamiento-, no llores, regocijate, porque has vencido. ¡Qué mucho, si representas la ilusión más cara al hombre, la ilusión única que vale cien realidades, la ilusión que sólo se disipa en el regazo de la muerte! ¡La más tenaz e invencible de cuantas la naturaleza dispone para adherirnos a la vida y conservar nuestra especie! Escúchame. No quiero decirte que tú eres para mí la felicidad, porque la felicidad no existe y yo no he de engañarte, pero lo que sí te afirmo es que por ti puede ser digno de un espíritu noble preferir la vida a la muerte. Entre los engaños que a la tierra nos apegan, uno hay que ilude más dulcemente con mieles suavísimas, con regalos tan inefables y embriagadores, que es lícito al hombre entregarse a un bien que, con ser fingido, así embellece y dora la existencia. Óyeme, óyeme. Huí siempre de las mujeres, porque, conocedor del triste misterio del inundo, del mal transcendente de la vida, no quería apegarme por ellas a esta tierra mísera, ni dar el ser a criaturas que heredasen el sufrimiento, único legado que todo ser humano tiene certeza de transmitir a sus hijos… Sí, yo consideraba que era un deber de conciencia obrar así, disminuir la suma de dolores y males; cuando pensaba en esta suma enorme, maldecía al sol que engendra en la tierra la vida y el sufrimiento, las estrellas que sólo son orbes de miseria, el mundo este, que es el presidio donde nuestra condena se cumple, y por fin, el amor, el amor que sostiene y conserva y perpetúa la desdicha, rompiendo, para eternizarla, el reposo sacro de la nada… ¡La nada!, la nada era el puerto de salvación a que mi combatido espíritu quiso arribar… La nada, la desaparición, la absorción en el Universo, disolución para el cuerpo, paz y silencio eterno para el espíritu… Si yo tuviese fe, ¡qué hermosísimo y atractivo y dulce me parecería el claustro! Ni voluntad, ni deseo, ni sentidos, ni pasiones… un sayal, un muerto ambulante debajo… Pero… ...

Reglas relacionadas con los errores de h

Las Reglas Ortográficas de la H

Regla 1 de la H Se escribe con h todos los tiempos de los verbos que la llevan en sus infinitivos. Observa estas formas verbales: has, hay, habría, hubiera, han, he (el verbo haber), haces, hago, hace (del verbo hacer), hablar, hablemos (del verbo hablar).

Regla 2 de la H Se escriben con h las palabras que empiezan con la sílaba hum- seguida de vocal. Observa estas palabras: humanos, humano.

Se escriben con h las palabras que empiezan por hue-. Por ejemplo: huevo, hueco.

Regla 3 de la H Se escriben con h las palabra que empiezan por hidro- `agua', hiper- `superioridad', o `exceso', hipo `debajo de' o `escasez de'. Por ejemplo: hidrografía, hipertensión, hipotensión.

Regla 4 de la H Se escriben con h las palabras que empiezan por hecto- `ciento', hepta- `siete', hexa- `seis', hemi- `medio', homo- `igual', hemat- `sangre', que a veces adopta las formas hem-, hemo-, y hema-, helio-`sol'. Por ejemplo: hectómetro, heptasílaba, hexámetro, hemisferio, homónimo, hemorragia, helioscopio.

Regla 5 de la H Los derivados de palabras que llevan h también se escriben con dicha letra.

Por ejemplo: habilidad, habilitado e inhábil (derivados de hábil).

Excepciones: - óvulo, ovario, oval... (de huevo)

- oquedad (de hueco)

- orfandad, orfanato (de huérfano)

- osario, óseo, osificar, osamenta (de hueso)


Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra h


El Español es una gran familia

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